ARTÍCULO: “Partidos políticos y relaciones sexuales”

LEER EN “El Correo de España”:https://elcorreodeespana.com/opinion/927020326/Partidos-politicos-y-relaciones-sexuales-Por-Cesar-Bakken-Tristan.html

El que sea virgen o no haya votado en elecciones políticas, que evite este artículo. Aquí no sirve el voto en blanco ni la abstinencia sexual. El resto, adelante.

No voy a abordar el asunto del sátiro Che Pa Blenin y su bragueta sin cremallera ni botones, sino algo más original e importante: la analogía entre votar a un partido político u otro y mantener relaciones sexuales con una persona u otra. Debido a mi irredenta condición sexual de hetero y mi sexualidad masculina (el que se la quiera cambiar, perfecto, pero no con mi dinero ni siendo menor de edad – ese es otro tema, a parte –) hablaré de mis relaciones con mujeres. Debido a mi irredenta condición ideológica, que es la acracia españolista, hablaré de mis pocos –pero significativos – ejercicios del sufragio activo. El resto serán conjeturas y certezas sobre el paisanaje espenol.

Votar es muy parecido a follar. El 99% de las mujeres con las que he mantenido relaciones sexuales han sido sólo un momento de mutuo placer, un colofón a una jornada de asueto, un divertimento ocasional, un aburrimiento puntual, una cita premeditada sin visos de relación sentimental futura y etc. Vamos… nada serio ni planificado más allá de un par de miradas y un buen puñado de palabras, a veces palabrería. Luego he tenido 5 relaciones serias o con visos de serlo, en su génesis y por ambas partes (hay mucho chalado que se quiere casar con mujeres que ni conoce…), contando la actual que ya se ha perpetuado, para bien y para mal, como todo lo que nos acontece en la vida. “Elegir es renunciar” me dijo una vez el teniente coronel Ricardo Ramos Alcaraz, ya retirado del servicio y aferrado a la vida bohemia. Pues eso, que cuando votamos podemos (perdón por usar este tiempo verbal) elegir entre un voto útil o inútil pero temporal, por motivos de imperativos urgentes o circunstancias sociopolíticas inmediatas; o podemos votar al partido que nuestra férrea ideología nos dicta.

Voté por primera vez en 1996, para echar al PSOE (bueno, para colaborar a echar al PSOE… ¡ay! si yo pudiera hacer estas cosas unilateralmente… ¡ay! si yo fuera dictador qué bien me lo iba a pasar y que mal lo iban a pasar los cabrones…). El voto tenía que ser, bajo esta premisa, para el PP de Aznar. Era la primera vez que podía ejercer mi derecho de sufragio activo. No volví a ejercerlo hasta casi una década, en unas elecciones municipales o autonómicas de Madrid (no recuerdo). Acompañé a una amiga al colegio electoral y, ya que estaba allí y era también el mío, busqué la papeleta del partido más cutre que viera y lo voté “para solidarizarme con los más gilipollas” eso le dije a quien acompañaba. Era el Partido Comunista de los Pueblos de España, recuerdo su puto nombre. La siguiente votación fue en las Generales de 2015 o 2016 o en unas autonómicas madrileñas de esos años. Voté a Falange (no recuerdo a cual o si se presentaban todas o sólo una, pero era Falange), sobre todo para joder a los interventores que querían captar mi voto nada más entrar y me ofrecían sus putos sobres electorales como si fueran telefonistas de compañías móviles ofreciéndome sus inmejorables tarifas. Yo iba con una pulsera de España y aparté a los moscones preguntándoles en alto que dónde coño estaba la papeleta de “la Falange”. Quería votar a VOX, pero no se presentó en Madrid. El interventor del PP (con una pulsera de España versión pija) me dio la papeleta que demandé y me dijo algo así como: “ya que no nos votas a nosotros, está bien por lo menos votarles a ellos”. En las 2 últimas elecciones he votado a VOX. La penúltima ante la asustada mirada de una pareja de guarros que veían asombrados como alguien con pinta de macarra o marinero portuario, cogía las papeletas de VOX. La última fui con mi careta de Aznar, para que uno de la cola me hiciera una foto con ella puesta al introducir mi voto en la urna… pero la policía nacional me lo impidió. El sentido del humor es directamente proporcional a su espenolidad; menuda panda de amargados guardianes del cumplimiento de leyes a cada cual más déspota e injusta.

Mi voto a Aznar fue como mis relaciones “medio serias”, es decir: me tenía que molar física y mentalmente la tía y, sin pretender nada duradero no importarme si la relación (o relaciones, pues se pueden compaginar bajo esta premisa, ya que la fidelidad no existe en estos casos) duraba. Por eso no voté a Aznar, ni a nadie, el las siguientes elecciones. Ya sólo quería relaciones esporádicas, sin renunciar a que apareciera un “flechazo” o algo así que me hiciera asentarme sentimentalmente. Pero votar al PP es algo para una relación muy seria, por eso no lo hice y tampoco elegí tirarme a cualquiera. Lo del PCPE fue el típico polvo borracho con la tía más divertida de la fiesta, la más cachonda o la única que pasaba por allí, sin saber ni su nombre, ni ideología ni valorar casi su aspecto físico… Lo de Falange fue ir a ligarme a una tía buena y que esta me rechazara o no apareciera por el lugar donde yo la esperaba ver. Así que elegí a la menos mala del espectro follable, y a reír que son 2 días. El primer voto a VOX fue estar ya harto de tirarme a taradas, niñatas mentales, adultas mentales infantilizadas o mentirosas que con el cebo del sexo y las risas tapaban su anzuelo de relación estable. Necesitaba alguna tía que sin ser algo serio, pudiera serlo si me daba un golpe en la cabeza o algo así. El segundo de VOX (las últimas elecciones generales) fue despechado de amor no correspondido o fallido, anhelando una relación estable tras demasiados titubeos mujeriegos que a mi edad ya eran muy agotadores y casi deprimentes… pero sabiendo que liarme con la menos mala no es ninguna solución, pero es mejor que no intentar nada o que matarse a gayolas.

La única analogía imposible es la de mis 5 relaciones serias y mis votos. Jamás un partido político (JAMÁS DE LOS JAMASES) gozará de mi deseo, de mi anhelo y de mis ganas de confiar en él tanto como para querer compartir mi vida juntos y, si nobleza obliga, darla por la causa. Como mucho, con el tiempo y mi anhelada senectud, espero que haya un partido político al que pueda relacionarme como si fuera aquella mujer de la que te divorcias, pero sigues manteniendo el contacto al tener hijos en común o intereses económicos, valga la redundancia.

PD: soy Secretario General de un partido local en Leganés, inactivo (lo fundamos, una panda de jóvenes borrachos idealistas y emprendedores, a mediados de los 90). Eso es el onanismo que, a veces, es la mejor opción amorosa cuando es aledaño a la egolatría o a la misantropía, que pese a no ser lo mismo, lo son. El que lo sea, entenderá la paradoja.

 

 

 

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