RELATO – artículo: Rodeado de gitanos agresivos yo me regodeo

Si hay algo que, más o menos, admiro actualmente de la etnia gitana, es que imponen su ley en tiempos de plandemia y, por lo tanto, merecen todos mis respetos y ojalá los payos fuéramos como ellos.  Gloriosos vídeos de los gitanos “ahostiando” a maderos que les quieren obligar a embozalarse.  En Hediondo Puente de Bellacos hay un güevo de gitanos, me uniría a ellos para esta causa, sin duda alguna.

El caso es que una vez, en Córdoba, me vi rodeado de gitanos agresivos… porque yo había golpeado a uno de ellos… jajajajaja con el resto al lado… ¿quién dijo miedo? Yo jamás he ido por la vida –ni iré – agrediendo a nadie, soy antiviolencia total, pero autodefensa absuluta. El que vive en sociedad y se acojona, está condenado a una vida de servidumbre y a recibir más palos que una estera, tanto de “medios oficiales” con de “ciudadanos”. A mí esta decena de gitanos me respetaron y acabaron siendo mis colegas (uno de ellos hasta amigo), eran buena gente, salvo al que golpeé. Queridos niños, os aconsejo encarecidamente que os alejéis de la sociedad, pero si no podéis hacerlo que os enfrentéis vehementemente a ella y marquéis vuestro territorio que no es, ni más ni menos, vuestro derecho a ser libres y a no ser expoliados, ni vilipendiados o maltratados por nada ni nadie. Y nunca olvidéis que la libertad se ejerce y se defiende, no se pide y se abandona.

La parte de la barra, de la taberna La Magdalena

Yo curraba de tabernero en Córdoba, en la Taberna más bonita del mundo, “La Magdalena” y no me hace falta verlas todas para afirmar esto.  El día de la pequeña reyerta estaba encargado de toda la terraza, aledaña con la de un puesto de caracoles que se ponen en Córdoba en primavera. Todos los del puesto eran gitanos, de 3 generaciones además. El abuelo, lógicamente, era el patriarca. Venían a comer a nuestra taberna, y alguno a tomar copichuelas, pues en el puesto de caracoles no daban de eso.  Al estar literalmente pegados, el pacto era que sus clientes que ocuparan nuestras mesas consumieran, mínimo, nuestra bebida. Pero, claro, como donde hay confianza da asco y como en la Taberna éramos sólo 3 y ellos 10… pues nos querían torear todo el rato. La cosa es que entre esos 3 estaba yo, y a mí no me torea ni mi padre. Conmigo, por las buenas, lo que quieras, por las malas, más todavía.

Parte de uno de los varios comedores

Esa noche de la bronca yo estaba hasta la polla de echar clientes de ellos de nuestras mesas. Y uno de sus camareros de terraza, un gitano analfabeto y petimetre veinteañero, no dejaba de tocarme los cojones sirviendo sus birras en nuestras mesas. Le di varios avisos… y que si quieres arroz Catalina… por eso tuve que poner disciplina y cuando pasó cerca de mí, yendo a su jodido chiringo, le hice una zancadilla (realmente fue una patada lateral a un tobillo. Roja directa en jurgol y 7 partidos de sanción). Se incorporó rápidamente y me espetó: “¡me has dado una patada!”. “Claro, gilipollas, para ver si te rompías la cabeza”. Bueno… para qué queremos más… cuanto “ofendidito” hay por ahí. A los pocos segundos llega todo el clan a donde estaba el menda lerenda, el patriarca a la cabeza: “¿Has pegado a mi nieto y le has dicho que le ibas a romper la cabeza?”. “Sí” le contesto. Me rodean por doquier y los clientes empiezan a ponerse nerviosos (la gente se altera hasta por el pedo de una mosca… normal que con la plandemia estén todos acojonados porque lo dice la puta tele y los maderos controlan que seamos siervos del globalismo). El patriarca empieza con lo típico de que “ a mi sangre no la tocas” o algo así igual de molón. “Tu nieto no respeta a nuestra Taberna. ¿Qué quieres que haga? que os lleve yo los vasos de caracoles al chiringo y todo?” Bueno, tras unas cuantas gilipolleces más, yo sin achantarme, por supuesto, no te jode… ¿qué sabrían esos gitanos de toda la vida que tenía yo por detrás a mis 30 años de entonces? Si lo hubieran sabido ni se acercan…porque además la razón era mía.

