ARTÍCULO: El absurdo navideño del Rey y las tetas de una profesora

¿En qué Planeta vive el Jefe del Estado espenol? Os juro por (poned la deidad que más confianza os dé cuando se jura en su nombre) que ni me acordaba de que en nochegüena el Rey lanza su rebuzno, su absurdo de Navidad… eso que llaman discurso navideño. A mí, lo que diga el marido de una perrodista republicana, divorciada y abortista y asesina de su hermana, y denodado hijo de un italiano corrupto, borracho y mataelefantes… y cuñado de un delincuente fiscal exjugador de balonmano de un equipo que odia a España, y cuñado de un cocainómano, y hermano de una corrupta delincuente fiscal y de otra que es más simple que el mecanismo de un biberón… pues oye… ¿qué coño me importa a mí lo que diga alguien así?

Lo que me provoca el Rey de Espena es preocupación. Porque si alguien con semejante currículum es el Jefe del Estado, el primero de los espenoles… agárrate que vienen curvas, o mejor no te agarres y, con un poco de suerte, en la siguiente curva te vas a hacer puñetas ya, a ver cómo son las sandalias de San Pedro, y a otra cosa, mariposa. Iba a decir “te vas a tomar por culo” pero me he acordado de una profesora del cole, que nos enseñó el significado de “irse a hacer puñetas”. Esta profesora también nos dio un día una lección de lo que es importante y lo que nos distrae de lo importante. Estaba hablando de algo importante y, al gesticular abriendo los brazos como un Cristo crucificado, se le desabrochó un botón de la blusa (sí, antes decíamos cosas como “blusa”) y se le veían las tetas, sujetas con un sujetador de tetas blanco. Pronto perdimos el hilo de su discurso, y nos centramos en las tetas y en que, seguramente, se le saldría alguna, porque no paraba de gesticular (era una mujer vehemente). Notó que estábamos algo alterados y con esa risa tonta de quien está viendo algo que ni de coña debería estar viendo, en este caso las tetas de su profesora. Preguntó qué pasaba, a qué venía ese revuelo, y la empollona de turno, a la sazón delegada de la clase, le informó.

La profesora no daba crédito a nuestra estupidez e, inmediatamente, se desabrochó toda la blusa para que pudiéramos verle las tetas bien, diciendo algo así: “¿es qué nunca habéis visto esto, pues seguro que todos habéis mamado de unas. Vamos a preocuparnos de lo importante y a no distraernos” Y siguió, de esa guisa, con la clase, que por supuesto no recuerdo de qué iba, pues con 10 años o así ya hace mucho que pasó y demasiado que me acuerdo de lo otro. Eso sí, en cuestiones tetiles había otra profesora gloriosa, a la que llamábamos “La pesetera” (porque un día vio una peseta en el suelo y se agachó a por ella diciendo: “Pa mi”). Esta mujer fue la que inició a todos los alumnos de mi clase en el desaforado morbo o deseo sexual por las mujeres mayores que nosotros. Nos enseñó de todo y nos tocó de todo esta voluptuosa mujer, por cierto pésima profesora pues nos enseñaba inglés y sabía menos inglés que yo, estaba siempre con el diccionario español/inglés… 4 momentos gloriosos de lo que los gilipollas llamarían ahora “Abuso o agresión sexual” y en esa época era: “Cómo mola esta profe”.

Momento 1: se quitó la chaqueta en clase y se quedó con una camiseta cuasi transparente varias tallas más pequeñas que la suya. Como tenía enormes pechos e iba sin sujetador y marcaba tremebundos pezones, eso era un espectáculo maravilloso, tanto que se percató y se volvió a poner la chaqueta, y bien abrochada.

Momento 2: En un examen donde a mí me pegaron a la pizarra (nos separaban para no copiarnos) se apoyó con su brazo derecho en la pizarra, en ángulo de 90 grados con su body, mirando el examen de mi compañero de la izquierda. Con ese gesto yo tenía, casi pegado a mi cara, su enorme seno derecho, por supuesto iba sin sujetador, que se le veía a través de la manga del vestido, al hacer ese gesto de apoyarse. Entero, perfecto y glorioso con un pezón como la nariz de un payaso… y me miraba por encima del hombro, sonriendo al saber lo que yo estaba viendo, o mejor; lo que ella me estaba enseñando. Y lo repitió varias veces, por si las dudas.

