ARTÍCULO: Las mujeres empoderadas me la pueden ir comiendo, si están buenas, por turnos y con la piñata recién lavada.

El centro demencial, Xanadú.

Los que me conocéis sabéis que jamás he agredido a nadie, ni física ni verbalmente, ni lo haré, salvo como autodefensa. Eso sí… hay ocasiones en las que esa autodefensa puede parecer “un tanto excesiva” pero a mí siempre me parece muy leve, demasiado… así que imaginad. Os voy a contar una historia, queridos niños, sobre la antepenúltima vez que estuve a punto de partirle el hocico a 2 hombres y una mujer, la culpable del leve altercado que vais a leer. Hace cosa de 3 años.

Centro comercial demencial madrileño, llamado Xanadú… el peor de todos porque hasta tiene una pista de esquí… manda cojones la tontería humana. Yo allí por circunstancias familiares (familia política) ajenas a mi voluntad y anejas a mi obligación familiar.  Tomando algo en un garito enorme que hay fuera (muy caro, por cierto) y sin W.C… ¿para qué va a tener un enorme pub un servicio? qué cosa más prescindible, ¿verdad? Tela. Bueno, pues para miccionar hay que entrar en el puto centro demencial, caminar un buen trecho y entrar a los servicios del centro. Ese día, lluvia colosal, tormentón fenomenal y, por supuesto, los servicios anegados y –por lo tanto– cerrados a esa gente tan rara que somos los que hacemos nuestras necesidades. Salgo por la puerta de emergencia aledaña al W.C  a una especie de enorme callejón oscuro cerrado al público, y la tormenta devenía novela apocalíptica. Aprovecho la oscuridad y que no había gente a menos de 15 metros o así, para mear en la tierra junto a unos arbustos, sobre un enorme torrente de agua que salía de un desagüe abrumado por la tormenta y bajo el tormentón. Higiene, por lo tanto, total. Yo no soy un puto cerdo que mea en la calle.

Bueno, pues mientras estaba “haciendo pesas” me interpela una voz de mujer con un grito lleno de prepotencia: “¡Tú, que ahí no se mea!”. Me giro (la cabeza, a una zorra le cobro por ver el resto y no soy exhibicionista) y le digo: “Espera, espera, que me la sacudo y voy”. Ella estaba apoyada en una pared, junto a la salida de emergencia, bajo techo, y con 2 maromos flanqueándola. Los 3 estaban fumando junto a una pegatina que prohibía fumar. Nada más verla me percaté que su aspecto era el de la típica pijuarra, con las que tantas, pero tantas veces he bregado y –no lo niego – me he follado. Son las mujeres más fáciles de trincarse del mundo, porque son retrasadas mentales severas, pero algunas están buenas y, por lo tanto, ¡al ataque lujurioso! que es una guerra fenomenal placentera y consentida, por supuesto.

“A ver, gilipollas –es bueno empezar a defenderse con buenas maneras… siempre con educación…– ¿eres ciega o qué? Abro la puerta para que vea los servicios cerrados.  “¿Me pongo un pañal o qué? ¿O te has quejado porque eres tan cerda que te gusta la lluvia dorada? Ahí adelante el suelo es de tierra y está todo inundado y no es zona de tránsito, así que mear ahí es lo más razonable del mundo si los servicios están cerrados. ¿Ves esta pegatina? –golpeo fuertemente la pegatina de prohibido fumar, por no darle una hostia a ella, que los 2 maromos no me habían hecho nada– ¿eres ciega, y estos 2 gilipollas también? Porque aquí no se puede fumar.” En ese momento suelto una hostia muy rápida entre las 2 cabezas (la de ella y la del maromo a su izquierda) pero certera y calculada para rozarles sin tocarles y que mi puño no tocara la pared –no soy gilipollas como para romperme los nudillos, pero sí fue un gesto muy rápido que les dejó pasmados –. Me quedé con el brazo así apoyado en la pared y mirando muy de cerca el jepeto de la tía. El maromo de su izquierda huyó como alma que lleva el diablo y el otro de su derecha se separó prudentemente de la imbécil esta empoderada.  “Tira ahora mismo el cigarro” Y lo tiró. “Estoy en el pub de ahí fuera, pero voy a volver aquí en 5 minutos, y como os vea aquí os voy a reventar a hostias a los 2, porque a ese –dije mirando hacia atrás, por donde huyó el maricón – no voy a perseguirle. Deberías tener mucho cuidado con quien te metes, porque yo soy un buen tipo, pero podría no haberlo sido y ahora estarías bien jodida por tocarle los cojones a alguien así. ¿Vale? ¿Te queda claro? Ahora vuelvo”.

Obviamente no volví, pero estoy 100% seguro de que se fueron, y deprisita.

¡Bendita hipermnesia la mía! Me descojono de tantas cosas vividas… cada vez que quiera hacerlo.  Lo único que me preocupa es que me hubiera encantado que uno de los 2 maromos, o los 2, me intentaran dar una hostia. Y eso sí que ya no mola porque la violencia nunca es buen asunto, nunca. Pero hay veces que no nos queda otra que sacar la mano a paseo, o querer hacerlo cuando te agreden.

7 comentarios para “ARTÍCULO: Las mujeres empoderadas me la pueden ir comiendo, si están buenas, por turnos y con la piñata recién lavada.”

  1. Rafael López Says:

    Nada Cesar, historias sencillas contadas con precisión y convirtiéndolas en un relato entretenido y, hasta cierto punto, ilustrativo.

    ¡A seguir dando pedales! Querido Compañero.

  2. Dentro de pocos días daré pedales en sentido real. Me iré con mi bici a la ribera sur del manzanares y el Jarama, que ya empieza el buen tiempo y “las bicicletas son para el verano”.

    • Rafael López Says:

      Con lo tremendo que tú eres, igual continuas el agradable paseo ciclista y llegas hasta alguno de tus destinos favoritos como Córdoba, Ciudad Rodrigo o Ciudad Real.

      Eso sí, a través de vías libres de “maderos” y de estúpidas normas liberticidas.

  3. Llegar a esos lugares es fácil, porque desde Madrid el camino es cuesta abajo y no hay que pedalear. Es más, si no freno adecuadamente puedo acabar en el mar. Pero la vuelta ya es otra cosa…

    • Rafael López Says:

      ¡Vamos, César!, que yo he ido de Madrid a Córdoba (en coche) y lo de Despeñaperros no es cuesta abajo (hasta que no has llegado arriba) ni siquiera para intrépidos “Atlas” como tú.

      • En Despeñaperros hay que parar en “Casa Pepe” para tomar algo, y recordar que esa zona se llama así porque en 1212 les dimos por el bullas al moro y los más cachondos de los cristianos despeñaban a esos perros islámicos por los desfiladeros de nuestra sierra patria.

  4. Rafael López Says:

    No sabía el origen del nombre.

    Gracias César

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