ARTÍCULO: Mi abuela no fue covidiota, sino motor de vida.

Queridos niños, si hay algo que tenéis que tener claro ahora es que no podéis confiar en los adultos, familiares incluidos. Yo tuve la enorme suerte de nacer 44 años antes de la PLANDEMIA, y todavía tengo el orgullo de tener a mi abuela paterna con vida (106´5 años, y que llama: “estos tontos” a los embozalados). Pero hoy os hablo de mi abuela materna, ya fallecida por desgracia para la humanidad, no sólo para mí: la Seve (para mí, sinónimo de sabia). Lo hago a colación de cómo hay que cuidar la salud de los menores que quieres aún cuando se hagan adultos, y para ello os cuento 2 anécdotas mías con la Seve, una de nene y otra de adulto.

Con unos 12 años (año arriba año abajo) estaba pasando una semana en casa de mis abuelos maternos y hete aquí que me puse malo… vómitos, fiebre, escalofríos, dolor de tripa… eso que ahora es congojavirus. Sé que era verano porque mi abuela estaba “al fresco” que era sacar una silla a la puerta de la calle (es una humilde barriada de casas bajas, obra social urbana del franquismo, por cierto, en Ciudad Real capital) y yo estaba “moribundo” en la cama de la habitación que da a la calle. Bueno… estaba enfermo, como de toda la vida hemos estado y estaremos, pero es que ahora estamos “moribundos” pese a que no tengamos síntomas de enfermedad alguna.  Esos 2 días que duró mi convalecencia, recuerdo que mi abuela me cogía la frente cuando yo echaba las cabras, estaba siempre al loro de mí y me traía vituallas y tal… yo me levantaba a ir al baño y etc. ¡Pero no vino ni un puto médico! ¡Ni se me aplicó protocolo sanitario alguno! Porque, sencillamente, eran tiempos sin mariconadas ni comidas de olla, tiempos sin plandemias creadas por los mass mierda, siervos y beneficiarios de las élites globalistas y expoliadores –todos – del erario. La vida seguía, unos enfermos y otros sanos viviendo con los enfermos; no al revés como ahora, donde unos sanos viven como si fueran enfermos.  ¡MENOS MAL QUE ESE DÍA NO ERA 2020-21! ¡A LA UCI ME LLEVAN, DE CABEZA! ¡Y NI la Seve PUEDE ACERCARSE A MÍ!

La segunda anécdota fue mucho más tarde. Entre las primaveras del 2001 y el 2002 me fui a vivir a una pedanía de Ciudad Real (Santa Quiteria, en Cabañeros), un magnífico, solitario y natural lugar donde vivir, a unos 60 km. de la capital.  Lo  primero que me soltó mi abuela fue algo así: “¡Pero cómo te vas a ir a vivir allí, hermoso! ¿y si te pones malo qué pasa? Allí no hay médico”. Mi abuela conocía perfectamente la pedanía, pues fue ocasional lugar de vacaciones veraniegas de decenas de miembros de mi familia, desde que tengo uso de razón.  “No te preocupes, Seve,  que no me voy a poner malo”. Eso le respondí.

Está bien cuidar de la salud (propia y ajena) pero la vida está muy por encima de la muerte, mientras estemos con vida. Es por ello que vivir con miedo no es vivir, máxime en este caso de atroz plandemia, donde hasta Victoria Abril lo ve claro, ¡coño!…¡y es actriz y, por lo tanto, una mente ausente! Pero se da cuenta de lo obvio.

¿Cuántos nietos estarán creciendo sin el placer de la compañía de sus abuelos? Por poner a los abuelos como un mero ejemplo de algo que, para mí, forjó buena parte de mi carácter: bondad, amor, intelecto y cojones: mis 4 abuelos. Y sin bondad, amor, intelecto ni cojones, no puede haber vida humana sobre la Tierra.

4 comentarios para “ARTÍCULO: Mi abuela no fue covidiota, sino motor de vida.”

  1. Rafael López Says:

    Muy buen artículo, César.

    Estos artículos tuyos, de contenido íntimo, me evocan tantos recuerdos.

    Resulta desesperanzador que aquella “materia prima” de tantisimo nivel no tenga quien recoja su testigo, con su nivel de solvencia y humanidad.

    • Rafael, lejos de que yo no vea a nadie que pueda recoger ese testigo, a los ancianos que veo (salvo a mi abuela que no me dejan ver los satánicos covidiotas hace ya 13 meses) los veo totalmente subyugados. No me refiero sólo a las residencias, sino que por la calle vez a octo/nona genarios con el bozal… doblados y con muleta (con o sin compañía) con los estertores de la muerte más que respiración por el puto bozal… y se me cae el alma al suelo. Pobres mentes absurdas, porque a un anciano que ya está oliendo las sandalias de San Pedro, no le obliga nadie a joderse lo que le queda la vida, sino que se la jode él mismo. Qué pena de sociedad.

      • Rafael López Says:

        Acertado análisis César, que da la medida exacta de hasta que punto ha llegado la CRIMINAL agenda globalista.

        A veces dudo de que haya tormentos suficientes en el averno para tanto carnuzo.

  2. Los tormentos para estos carnuzos es saber que quedamos unos cuantos a los que jamás nos sojuzgarán y a los que no tienen cojones de combatir. Ni te imaginas lo cobardes que son… con todas las presas fáciles que tienen sacian su sed, pero no vienen a por las presas gordas como yo. O cuando han venido han salido escaldados. Hijos de la gran puta.

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