LUYS COLETO: Rey Lear y Tele Circo, dos esbozos sobre la maldad femenina.

Pétreos maniquís de plástico lacerante

La consejera de Cultura del Cabildo de Gran Canaria, Guacimara Medina, y el director artístico del Teatro Cuyás, Gonzalo Ubani, han presentado una nueva y potente programación que incluirá trece espectáculos entre los próximos meses de enero y mayo, con destacadas figuras del teatro y la danza.

Guanches, anoten Rey Lear, altamente recomendable

El grupo teatral Atalaya vuelve también al Cuyás con una fascinante adaptación de Rey Lear, de William Shakespeare. Su segundo montaje shakespeareano, tras el formidable e hipnótico montaje de Ricardo III es, según sus propios autores, “un texto universal en el que tiempo y espacio” porque “las pasiones y los instintos humanos no han cambiado en los últimos 4.000 años”, aseveran desde la compañía capitaneada por el solvente Ricardo Iniesta.

Y actuará en Gran Canaria los días 5 y 6 de febrero. Y rememoraremos enérgicas lecciones sobre la maldad femenina. En Inglaterra, siglo XII, el monarca reparte su reino. Triunfa, en principio, la maldad. Cordelia, la hija fiel, pérdida y destierro. Las dos hermanas mayores, Goneril y Regan, canibalizan la herencia paterna. Goneril y Regan, paradigmas de la maldad femenina, tan visible hoy.

¿Les suena?

Grato encanto exterior y habilidosa inteligencia, manifiestan pérfida y bellaca ingratitud hacia cualquier consideración de bondad, confianza o gratuidad. Desaforado egotismo, devenido egocentrismo. Ansía de dominar, controlar y depredar las vidas ajenas. Manipuladoras patológicas, mentirosas compulsivas y tendentes al falso halago hacia los demás. Narcisistas, extremadamente violentas en tantos casos, frías, heladas, glaciales, casi témpanos de hielo, recargada autovaloración. Ausencia de empatía, remordimientos y sentido de culpa.

¿En serio que no les suena?

Incapacidad patológica para aceptar responsabilidad alguna sobre sus propios actos. Nulo sentido de la autocrítica. Ellas no asumen los errores, los proyectan sobre los demás. Impulsivas, irresponsables, pétrea incapacidad para responder por sus propios actos. Relaciones puramente utilitarias, vida parasitaria, señoreándose en ellas una frivolidad descacharrante. En nuestra época de liberalismo sexual, agreguen una actividad sexual desbordante. Son infieles por defecto. Los destrozos, conyugales o familiares, propios o ajenos, causados, nadería.

Así se acaba el mundo, con un suspiro

El ser humano se halla completamente anulado, aniquilado, calidad nula. Con la muerte de nuestra humanidad, muere nuestra civilización, no por métodos violentos, ni por apocalipsis climáticos, sino simplemente por hastío y repugnancia hacia sí misma. Defunción por melancolía y soledad de nuestra civilización. Un mundo, donde las relaciones humanas se han desintegrado y la comunicación se ha vuelto prácticamente improbable, encaminándose hacia su próxima y factible aniquilación. 

Se creyó en cierta redención, expiación o salvación en la desasosegante búsqueda del sexo compulsivo y del consumo de masas. Nada más que otra fase más hacia nuestro abismo, reinando, mientras en él, la lúgubre alianza entre el Estado y el Gran Capital, engranaje totalizador de las mayúsculas frustraciones de cada humano. O humanoide.

La isla de las tentaciones, el continuose del acabose

Y en febrero, cuando pude disfrutar de la obra en al madrileño Teatro Fernán Gómez, a la salida del mismo, muchos hablaban del detritus televisivo del momento, La isla de las tentaciones. Telecirco.

Y poseí la poderosa y ensoñada certidumbre de que el tercer milenio acababa de recién comenzar, veinte años de nada. Tras dos milenios de transitar judeocristiano, con su inesquivable huella grecolatina, nos encontrábamos ante el milenio de más, en el mismo sentido que se habla del combate de más para un boxeador sonado y perdedor. La plandemia, evidentísima confirmación.

Y la hedionda porquería televisiva citada, surco de ese final. Acojonante radiografía de la mujer contemporánea, de su perfeccionada infrahumanidad. Semblantes psicóticos y psicopáticos, anteriormente descritos. Si prefieren, su biliosa, sutil y esculpida malignidad. Y esa “deconstrucción” de la mujer contemporánea representa la antesala del abismo definitivo. Imagino que felizmente definitivo. Como en Rey Lear. En fin.

2 comentarios para “LUYS COLETO: Rey Lear y Tele Circo, dos esbozos sobre la maldad femenina.”

  1. Muy buen artículo Don Luys.
    Puedo imaginarme eso que dices de TeleCirco. Terrible. Y ojalá sólo fuera ese canal y sólo esa parte de la sociedad que consume/hace esa porquería. Pero me temo que la plaga ya es incontrolable. Por cierto, te asombraría saber la cantidad de actores / productores / directores y etc. que hacen – o les gustaría – ambas cosas: teatro clásico y telebasura. De ahí la sociedad que sufrimos. El primer blanqueo a la mierda que hizo “el mundo del arte” fue la publicidad, eso que ellos llaman “publi” no como eufemismo, sino como adjetivo cariñoso (que es ponzoñoso, en realidad). Nada que hacer, sociedad muerta y agresiva, refractaria a todo hálito de cultura real. Humanidad desgajada y apuñalada por la espalda por su mejor amigo. Toca resistir, aislarse y empecinarse en la utopía de la moralidad real y no la imaginada y, ni mucho menos, la instaurada por estos psicópatas que, de vez en cuando, muestran su mejor sonrisa para pescar incautos.

  2. Rafael López Says:

    Estupendo artículo Luys.

    Gracias a Dios nunca he visto las televisiones privadas, al principio fue por cuestiones técnicas, y después por higiénicas. De cualquier manera he conseguido librarme de los bodrios que emiten.

    Rafael

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