ARTÍCULO: El sexo demuestra lo malo del tabaco.

Nunca he sido fumador, pero por supuesto que he fumado, faltaría más teniendo 45 palos ya, habiendo crecido en un suburbio de Madrid (Leganés) y llevando 13 años en un Gueto (Hediondo Puente de Bellacos) aunque el último cigarro que me lié fue hace casi 11 años. Sé la fecha porque fue en el banquete por el bautizo de mi entonces sobrinita Alba. A esta nena la percibí poco antes de nacer, en el panzón de mi hermana cuando estaba ya “ingresada” para parir, que me dijo se lo tocará para notar las hostias que la nena daba…y vaya si las daba. Y luego la vi neonata, cosa más rara y oscura a la par que bonita y que, de alguna manera instintiva, me apretó el meñique con su manita. Ahora tiene suerte de poder contar con toda mi mano.

 A los 16 -17 años, ya algo tarde para la media de edad de Leganés, empecé a fumar tabaco cuando salía de borrachera. Antes, queridos niños, salíamos de pedo, a emborracharnos ex profeso… mariconadas las justas y degustación de licores o maridaje de vinos… jajajajaja, ¿eso qué era?  ¡A beber y punto! Eso sí, por azares del destino o la puta suerte, vaya, siempre había uno de la panda que no se emborrachaba del todo y velaba por la mermada integridad física de los demás.  No diré marcas de tabaco, porque paso, pero vamos… todos las conocéis, no eran tantas (ahora ni idea). Recuerdo comprar a los negratas manteros del metro paquetes yanquis por 200 pelas.  A mis 17 años currando de auxiliar administrativo y corre ve y dile y llévame este documento oficial a tal antro público. Todo un universo en sí mismo recorrer en tren y metro las 3 horas que separaban la casa de mis padres del trabajo (ida y vuelta) y luego otras tantas horas de metro por recados varios y variopintos. Fue la primera vez que vi, in situ,  tantas tetas hermosas y suntuosas… fueron los 3 meses de verano y os podéis imaginar el turisteo escotado, libertino y divertido de esta, otrora, gran ciudad. Pero nadie fumaba en el metro. Podías comprar tabaco ilegal, pero no fumártelo. Recuerdo las tetas, no otra parte de mis adoradas mujeres, esa perfección sensitiva que lamento se pierdan los truchas, pero que me alegro de que lo hagan, pues a más tocamos y que cada cual haga lo que quiera con su cuerpo.

Sería por mi edad donde la testosterona era Dios y el Diablo y porque como nunca me siento en el transporte público, por mera perspectiva los escotes me saltaban los ojos si me descuidaba (mi metro 79 ayudaba a ello, oye… ahora creo que ya me estoy achatando por los polos… pero como no me mido ni me peso… virgencita, virgencita, que me quede como estoy/estaba). El caso es que mis trasiegos del metro eran como una revista erótica, que no porno. Y de eso, queridos niños, es de lo que quiero hablaros, porque el porno y el sexo lascivo no están prohibidos, pero sí están reducidos a espacios concretos: por mero sentido común. Se trata sólo de eso. No de prohibir o permitir.

Mis padres no me dejaban fumar, obviamente. De hecho, no sabían que yo fumaba y los que fumaban y se emborrachaban “eran mis amigotes” y los padres de mis amigotes pensaban lo mismo, o sea… que todos éramos una panda de borrachos y pendencieros, y punto (mi madre era la excepción que confirma esta regla, porque ella era muy lista, tanto que salió de este infierno que llamáis vida hace casi 13 años). Ideé una técnica para meter y sacar tabaco de la casa de mis viejos, tan sencilla como efectiva: el calcetín con un pantalón largo y holgado (por suerte me pilló lejos la moda del pantalón de pitillo que ahora ha vuelto, pero sólo de rodilla para abajo –peor todavía que antes –). Esa técnica la inventé años antes para esconder el dinero para el cine y las palomitas que nos pretendían mangar los putos yonquis que creó Tierno Galván. Posteriormente, con calcetines muy largos, llegué a mangar cantidades ingentes de productos caros y pequeños, y meter botellas de güisqui en conciertos y discotecas y tal y cual Pascual. No sé cómo los charcuteros de los supers no sospechaban de que un desarrapado como yo pidiera cuarto de su mejor jamón… Mi secreto era no pasarme, para no levantar sospechas… ¿Para qué más de cuarto? ¡Al calcetín!

