RELATO – artículo: una navaja, un sombrero y 2 aeropuertos.

Los 3 protagonistas de esta historia: el sombrero de Toni, la navaja de mi abuelo y el menda lerenda, que necesita un afeitado urgente, todo sea dicho, y pensaba afeitarme esta misma mañana, pero sin rasurarme –no lo hago desde hace 2 décadas – pero me he hecho la foto antes, porque me apetecía escribir este relato, para olvidarme un poco de que vivo secuestrado por Papá Estado, en Hediondo Puente de Bellacos y en plena y creciente PLANDEMIA tras 14 meses ya desde la implementación de este espanto.

Queridos niños, si os pregunto qué es peor llevar en un control de acceso de aeropuerto, si una navaja o un sombrero, ¿qué respondéis? Es decir, ¿llevando cual de esos objetos tendrás más problemas al acceder al recinto?  Una vez más, debido a vuestra corta edad, erráis y tenéis una rara confianza en el sentido común de los adultos. La respuesta es: el sombrero.

Añado, para que sigáis desconfiando aún más de los adultos, que los aeropuertos son el de Dakar (Senegal) y el de Eivissa (Espena). ¿Puede pensarse que en África sea más “peligroso” un aeropuerto que en la turística Eivissa? Pues todotitísimo lo contrario.  Ahí va mi anécdota en Senegal que me llevó a “hacer surf” sobre una cinta transportadora de maletas, navaja en mano; y otra que casi me lleva a partirle la cara a varios siervos del sistema, por culpa de una zorra empoderada, sombrero no en mano.

Hace 2 años uno de los controles de acceso del aeropuerto de Eivissa inauguró un estúpido sistema de acceso de equipajes consistente en cubetas fijas a la cinta a modo de delirante trenecito infantil y la obligación de meter cada bulto por separado. Metí mi maleta en uno y una bolsa con un sombrero en la de atrás. Al pasar el ridículo arco detector de metales, recogí la maleta y ,debido al ajetreo y a que siempre meto todo en la misma cubeta, no esperé a la obra con el sombrero. Pero me percaté tras caminar 5 metros, dejé la maleta con mi parienta y volví a por mi bolsa. Me lo acababa de regalar un amigo, como recuerdo de mi amigo Toni –su hermano – reciente y tristemente fallecido (aquí podéis conocer a mi amigo Toni).

Mientras tanto, hace 13 años, en el control de acceso del aeropuerto de Dakar (camino del Casamance) me percato de que no he facturado mi pequeña navaja (7cm. de hoja), regalo de mi abuelo paterno, que siempre llevaba en el bolsillo. Bueno… rodeado de negros armados hasta los dientes y que sólo hablaban francés (y, supongo, wolof y mandinga u otros dialectos del país) no era buena idea sacar la navaja y explicarles lo del olvido, en español e inglés bananero. El caso es que, con cuidado y con toda la comunicación no verbal que puede hacer, les intenté explicar que era un “souvenir” “regalo de mi abuelo” y que se me había olvidado meterla en la maleta facturada. Ya os garantizo que en Espena esto, mínimo, te supone perder la navaja y, a lo mejor, recibir hostias por un tubo.  Yo no quería perderla, porque es verdad que es un regalo y, además, quería llevarla conmigo, qué coño.

A todo esto, en Eivissa, vuelvo tras mis pasos para coger la bolsa con el sombrero, pero hete mi sorpresa que en unos segundos la cubeta se ha ido a la zona de los esbirros. Le digo a una empleada que “aquella” bolsa es mía, que me la dé, por favor, que hay un sombrero dentro. Ella va, lógicamente, hacia el lugar, coge la bolsa e, ilógicamente, en vez de dármela, mira dentro de ella y me suelta: “¿Cómo es el sombrero?”. Me pilla tan de sorpresa la pregunta, que no sé qué coño decir, pues hacía unos segundos esa misma imbécil me había visto entrar con 2 cubetas, sacar la maleta y olvidar la bolsa, y no había más cubetas delante, por supuesto, o sea, que a qué coño venía no darme inmediatamente el sombrero de mi amigo.

