ARTÍCULO: “1 revólver somete a 100 personas. 1 virus a todo el orbe”

LEER EN “El correo de España”: https://elcorreodeespana.com/sociedad/374043792/1-revolver-somete-a-100-personas-1-virus-a-todo-el-orbe-Por-Cesar-Bakken-Tristan.html

Tétricos tiempos de tremendas tropelías tenemos que tolerar. Nada como mis adoradas cacofonías para hablar de nuestra época y, quien sabe, de todas, pero esta es la nuestra, así que centrémonos, de una puta vez por todas, en ella; y dejemos que los psicópatas sigan alimentando su presente con el pasado de nuestros ancestros. Ya está bien de memorias históricas, democráticas, del siglo de Oro, de la reconquista, de los tercios y etc. Como bien escribió Valle –Inclán: “Los muertos no hablan”.

Vamos a coger el toro por los cuernos, o a vivir siempre burlados tras el burladero, pero vamos a dejar de fingir ser Manolete cuando ni nos gustan los toros y, en el caso de que nos gusten, no tenemos cojones a salir al coso. Elegir a Manolete no es baladí, pues precisamente saber que murió en la plaza enlaza con el título de mi artículo y frena cualquier rebelión popular, pues rebeliones gubernamentales e institucionales sí que las hay, y menudas están siendo que hasta han quitado lo poco que nos quedaba de ser humano: la libertad de movimientos y de palabra.

De todos es sabido (seguro que tiene un nombre teorizado) que un revólver de 6 balas controla a 100 hombres. Porque pese a que sólo 6 morirían –en el peor de los casos, pues puede no morir ninguno – nadie es capaz de aceptar el riesgo de morir… por el bien de los demás. Es decir: si un revólver (o más) enfrenta a menos de 6 hombres, con el tiempo se las ingeniarán para combatir al sátrapa, pues sólo les va el propio beneficio en ello y nadie se va a sacrificar por ellos; su vida depende de ellos mismos y lucharán por ella. Ese es nuestro problema actual, la maldita colectividad que ha anulado al ser humano como individuo. La gente, ese enorme vulgo que es la sociedad, no está sólo aborregada, sino que sólo piensa en los demás para arreglar sus propios problemas. ¡No se dan cuenta de la paradoja de esto! Nadie le va a poner el cascabel al gato, menos mal que los gatos no so saben, pues nos someterían a todos con sus afiladas uñitas en ristre. Así de dóciles somos.

Tan sometidos estamos a la masa, tan muertos estamos como entes individuales, que esta satrapía llamada democracia, lo está gozando. Cada vez hacen falta menos policías (de los milicos ni hablo, que me da la risa) para someter a más y más gente. Cada vez están más protegidos los tiranos y sus millones de adláteres (funcionarios, políticos –que también son funcionarios, ojo – inmigrantes, pensionistas no jubilados ni enfermos, y demás parásitos sociales como asesores, apesebrados y un innumerable etc.) ¡Vaya! tal vez sea este el quid del problema… que el revólver enfrenta a 100 personas, pero no son 100 sometidos, sino muchísimos menos que parecen serlo pero son sometedores. Víctimarios con piel de cordero. Pensad fríamente a cuantos parásitos conocéis, en el hipotético caso de que no seáis uno de ellos. ¿A qué son un huevo? Y pese a la duda popular, el huevo está mucho antes que la gallina, pues muchísimo antes de la existencia de la gallina, los dinosaurios ponían huevos. En todas las guerras hay mucho más fuego amigo del que se piensa. En todas las guerras hay más falsa bandera de la que se piensa. En todas las guerras hay muchas más traiciones de las que se piensan. Y todas estas ignominias las provoca el dinero, el interés personal disfrazado de colectivo, justamente lo contrario a lo que nos está sometiendo ahora… ¿o no es tan “lo contrario”? Pensad en toda la gente que conocéis que vive muy holgadamente, si es que no sois uno de ellos. ¿A qué son un huevo? A fecha de este artículo yo sobrevivo en una “zona de salud”, que así llaman a las zonas confinadas de Madrid. ¿A qué es la hostia su psicopatía?

Espero haberos dejado claro que no se trata de una lucha entre el individuo y la masa, sino que la masa es una suma de individuos, en este caso perversos, que someten a otros individuos con o sin conciencia colectiva. ¿Qué más da eso a estas alturas del cuento del expolio al débil, al pusilánime, al conformista, al cobarde, al demócrata?

Como lo doy todo, absolutamente todo por perdido, me encomiendo a un dios, en este caso el cristiano, y concretamente el católico. Pero no le rezo, soy ácrata y agnóstico y, por lo tanto, todavía no he identificado a mi Dios (que tenerlo teneylo…); lo que hago es adorar las obras que otros hacen en reverencia a él, como esta musicalización del Salmo 51, a manos de Allegri, que en el siglo XVII compuso esta maravilla coral, para goce uso y abuso (como mi querida muñeca Chuky diabólica de porcelana) de los jerifaltes eclesiásticos. Pero con el tiempo, y no sólo por esa leyenda sobre Mozart y su visita a la basílica de San Pedro, el populacho ha tenido acceso a esto, y a otras muchas maravillas artísticas más. Igual es autoengaño, lo dejo a vuestro criterio, queridos niños, pero a mí me mantienen con vida cosas como esta. Por cierto, “con vida” se parece a “Covid” ¿a qué sí? Qué puta es la vida en sociedad. Menos mal que soy mortal.

https://www.youtube.com/watch?v=H3v9unphfi0&list=RDTYWcqd1Tdbg&index=18&ab_channel=TenebraeChoir

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