Bueno, que me disperso, sigo con el porno y el tabaco. Fumar no está prohibido, faltaría más. Y la baza que la mente de los drogadictos de tabaco juega, o de los enfermos por tabaquismo, es que cuando les prohíben fumar en algún lado… ¡nos están sometiendo, anatema, maldición fascistoide, liberticidio! A ver… (queridos niños tapaos los ojos) ¿te haces pajas o follas en las terrazas del bar, por la calle, lugares públicos o cuando hay gente en tu casa? Espero que vuestra respuesta sea NO. ¿Te haces pajas o follas en la intimidad o el lugares públicos cuando no hay nadie ni puede verte nadie? Espero que vuestra respuesta sea SÍ. Pero si a esta última pregunta respondes que no… perfecto. Cada cual es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera siempre que no moleste a nadie por ello. Pero en lugares públicos o en tu casa cuando hay gente o en equis lugares donde no debes practicar sexo, puto cerdo, puedes perfectamente llevar porno (antes eran revistas, recortes encontrados en parques…ahora con el móvil tienes a Sodoma, Gomorra y Babilonia 24 horas al día pegadas a tu paquete o a tu hucha o a lo que quiera que tengas en la entrepierna, que ya ni sé las posibilidades que ofrece algo tan vulgar como los genitales humanos). El porno no está prohibido, está restringido. Queridos niños, abrid ya los ojos. RESTRINGIR. Es sólo eso, mendrugos. Nadie va a prohibirte llevar un paquete de tabaco en el bolsillo, estés donde estés… lo que se prohíbe es que fumes en ciertos lugares, no por superstición ni afán liberticida… ¡qué va! es porque a nadie que no fume o no dé su consentimiento para que fumes le gusta ser contaminado por ti.

Pero voy más lejos todavía, a ver si os enteráis de una puta vez. ¿Sabéis lo que es una violación? Fumar sin respetar a quien no quiere hacerlo es VIOLAR. Una persona violada NO QUIERE PROHIBIR QUE SE FOLLE, lo que quiere es que nadie le folle sin su consentimiento. ¿Todavía no os queda claro, fumadores en público? ¿Qué haríais ante un/a violador/a?  Pues los no fumadores hacemos exactamente lo mismo ante vosotros: nos defendemos como podemos. Me dais asco, mucho, demasiado tal vez porque algo tan simple como la combustión de papel, hoja seca de tabaco y 1.001 mierdas intrínsecas no debería ser un problema social. ¡Y vaya si lo es! Fumad donde os dé la real gana, pero bajo esa premisa de que no haya nadie cerca o de que todos sean fumadores o no les importe que les envenenéis. Es así de simple. Mi parienta es fumadora. ¿Creéis que no fuma dentro de casa porque yo peso 30 Kg. más que ella y de una hostia la pondría en órbita? Me parece que no… no fuma dentro de casa porque tiene sentido común y olfato y odia el olor a tabaco. Y cuando hemos estado en la calle (hace un año que no salimos juntos, porque yo voy sin bozal y la violencia es cosa mía, no tiene que salpicarle a ella, porque si le salpicara yo iría a la cárcel o al cementerio, depende de cuantos fueran los hijos de puta que la atacaran por ir conmigo, uniformados o no) jamás ha fumado sin respetar esa premisa, por mero sentido común –insisto –, no porque ella sea más lista que vosotros, malditos fumadores en público.  ¿De verdad qué pasa por vuestra cabeza cuando llenáis con vuestro humo la mesa de los que están comiendo en una puta terraza de bar? ¿se os pone dura o se os empapa? ¿qué le puede llevar a un ser humano a llenar de humo el entorno de otros que no fuman?

En la propia casa de mi casero se cuela humo de tabaco a diario, y sobre todo de porros, que fuman vecinos… ¿sabéis hasta donde llega vuestro humo, malditos bastardos? Porque mi parienta fuma en una terraza de 27 metros cuadrados donde no hay nadie por arriba ni a los lados, por eso fuma fuera de casa, si fuera una puta ventana con gente arriba tampoco fumaría. ¿Mi parienta está en contra del tabaco siendo adicta a él? No, jodidos idiotas, ella tiene respeto y sentido común, como lo tuve yo cuando fumaba un poco. 

