LUYS COLETO. Mediante las vacunas genocidas van a asesinarte.

A corto o medio plazo, lo harán. Y quien no quiera verlo está jodidamente ciego. Deviene consuetudinario hecho. Nos están envenenando la comida que comemos (turbador CODEX ALIMENTARIUS de la Organización Mafiosa de la Salud). La fluorada agua que bebemos. Y el aire que respiramos, por ejemplo, mediante porquería venenosa fumigada por milicos. Eso sin contar con las tóxicas radiaciones electromagnéticas. La inmensa mayoría de los productos que nos venden como comestibles, por ejemplo, son verdaderas armas de destrucción masiva. Satanás es el pastor, nosotros los borregos. Y hablemos de los esbirros del Mal. Y antes de comenzar recordemos el célebre whatsapp de Ken Frazier, presidente ejecutivo de Merck&Co., 100% FARMAFIA. “Merck toma distancia; no quiere participar en un posible genocidio”.

Vacunas, perfectas para un genocidio

Como parte del plan del control de la natalidad por parte de las elites, en los inicios del siglo pasado, dieron comienzo a turbadora carrera para experimentar con todo tipo de armas químicas y biológicas en seres humanos. Con o sin su consentimiento. Vacunas, poro abierto.

Y brotan las vacunas, inspiradas en la falaz concepción científica de los estafadores Jenner y Pasteur. En nuestra patria, el farsante Balmis. Y germinan dichas mierdas, las absurdas vacunas. Con razonable higiene y potabilidad del agua, negocio vacunero, chapado. Cuatro ejemplos, tos ferina, difteria, polio y sarampión fueron prácticamente eliminados antes de la introducción de sus respectivas vacunas. Eso sí, perfectas herramientas como armas de guerra. Y de control poblacional. Y, desde luego, reducción. La vacunación siempre pone en bandeja de plata los genocidios selectivos, pues permite sin apenas dificultad aniquilar a cohortes poblacionales de determinada edad, raza, etnia, religión, orientación sexual o clase social. Genocidio a su gusto, las vacunas siempre prestas.

Eugenesia, genocidio

El movimiento pro-eugenesia comenzó en Estados Unidos a través de la generosa financiación de las fundaciones Rockefeller, Ford (fachada “filantrópica” de la CIA) y Carnegie, y cuyo genuino propósito era rediseñar socialmente a la humanidad para extirpar de la faz de la Tierra a todos aquellos que ellos estimasen como “indeseables”. Los nazis y los bolches, digamos, tuvieron buenos maestros “democráticos”. Tan ejecutores como ellos.

Y tras la II G. M. la eugenesia atraía sobre sí un repelente tufillo racial y genocida. Pero renació, mafia sanitaria mediante, bajó el cordial subterfugio de la biología molecular y el estudio minucioso del ADN. El objetivo, ídem: modificar el comportamiento humano alterando químicamente la forma en la que el cerebro funciona. La eugenesia pasó a llamarse genética y los estados comenzaron a derogar las leyes que permitían la esterilización masiva. En principio…

Militares y médicos, siempre detrás del horror

Los militares, especialmente el servicio de inteligencia militar y también servicios secretos civiles utilizan a seres humanos normales, a cualquiera, como conejillos de indias (¿recuerdan nuestra Operación Mengele del siniestro CESID? ¿Y la “colza”?).  Las colosales mentiras de las esterilizadoras vacunas y su vínculo con el control mental. Las técnicas de control mental más utilizadas, sencillo de comprender. Todo tan MK ULTRA, señero paradigma: drogas, hipnosis, condicionamiento por trauma, tortura psicológica, micro-chipeo, electro-shocks, campos electromagnéticos.

Y siempre pululando los tres cerditos, sin los cuales no podemos entender nuestras actuales sociedades: el Informe Global 2000 del gobierno yanqui setentero, ampliando y dando continuidad a lo escrito en el Informe Rockefeller y el Informe Kissinger NSSM-200. Tres escritos que diseñan nuestro genocidio. Y siempre lo mismo: pufos víricos y farsas climáticas, siempre genocidas y calcándose: supuesta superpoblación, pobreza, sobre-explotación de recursos, extinción de ecosistemas, incremento de precios, desastres naturales e inestabilidad política. Blablabla. Todo trola, obvio.