Momento 3: haciendo todos “la tarea” en nuestras mesitas… ella sentada en la suya, que no tenía tabla frontal, ergo veíamos sus piernas. Iba con falda y, poco a poco, se la iba subiendo, hasta que nos mostró el chocho, pues iba sin bragas. Yo estaba justo alineado con sus piernas, o sea, que no veía nada si no asomaba mi gaita, para lo cual tiraba el boli y tal, y al recogerlo veía la oscura y velluda cueva del tesoro, que mis compañeros con mejor perspectiva me decían que estaban viendo. Creo que se me cayó el boli 74 veces, qué torpe era.

Momento 4: hacíamos cola para salir de clase y bajar ordenadamente las escaleras y en fila. Estábamos jugando a pasarnos el estuche de una compañera y “La pesetera” lo confiscó, entre risas y preguntando: “¿Qué lleváis ahí dentro, condones?” y nos tocaba la minga fingiendo no sé qué de que nos come un bicho… eso lo hacía mucho, que no tiene nada que ver con lo que hace el Rey, los políticos y sus secuaces: tocarnos los cojones.

Si alguien pensaba que iba a hablar del tonto este, pudiendo hablar de tetas, es que todavía no me conoce, ni conoce las prioridades de la vida interesante, entre las cuales jamás puede estar hablar de un monarca bribón.

15 comentarios para “ARTÍCULO: El absurdo navideño del Rey y las tetas de una profesora”

  1. Rafael López Says:

    Esa profesora, que mentas en tu artículo, creo que cuando estudió magisterio no entendió el correcto sentido que para un maestro tiene el verbo enseñar.

    • Creo que lo entendió perfectamente, Don Rafael, puesto que la pusieron a dar clases de inglés y no tenía ni zorra idea de inglés (antes dio lenguaje, y la misma zorra idea tenía) así que se dedicó a enseñar lo que podía la buena moza… Eso sí, volví a verla, en ese mismo colegio cuando yo iba a recoger a mi sobrino… 20 y pico años después y créeme que ya no me hubiera gracia que esa mujer me enseñara o tocara nada de lo que hacía antes.

      • Rafael López Says:

        Los estragos que ocasiona la edad son temibles.

        Ya falta menos para que, si ese “maldito” de Luys cumple con su parte, puedas leer una cosica mía que habla, de soslayo, sobre esa cuestión.

        Hay un efecto muy extendido en las personas: “envejecen” mejor quienes no tuvieron un físico especialmente rotundo en su plenitud. Por el contrario, aunque el refrán diga que “quien tuvo retuvo”, la realidad demuestra que sólo, en rarisimas ocasiones, se cumple.

      • Tengo experiencias curiosas a este respecto de la edad y el atractivo físico. La mujer que me hizo la foto rodeado de negros (sin ser yo su merienda) en Senegal, que engalana este Blog, tenía 36 palos cuando la conocí (y yo 32). Era tan terriblemente bella que aperentaba 20 años (salvo por la inevitable decrepitud que el cuello de todo ser humano sufre). A mí me daba igual su edad, pero no quería estar con ninguna mujer mayor que yo, pues su reloj reproductivo estaría en pleno auge y ya sabes que yo no quiero reproducirme ni dividirme… quiero pasar por el mundo sin dejar huella o ser pisoteado.
        Bien… pues un día me preguntó que a ver si adivinaba su edad… cosa que me la sudaba, como te he dicho. Pero tuve que responder, a fuerza de su insistencia. Cuando llegué a los 28 años ella se plantó. Y yo me lo tragué. Pero, con el tiempo se ve que le remordía la conciencia y me dijo que tenía 36 palazos. Acababa de cumplir, en un segundo, 8 años (igual lo hizo para recibir mogollón de regalos de cumpleaños atrasados…). Conocí a su madre, en Cartagena, de ahí esto que te cuento. Era una mujer cincuentona como poco (dada la edad sus hija y su hijo). Bien… ¡pues estaba tremenda la señora! Físicamente una barbaridad maravillosa, pese a ser “mi suegra” no cierro los ojos a la vida. Estaba casada con un militar… igual ese era su secreto de belleza pero y pensé lo más lógico: Mi novia va a estar que te cagas de buena hasta dentro de varias décadas (y no por “amor ciego” mío, sino por genética). Por cierto, como una vez que se miente no se para, esta chica me dijo que su oficio era “diseñadora gráfica”, ya que sabía mi OIDO a los publicistas… y eso es lo que era: directora creativa de una agencia de publicidad. ¡Vaya 2 palos me dio! Eso sí, para palo el de su novio real… uno que se supone había dejado para estar conmigo pero nunca se lo dijo y volvió con él cuando la mandé a tomar por el culo, porque era un tío con mucha pasta y eso crea vínculos. Pobre cornudo… si supiera que me tiraba a su novia en su coche, en el de él. JAJAJA. Cómo mola la vida. ¡Y me quería casar con esta tiparraca! Menos mal que me di cuenta a tiempo, pero como te digo: qué buena estaba y qué enamorado estuve yo de ella. No me arrepiento de nada que viví con ella. Ya escribiré algún artículo sobre mi relación con ella, que son muy, pero que muy aleccionadores y divertidos, pese a que en su día no tuvieran ni puta gracia para mí.

