ARTÍCULO: “Inmigrantes subsaharianos franquistas”.

Invasores subsaharianos, este viernes en Tenerife.

El pasado viernes llegó a Tenerife un cayuco con 112 subsaharianos que ondeaba en proa una bandera franquista (ver foto de cabecera). La fotografía y la noticia es de EFE, o sea que no es bulo… y si estas cosas son verdad, imaginad lo que ocurrirá en verdad con todo lo demás.

Queridos niños, si en Espena lucís una bandera franquista tendréis severos problemas con la Justicia y las autoridades que velan por la injusticia de la misma. De usarla en espacios públicos, eventos deportivos o culturales, ni hablamos; porque ahí sí que está prohibida por ley. A nivel personal, de manera oficiosa, también, pues la asociarán a un delito de odio, aunque con ella estés salvando la vida de un gatito en llamas, al sofocar el fuego con dicha bandera.

¿Lo de este cayuco como puede analizarse? En la foto se ve que la bandera sigue puesta, mientras ya están la mitad descargados. Sí, uso este término porque estos seres humanos son mercancía, tanto de mafias internacionales de trata de personas (esclavistas, sí, queridos niños, pero usan este eufemismo, como tantos otros sobre hechos lamentables que blanquean). Fijaos en la foto bien. ¿A qué es maravillosa? Todos los seres antropomorfos (que son todos los que salen en la imagen) embozalados. Los más gilipollas, los de raza blanca. Y entre ellos, los que van disfrazados con ropas de película de serie Z, de temática espacial o catastrofista.  Aún así… ¿cómo interpretar este cayuco? Según la ley espenola que rige sus aguas, ninguna embarcación puede lucir esta bandera (ni la pirata, esto sí que es desternillante, pero es verdad, es ley). Pero, por supuesto, un delito menor es absorbido por otro mayor. ¿Cuántos delitos hay en esa fotografía? No sólo legales, que no son pocos ya, sino inmorales. Ya sabéis que, actualmente, las leyes no devienen en defensa de la justicia sino en el sustento de la injusticia. ¿Pero qué es la justicia? Os recomiendo leer “La república” de Platón, a tal efecto, concretamente el diálogo entre Sócrates y Trasímaco sobre la puta justicia, que demuestra lo injusto que es ser justo. Leí este libro con 15 años o así, sin que nadie me obligara. Pese a que me encantó ese diálogo, no me enseñó nada que no pensara yo mismo desde tiempo atrás, pero me regocijé al ver que había “2 tipos” que pensaban parecido a mí y con los cuales me hubiera encantado mantener un debate.

¿Estos 112 negratas son fascistas? ¿los fascistas son los esclavistas a quienes han pagado su pasaje en el cayuco? ¿los fascistas son los españoles que les recogen, y por lo tanto los apoyan, en el muelle? ¿La Fundación Nacional Francisco Franco va a ser ilegalizada pero los inmigrantes nos pueden invadir con embarcaciones que lucen la bandera franquista? ¿ninguna de las 3 preguntas tiene respuesta?  Lo único innegable es que estas 112 personas lucen lozanas y saludables, mucho más que la media de cualquier espenol. ¿Qué penurias han pasado para invadir nuestro país? ¿por qué vienen con móviles de última generación, ropa de marca y mucho dinero en efectivo? ¿por qué están todos mazas?

Una imagen vale mucho más que mil palabras, pero  –por si acaso –  ésta os la he acompañado con mis palabras (las podéis contar automáticamente en Word o haciendo el gilipollas con el dedo en la pantalla, yo paso). Y, ojo, que en 2007 hice un documental en Senegal y Gran Canaria, precisamente sobre los cayucos. Sé de lo que hablo, en este y todos los temas que abordo. Pero hablar más de esto, ahora, no me apetece ni os quiero saturar el melón, que bastante saturación tenéis ya, queridos niños.

Menos mal que soy mortal.

3 comentarios para “ARTÍCULO: “Inmigrantes subsaharianos franquistas”.”

  1. Rafael López Says:

    Hola César, me alegra inaugurar esta nueva y LIBRE vía de acceso a tus contenidos, y aprovecho para felicitarte por tu artículo.

    Como conoces mis servidumbres tecnológicas trataré de hacer este registro correctamente para que quede constancia y te pueda llegar.

    Rafael

  2. joseignacioh Says:

    Dicen las malas lenguas que la inmensa mayoría de estos invasores están en edad de hacer el servicio militar.
    No digo “na” más.

  3. Lo viví en persona, en 2007 (cuando hice el docu). Una familia de un pueblo del sur de Senegal me pidió que localizara a su hijo, en España. Les hicimos una foto a la familia, para dársela al hijo, junto a una carta y un mensaje que le grabamos en cámara. Localicé al “nene” (no habíamos hablado de la edad). Estaba en un centro de menores de Extremadura. La trabajadora social (u otro cargo de allí) me dijo que no podía contactarme con él, porque no era menor, y si a través de mi contacto trascendía eso, que me dijo era muy obvio por el físico, tendrían problemas legales.

    Luego, hace pocos meses que curré en un centro de menores, los educadores de allí me dijeron múltiples ejemplos de estos menores tan mayores que habían pasado por sus manos.

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