ARTÍCULO: “CONGOJAVIRUS (y la solución)”

El miedo y la paranoia que está provocando el coronavirus es inédito, y por lo tanto merecedor de un análisis para tratar de paliarlo, en la medida de lo posible dada la dificultad que supone tratar con analfabetos y timoratos.

Voy a plantear analogías tan sencillas como certeras, pues los tecnicismos y el aparente oscurantismo de la medicina nos hacen caer en la patología más peligrosa para la vida en sociedad: la demencia y la psicopatía. Usaré a las abejas y a los puñales, con estas dos analogías vamos que chutamos, pese a poder utilizar cientos igual de efectivas.

Antes recordaré que el contagio de este virus se produce, ÚNICAMENTE, por contacto directo del mismo con las mucosas nasales, bucales y los ojos. PUNTO (ver foto).

Conocer al enemigo y su potencial ofensivo es la primera regla para ganar una batalla. En este caso, el enemigo llamado Covid-19, está prácticamente inerme, es un niño peleando con un orco (ver foto).

No he elegido a los orcos por casualidad, sino porque el mundo está lleno de ellos, y sólo por ellos, y por algún que otro enajenado, ocurren situaciones como el caos social que ha originado este virus que yo he renombrado como “Congojavirus”. Si los seres humanos fueran más humanos que seres, no habría por qué preocuparse. ¿Quién en su sano juicio y civismo estornudaría, esputaría, escupiría o tosería a otro en la cara? Sólo con no hacer esto, aunque tengas más virus en tu cuerpo que luces la Gran Vía en Navidad, no contagiarías a nadie y el problema sería tuyo y sólo tuyo.

Las mascarillas tan de moda actualmente –las quirúrgicas (ver foto)– no sirven para evitar el contagio, pues el virus, una vez impregnada ésta del fluido corporal que lo contiene, penetra en boca y/o nariz; amén de que los ojos no están protegidos. Esta rudimentaria mascarilla sólo sirve para evitar transmitir un contagio, es decir, si un infectado la porta, evita que los fluidos salgan; misión igual de efectiva con un mero pañuelo. Las mascarillas útiles para evitar contagios, son las que llevan filtros (ver foto) pero, ojo, son de un solo uso, por lo que han de ser desechadas en seguida. Y como son tan caras, nadie las desecha en seguida, por lo que el virus se establece en su filtro y sale de paseo por doquiera que su portador deambule. Con sólo manipular la mascarilla y tocar a otra persona –o a uno mismo– y contactar con boca, nariz u ojos, ya estás infectado.

Llegados a este punto, no hay tampoco mayor problema si la persona infectada no tiene el sistema inmunológico más deteriorado que la estructura del Edificio Windsor tras sofocar el incendio. Aquí entra la analogía de las abejas. Si eres alérgico a su picadura, estás jodido si te pica una, pero si no te pica o no eres alérgico podrás disfrutar de su belleza y de la miel y cera que le robamos. O sea que si nadie te contagia el congojavirus, puedes vivir sin problemas toda tu vida rodeado de portadores del mismo. Si te pican muchísimas abejas, pese a que estés más saludable que Tarzán, morirás. Las abejas no te van a picar por falta de civismo, pero el que te contagia un virus sí. Ya lo he dejado claro antes. Así que si los orcos te agasajan con un festival de estornudos y etc. aunque seas el mentado Tarzán, caerás y morirás.

Queda claro, pues, que el problema es mucho más de conducta que de enfermedad vírica, la cual sería pírrica con un paisanaje respetuoso, higiénico y solidario. Centremos, pues, todo nuestro esfuerzo en educar a los bárbaros, y el problema dejará de ser tal. La paranoia de que el virus “está en el aire”, “se contagia por contacto” y demás sandeces, es lo que ha provocado el caos, la acaparación de víveres, el cierre de escuelas y etc. conocidos por todos, y lo que te rondaré morena.

Aquí mento la analogía con los puñales. La cantidad de gente armada que nos rodea, dejaría patidifuso al mismísimo Rambo. Pero, obviamente, un puñal sólo hace daño si penetra en nuestro cuerpo. Esta aparente gilipollez no es tan aparente, sino que lo es. Pero así de sencillo es también el virus, si no te toca no te hace nada. Cuando pasas al lado de los funcionarios de la porra y pistola, si no eres un delincuente, ejerciendo como tal, no suelen aporrearte ni tirotearte, así que puedes ir tranquilo, pese a toparte con ellos.

Está claro que muerto el perro, se acabó la rabia. Pero tampoco es plan de matar a todos los perros como prevención por si pueden desarrollar la rabia, que aún así necesitaría un mordisco para transmitirla, no es tan fácil tampoco. Las cuarentenas y la paranoia de evitar las masificaciones es tan inútil como significativo del nivel de barbarie en el que vivimos. ¿Vamos a evitar que dos seres humanos estén a menos de metro y medio de distancia en todos los momentos del día? Rotundamente no. O sea, que no vamos a generar mil problemas más por uno que , encima, no se soluciona así.

Pero como quiera que la educación y el respeto son más difíciles de encontrar que una conversación inteligente en la televisión, debe actuar la ley, que existe ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE para obligar a los orcos a comportarse cívicamente sopena de amenaza de castigo por tipificación legal. Medidas del tipo: 20 años de cárcel para el que estornude, espute, tosa, escupa o toque la cara de otro (o estando solo no use un pañuelo, su brazo, su camiseta y etc. para evitar impregnar con su podredumbre los objetos cercanos); sería la medida más efectiva para frenar el congojavirus. Y ahora que está todo grabado, no se iba a librar de la condena ni un solo cerdo humano. ¿Creéis que no iban a variar su asquerosa conducta? La letra con sangre entra, la disciplina cívica, igual. Hace siglos se mataba impunemente, hasta que el avance de la humanidad hizo que esta conducta fuera prohibida y penada hasta hoy en día. ¿Por qué no castigar igual todo lo que mata a inocentes? Y digo TODO. La ley ha de ser preventiva, no punitiva. Y qué mejor prevención que la amenaza de incurrir en un delito grave tipificado.

Yo jamás contagiaré a nadie, porque no soy un orco. ¿Qué eres tú?

Yo no quiero vivir amenazado por los orcos. ¿Qué quieres tú?

 

 

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