RELATO- artículo: Cosas “coñonudas” de la exvida.

Qué cosas tan coñonudas pasaban antes (fijaos, queridos niños, que he inventado un híbrido que contentará a todes. Es un neologismo mío ancestral, que debo usar ahora, parece…). Bueno –dijo uno que estaba malo – sigo con mis recuerdos para ver la luz dentro de este pozo que es Espena. Hay que mirar para arriba, que es para afuera, para ver la luz dentro de un pozo; yo miro para adentro, en este pozo sin fondo que es mi vida, por suerte mi vida creativa y de recuerdos molones vividos y, al contarlos: vívidos.

Con 19 palos me piré de vacaciones a Galicia con 2 colegas coetáneos, en el coche de 1 de ellos. Como somos de Madrid, pues era un viaje considerable a esa edad. Total, para ir de borrachera no hacía falta ir tan lejos, pero al del coche le molaba de la hostia la música celta… ¿alguien habla ahora de eso o sigue existiendo ese estilo musical? El caso es que como esa puta música tribal tenía su paroxismo en Galicia… ¡pues a Galicia, coñones!

Para los que no queráis leer toda la chapa, hago una sinopsis y ya si os mola seguís viendo esto (*): Me robaron la cámara de “afotos” en Coruña. Pisé el centro del campo del puto Celta. Colé un billete falso de 10 talegos en un pub de Vigo. Mientras las almas tristes de mis amigos sobaban, me fui a ligar a unos pubs de Vigo, y como no ligué pillé un taxi que me llevó de putas. En un bar de la Coruña me hicieron el mayor timo de la historia de la humanidad viva.

Sigo para los que leáis algo más y desarrollo, brevemente, la sinopsis. Empiezo de menor a mayor , según mi criterio de cosas impresionantes y coñonudas.

1/ El robo de la cámara. Mis 2 colegas se empeñaron en ir a unos “recres” y como a mí me aburrían esos antros de maquinitas, mi aburrimiento dejó mi cámara de afotos cutre a más no poder (sino no la hubiera descuidado) encima de una máquina de monigotes digitales. Y tamaño era mi aburrimiento que al salir me la dejé. Me percaté a los pocos minutos y fui a por ella, y ya no estaba allí. Discutí con el dueño del chiringo, pues no es normal que en su ciberantro entre gentuza que ve una cámara de mierda y no es capaz ni de sacar el carrete y llevarse la puta cámara. Había fotos muy molonas en ese carrete, era casi el final de ese viaje. Desde ese día decidí no hacer más fotos. Por suerte, una década después enmendé el error y me hice fotógrafo profesional.

2/ El campo de jurgol. Mi colega conductor quería ver el campo del puto Celta de Vigo por fuera. Yo era de los Boixos Centre (mai ningú no ens podrà torcer) en esa época, así que ver el estadio de los etarras Celtarras no era necesario para mí. Pero acompañé a estos 2. Y , hete ahí, que había una puerta abierta. Era verano, no había jurgol, así que les dije que aprovecháramos y entráramos por esa puerta, que no cobraban entrada y por lo tanto no estábamos colándonos. Como eran 2 maricones, ni se arrimaron a la puerta. Yo pasé, y acabé en el césped de Balaídos. Ojo, mi odio a los Celtarras no quitó el gusto de llegar al centro del campo, mirando alrededor con los brazos en alto cual jurgolista. ¡Era un estadio precioso! Es la única vez que he estado en el centro del campo de un estadio grande. Es una sensación curiosa. A mí me gustó. Olía a césped. Por supuesto nadie me dijo nada ni vi a nadie… si el vulgo supiera la cantidad de cosas “prohibidas” que se pueden hacer y sin hacer daño a nadie…

3/ El billete falso. Mi colega conductor sacó 60 talegos (60 mil pesetas) de un cajero, delante de mí. 60 mil pelas daban para muchas copichuelas antes. El caso es que en una gasolinera fue a pagar el pienso del coche que estorba, y el gasofa le dijo que el billete de 10 talfis era falso. Lo pasó por no sé qué cojones de barrita de infrarrojos o infrafachas y nada, que ese papel de mierda no valía una mierda. Mi colega sacó otra sábana y esa sí era “legal”. O sea… CagaMadrid había expedido un billete falso de 10 talegazos (60 pavos de ahora imaginad lo que eran hace 709 siglos que tiene esta historieta: eran una pasta). Mi colega estaba acojonado con el billete falso en las manos… como si fuera una bomba. “Serás gilipollas” – le espeté como quien no quiere la cosa – “dame eso, que he visto que lo has sacado de un cajero, y yo te lo devuelvo en dinero válido”. 

