RAFAEL LÓPEZ: Feria de abril y alguna cosica más

Sé que mis queridos “malditos” han analizado amplia, rotunda, y brillantemente, la cuestión de la plandemia por el puñetero virus chino. Aunque comparto la esencia de sus planteamientos, quiero realizar el principio de mi exposición de la forma más “aséptica” posible respecto de esta cuestión. 

Este “fantástico” virus chino tiene unas características nunca antes conocidas en ‘bicho’ viviente, o ‘moriente’. Resulta que en los primeros meses de la plandemia no te contagiabas aunque no llevases mascarilla, incluso en espacios interiores (como en España no había, no “hacían falta”). Estaba aburrido de ir a comprar sin mascarilla, en tiendas interiores, cuando la hicieron obligatoria en las mismas, y no fue casualidad que dicho cambio se produjese cuando se regularizo el suministro de los “bozales”, primero a precios prohibitivos agravados con un lacerante IVA del 21 %, y después, cuando las empresas de comercialización españolas se “pusieron las pilas”, a unos precios más razonables. Un poco después vino la obligatoriedad de uso  en los espacios exteriores, cuando no se podía garantizar una “distancia de seguridad”. Ahora, por supuesto, ya es superobligatoria en todo contexto, y lugar, con distancia, o sin ella (so pena de multa, ¡claro!). Y llegamos a uno de los puntos álgidos sobre esta cuestión, el virus chino “sale”, “armado hasta los dientes”, a unas determinadas horas de la noche, en función de la Comunidad autónoma de que se trate. Los “probos” políticos, siempre preocupados por nuestro bienestar, han prohibido la presencia humana en nuestras calles, a partir de los toques de queda “personalizados”, para protegernos de tan “caprichosa” alimaña microscópica. Da igual que sea una Familia, en absoluta soledad, para dar un sencillo paseo, que una cuadrilla de adolescentes hormonados haciendo botellón, el virus es “implacable” y no respeta ni a los unos, ni a los otros. Y, por fin, alcanzamos el culmen de la “lógica” vírica plandémica: resulta que esos mismos políticos que dictan normas arbitrarias a diestro y, especialmente, a “siniestro” se juntan, sin limitaciones de aforo, en un espacio interior, durante muchas horas (Congreso y Senado), y no guardan “distancia de seguridad” alguna. El motivo es muy sencillo: el virus esta “acojonado” ante tanta memez, y arbitrariedad, junta, y tiene que doblar la cerviz ante tan insignes alumnos luciferinos.

Una vez realizado este exordio, tal vez algo ‘alambicado’, entraré en el objeto principal de este artículo: la Feria de abril de Sevilla, aunque debería haberlo titulado “la criminalmente zaherida Feria de abril de Sevilla”. El motivo de ese ajuste léxico, en el titulo, se debe a que, por segundo año consecutivo, no va a celebrarse ese evento taurino de primerísimo nivel, e importancia. Si la primera cancelación se debió a la vorágine (personalmente considero que la palabra desquiciamiento lo define mejor) que supuso la “aparición” de la plandemia, agravada por la criminal mala gestión del malgobierno de España, en esta, recentisima ocasión, se debe por completo a la inutilidad, y acomplejamiento, del malgobierno de la Junta de Andalucía, liderado por el emasculado pepero Juanma Moreno, y su apéndice viscoso “ciudadano” Juanma Marín. 

Para quienes no conozcan el percal, permítanme presentarles, más ampliamente, esta cuestión: resulta que la empresa que gestiona la plaza de toros, de la Real Maestranza de Sevilla, había preparado una selección de festejos taurinos de primerísimo nivel (no comparable ni en contundencia, ni en cantidad, con una Feria de abril a las que estábamos acostumbrados, pero, al menos, era una buena idea), que permitiera a los aficionados volver a discutir, comentar, disfrutar y vivir la pasión taurina. Este domingo estaba previsto el inicio de esa serie de selectos festejos taurinos, enmarcados en esta particularísima Feria de abril, con una terna de lujo, los diestros Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado con toros de Victoriano del Río. Pues resulta que, 48 horas antes del comienzo, la Junta de Andalucía notifica a la empresa que no va a autorizar la celebración del festejo, ni de los siguientes, ¡por supuesto!, entre los que se encontraba la muy esperada corrida de Miura, con la presencia de Morante de la Puebla. 