La única vez que fumé jodiendo fue en un autocar volviendo de Barcelona a Madrid, precisamente ese verano que digo, que me dieron 5 días libres y fui a hacer el gilipollas a Barcelona. Eran tiempos de zonas de fumadores y no fumadores y mi asiento estaba justo en la frontera, delimitada por una pegatina de prohibido fumar, en la ventana. Delante de mí  iban 2 señoras (a los 17 años todas las mujeres mayores de 20 eran señoras) con los asientos echados a tope hacia atrás. Imaginad la estrechez de esos autocares baratos… con el asiento así se te pegaba al pecho. No les dije nada, pues en mi bondad estúpida creí que si iban tan recostadas era por algún motivo de falta de espacio suyo y, total, 7 horas de viaje a mi edad pasaban rápido. Pero… qué error el mío, eso de ceder ante algo malo –por lo menos podrían haber preguntado si no me molestaba ir 7 horas sin poder moverme para que ellas estuvieran estiradas –.  Resulta que me enciendo un cigarro y, al instante del chasquido del mechero, se giran las malas putas y empiezan a gritar señalando la jodida pegatina y diciendo que no se podía fumar ahí. Tras un breve debate sobre si la pegatina estaba en su zona o en la mía… decido apagar el cigarro porque me gritaban “nos molesta el humo”. Ahí intuí que, ciertamente, daba igual donde estuviera la puta pegatina, un cigarro expande su humo por todo un autocar, es un hecho, por eso no se debe fumar ahí. Pero ellas tenían sus respaldos como he dicho, así que a la que estaba frente a mí, le grité (cuando grito; grito, no soy maricón en esto): “¡Pon tu respaldo bien, qué me molesta!” Y le solté tal hostia al respaldo –desde el poco espacio que tenía para ello – que casi saco a esa liberticida del autobús, por la honda expansiva (rebote, en este caso) joder, cómo sonó el “catacrack” del respaldo siendo forzado por mi hostión. Me hubiera encantado dárselo a ella, si ella hubiera sido él, ya me entendéis… A mi lado iba uno de mis 2 amigos madrileños, que era demasiado pusilánime y como me conocía bien, me trató de calmar… eso sí, se benefició de mi justa mala hostia porque la otra zorra también reguló su respaldo (igual fue la honda expansiva que digo… no lo sé).

Sois unos violadores, fumadores en público. Con lo bueno, bonito y sano que es el sexo consentido… el tabaco no es sano, pero puede ser bueno y bonito (que no barato)… cada loco con su tema, yo tengo el cerebro hecho polvo de leer tantos libros en papel y escribir y pensar tanto… pero no obligo a nadie a que lea, escriba o piense. Dejad de violarnos porque no queda mucho para que todos los violados empiecen a defenderse. Y, realmente, aquí podemos habitar todos en armonía. Fuma donde no esté yo, y punto, al igual que yo (esto se lo digo a las tías buenas) nunca he violado a nadie y sí follado a muchas. Respeto y consentimiento. ¡Es sólo eso! Pero no os coscáis de nada, absolutamente de nada. Así nos va.  Fijaos que a mí me encanta que me toquen el culo, eso que parece una agresión sexual hoy en día… ¡pero si da un gusto de la hostia que alguien te toque un glúteo, o los 2, ¿de verdad no os lo han tocado nunca, en el albor del anonimato de una gran reunión de gilipollas? Os lo recomiendo. Pero que a mí me guste que me hagan eso… ¡no significa que vaya por ahí tocando culos desconocidos!  A vosotros os da igual, u os gusta, que alguien llene de humo de tabaco vuestro entorno… ¡pues me alegro por vosotros! pero por ese placer vuestro no tenéis que llenar de humo mi entorno. ¡Es lo de tocar culos que os acabo de explicar! Es que ya no sé cómo explicaros algo tan obvio. La pena es que yo no pueda soltaros una hostia cada vez que me echáis el humo en zona pública… ni os imagináis la suerte que tenéis, porque como yo hay otros cuantos, ojo… pero la ley nos impide hacer JUSTICIA y cuidar POR NUESTRA SALUD. Y, encima, en tiempos de PLANDEMIA.

Tened en cuenta que muchos no somos FUMADORES PASIVOS, sino NO fumadores SOMETIDOS. Cuidado con nosotros, que cada vez hay más gente maltratada que despabila y vuestro maltrato, malditos fumadores en público, es el peor que hay, hubo y habrá sobre la Tierra.

Menos mal que soy mortal. Pero vosotros también lo sois, fumadores en público…

3 comentarios para “ARTÍCULO: El sexo demuestra lo malo del tabaco.”

  1. Rafael López Says:

    El natural concepto del Respeto, tan valorado por mi, no es sólo que brille por su ausencia en la sociedad actual, es que ha caído en el ostracismo más feroz tanto en la educación reglada como en la intuitiva que se da en los hogares.

    Y así nos va.

  2. joseignacioh Says:

    T’enrollas como una persiana! (*)
    (*) Persiana: mujer de Persia. 🙂

  3. José Ignacio, el gentilicio masculino de Persia, mejor no lo escribimos… jejeje

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