Guinea pig hold by researcher hand in lab

Todos somos ratas de laboratorio

Solía hacerse utilizando pacientes psiquiátricos en manicomios. Y aún se hace. Solía ser hecho, y aún se hace, con prisioneros. Y utilizan con hartísima frecuencia antenas de radiofrecuencia, extendidas por todo el orbe occidental, emitiendo diferentes frecuencias que utilizan para crear estados de agresión o depresión o lo que deseen cuando realizan tales experimentos. Armas psicotrónicas, recuerden.

Y mienten hasta la evidencia, tan servicios secretos. Y tan “verificadores”, tipo newtrola o malditos. Porque es absolutamente cierto que los móviles, un ejemplo de cientos, causan tumores cerebrales. Pero métase usted con la mafia de las telecos. U otro necesario recordatorio, por ejemplo: toda la gente que se cascó la vacuna de la gripe porcina se halla controlada mentalmente. Ellos también un microchip. Otra vez, sencillo de entender.

Vacunas, mierda experimentadora

En los artículos que he ido publicando sobre las vacunas alguno ya se habrá dado cuenta del hecho de que las vacunas contienen algunos de los mismos compuestos con los que Usa y otras naciones han estado experimentando contra su propia población durante el último siglo. Con sus  armas químicas y bacteriológicas.

Las vacunas, idénticos ingredientes. ADN foráneo, ARN y proteínas que pueden provocar alergias y enfermedades autoinmunes de bacterias, hongos, levaduras, suero fetal bovino, tejido renal de mono, metales altamente nocivos como el mercurio y aluminio, GMS (Glutamato monosódico) conservantes de cadáveres, formaldehído y formol entre otros. Y, desde luego, durante decenios, con células cultivadas a partir de fetos humanos. Eso por no hablar de la epidemia de parásitos, con su origen en las vacunas, que debido a la (inducida) escasísima calidad de nuestros sistemas inmunes pueden penetrar en nuestro organismo, instalarse allí y producir toxinas que nos enferman gravemente.

Industria farmacéutica, poderosa mafia

Y cuáles son las principales instituciones pseudocientíficas que  promueven este genocidio. En Yanquilandia, por ejemplo. Instituto de Medicina (IOM), la Academia Americana de Pediatría (AAP), la Asociación Médica Americana (AMA), la Organización Mafiosa de la Salud (OMS), los Institutos Nacionales de Salud (NIH) , La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés): todas estas instituciones financiadas por grandes poderes, familias e intereses  eugenistas se preocupan por la salud de tus hijos apoyando firmemente la “seguridad” y los “beneficios” de las vacunas. Curioso, ¿no?

Y FARMAFIA, de paso, acrecentando drásticamente sus métodos de coacción, coerción y presión por medio de las llamadas “asociaciones científicas”  e “independientes” asociaciones de pacientes que ellos mismos han creado y/o financian para así dirigirlas contra cualquiera que se salga del mentiroso discurso oficial que acaba siendo perseguido e infamado por estos grupos. Y asesinado, llegado el caso.

Los medicamentos – y las vacunas como suculenta parte del colosal negocio de FARMAFIA – matan. Mafia Sanitaria. Aproximadamente, crimen organizado. Con sus mentiras a cuestas, tan siderales, pregunta tan actual. ¿Cómo es que fabrican vacunas para virus que no existen? Otra, ¿cómo es que la gente se está muriendo de enfermedades causadas por virus cuya existencia continúa aún sin demostrarse?

Nuestra vida está en juego

Obviamente, la vida infinitamente mejor sin mierdas vacuneras. Y sin bazofias sanitarias. Los niños vacunados tienen un 120% más de asma. Un 146% más de autismo. Un 185% más de trastornos neurológicos. E infinitud de deterioros derivados. Y eso lo saben a la perfección padres con hijos vacunados y sin vacunar. Y ahora, toca decidir. Nuestra vida está en juego. Y no es metáfora. Ni mucho menos hipérbole. En fin.

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