ARTÍCULO: “Dar gato por (Jules) Verne”

LEER EN  “El Correo de España”: https://elcorreodeespana.com/libros/350738295/Dar-gato-por-Jules-Verne-Por-Cesar-Bakken-Tristan.html

 

Pese al infinito abanico que la ficción otorga a la creación literaria, desde tiempos inmemoriales el plagio la ha ido minando y sustituyendo. Y adonde no llega éste, aparece la adaptación literaria, otro enemigo de la originalidad y del talento creativo.

Como verniano me siento ofendido por la tergiversación que, sobre nuestro autor, cometen miles de editoriales. Concretamente en dos ámbitos: haber convertido a Verne en autor infantil – juvenil y haber mutilado obras suyas destinadas a lectores adultos. Yo soy una víctima de la segunda tergiversación (si lo fuera de la primera dudo mucho que hubiera sufrido la segunda, pues tras abandonar mi juventud jamás me hubiera acercado a los libros de ese autor “infantil-juvenil”).

Que un niño tenga filias con obras literarias de adulto no significa que estas estén creadas para niños. Es más, cuando una obra dirigida a adultos se mutila o se transforma para amoldarse a criterios perceptivos concretos , esa obra deja de existir como tal y es destruida. Y lo que es peor, ese público (en este caso el público infantil y juvenil) sufre un daño cognitivo irreparable: son víctimas de la inoculación editorial verniana adaptada, un crimen “de lesa humanidad” no tipificado, pero muy tipificable , que les privará de lo que para mí es una de las experiencias vitales más intensas e instructivas: leer las obras originales de Jules Verne sin conocimientos pervertidos anteriormente.

Hay mil y un ejemplos con otros tantos autores. Entre los casos más conocidos están: “El principito” y “Mafalda”, pero tanto a Saint- Exupéry como a Quino sólo les han tergiversado estas obras, no el resto. ¡Y no se las han mutilado! Simplemente se las han hecho leer a un público al que no están dirigidas. Nuestro querido y admirado autor francés padece esta lacra en toda su obra. Seguramente su pecado es haber tenido la imaginación de ambientar sus excelsas obras multidisciplinares y omniscientes en lugares idóneos para el recreo infantil y juvenil, incapaz de ahondar en el fondo y ni tan siquiera vislumbrar la forma, y sólo quedarse con el caramelo que es la trama de cualquiera de los “viajes extraordinarios”.

Si de por sí los no francófonos leemos a Verne bajo el inevitable y necesario sesgo del traductor, cuando a esto se le suma la barbarie de la adaptación, el daño a Verne y su lector –debido a la tergiversación de su intención primigenia– es irreparable. Es como publicar la sinopsis completa de una película de misterio: si te dicen que el asesino es el mayordomo se pierde todo el interés de la narración, que consiste precisamente en averiguar quien es el asesino a través de un confuso entramado con múltiples personajes y situaciones. La sinopsis que ha de llegar al espectador es el planteamiento de una trama, nunca su desarrollo y ni mucho menos su resolución.

En mi búsqueda para completar toda la obra de Jules Verne he sufrido adulteraciones terribles, lecturas resumidas de sus libros, sin saberlo. Tal vez al lector perezoso, al lector que aspira a un conocimiento superficial de todo pero a ningún conocimiento total de algo, esto le va bien. Leer, por ejemplo, “Veinte mil leguas de viaje submarino” o su continuación;“La isla misteriosa” en ediciones que mutilan más de la mitad del original, es una elección loable (aunque no plausible) de todo lector que sepa que está leyendo una adaptación. Pero los que lo hemos sufrido sin previo aviso editorial, jamás podremos saber qué se siente leyendo la obra tal y como Verne la quiso comunicar, pues aunque la hayamos leído completa, posteriormente, el daño ya está hecho.

Estos dos títulos son los que más me han marcado en cuanto a la estafa y adulteración editorial, pero tengo decenas de títulos adulterados, y me temo que todas las obras de Verne han sufrido el mismo menosprecio y maltrato. Sospeché la adulteración al no reconocer la narrativa de nuestro autor en esos libros. La trama se desarrollaba con unos saltos impropios del mimo narrativo de él. La confirmé gracias a mi amigo Vicent, verniano excelso, que me advirtió de las pocas páginas (pese a no ser pocas) que tenían estas dos ediciones que comento (Editors s.a. ¡Huid de esta editorial!); y a partir de ahí me puse a investigar sobre todas las obras de Verne que tengo, que son casi todas, salvo las apócrifas y las modificadas en exceso por su hijo Michele. Un clásico adulterado es “Los piratas del Halifax” (“bolsas de viajes”). Cuidado con ella. Os recomiendo las ediciones de Orbis, que pese a ser sencillas y de bolsillo, están completas. Y si no lo están ruego que me lo indiquéis, gracias.

Adaptar novelas a cine, por ejemplo, puede gustar o no pero el público ya sabe lo que va a ver. La típica duda de si es mejor el libro o la película queda abierta para quien elige leer y visionar. Pero los que solo eligen leer… a esos no les pueden hacer la barrabasada de darles gato por liebre. Recuerdo que mi primer contacto con Verne fue en el cine, viendo la buena película de Disney “Veinte mil leguas de viaje submarino”. Fue estrenada 21 años antes de mi nacimiento. Me encantó cuando la vi de adolescente. Mi primer contacto literario con Verne fue casual, al estar su primera novela publicada (“Cinco semanas en globo”) en una colección de 50 libros que compré, pues desde que supe leer fui bibliófilo. Con los años fui coincidiendo con más libros de él, hasta que me decidí por buscarle adrede. Siempre me negué a leer el primer libro sobre el capitán Nemo, pues la película me encantó, como he dicho, y ya no me hacía falta leer el libro, no quería otra versión de la historia; por más que sea la buena, la original. Hace pocos años enmendé el error que es ver la película antes que leer el libro… pero me dieron el gato en vez de la liebre. He podido leer, por fin, esa novela completa en dos tomos. Más vale tarde que nunca. Pero ojalá pudiera disfrutar de esta lectura actual sin la adulteración anterior del cine y una edición tergiversada.

No podemos seguir obviando este continuo vilipendio hacia la obra de este magno autor. Jamás podremos parar la maquinaria editorial ni su marketing ni todo el dinero que mueven gracias a Verne y el lucro que de su obra obtienen. Mucho menos podremos detener a la industria audiovisual (por cierto, qué mala, pero qué mala la adaptación de “La vuelta al mundo en 80 días” protagonizada por David Niven y Cantinflas. La aguanté unos 10 minutos… el libro lo leí mucho antes y me encantó, claro. Fue mi fiel compañero en el Sahara, durante la realización de mi documental el los campamentos de refugiados saharauis). Pero sí podemos denunciar el maltrato a Verne. Si yo hubiera leído este artículo hace décadas, cuando era lego en el autor nantés, lo habría agradecido infinitamente.

Tema aparte, pero aledaño a este artículo, son las novelas modificadas por su hijo Michel y las apócrifas. ¿Por qué tanto empeño en darnos ese gato? Hay que hacer todo lo posible, y más, para que no le den a nadie “gato por Verne”.

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