LUYS COLETO: No la llames mascarilla, llámala PUTO BOZAL(o la manipulación lingüística que explica la sumisión total).

Ingeniería lingüística, ineludible gozne y pilar maestro de cualquier ingeniería social. Y con la plandemia, giro de tuerca. Programación Neurolingüística( PNL), pues. El lenguaje para crear climas y atmósferas de terror, lo propio de los terroristas. Políticos o periodistas, lo mismo da. Voceros de sus genocidas amos. Las palabras actuando a nivel puramente emocional, ignorando la parte racional. Utilizando dos grandes tipos de metáforas. De catástrofes. Ola, oleada, tsunami. Y, sobre todo, militares, lo propio de una Operación psicológica militar de falsa bandera. Con la pertinaz y babosa verborragia de los siniestros milikitos. Estado de alarma, excepción y sitio. Emergencia sanitaria. Confinamiento. Toque de queda. Guerra. Victoria. Enemigo. Batalla. Frente. Combate. Compatriotas. Enemigo invisible. Derrotar al virus. Implacable lucha…Basura retórica, sin duda. Pero eficaz. Muy eficaz.

Palabras…dentro del teatro plandémico

Lenguaje, arma de guerra, lo propio de una operación psicológica de “inteligencia” militar de bandera falsa. Y además de la morralla fraseológica, impactando brutalmente sobre el hemisferio emocional (jamás el racional) del cerebro humano, putrefactas escenografías bélicas. MIlikitos, pikoletos y maderos, con sus putas medallitas, al inicio del pufo plandémico. Rodeando a Simón, pareciera un secuestrado. Juas. Y palabras, palabras, palabras, tan poco hamletianas.

Suscitando viscerales respuestas de pánico poblacional. En guerra ante un huidizo y feroz enemigo. Amenaza planetaria. La peña con el dodotis cagado ante la eventualidad de que tal (falso) culpable, el bichito 19, extremadamente peligroso, pudiera contagiar al personal, matarnos, a nosotros y a nuestra familia, a nuestra prole. Ante eso, el atroz y asesino Gran Leviatán, aliado al Gran Capital, te “salvará”: antaño secuestro domiciliario, hogaño “vacunación”. Y, por supuesto, sin debates abiertos y libres. Y con la “disidencia” totalmente controlada.

Mentir sin descanso

Utilizan el lenguaje para no parecer lo que son, operaciones de encubrimiento mediante, tan servicios secretos: son terroristas y genocidas. Manejando el lenguaje cual implacable herramienta de control mental. Ampliando el hiato entre realidad  (lo que de verdad ha ocurrido) y lenguaje (lo que dicen que ha sucedido: el repulsivo y falaz “relato”). Con su posverdad a cuestas. Las élites mentirosas, valga la redundancia, mentir sin descanso hasta que ya no se sepa cuál es la verdad, o donde todo sea verdad, deviniendo que nada lo es. Delirantes “narrativas” donde el poder dictamina lo que es verdad y mentira. Ellos, los mentirosos, dando lecciones de veracidad. Y La Tacones dando lecciones de castidad, no te digo.

Kubrick otra vez precursor: programa Ludovico

Y usando mecanismos de propaganda dirigidos a lo más hondos del inconsciente humano donde anidan y se emboscan los miedos más atávicos e insondables. Miedo a morir. Morir  a enfermar gravemente. Tú y los tuyos. Y la peña, desde hace quince meses, engañada. Y acojonada. Y el lenguaje, clave de bóveda, perfilando creencias. Covidiotas. O creencias covidianas, más propias de sectas. Las ideas se tienen; en las creencias se está. Irreversiblemente. Tan orteguiano todo.

El falsario coñazo de las cifras

Con orwelliana neo-lengua. Otorgando a las palabras un significado absolutamente diferente – opuesto, diríase – al que al principio le correspondía. Y con sus abrumadores e incansables number games. Jueguecitos de números, lo propio de los falsarios juegos de guerra (war games). La puta tabarra de las cifras. Cifras y más cifras. Guarismos, dígitos, cifras. Cifras de muertos, “contagiados”, “positivos”, PCRs, falsos “positivos”, falsos “negativos”, “vacunados”

Simulando credibilidad (de la que absolutamente carecen), su cardinal objetivo es sumirnos en la confusión, aturdirnos, aturullarnos, desquiciarnos. Hacernos perder, tortura psicológica mediante, el sentido  – primero y postrero – de las cosas y de la realidad.  Hipnotizarnos. Y, poco después, decir sí a los terroristas gubernamentales de todo el planeta.

Y volvamos a Orwell. “Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado”. Y sin poder ignorar otras formas de control mental mediante radiofrecuencias. Sus queridas armas psicotrónicas, de las que ya les hablé en otra ocasión. De todas maneras, han sometido tanto al rebaño que ni falta les habrá hecho utilizarlas. Desde el parto hasta el óbito, todo en sus manos.

Manipulación del pensamiento mediante radiofrecuencias

La letal tecnología SSSS (Silent Sound Spread Spectrum), en ese sentido, agónica vuelta de tuerca. Utilizando una combinación de transmisores HAARP (High Frequency Active Auroral Research Program), torres  GWEN ((Red de Emergencia de Ondas del Suelo, del inglés) y de telefonía celular de microondas y televisión digital HDTV. Afectando gravemente a la amígdala y los hipocampos del cerebro. La atroz 5-G, decisiva. Y la 6-G, en lontananza. ¿Y los implantes cerebrales? Quia, todo llegará, la ganadería mansea sin límite. Con su correspondiente cuota, en el ínterin, de chupaculistas extremos.

En fin.

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