El negrazo del control de acceso de Dakar entendió mi planteamiento de que no me iba a desprender de la navaja y de que quería, de alguna manera, meterla en mi maleta que estaría dios donde coño sabe esperando ser metida en la bodega del aeroplano (era de hélices). Llama a varios negros más, los cuales me hacen gestos de que les siga. “Bueno – pienso – al final se va a liar”. Me llevan por unos pasillos y me dejan al albor de una negraza descomunal, pero juro que era mujer, vestida paramilitarmente, con gafas de sol, gorra, armada como Suarsenaguer en “Comando” y con un detector fálico de metales. “¿A qué me lo mete por el culo?”. pensé. Pues no, pero pasó rozando el larguero… me lo restregó por todo el cuerpo, abrió un portón y contemplé que estaba en la zona de las cintas transportadoras de equipajes. Me hizo el gesto de entrar… y entré. Ahí no había suelo, sólo cintas moviéndose, así que me subí a una y, haciendo surf, divisé mi maleta en lontananza.

Mientras tanto, a la idiota de Eivissa le decía qué era un sombrero y punto, y que me lo diera inmediatamente. Y va y me suelta: “¿De qué color es?”. Y yo, como había dejado mi paciencia en la maleta que custodiaba mi parienta, pues ya exploté: “¡Qué me des mi puto sombrero, hostias!”. Aquí ya aparece otro siervo del aeropuerto (empleado, no madero ni segurrata) y me pide calma y respeto. “¿Qué dices tú? ¡Dejadme en paz y dadme mi sombrero!” La cretina, seguramente envalentonada por la presencia de su compañero de estupidez y por la cercanía de los esbirros armados, se acerca, bolsa en mano, me la ofrece y cuando voy a cogerla la echa hacia atrás, e insiste en que le diga el color. “¡Qué me des el puto sombrero! ¡deja de tocarme los cojones! Además, soy daltónico, yo qué pollas sé de qué color es, es mío y punto, dámelo ya”.  Ambos cretinos se tomaron lo de mi daltonismo (que es cierto, por suerte para mí, pues me niego a ver el mundo como el resto de hijos de puta que lo habitan) como una burla y empezaron a reprochármelo. Y el sombrero, en las zarpas de la enajenada.

Surfeando llegué a mi maleta e introduje la navaja. Volví a los dominios de la negraza paramilitar, le di las gracias en francés y volví al control de acceso. Allí me esperaban, ya “al otro lado del espejo” mi novia de entonces y mi socio con los que estaba grabando mi documental sobre los cayucos, cuyo trailer podéis ver aquí, y estaban algo intranquilos imaginando que a esas horas ya estaría yo como plato principal y delicatessen de una merienda de negros. Pero no, todo bien, gente muy amable, eficiente y sensata los de ese aeropuerto, por lo menos ese día.

Y en Eivissa, yo insultando a diestro y siniestro y reclamando mi sombrero y haciendo el gesto de saltarme la puta mesa tras la cinta transportadora y cogerlo por mi cuenta. Menos mal que mi parienta decidió intervenir, porque me conoce y sabe que salto, le pego un guantazo a la tipa esta y media hostia al otro (no tenía más) y cojo el sombrero de mi amigo cuya memoria estaban mancillando con tamaño esperpento al no querer devolvérmelo. Pues eso, pan con queso, que mi parienta les describió la forma y les dijo el color del sombrero y, a regañadientes, me lo dieron, tras lo cual me intentan charlear, dirigiéndose a mi parienta: “el protocolo es así y nos ha faltado al respeto”. “¿qué protocolo, gilipollas, si me acabáis de ver con la maleta y el sombrero y nadie lo ha reclamado. ¡Si han pasado 4 segundos desde que lo dejé ahí y fui a por él” Y como ya tenía mi sombrero, me seguí despachando a gusto con estos extraviados mentales severos.

Ya veis, queridos niños, es más arriesgado entrar con un sombrero en un aeropuerto Europeo que con una navaja en uno africano. ¡Ni os imagináis la de aventuras molonas que viviríais si hubierais nacido en 1975, como yo! Ahora estáis sentenciados a vivir encerrados, embozalados y mirando una pantalla. Así que, por lo menos, os aporto estas experiencias de cuando había vida humana sobre la Tierra. Jamás sabréis la vida que os estáis perdiendo. Al igual que jamás imaginé yo que podría echar tanto de menos mi vida de hace 14 meses y sumando.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: