LUYS COLETO: Rodríguez Galindo: secuestrador, torturador, asesino. Según el Informe Navajas, ¿narcotraficante y proxeneta?

Rememoremos de nuevo el glorioso tuit de Olona.”Que la tierra te sea leve, mi General. Hoy, más que nunca, Intxaurrondo en nuestro corazón. Descansa en Paz”. De todas formas, el mejor y más prototípico lavado – centrifugado, casi- prohijado por José María Zuloaga en La Razón. Para los mandos antiterroristas, desde luego, militares y civiles, Galindo, fue el artífice de la mayor ofensiva contra la banda asesina Eta. Decenas de páginas glosan arrobada y ditirámbicamente, aún hoy, su figura y ¡¡¡sus métodos!!! La de Zuloaga – y por ende, el medio que lo ha publicado – no es la única voz de peso que ha salido a glorificar al torturador, secuestrado y asesino. Probable narco y proxeneta, este “heroico” soldado.

Narco-cuartel de Inchaurrondo, insuperable centro de tortura

Orteguiana hemiplejia moral, lo de siempre. “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. Perenne recordatorio de la inmensa mayoría de la peña que, definiéndose dentro de derecha o izquierda políticamente hablando, son incapaces de pensar de una forma extensa, vasta, más allá de su ideología, de forma análoga a la persona que padece de la parálisis motora en la mitad de su cuerpo. Limitación del pensar. Limitación del saber. Limitación, sobre todo, de los límites éticos. Lo dicho, hemiplejia.

Y las derechas españolas, tras la muerte de Rodríguez Galindo, ídem. El apellido del exgeneral de brigada se hallará inexcusablemente vinculado al cuartel de Inchaurrondo, 513ª Comandancia, y a su terrorífica y prolongadísima sombra. El del barrio del Antiguo, ya demolido, había sido el de su presentación en tenebrosa sociedad. 

Por el contrario, al margen de las solidísimas acusaciones sobre narcotráfico, Gal y prostitución, el narco-cuartel acabaría convirtiéndose en unos de los más acabados paradigmas del horror. Sistémicas y sistemáticas torturas, hasta convertirlo, sin el menor asomo de dudas razonables, en el mayor centro de torturas de Europa Occidental desde la conclusión de la Segunda Guerra mundial.

Narco-cuartel de los pikolos, terrorífica estancia conocida como La Carpintería (¿eufemismo?), bajo estrictísimo mando de Galindo, jefe de la sección antiterrorista, fueron torturadas decenas, centenares, miles de personas. Y recordemos que Galindo fue condenado a 75 años de prisión por el secuestro, torturas y asesinato de Lasa y Zabala. Clasificado en tercer grado, apenas llegó a cumplir cinco.

Narco-cuartel de Inchaurrondo, sumando más horrores

Pero otros casos acaecidos en el narco-cuartel donostiarra despiden hondísima fetidez, difusas zonas de sombra. Casos como la desaparición y muerte de Mikel Zabalza, la bomba dirigida a Idelfonso Salazar –que acababa de denunciar torturas y mató al cartero José Antonio Cardosa– o la bomba en San Sebastián en el bar Txioka que acabó con la vida de Francisca Arenzatamurgil y dejó ciego a un niño, siguen sin esclarecerse. Emboscadas como las dieron fin a las vidas de Bakartxo Arzelus, Luis Mari Zabaleta y Alejandro Auzmendi, entre otras, en las que participó el equipo de Galindo, también quedaron sin ápice de verosímil investigación.

Tras cumplir apenas un lustro por la salvajada cometida contra Lasa y Zabala, queda en  libertad. Comienza a vivir en Zaragoza. Fue despojado de sus galones y de su condición militar, cierto, pero no de sus condecoraciones, hasta un total de catorce, algunas de ellas con plus agregado a su pensión.

La Orden de Mérito de la Guardia Civil con distintivo rojo, por ejemplo, la recibió un año después – exactamente: puro recochineo – del secuestro de Lasa y Zabala. Llevó su condena hasta Estrasburgo, pero perdió en todas las instancias. También se querelló contra Negu Gorriak (por la excelente canción Ustelkeria), Diario 16, la editorial Txalaparta y Egin. Perdió todos – repito, todos- los juicios, pero consiguió la definitiva quiebra comercial de Esan Ozenki, la casa de discos que apadrinaba a Fermín&Cía.

Y por supuesto siempre apoyó a sus agentes de Inchaurrondo, hubiesen hecho lo que hubiesen hecho. A saber, cuando fueron condenados por proxenetismo, torturas, narcotráfico, robo con intimidación y corrupción, llegando al surrealista y delirante deliquio de aseverar que  de que “con seis hombres como ellos se hubiera conquistado América del Sur al completo”.

