RAFAEL LÓPEZ: cuatro palabras.

Una persona, muy querida, me contó, hace algo más de un lustro, una historia personal que me dejó sin palabras (y eso ya saben que no me ocurre con facilidad), y que trataré de exponer de la forma más fiable que recuerdo. Antes de iniciar el relato, debo advertir, a los lectores, que mi Amigo, esa persona tan querida, es muy reservado en aquellas cuestiones, que él considera, íntimas y personales. Tipo de trato agradable, algo regruñon para algunas cosas, y conversación heterogénea, pero que presenta una característica no muy frecuente, entre los varones “hispanicus”, nunca habla de fútbol. 

Eran tres Compañeros de trabajo, uno de ellos mi Amigo, buenos Compañeros, trato cordial, colaboración desinteresada, gran respeto; en fin ese tipo de relaciones laborales que anhelamos todos los que hemos tenido alguna experiencia en esas lides. Resulta que estaban realizando juntos, un desplazamiento por motivos de trabajo, en el vehículo particular de uno de ellos. Mi Amigo iba en el asiento de atrás, y el contacto visual lo realizaba a través del retrovisor con el conductor, y gracias a los frecuentes giros de cabeza que realizaba el copiloto. Estaban charlando distendidamente cuando salió el tema del fútbol. Sin ser, los Compañeros de mi Amigo, ese tipo de sujetos que pierden el “esme” (es una palabra aragonesa cuyo significado podría compatibilizarse con juicio) por su afinidad hacia cierto equipo, lo cierto es que uno de ellos tenía simpatías por el Atlético de Madrid, el otro por el Real Madrid, mientras que mi Amigo, el tercero en discordia, les manifestaba que a él no le gustaba el fútbol. 

Los Compañeros “futboleros” le preguntaron cosas habituales de una conversación informal, y amigable, como aquella ¿hombre, de algún equipo serás?, ¿seguro que habrás visto algún partido de fútbol? y cosas por el estilo. Ante los requerimientos de sus Compañeros tuvo, al final, que confesar lo siguiente :

– *En efecto, aunque no siento afinidad por ningún equipo de fútbol, tengo que admitiros tres cosas: la primera es que una vez vi un partido de fútbol en vivo, fue aquí en Madrid, en el Santiago Bernabeu, hace treinta y tantos años de aquello, y se debió a la petición de un Compañero de mili para que lo acompañara. La segunda es que, hace unos cuatro lustros, jugué unos pocos minutos en un partido entre solteros y casados que se celebraba en las fiestas del pueblo de mi Esposa. No creo que fueran ni cinco minutos, y salir al campo de fútbol se debió, sobre todo, a que era hacia el final del partido y los titulares, con Libro de Familia propio, ya estaban exhaustos. Como el banquillo era realmente “escuálido” me dijeron que saliera, pero enseguida se hartaron de lo mal que lo hacía y me mandaron “a la ducha”. Y, la tercera, que a mi Padre sí le gustaba mucho el fútbol, y recuerdo sus “servidumbres” ante el televisor siempre que se emitía un partido, con aquellas viejas publicidades de Seat “Seat le ha ofrecido las jugadas más interesantes”. Yo siempre pensaba, “si eso era lo más interesante, ¡vaya aburrimiento!”; pero mi Padre no se aburría, y aunque se quedaba solo en el salón, con aquellos tipos en calzoncillos corriendo frenéticos de un lado para otro detrás de una pelota, nunca perdió su afición televisiva. Aunque tengo que reconocer que, una vez, sí vi un ‘trozo’ de un partido por la televisión, y, en aquella ocasión, la intensidad del partido hizo que, tanto mi Madre como mis Hermanos, presentes en aquel momento, también se animarán. Creo que fue hacia el año mil novecientos ochenta y pocos ¿vosotros os acordareis mejor, seguro? -les preguntó a sus Compañeros-, era un partido entre España y Malta, que permitía la clasificación para una competición internacional. La cuestión radicaba en que España debía ganar por una diferencia de 11 goles, algo que por lo visto era y es muy difícil. Durante la primera parte, mi Padre solo en el salón y aquello, por lo visto, con muy mala pinta, pero, en la segunda, se empezó a animar, y hasta el locutor cambió su pausado tono habitual cuando empezaron a marcar goles los jugadores patrios, fue en aquel momento cuando nos acercamos, curiosos, para observar la “gesta” que se estaba llevando a cabo. El resultado lo conocéis de sobra, España ganó por 12 goles contra 1 a Malta, gracias a un frenesí goleador hispano que emocionaba, y contagiaba, consiguiendo la clasificación para la competición internacional, con el júbilo compartido de hasta quienes no nos gusta el fútbol. *

Después de relatada esa experiencia, los Compañeros le dijeron:

Pero hombre, ¿aunque no te guste el fútbol, cómo es posible que no vieras las recientes victorias de España en las Eurocopas, o la final donde España se proclamó campeona del mundo, si esos partidos los vio la España entera? 

El interpelado les dijo: “de verdad que no vi ese partido, ya os he dicho que no me gusta el fútbol”. Sin embargo, sus Compañeros, no contentos con una respuesta que consideraban evasiva, volvieron “a la carga” y le dijeron: venga, reconoce que lo viste aunque fuera solo un poco, si la victoria conseguida en ese partido fue de tal importancia que hasta en los lugares más hostiles, de esta patria zaherida por malnacidos, salieron jubilosos a celebrar el triunfo con la bandera de España. Es por fuerza que te tuviste que enterar, y que, al menos, verías algún trozo de aquel épico partido, y celebrarias, como todos, aquella victoria; venga dinos la verdad, si no lo viste ¿qué es lo que estabas haciendo como para no ver el partido en el que España alcanzó el cenit, de su historia deportiva, proclamándose Campeona del mundo de fútbol?

Y él les respondió:

– *Enterrando a mi Madre. *

El resto del trayecto, según me dijo, el silencio fue sepulcral, y jamás aquellos cordiales Compañeros volvieron a hablar de fútbol delante de aquél a quién no le gustaba. 

Hace unos pocos meses, me reencontre de nuevo con mi antiguo, y querido, Amigo, y me contó que, ahora, tenía relación con otros dos nuevos Compañeros de profesión, buenos Compañeros, trato cordial, colaboración desinteresada, gran respeto, y que a ambos también les gustaba el fútbol, aunque en esta ocasión uno era del Real Madrid y el otro un “feroz” Boixos nois del Barcelona. También me contó que no les había relatado esta história, ni del porque sólo hubo, una vez en su vida, que se emocionó viendo ganar a un equipo de fútbol, en aquella lejana ocasión cuando España venció a Malta por 12 goles contra 1. Tampoco les había contado el motivo por el cual, aunque la selección española de fútbol ganara todos los campeonatos del mundo, él jamás vería ni un solo minuto de esos posibles partidos, ni del porque, desde hace más de dos lustros, el único sentimiento que le provoca, ver a unos tíos corriendo frenéticos de un lado a otro detrás de una pelota, es el de la más profunda tristeza. 

Y les relato hoy está historia en este estupendo blog, de mi apreciado don César Bakken, por si, esos nuevos, y buenos, Compañeros, de mi querido y viejo Amigo, son habituales lectores de este portal de libertad, para que tengan la ocasión de conocerla, y eviten hacerle aquella pregunta, sin malicia, que él tanto odió responder. 

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