RAFAEL LÓPEZ: El regalo envenenado de Reyes, a.d. 2021

Si existe una festividad en el calendario vinculada a los niños esa es el día de Reyes, pero han cambiado, significativamente, los usos y costumbres de la celebración asociada a tan emblemática fecha en el último medio siglo. Los recuerdos de cómo eran las Navidades en mi infancia creo que tienen poca traslación a la actualidad: para empezar se ha producido un cambio en la propia dinámica de las Navidades, ya que, cuando yo era pequeño, lo de “Papá Noel”  ni se conocía. Normalmente cuando nos daban las vacaciones escolares (solía coincidir con la celebración del emblemático sorteo de la lotería de Navidad) íbamos a casa ilusionados para poner el Belén, y esa representación, del nacimiento de Jesús y la adoración de los Reyes Magos, presidía la estancia donde se celebraban las reuniones familiares en esas fechas tan entrañables. Por aquellos años los recursos gastronómicos y tecnológicos poco parecido tienen, en general, con los de ahora, no había televisión, gracias a Dios, y aunque las viandas eran más “austeras” (ahora con las colas del hambre hay muchas personas que están peor que estábamos entonces), la intensidad religiosa y emocional eran mucho más sentidas. 

En mi época los regalos, eran justicos y “prácticos” (normalmente alguna cosica de material escolar), y sólo se recibían en la noche de Reyes. Siempre te acostaban pronto tus Padres porque no podías ver a los Reyes Magos cuando llegaban a casa. Al poco tiempo las influencias anglosajonas, la funcionalidad de entregar parte de los regalos en Nochebuena para que se pudiera “disfrutar” de los juguetes durante las vacaciones fue generando un proceso involutivo por el cual el simbolismo de la noche de Reyes ha ido perdiendo protagonismo paulatina e inexorablemente. Ahora el árbol de Navidad, con su hegemónica presencia en instituciones, tiendas, comunidades de vecinos, centros comerciales, etc., ha enviado casi al ostracismo a los belenes públicos y domésticos. Es una lástima esta deriva, por lo que supone de pérdida de nuestras tradiciones y de nuestra esencia cristiana. 

Detalles como dejar comida para los Reyes y pienso para los camellos en la ventana de la habitación de los niños o en la entrada de la casa, ya resultan cuasi anacrónicos y poner el Belén para presidir, en intimidad, la celebración de la Navidad resulta cada vez más atípico. Pero no debemos entristecernos demasiado con esta nostálgica exhortación de tiempos pretéritos, aunque no haga tanto de ellos, porque la realidad, a nivel general, que se vive en España ya está mostrando su fúnebre semblante: el de un Estado opresor y dictatorial que sólo trae ruina y desolación, y lo peor de todo es que trae un regalo envenenado para este 2021: que nuestro país acabe el año pareciéndose más a las pinturas negras de Goya que a la bucólica representación del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. 

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