RELATO CORTO: «¡Qué asco!»

©César Bakken Tristán. 2011.

Todo está oscuro y hace mucho frío. No veo absolutamente nada y me golpeo constantemente con multitud de objetos aparentemente inertes. Estoy sangrando, creo, a lo mejor es sudor, o las dos cosas. Calmo mi ansiedad y  me detengo un momento para pensar en qué hacer, porque el cuerpo me duele muchísimo a causa de tanto golpe, aunque debido al frío el dolor se minimiza, algo bueno tiene el frío, aunque si no consigo salir de aquí en breve moriré de hipotermia.

He perdido la noción del tiempo pero calculo que llevaré aquí varias horas. Estoy paralizado por el frío. Tal vez si no hiciese este frío lo estaría por el miedo, la oscuridad absoluta me asusta. Estoy resignado a mi suerte, no puedo hacer otra cosa. Lo único que me queda ahora es el instinto de supervivencia innato en todos los seres vivos (a excepción de los suicidas, claro). No pienso aceptar mi destino mortal, tengo que buscar alguna solución, seguir con vida más tiempo ya que a veces las situaciones mejoran solas. Si esta mejora tengo que estar vivo para beneficiarme de ello.

Pero tanta oscuridad y frío me están desquiciando y es imposible controlar la ansiedad que me produce. Lo mejor será quedarme quieto en donde estoy ahora, al tacto aparentemente un rincón, y abrazarme a mi mismo para intentar minimizar el tremendo frío que hace. Imposible, no aguanto en esta posición, las paredes están heladas, me congelo más todavía. Tengo que moverme, si me quedo quieto moriré congelado. Pero si me muevo puedo morir a causa de algún golpe. Lo mejor será establecer una especie de pequeña “zona de seguridad” en la que moverme constantemente sin riesgos de golpes o caídas. Sí, lo mejor será eso, voy a ir de un lado para otro: uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis pasos. Con eso bastará, en esta corta distancia no hay ningún obstáculo. Pero no debo equivocarme, si doy un paso más igual me golpeo con algo o caigo al vacío. Sólo estos pasos y vuelta atrás. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis… uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis… Sólo así, moviéndome de un lado para otro lo más rápido pueda me mantendré con vida más tiempo. Pero tengo que pensar en algo que me saque de aquí.  Voy a intentar recordar cómo he llegado hasta aquí, pero no puedo, mi cerebro parece estar igual de contraído que el resto del cuerpo.  Piensa, vamos, piensa; si no lo haces no hay ninguna esperanza. ¿Cómo he llegado aquí? Recuerdo una puerta frente a mí, una puerta que se abrió de repente. Yo estaba dentro de una casa, creo. Sí, era una casa, ¿qué hacía yo en ese lugar? Bueno, eso no importa, tengo que concentrarme en la puerta. Una  puerta se abrió de repente y  una gran luz salió de su interior.  ¡Claro, eso es! la luz me cegó, ahora lo recuerdo, y algo me empujó hacia la puerta. Nada más entrar ya sentí el frío. De pronto oí un fuerte ruido tras de mí, como un portazo. ¡Claro!, fue la puerta que se cerró. Y de repente desapareció la luz y todo se quedó absolutamente oscuro y frío, y a cada segundo mucho más frío.

¿Qué había tras esa puerta, qué hay aquí dentro? No pude ver nada antes de caer tras ella. Tal vez deba caminar muy lentamente y palpar lo que me rodea. Tengo que arriesgarme. Si me quedo quieto moriré enseguida y si sólo me muevo en mi “zona de seguridad” lo único que haré será retrasar mi muerte. Vamos a ver, ¿hacia dónde voy? Aquí detrás hay una pared. Voy a avanzar hacia delante, despacio, muy despacio. Todo parece despejado. Claro, sigo dentro de mi “zona de seguridad”. Ya debo de haber salido de ella, pero no toco nada. ¡Ahora sí! He tocado algo frío, ¿será otra pared?.  ¡Uff!, no sé lo que será pero tengo que volver a tocarlo. Es algo que no se mueve, pero no es una pared, tiene volumen. Puedo rodearlo. ¿Qué será? A ver, si no me separo de ella podré saber qué forma tiene. Es circular y parece igual por todos lados.  Voy a seguir, a ver qué me encuentro. Despacio, muy despacio, no quiero golpearme más.

Un momento, creo que huelo a comida. No sé, tal vez estoy delirando, pero juraría que estoy oliendo a comida. ¿De dónde viene el olor? Si como algo conseguiré calorías para mi helado cuerpo y podré aguantar un rato más aquí dentro. ¿Por qué huele a comida? A lo mejor es una trampa. ¡Claro! es una trampa. Quien me haya metido aquí me está tendiendo una trampa, pero no voy a picar, no pienso picar. Me están poniendo un cebo para que pique. Voy a volver hacia atrás. No puedo, estoy desorientado, ¡maldita oscuridad!. Seguiré hacia adelante, muy despacio, muy despacio. ¿Qué es esto? He chocado con otro objeto. No es el mismo de antes, este es más pequeño y está pegajoso… ¿qué demonios es esto?  Esto huele, huele… ¡huele a chorizo!  Debería comer un poco, necesito calorías. ¡No!, es la trampa, el cebo, no puedo picar, a mí no van a engañarme así. Voy a ir hacia atrás, deprisa, para que no salte la trampa.

¡Ahhhh! me he caído, se ha terminado el suelo y he caído al vacío. Me he dado un buen golpe, casi no puedo moverme.  Pero tengo que levantarme, si me quedo quieto moriré en breve.

¿Chorizo?, ¿antes toqué un pedazo de chorizo? Creo que estoy cada vez peor, estoy delirando. No puedo más, no puedo moverme. Un último esfuerzo, sólo uno más. He logrado incorporarme. Así, ¡ánimo! avanza un poco más, ya no puede ir peor. Despacio, muy despacio… ¡Ahhhh! me caigo.

¿Qué ha pasado? qué es esto, ¡he caído a una piscina! Lo que me faltaba, mojarme con este frío. Pero un momento, esto no es agua. ¿qué es esto? Es un líquido denso y huele… huele a comida. Otra vez la comida, estoy delirando. Menos mal que floto fácilmente, pero me siento peor que antes. No puedo más, no me hundo pero no puedo más… me rindo, no voy a poder salir de aquí. Si me desmayo me hundiré y todo habrá terminado para mí. ¿por qué así? sólo me gustaría saber por qué tengo que morir así.

¡Ahhhh! ¡La luz, otra vez la luz! ¡Se ha abierto la puerta, pero no veo nada!, la luz de fuera me deslumbra, ¿qué está pasando? No puedo más, estoy muy débil, no puedo más… no puedo… no pued… no pue… no…

-Mamá, hay una mosca en la sopa.

-¡Qué asco!

-¿La quito?

-No, no, hijo, por Dios. Tira la sopa, comeremos otra cosa. Qué asco de bichos, siempre molestando. A ver qué comemos ahora.

-¡Mira! se está moviendo, no está muerta.

-Trae, por Dios, dame la sopa. Ya está, al fregadero. ¡Qué asco! Y estaba dentro del frigorífico, a saber que más cosas habrá tocado. ¡Qué asco!

2 respuestas hasta “RELATO CORTO: «¡Qué asco!»”

  1. Rafael López Says:

    «Arrepreta las patas mañica que vas a pasar un túnel muy largo»

  2. jajaja. Los de mi relato eran escrupulosos…

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