LUYS COLETO: ¿Dónde estás, amado Bien? ¿Por qué siempre aparente triunfar el Mal? (o Sócrates y Händel en nuestro auxilio).

Sócrates y su meyeútica.

El venerable tábano ateniense, Sócrates, poseía la perspicaz certeza de que la tiranía hecha de sobornados y vidriosos ósculos devenía harto más detestable que aquella que arracimara perfiles explícitamente más despóticos, envileciendo a tus compatriotas, apelando a sus más bajos instintos, empequeñecerlos, sisarlos. Siempre anhelando el eros, deseando – ironía mediante – que tus conciudadanos fuesen mejores. El eros, impulso innato para ser lo que somos, exaltando nuestro yo. Y, en ocasiones, lo mejor del nosotros.

Bueno y bello

El maravilloso tábano de Atenas, inigualable mosca cojonera, se quedó solo promoviendo la venerable kalokagathia del ser, caballerosidad digamos, del griego χαλοχαγαθία. Los aristócratas se consideraban a sí mismos como los que encarnaban el ideal del kaloskagathos (de kalós kaì agathós, hombres bellos y buenos, poseedores en sí de toda areté). Virtud interna, en definitiva, con probable – tal vez necesaria- repercusión en la República: el hombre “bello y bueno”, que es amante del saber y la cultura, ideal de perfección individual.

Aristóteles, tras su cristalización platónica (Gorgias, Timeo), propuso – en su nicomaquea ética  y en la Ética a Eudemo – este término como sinónimo de “nobleza” de ánimo y como condición de esplendidez, magnanimidad y largueza de espíritu, y es el telos o finalidad de todas las virtudes. Y del ser como inexcusable fatum del ser.

Kalokagathia musical: Rodelinda de Händel

Máximo bien. Máximo belleza.  Sublime  paradigma de Kalokagathia musical: Rodelinda, soberana de Lombardia, incuestionablemente leal a su amado esposo, Bertarido. Depuesto por Grimoaldo, la heroína de la portentosa ópera de Häendel lo cree muerto. Como en tantas cosas, nada es lo que parece. Y, en el ínterin, se nos ofrece musicalmente la extrema beldad como purísimo – y, paradójicamente, pálido – reflejo de la extrema bondad. Andreas Scholl, insuperable contratenor germano mediante.

Dove sei, amato bene? ¿Dónde estás amado bien? Dove sei, amato bene? Vieni … Bertarido, cor mio, tu non rispondi? Dormi forse? Dove sei? Dove t’ascondi? Yo también te busco amado bien, tan escondido estás. Hoy más. En fin.

Lo mejor de Händel

3 comentarios para “LUYS COLETO: ¿Dónde estás, amado Bien? ¿Por qué siempre aparente triunfar el Mal? (o Sócrates y Händel en nuestro auxilio).”

  1. Rafael López Says:

    Estupendisimo tema musical el de tu recomendación de hoy, Luys.

  2. Los contratenores me parecen sopranos con barba… jejejejje. Pero eso es gusto, no criterio. Por lo tanto, respeto que hombres me canten esas notas tan agudas… pero “no me llega” igual que una soprano, mezzo (¿se escribirá así?) creo que los tonos agudos son para mujeres, que ahí lo bordan. Pero donde esté un “do de pecho”… por ejemplo… jejejejje. Insisto, es gusto, no criterio.

  3. […] colación del buen artículo que publico hoy, de mi amigo Luys Coleto, me llegan remembranzas de tenores que, para mí, no tienen nada que ver […]

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