El puesto de caracoles, pegado a la Taberna

Salió mi jefe, amigo y dueño de la Taberna –que era el cocinero – porque le avisan de la bronca. No sé quien fue el maricón que le avisó, a mí no me hacía falta… rodeado de 10 gitanos… ¡no se me podían escapar!  Igual se quemaron las croquetas por esta gilipollez. Mi jefe era amigo de hacía muchos años de la mayoría de ellos y se hinchaba a caracoles a diario, y como al que le di la patada era odiado hasta por los propios del clan… pues la cosa no fue a mayores. Eso sí,  cuando se calmaron les repetí que en nuestras mesas sólo caracoles. “¿Os queda claro o os lo tengo que decir como antes?”(no pongo “u os lo” porque hablando se dice con o). Esa misma noche, cuando cerraron, uno de ellos (el amigo que os digo, Rafa) se tomó unos cubatas y me dijo que yo había hecho muy bien y que ese niñato era un gilipollas. El resto de semanas, y hasta meses, todos muy amables conmigo, hasta el de la patada. 

Lo que os digo, queridos niños, qué nadie jamás y bajo ninguna circunstancia os pise, sea quien sea y cuantos sean. Eso sí, tampoco os paséis de frenada, si matáis al gitanillo por lo que os he dicho que hacía, el resto del clan tiene todo el derecho moral de hacer lo mismo con vosotros. Mesura y cordura, ojo con eso, siempre.

Termino con otra anécdota por el mismo motivo, pero con unos payos gilipollas. 2 parejas de heteros treintañeros sentados en una de nuestras mesas. Les tomo nota, pero me dicen que se lo han de pensar. Como una se va hacia los caracoles, les advierto que esta mesa es de la Taberna y que no pueden estar sin consumir. Dicen que vale. Al rato les veo con la mesa llena de caracoles y cervezas del chiringuito.  “¿Qué vais a tomar?”. “Nada” me dice uno. Haciendo un acto de contrición, por deferencia a mi jefe, les repito lo de las normas y les insto a que me pidan consumiciones. El del “nada”, me lo repite, y en plan chulesco: “ya tenemos de todo”. Bueno… imaginad, queridos niños. Les grito… “¡Pues fuera de aquí ahora mismo y os lleváis todo esto al puesto de caracoles o a la puta plaza, pero fuera de mi mesa ya!”. Se levanta el chulito y se me pone medio en guardia… jajaja ¡se me puso en guardia de pelea! y los 3 acompañantes le paran y, otra vez, mi jefe, dejando que se quemen las croquetas porque también conocía a este patán y le avisaron. El notas me quería currar, jajajajaja y yo con la bandeja de latón en la mano queriéndole hacer sonar un “gong” en su melón. “¡Fuera de aquí!” les grito pasando absolutamente de mi jefe. Nos ha jodido, a ver si voy a tener que agachar las orejas. Gracias a los 3 comensales medio sensatos, cogen todo y dejan la mesa. Y va mi Jefe y me dice: “César, que este es campeón de taicuondo ( taekwondo) ten cuidado” Y yo, descojonado. ¿Pero qué ha de temer un macarra de Leganés de un cordobés? sea lo que quiera ser dicho cordobés… además, que un federado en artes marciales está catalogado como “arma” jajajaja, es en serio, y no puede liarse en reyertas porque le cae una sentencia penal cojonuda, va a la cárcel y pierde su licencia de deportista hostiador ultraviolento. Pero eso se lo dije a mi jefe después, pues si hubiera sabido que este notas era eso… le hubiera hecho sonar el gong, sabiendo que ni se podría defender, si es que se levantaba del suelo, claro.

Cuando imbécil hay y, por desgracia, cuántas hostias de autodefensa nos quedan por dar.

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