ARTÍCULO: La negrata a la que no le enseñé Cuenca.

Renunciar a los favores sexuales de una hermosa hembra es algo que siempre me ha jodido. Lo he hecho tantas, pero tantas veces, que ya por mera acumulación en mi hipermnesia me causaba cierta incomodidad tamaño peso. Y, según a quien se lo contara me podría decir, con toda la razón del mundo: “¿Eres maricón?” Ya os conté una anécdota graciosa con una alemana jipypollas aquí.  Esta de ahora fue con una negrata que decía era brasileña, pero era portuguesa –se ve que decir lo otro le daba más glamour y como todas hablan portugués… – a la cual no me follé en una casa compartida donde habité unos meses, muy cerca de la Estación de Atocha.

Algo gilipollas sí que fui, porque estaba soltero pero con mi exnovia de entonces en la mente… jodida estúpida fidelidad hacia alguien con quien ya no tenía compromiso alguno… ¡la de polvos que me evitó Estela! Más de 100, fijo. Aún así, no me arrepiento, pero sí me jode un poco saber que en una de esas enajenaciones mentales mías que es no querer follar estando soltero, ella se estaba tirando a un catalufo etarra y yihadista, conocido por mí y al que no hostié en su día… pero todo se andará; lo podéis ver aquí.

Al lío: compartía casa con el dueño de la misma, un puto tarado. Eran tiempos donde estos anuncios sólo existían en la prensa escrita. Principios del 2000. Tal vez os cuente todo lo que me pasó con este psicópata y cómo casi acabo reventándole a hostias, pero hoy toca lo de la negrata y mi absurdo rechazo.  Vivíamos sólo los 2 y , en algúna ocasión su novia, que vivía en ZGZ, por lo que la noche que me topé con una negrata buenorra en camisón, tumbada en el sofá… pues me chocó. El chalado este me explicó que era una conocida suya portuguesa que le había contactado porque no tenía donde caerse muerta en Madrid y, como él se la quería follar, pues la trajo a la casa. Y como ella pasó de tirarse a este asqueroso gilipollas (encima, comunista) pues la dejó quedarse a pasar la noche en el sofá y la dijo que se pirara al día siguiente. Bueno… por suerte el notas se fue a su dormitorio, que era donde tenía “la oficina” para escribir y hacer el vago –vivía de las rentas de varias casas familiares en Madrid – y yo me puse a trasegar mientras veía una película en el vídeo. Pero esta vez con una negrata en camisón tumbada a mi lado. A mí me daba igual, sinceramente, me amoldo a casi todo, salvo a que me metan el dedo en el ojo y cosas por el estilo.

Yo dándole al vino y al buen cine y la otra fingiendo hacer lo mismo (hasta la regalé unas copas de mi vino, uno a granel de Jumilla, muy bueno). Pese a que mi lívido estaba absurdamente recluida por lo de la estúpida fidelidad a la zorra de mi exnovia (volví con ella, obvio, así soy de idiota) me percataba de la negrata medio desnuda a mi lado. Y… cómo no percatarse cuando empezó a tocarme con sus pies desnudos. Primero por la pierna y luego adentrándose, distraídamente en busca de mi polla.  Yo me hacía el sueco y ella avanzaba en sus tácticas de seducción. Su plan era claro: quería follarme para quedarse a vivir un tiempo en mi cuarto. Pese a ser tan guapo y atractivo… sé cuando me ven con cara de Andrés (por eso del interés y el querer). La negrata, bastante agraciada, por cierto, empezó a subirse “distraídamente” el camisón (os juro que era un camisón, era de la novia del tarado) y a bajárselo. Es decir: se lo subía por las piernas y se lo bajaba por arriba. Antes de eso, por cierto, cuando se levantaba me agasajaba con poses en las que veía todas las partes lascivas de su cuerpo. Todo como en una peli del genial Mariano Ozorez, os lo aseguro. Pero ahí en el sofá, la cosa ya se sublimó. Dale que te pego con sus negras pezuñas, aunque algo pálidas por la palma, en mi body y mostrándome su coño (iba sin bragas) y sus tetas (iba sin sujetador).  Yo la miraba a los ojos, como diciendo: “¿Qué cojones estás haciendo?” Y ella paraba su ofensiva y se tapaba –tampoco se tapaba mucho por que un camisón de verano no es una sotana, precisamente –. Y al minuto, vuelta a empezar. ¿Si yo fuera mujer y ella un maromaco hubiera sido acoso…?

Ante tamaña escena y sabiendo perfectamente que ojos que no ven corazón que no siente y, sobre todo, que picha tiesa no cree en Dios. Cogí mi vino y me despedí gentilmente de ella y me fui a mi cuarto. Una cosa es ser estúpidamente fiel y otra muy diferente sufrir por ello. Eso sí, si pudiera volver a atrás, esta portuguesa se hubiera aprendido de memoria cómo es Cuenca.

PD: antes de ir a vivir yo a esa casa, mi exnovia llamó a ese mismo anuncio, y el chalado le dijo las condiciones del contrato de alquiler y ella no aceptó (las condiciones eran tremendamente locas, pero yo necesitaba un cobijo en Madrid capital), pero él le dijo que podían quedar un día para tomar algo, ir al cine… ¡decirle eso a una mujer que simplemente te ha llamado por tu anuncio de alquiler! Supongo que esto os hará atisbar lo chalado que estaba este hijo de puta comunista pijuarro. Esto me lo contó ella cuando volvimos a liarnos y le dije donde había estado viviendo, atando cabos.

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