La calidad de los carteles taurinos había hecho colgar el cartel de “No hay billetes”, para la práctica totalidad de los festejos programados, siendo los reseñados en el párrafo anterior los de más principal aceptación. Estos inútiles malgobernantes andaluces que no han trabajado, ni montado, una empresa privada en sus puñeteras vidas se permiten el lujo de perjudicar gravísimamente a una empresa, tanto a nivel económico, como por el ingente trabajo realizado para montar unos eventos de esta envergadura. Pero lo que resulta más ignominioso es que la empresa había presentado un dossier técnico muy completo, de 97 páginas, en el que se comprometían, entre otras cosas, a realizar, por su cuenta, test a todos los asistentes y en el que solicitaban un aforo del 50 %, para poder compensar los gastos. La empresa calificaba de inviable cualquier pretensión de una aplicación estricta de la estúpida normativa sobre la “distancia social” ya que sólo permitiría un aforo del 12,5 %, absolutamente incompatible con poder llevar los festejos adelante, por el descomunal desfase de costes e ingresos. 

Para más inri resulta que dos Comunidades limítrofes, gobernadas por la PSOE, Extremadura y Castilla la Mancha han interpretado, con más sentido común, la norma y permiten aforos, para este tipo de festejos, del 50 % y del 75 % respectivamente. Por muy malos que son los sociatas, al menos en esas dos Comunidades entienden que no se justifica en espacios abiertos restricciones de aforo que no exigen en espacios interiores como teatros y similares, por no hablar de los sangrantes hacinamientos en los transportes públicos. Pues en Andalucía, resulta que el único espacio restringido son los toros, estoy convencido que hasta esa inútil integral, y más sectaria que el copón, de Susanita hubiera tenido más agallas y hubiese autorizado estos eventos. Pero como estos peperos, y sus apéndices, son cobardes hasta aburrir, pues a joder al personal, que eso sí se les da de narices. Me indigna que la mediocridad de seres alienados, y sin personalidad, priven a los aficionados taurinos de unos festejos que prometían grandes, e intensas, emociones. Emociones de verdad, que son más necesarias que nunca debido a los aciagos tiempos actuales, en los que tenemos que soportar a estos bocazas de alcantarilla mentir como pecadores, y aburrir hasta la abominación, en sus insoportables, y nauseabundas, ‘performances’

Manolete, tras ser corneado por Islero.

Hace siete u ocho meses tuve una controversia literaria con don Luys Coleto sobre el mundo de los toros y el animalismo (fue en un medio digital que no viene al caso), el resultado de la misma fue el castizo, y torerazo, ‘división de opiniones’. Es de público conocimiento que un tremendo número de ganaderías han tenido que cerrar y vender sus toros como carne. Imagino que esos hechos habrán alimentado los sueños lascivos de esos animalistas desquiciados, y de buena parte de la patulea socialcomunista que odia al mundo de los toros. Todos ellos pretenden abolir la fiesta de los toros, por inanición económica, aprovechándose de la plandemia. Aunque estoy al corriente de las filiaciones perrunas, y gatunas, de mis Compañeros de blog, e incluso de la animadversión de don Luys por los toros, sé que ellos, que tan a menudo “humanizan” a los animales, convendrán conmigo que, para un toro bravo, ser llevado al matadero para ser sacrificado, “vulgarmente”, por un matarife es una indignidad , y una afrenta. Y me aventuro a más, ¿acaso estos hijos de Satanás globalistas y sus sicarios, los malgobernantes españoles, no están haciendo lo mismo con nosotros (tratarnos como reses con destino al matadero)?

No detallare lo que les deseo a esta grey criminal, aunque sé que seria poca cosa para lo que les espera en el averno. No, tampoco voy a insultar a esta patulea de CARNUZOS.

P.D.: en mi casa mis Padres tenían un juego de vasos altos (tipo cubata para que nos entendamos) en un vidrio con color y que llevaban impresos con alguna técnica de notable nivel y calidad las cabezas de toros míticos por haber dado muerte a grandes figuras del toreo. Ahí estaban “Pocapena”,  “Islero”,  “Bailador” y tres más, que ahora no recuerdo, hasta completar la media docena. Esos vasos sólo se sacaban en la Nochebuena y en contadísimas celebraciones (Primera Comunión y fechas de similar relevancia). 

¡Hasta a los toros les han robado la gloria de un indulto, una faena para la historia, o una terrible tragedia!.


Rafael López

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