RAFAEL LÓPEZ: Una Familia zaherida

Esbirros de Gran Canaria mostrando pleitesía a uno de sus amos, y listos para maltratar al pueblo y mimar al inmigrante ilegal, con los impuestos de ese pueblo vilipendiado por ellos y, por supuesto, ellas (qué monas con la coleta saliendo de la puta gorra)

Acabamos de sufrir una experiencia muy violenta y desagradable. Hemos bajado mi Familia y yo a la calle a dar un sencillo paseo sin molestar a nada y a nadie, cuando no hacía ni 150 metros que nos habíamos puesto en marcha que vislumbramos un coche de la policía local, automáticamente, casi como guiados por un resorte, colocación de mascarilla y verificación de que el coche de marras se iba. Avanzamos 50 metros más y aparece una furgoneta de la policía local con dos impresentables que nos echan el alto; el primer sicario local, está claro que nos vio y dio aviso a sus “colegas” de felonias y represiones infinitas. Esa pareja de policías locales, estos malnacidos uniformados, en un lenguaje tan chulesco y primitivo que hasta un niño de primero de párvulos pareciese Séneca o Cicerón en erudición gramatical y cortesía, nos advirtieron con gran rudeza y suspicacia de la obligación de llevar el puto bozal, y de la obligación del cumplimiento del puñetero toque de queda. 

Pero lo malo de estos esbirros locales es que utilizaron un lenguaje y una actitud como si estuvieran recriminando a cuatro adolescentes licenciosos que estuvieran haciendo botellón en la vía pública incumpliendo con nocturnidad y alevosía las normas. Estoy convencido de que a un grupo así lo hubiesen tratado de un modo mejor, igual que se lo hubiesen hecho a cuatro malnacidos inmigrantes ilegales marroquíes de esos que viven, a cuerpo de rey en los hoteles de lujo en el sur de Gran Canaria, a costa de mis impuestos. Impuestos, por cierto, que entre otros muchos agravios tributarios también sufragan los salarios de estos mamporreros ejecutores de las liberticidas y estúpidas normas de sus amos. 

Porque, a fuerza de ser sinceros, el MAL no sólo proviene de desquiciados policías locales que aplican con singular saña un régimen dictatorial sin precedentes, que ejercen una acción represora vil y despreciable; su origen son esas garrapatas bipedas y viscosas que viven a costa del erario público al que saquean impunemente, y que añaden a ese espurio bagaje la implantación de normas dictatoriales, liberticidas y criminales bajo el dictado de ese globalismo totalitario delirante y rampante.

Mi Familia y yo hemos sentido el putrido aliento de seres antropomorfos sin alma, ni decencia, ni dignidad, y en ese vomitivo instante de ofensa brutal hacia una Familia española que simplemente iba a dar un sencillo paseo nocturno a las once y cuatro minutos de la noche, sin molestar, ni perjudicar, a nada y a nadie, me he acordado de mi querido César Bakken y de las incontadas ocasiones en que, también, se ha visto zaherido por maderos, segurratas e impresentables particulares por no llevar el puto bozal (en su caso por acreditada justificación médica). 

P.D.: gracias, sólo, a Dios nos libramos de la multa, pero la ofensa permanecerá en nuestro recuerdo para siempre, tanto como para utilizar una expresión, usada en ocasiones por don César, que, sólo, por un titanico compromiso personal me niego a utilizar ni verbal, ni gráficamente. ¡Malditos…! 

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