ARTÍCULO: El día que brindé con Bruce Springsteen.

Madrid. 1999. 20.000  espectadores (yo entre ellos) en la Peineta, donde ahora pegan patadas a una puta pelota, sin público, jajajaja. Cuando estuve era el concierto de Bruce Springsteen, con aforo reducido por no sé qué pollas, pero me la suda porque yo estaba ahí, que es lo que me importa. Ojalá no hubiera habido nadie más.  Fue un colosal concierto, pero una mierda si lo comparamos con la colosal estupidez humana de hacer el concierto ahí.

En esa época, la Peineta era uno de los confines de Madrid… y el confín es lo que tiene: que más allá no hay nada o lo que hay no es habitable. No confundir con confinamiento, pese a ser términos, y sobre todo conceptos, primos hermanos.  Allí no había aparcamiento, salvo para 1.200 coches que divididos por 20mil capullos… no salen las cuentas para aparcar. Y el transporte público para ir allí era, sencillamente, irrisorio. Bueno, pues fuimos. Aparcamos a tomar por el culo, en el arcén de la (ni puta idea de la carretera, me la suda, todos los caminos conducen a Roma, por eso me da igual el nombre del camino, lo importante es caminar). Ese estadio era una isla en medio del desierto. Por no haber no había ni edificios aledaños y sin edificios no hay tiendas, y sin tiendas no hay priva. Aún así, yo no me iba a quedar sin privar antes de un concierto. Hasta ahí podíamos llegar. No sé por qué, no llevamos vituallas en el coche, para hacer lo que cualquiera ha de hacer: botellón (siendo yo un maestro de eso, por cierto, pero un mal día lo tiene cualquiera).

Mientras mis compinches de concierto eran parte de una enorme cola debido a las estrictas medidas de seguridad, yo me fui desierto a través en busca de priva,  “talmente” como el que se sacrifica por sus amigos moribundos para ir a buscar agua “en un pozo que estoy seguro habrá en lontananza”. Ando muy deprisa, más rápido que muchos que corren, así que sé que estaba muy lejos el lugar donde encontré birras. Encima en vasos de litro (llamados “minis”, Dios y/o Satán sabrán el por qué) y de plástico. “No me jodas que no tenéis latas o litronas” recuerdo que le dije al del bar del farwest… pues no, y los tercios eran retornables… así que toda mi peripecia fue para volver con un litro de birra y otro de calimocho. “No hace falta que me des bolsa” le dije, descojonado, al del bar.

De vuelta fui haciendo equilibrios para que al llegar a la puta cola quedara algo de líquido en los plásticos. La única ventaja de eso fue que estuve obligado a darle tragos para que no rebosaran. No hay mal que por bien no venga. Pero, queridos niños, os aseguro que caminar varios kilómetros, de prisa y desierto a través, con 2 vasos de litro, de plástico y llenos de líquido; es una experiencia cuasi-religiosa.

Conciertazo, pese a que el escenario era como el que hubieran puesto los Porretas o grupos de ese tipo. En las fiestas de cualquier pueblo hay más derroche de medios. Pero la banda, colosal. Se habían juntado los de la E Street band, con su capo el Springsteen. Imaginad el resultado. Muy buena música.

Al salir, ya noche cerrada,  estaban los puestos de clandestinos (y algún capullo legal que pagaba impuestos) de bocatas y birras. “A buenas horas mangas verdes” –le dije al del puesto donde pillé otros minis –. Y tras darle un mini a mis colegas y darle yo un buchito al que sujetaba… acaeció la magia, llego el paroxismo y el momento de mojar las bragas: un enorme autobús algo más pequeño que un trasatlántico, salió del estadio. Me giré (por favor, redoble de tambores) por instinto y vi a la mole sobre ruedas, pasó a un par de metros de mi lisiado body. Iba despacio, para no hacer tortilla de fans, porque era el bus del Boss… cuidado, en ese bus no aceptan abono transporte. Y ahí estaba yo con mi mini y mi cara de gilipollas mirando al bus… y dentro Bruce Springsteen (desde entonces le llamo Bruci) sujetando otro gran vaso. Me miró, le miré. Levanté mi vasazo en el universal gesto de brindar. Y él hizo lo mismo y nos miramos 4 segundos a los ojos, en un lento paneo que alejaba nuestras miradas, que ninguno de los 2 retiró hasta que la propia inercia lo hizo.

Amigos… lo que se dice amigos, no somos Bruci y yo. Pero coño, no todo el mundo puede decir que ha brindado con Springsteen en medio del desierto.

Os enlazo el que para mí es su mejor tema. Empieza en el 3´19´´, por si os queréis saltar la previa donde este tipo lee un discurso (ni siquiera saben decirlo de manera improvisada, porque no sale de ellos, sino que le obligan a ello… es un multimillonario hablado de cosas “obreras”) comunista, en Argentina. Este gran cantante (ser músico es algo más) jamás sabrá que brindó conmigo.  No sabemos a quien estamos mirando cuando miramos a alguien. Nos perdemos tantas cosas buenas…

Bueno, mi tema favorito de este es otro, pero me lo quería guardar para mí. El egotismo está bien, pero en este caso no me lo guardo. Ahí va:

La épica del directo mola mucho… pero la versión de estudio es mucho mejor tema, en este caso:

2 comentarios para “ARTÍCULO: El día que brindé con Bruce Springsteen.”

  1. Rafael López Says:

    Imagino que beberias durante el trayecto estilo “tu hermano de sangre” para dejar bien “babeaos” los vasos.

    Eres un romántico, César y eso no hay Dios que lo cure.

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