LUYS COLETO: El mejor Truffaut, el mejor Vivaldi.

El pequeño salvaje (L’Enfant sauvage) es una portentosa cinta dirigida por el grandísimo François Truffaut, inspirada en la historia del niño Víctor de Aveyron. Una historia real. “Comienza en un bosque francés en verano de 1798”. Obra maestra, sin más.

Tres obras perfectas

Y el Vivaldi más descomunal. Y desgarrador. Recordemos que el genio veneciano escribió más de veinte conciertos para flauta solista, en todas sus posible y polivalentes y arracimadas variantes, además de múltiples combinaciones, tanto en conciertos de cámara como en los denominados “concerti con molti stromenti”. De esta ubérrima producción se destacan tres obras para un pequeño instrumento llamado flautino. Se trata de los Conciertos en do mayor RV 443 y RV 444 y el Concierto en la menor RV 445. En la peli del eximio director francés, el primero de ellos.

Y el eterno debate. El sublime Concierto RV 443, para no pocos, podía ser ejecutado con un “flageolet”, antes que mediante una flauta sopranino. Poseo mis razonables dudas sobre el particular. Incluso les recuerdo la verosímil hipótesis que Peter Thalheimer proponía en 1998, en la magnífica Revista Tibia ( número XXIII), identificando indistintamente el flautino con el flageolet, aunque curiosamente en el mismo número de la revista, el gran Winfried Michel sostenía que se trataba de un “flauto dritto soprano”.

Insuperable Largo en otra obra (cinematográfica) perfecta

El Concierto para flautino, RV 443, fue escrito en la tonalidad de do mayor y la partitura se encuentra entre los Manuscritos de Turín, en la Biblioteca Universitaria de esa ciudad, en la colección Renzo Giordano. El primer movimiento es un ‘Allegro’, seguido de ‘Largo’, para concluir con un ‘Allegro molto’.

Y recordemos la precisa indicación de Antonio Vivaldi, en la portada del concierto RV 443. “Gl´Istrom(ti) trasportati alla 4:a”. Esta indicación nacía de la necesidad de adaptar el tono del flauto o de “transportarlo”, porque el ejecutante recibía un instrumento en un tono (muy) distinto del resto de la orquesta. Y eso supo entenderlo Truffaut a la perfección. Y, por supuesto, les dejo con el insuperable Largo. En fin.

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