RELATO-artículo: cuando los satánicos me la tocaban con la mano.

Y me la siguen tocando, pero sin mariconadas. Verano de 1994, Fiestas patronales de Leganés; yo con 19 nueve años y toda una vida por delante, brutalmente truncada hace 14 meses, y lo que te rondaré morena. Lo siento mucho por vosotros, queridos niños, yo ya he vivido pero vosotros… menudo papelón vivir sin vida. Las torturadísimas gallinas ponedoras no saben que hay gallinas que llevan otra vida y hasta que follan con gallos, eso que les tarades veganes de les cojenes dicen que es violación (por cierto, la que resultó ser puta de lujo –con lo fea que es la satánica hija de puta, ¿dónde está el gusto del hombre actual? – ande andará? Una deleznable moda pasajera más, menos mal).

Pues mientras vosotros ponéis huevos en una jaula yo os cuento otra historia vívida y vivida, de cuando había vida en España, décadas ha de ser Espena.  Yo miembro de una peña, absurda como las demás, pero más rentable para la borrachera que ir por libre, ya que nos dejaban hacer botellón por doquier con la excusa de la peña. “Ya te vale” así se llamaba. Pagamos una cuota con derecho a bebernos hasta el agua de los floreros. Por supuesto me expulsaron de la peña y corrompí a 2 tiernos y pacíficos peñistas para sacar la bestia ácrata irredenta que yo llevo dentro y ellos tenían apagada… y luego mataron los muy gilipollas. Pero antes de contaros el motivo de mi expulsión, un poco de jurgol…. juuuuuuuuuurgooooooooolllllllll cómo no, presente en todo y en todos desde hace más de 1 siglo. En este caso uno del Patético de Madrid: Caminero. Dando el pregón de las fiestas de Leganés, porque es de allí, y cobrando, por supuesto, de mis impuestos. Yo ni lo sabía. Y cuando le veo ahí en el balcón, ya medio pedo (yo), por supuesto, haciendo el monguer, que es lo que es, sin saber a penas leer y leyendo… la vergüenza ajena es poco. Así que decidí tomar justa venganza ante ese oprobio. Yo era estudiante de Derecho (encima, del Barça) y le estaba pagando a un analfabeto por destrozar la lengua española y gritar: “¡Aupa Atleti y aupa el Lega!”. Delante de mí, no, no y no.

Como sé remover bien las emociones de los ignorantes, pervertí a una decena de capullos madridistas, y por lo tanto antipatético, a que me ayudaran a “hacer una gracia” a Caminero, cuando estuviera en la calle. El plan era sencillo pero divertido: Acosarle idolatradamente pidiéndole autógrafos y, cuando se confiara y los maderos ídem, ducharle con los minis de birra. Eso sí, al que vi que era pendenciero como yo, le dije: “y luego de damos de patadas en el culo” Por cierto, con los años este tipejo estuvo en la cárcel por tráfico de drogas. Toda una joya el tipo, ¿eh? Bueno, baja a la calle, le pedimos los autógrafos, los maderos relajaditos viendo a “los fans” y yo, aparezco por detrás y “abro el melón”: “¡Caminero!” le grito. Él me mira. “¡Eres un cateto!” le grito y le vierto un litro de cerveza en su abotagada almendra. Y comienza el caos, empiezan a lloverle birras, latas y etc. y yo aprovecho para darle una patada en su culo de jurgolerdo millonario y él, custodiado ya por los maderos, venga a correr calle abajo hacia un coche patrulla para huir del asedio y nosotros venga a darle patadas, collejas y tirarle de todo.  ¡Eran las fiestas! Impunidad absoluta y borrachera segura. Qué siga la juerga y este imbécil de vuelta a su chalet.

Momento expulsión: Yo y 2 más yendo al local de la peña a recargar el cubo de basura donde metíamos la priva (sí, era de basura, pero nuevo, no usado. Y en otro llevábamos el equipo de música con malísima música). Y resulta que está cerrado. El que lleva la llave ilocalizable. Tras unas pesquisas nos informan que “está deprimido porque le acaba de dejar la novia”. “Muy bien, qué se suicide o se lie con otra pero que nos dé la llave del local, que hemos pagado para bebernos lo que hay ahí dentro”, le digo al informador. Ni caso, pasan los minutos, que no las horas, por supuesto, y el de la llave sigue ilocalizable. ¿Por quién me tomaban estos?, mientras le buscaban yo pegando de patadas a la puerta para derribarla y coger lo que era mío. Y los otros 2 (no eran amigos, sino 2 de la mierda de peña esa) asombrados, hasta que les convenzo que nos están timando y se animan a dar patadas. Y la puerta, robusta y altanera riéndose de nuestros golpes. “Necesitamos un ariete” les digo. Busco y, muy cerca, una obra y un trozo de cemento enorme, de esos para hacer bordillos (no sé como se llama, yo me llamo Bakken, encantado).”Ahí está nuestro ariete”. Les convenzo y, entre los 3 vamos a por la puta puerta. Pesaba muchísimo el sin nombre ese. A la primera envestida no, a la segunda casi, a la tercera devastada la puerta. Y, nosotros, con la priva y a seguir la fiesta.

Nadie nos vio hacerlo, pero estos 2 gilipollas, al día siguiente ya sin los efectos del pedo, confesaron. Menudos maricones. Y, no contentos con eso, se comprometieron a poner ellos otra puerta, pidieron perdón y no fueron expulsados. A mí me plantaron hacer lo mismo y solo de la risa que me entró comprendieron que iba a ser que no. Como fue el último día de fiestas, pues yo tan contento, a la mierda la absurda camiseta y a otra cosa, mariposa.

Vida sólo hay una, queridos niños. No consintáis que nada ni nadie os quite el placer de vivirla. Y espero que jamás seáis tan cabrones como para cercenar el sacrosanto derecho de otro a vivir la vida, alegando vuestro puto y mezquino miedo a estar en ella.

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