Las investigaciones periodísticas, alentadas por el confidente Txofo Migueliz, y el descubrimiento de los restos de Lasa y Zabala en 1995, aceleraron y fueron revelando paulatinamente su implicación en diversos asuntos no sólo relacionados con el Gal, sino también con el narcotráfico y la trata de blancas. El Informe Navajas, cuyo autor ha ejercido en el Tribunal Supremo hasta su reciente jubilación – a la sazón, al servil servicio de la fiscal Dolores Delgado, la que bebe de la copa del tétrico ropón Garzonetti – solicitó la investigación de Rodríguez Galindo por las turbias y citadas cuestiones.

José Antonio Santamaría, ASESINADO por ETA

Intentando desactivar el Informe Navajas: Operación Arca de Noé

Informe Navajas, dossier realizado por Luis Navajas Ramos, fiscal jefe de la Audiencia de San Sebastián, que relacionaba a subrayados miembros de la Malamérita en el País Vasco con actividades de narcotráfico y contrabando. Desde 1988, los gobiernos del líder de la banda terrorista Gal, Felipe González, manto de silencio. Javier Moscoso, primer responsable público que conoció los hechos, y su sucesor Leopoldo Torres, realizaron pulidísima campaña de desactivación controlada del citado Informe, presentando el asunto como una conspiración filoetarra contra la Malamérita, calificando la acción de la prensa de “linchamiento contra la Guardia Civil”.

Después vinieron las referidas filtraciones a distintos diarios. El relevo de Navajas por el magistrado Abreu o La Operación Arca de Noé: La guerra sucia contra la Fiscalía (el objetivo de la Operación Arca de Noé, recordemos, era “desacreditar las fuentes, demostrar la normalidad del patrimonio de Rodríguez Galindo y la correcta presentación de sus declaraciones de renta, indicar que no se había podido demostrar ninguna relación entre los miembros del cuerpo y los clanes de contrabandistas”).

Operación Pitón y Caso UCIFA

Más tarde llegaría el asesinato de José Antonio Santamaría a manos de Eta. Y desde luego la Operación Pitón y el Caso UCIFA. Dos episodios colaterales y aparentemente independientes que vinieron han a enmadejar aún más el ya embrollado ovillo del Informe Navajas, también conocido como Caso Galindo. Ambos asuntos, Pitón y UCIFA, probables escalones de una causa más ambiciosa, tienen su origen en actuaciones del citado Garzón, y en uno de ellos, clave, la carga de la prueba descansaba sobre confesiones de presuntos arrepentidos.

El primer hecho aparece como una ramificación de las investigaciones realizadas por la fiscalía guipuzcoana desde 1998 y se concreta en la detención del teniente de la Guardia Civil, Antonio Palomino. Se conoce como Operación Pitón y provocó la desarticulación de una de las mafias internacionales de narcotraficantes más importantes de España.  Ceuta, ciudad clave en relación con el blanqueo del dinero del narco.

El segundo es el denominado Caso UCIFA y llevó al desmantelamiento de la Unidad Central de Investigación Fiscal y Antidroga (UCIFA) de la Guardia Civil y a la detención de sus responsables. Paradójicamente, esta acción judicial originó el procesamiento del coronel Francisco Quintero Sanjuán, hombre decisivo en las pesquisas llevadas a cabo y contenidas posteriormente en el Informe Navajas,  Caso Galindo. Quintero, número dos de la UCIFA, fue acusado por antiguos confidentes de la unidad de untar con droga a sus propios informadores.

Informe Navajas o Informe Galindo, a su gusto

El Informe Navajas describe lo evidente, lo sospechado, lo sabido, traspasando conradiana línea de sombra: una asociación entre mafias del narcotráfico y el contrabando – gallego y más allá – y miembros organizados de la Seguridad del Estado. Una suerte de “agenda oculta” del narcotráfico donde supuestas “razones de Estado” podrían haber servido de burda coartada para la alta – altísima- delincuencia. Financiando con ello, de paso, el terrorismo de Estado. Apretada síntesis: una potentísima red de narco-contrabandistas formada por ciudadanos del común y mandos de la Malamérita y otras fuerzas policiales.

Por más que un cúmulo de circunstancias haya adulterado parcialmente su siniestro perfil, el Informe Navajas está vivo, vivísimo. No es fruto de conspiración alguna. Real como la vida misma. Sin más. Y no pocos lo bautizaron como Informe Galindo. Y lo pueden leer pinchando aquí. En fin.https://www.facebook.com/RBOradio/posts/este-es-el-informe-navajas-publicado-por-la-revista-crisis-en-1993-fue-silenciad/1810146129241756

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