  2. Rafael López Says:

    Más te valdría haberte fijado en el físico del padre para conocer la posible evolución física a futuro de la dama en cuestión, porque, como todo el mundo sabe, la primera Hija suele “tirar” más al Padre, y el primer Hijo a la Madre.

    • El hermano era guapetón… jajaja Así que me victoria sobre los estragos físicos del paso de los años, en mi parienta, estaba garantizado. Obviamente lo importante no es ese tipo de belleza, pero si se tiene, perfecto y mejor que no tenerla y, si se puede, retenerla nunca está de más.

  3. riol.angel Says:

    Inclino mis posaderas ante las tetas de MILF profesora: un espenal de pura cepa

    • Creo que esta “seño” ya era madre por entonces, pero no era la MILF de ahora, para nada. Siendo treintañera advenediza en la treintena era otra cosa todavía sin catalogar por entonces. Digamos que era una gloriosa exhibicionista que alegraba nuestros ojos de no tan ingenuos infantes cuasi adolescentes.

    • Rafael López Says:

      Sr. Riol, o Sr. Ángel, permitame indicarle que cuando se reverencia algo se inclina la espalda no las posaderas que están a la misma altura que cuando se está erguido.

      Por otro lado escribir “un espenal de pura cepa” requiere para su entendimiento que explique, aunque sea brevemente, que es un espenal, porque al no hacerlo es imposible entender el sentido de su comentario.

      Un cordial saludo

      • riol.angel Says:

        Espenal es español en este blog, a mi entender… Alguien que sufre los retortijones de esta espena nuestra, nuestro país en la actualidad y desde que tengo uso de razón; entiendo pues ser un espenal de pura cepa (pues pago impuestos que no tengo muy claro dónde van a parar). E inclino mis posaderas, porque… Como lo digo finamente… Me cago en la profe que con dos buenas tetas, según Bakken; sólo les enseñó eso, las tetas y no inglés como es debido…

  4. Rafael, la MILF no es… son… y no quiera saber quienes son, jajaaja. Eso sí, no es nada malo, sino al contrario… pero es un tema que, créame, no sería de su agrado.

  5. Riol, el gentilicio de Espena es espenol. En femenino, espenola. Pero yo sí había pillado que te referías a eso. El nivel pedagógico y de conocimientos de esta “seño” era mucho peor de lo que he expresado, así que imagina. Pero es que es el nivel que he visto en el 90% de los docentes, sobre todo universitarios. TERRIBLE. Y el 10% que salvo es por sus conocimientos sobre la materia en cuestión, que hablar con ellos de otras materias era la irrisión.
    El nivel pedagógico de los cientos y cientos de profesores que he sufrido, directamente 0 patatero. Salvo uno n 1º de BUP, en Lengua y literatura, que por supuesto fue despedido por “disidente” y buen docente. Nilo se llamaba.
    La magnífica exhibicionista (cosa que no critico y, es más, alabo) Podría haber sido una perfecta ministra actualmente, nivel Carmen Cardo, Ipene Moncerdo… ¡Y hasta mejor!

  6. Rafael López Says:

    Sr. Riol tiene usted la poco elegante, y edificante, costumbre, aunque por desgracia sea muy común en nuestros días, de convertir una necesidad fisiologíca del ser humano (y del resto de animales) en un insulto.

    No es que haya empezado usted mal conmigo por esta cuestión semántica, de hecho si escribo en este blog, además de la cortesía de Don César, tiene, en su génesis, una discusión análoga a esta.

    Confío, pues, que futuros intercambios de opiniones sigan esa dorada senda.

    Rafael

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