RELATO – artículo: El segurata de metro más gilipollas de Madrid.

Queridos niños, a lo largo y ancho de toda la vida que os queda por delante (bueno, si acabamos con la plandemia, que si no ésto es todo lo que habréis vivido, sanseacabó) conoceréis a mucho imbécil, demasiados para cualquier alma noble. Os voy a contar uno de los 1.001 altercados que he tenido con los seguratas del transporte público: uno de hace 15 años en el Metro Full de Madrid (Metro Sur lo denominan los que no saben llamar a las cosas por su nombre). Entré en la estación Julián Besteiro (*) de Zarzaquemada, Leganés, donde sólo había una chica – el otro lado de los tornos – y el segurata en mi lado; y cuando iba a picar mi billete –me he colado un millón de veces en el transporte público, porque ese servicio ya lo pagamos con los impuestos – la chica me grita, desesperada y sollozante:

¡Por favor, por favor! no entres todavía – exclamó alargando su brazo hacia mí – ¿puedes hacerme un favor?

Depende de lo que sea, dime – dije algo extrañado de su actitud y de la impasibilidad del segurata.

Sácame un billete sencillo, por favor – dijo, sollozante, tendiéndome la mano abierta con monedas.

¿Por qué? puedes sacarlo en esa máquina –dije señalando una máquina expendedora de billetes, situada tras ella.

No funciona y éste no me deja salir – dijo señalando al segurata – llevo aquí mucho tiempo y no puedo salir.

(Aclaro que, por lo menos en esa época, si venías de la línea normal de metro de Madrid, podías entrar al Metro Full saliendo del otro con el billete de Madrid, pero como esta línea es diferente, tenías que sacar otro billete para poder salir por los tornos, luego. De ahí que hubiera máquinas de billetes en la parte interior de los tornos.  Era muy normal que gente con el Abono B1 no pudiera salir luego y tuviera que sacar un billete en la estación de fin de su trayecto por el asqueroso, maloliente, ruidoso y carísimo Metro de Madrid).

Pues sal y sacas tú el billete aquí fuera –dije lógicamente.

Y aquí rebuznó el psicópata:

No se puede salir sin el título válido de transporte.

¡Qué la máquina está rota y no puedo sacarlo! –gritó la chica desesperada – llevo aquí una hora y no me deja salir. Sácamelo tú, por favor. Ya no aguanto más.

Claro, dame –dije cogiendo las monedas y atando cabos de la jugada que estaba presenciando. Añado que ese día iba con un enorme trípode profesional de aluminio para cámaras de vídeo, a devolvérselo a quienes me lo habían prestado. Lo llevaba sin funda y sobre el hombro a modo de enorme palo de troglodita. Este dato es clave para el desenlace de este disparate. Le saqué el billete mientras interpelaba al segurata.

¿Pero por qué no dejas salir a la chica, si la máquina está rota, y saca el billete y lo pica luego como si fuera a entrar?

No se puede entrar ni salir sin título válido de transporte –repitió el loro.

A ver –dije ya con el billete – ¿no puedes amoldarte a lo que pasa y dejar el puto reglamento ese e improvisar un poco por el bien del usuario?

Nadie puede salir sin…

Vale, vale, qué te calles –dije ya empezando a cabrearme – y dándole el billete a la chica.

Muchas gracias –dijo la chica secándose las lágrimas y saliendo, por fin, de su reclusión.

Esos pocos segundos entre sacar el billete y dárselo a la mujer hicieron que se encendiera mi bombilla de autodefensa y me encaré abiertamente, y sin vuelta atrás, con el segurata.

¿Me estás diciendo que por culpa de una máquina rota has tenido encerrada ahí a esta chica? ¿Me lo estás diciendo en serio?

Sí, no me dejaba salir – contestó ella sin ser preguntada. Le hice un gesto, amable, de que se callara. Y subí el tono de mi bonita voz.

¿De verdad eres tan gilipollas cómo para hacerle eso a un ser humano que quiere pagar el puto billete?

Sin título de transporte… –repitió su sempiterna frase el tarado, momento en el que, para interrumpirle, decidí blandir el enorme trípode metálico, a modo de espada de Conan el Bárbaro.

Me cago en Dios, ¿cómo puedes ser tan imbécil? Es que te voy a reventar – dije yendo hacia él con el trípode–espada, momento en el que él salió corriendo hacia un ascensor. La chica intentó pararme, diciendo alguna sensatez de la que yo, por supuesto, hice caso omiso y me fui a por el segurata,  blandiendo el trípode con ambas manos, gritándole que le iba a reventar la cabeza (la acústica del hall hacía que mis gritos quedaran muy molones). Pero, por suerte para todos, se metió en el ascensor y cerró la puerta. “¡Pero serás gilipollas como para hacerle eso a un ser humano!” le grité mientras desaparecía de mi vista y yo “enfundaba” mi espada, que no era otra cosa que dejarla en el suelo.

(*) el único sociata que no fue 100% criminal, sino sólo 50%, que no es poco para seguir siendo un criminal miembro histórico del PSOE, el partido más criminal de Occidente.

2 comentarios para “RELATO – artículo: El segurata de metro más gilipollas de Madrid.”

  1. joseignacioh Says:

    ~Robot! 😦

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