Eran tiempos de barrita de neón rara en las cajas registradoras, precisamente para evitar billetes falsos… ¿pero de dónde venían esos billetes si hasta en un cajero te los daban? En todos los pubs estaba la puta barrita y, por lo tanto, era misión complicada colarles el billete más tocho de la época. Pero no contaban con mi astucia (momento súper héroe mexicano raro, que decía eso pero con ese: astusia). En un pub con la caja toda enneonada fui a pagar 3 copas con el billete bomba. Me percaté que los camaretas pasaban todos los billetes por la jodida barrita de neón. “Precaución” – les dije a mis colegas para ponerles nerviosos – “No va a ser fácil”.  La técnica para colar las 10mil calas era muy simple para mí: 3 copas pedidas, entre ellas mi gin tonic… ahí estaba la clave. Como solía pasar en esos años, no lo ponían con rodaja de limón, ni mucho menos con limón exprimido ni toda la perversidad que han inventado para un vaso de ginebra con agua tónica.  Jugué con esa baza para evitar la jodida barra delatora y amiga de los bancos que son los que distribuyen el dinero falso.

Le mostré el billete al notas y, antes de que lo cogiera y lo pasara por la puta barrita delatora, le señalé una botella de ginebra tras él y le dije que si me lo había puesto de esa. Ahí creé la “confusión del melón” (dícese –porque lo digo yo – del camarero/a  que se deja embaucar. Yo fui posteriormente el mejor camarero del mundo, ya os contaré qué pasaba cuando me querían engañar… a mí, el padre del embuste baretil)  y el gilipollas entró al trapo, porque ni recordaba qué botella había usado ni donde la había dejado. Le dije que me había echado poca ginebra, que echara un chorrito más y se cobrara – el billete falso a su vista, siempre ofrecido a que lo coja ­–. Agarró la botella que le dije, y mientras lo hacía yo le daba a mis 2 colegas tolis sus vasos de tubo y sus correspondientes refrescos. Me echó un suspiro más de la botella, como sé que suele hacerse en esos casos; pero me percaté que había más peña demandándole copas –cosa obvia – así que para colarle el billete, sin que lo pasara por el rayo fatídico, espere a que le pidieran otros clientes, y le pedí yo una rodaja de limón… ahí le dejé el billete sobre la barra. Me echó el limón mientras atendía verbalmente a los otros clientes, me cobro, me dio el cambio y siguió atendiendo.

4/ Vivan las putas, coñones. Los almas tristes sobando y yo deseando estar vivo. Me piro a unos pubs cercanos a la pensión de marras y nada, que me sirven todas las copas del mundo pero ninguna tía me servía. No es que no me sirvieran, que alguna moza lozana había, pero no sola y –supongo – sin compromiso.  Al segundo vodka con naranja lo vi claro: “aquí no vas a mojar el churro”. Y ni corto ni perezoso, salgo y entro en un pesetas.  Era pa´verlo ese Fary, un pieza como yo, pero doblando mi edad. Le digo: “Jefe, aquí no hay quien folle. Lléveme a un lugar donde se pueda”.

El puticlub era enorme, algo así como la luna vista de cerca. Y estaba hasta la bola. “Y mis amigos sobando” pensé al entrar, dando inevitables codazos. La suerte de los beodos como yo es que nos dan una copa y ya estamos contentos. Así que pedí una y tan feliz viendo el percal del local.  En serio, eso era enorme. Me agredió una negra puta (para el que nunca haya ido a un lupanar, que sepa que ahí las putas de agreden, tal cual) y nada más tocarme el cimbel me convenció. Fijaos cómo estaría de lleno el antro que no había habitaciones libres para el fornicio, así que tuvimos que darle a la lascivia en una sala cerrada al público, una especie de reservado. Y ahí, encima de un sofá corrido hicimos la faena. 2 orejas y el rabo me dieron. Pero como soy un romántico empedernido, le dije a la zorra que quería una vuelta al ruedo. Y la muy puta salió de nuestro nido de amor (¿abandono conyugal?) y volvió al momento y me dijo, tal cual: “no me dan otro condón ni saben que sigo contigo. Cada condón es un servicio”. Obviamente saqué un condón mío y le ofrecí la mitad de dinero para reconquistarla… y como era dinero más negro que ella, pues accedió. Y a follar, que el mundo se iba a acabar.

5/ El desayuno más molón del mundo. En la Plaza de España de La Coruña, un bar y 3 clientes gilipollas: yo y mis colegas. Los muy tópicos y típicos piden café con leche y porras o bollos o una mariconada de esas. Y yo, una birra y un pincho de tortilla. Sólo quedaba un pincho, así que tuve suerte y el camareta me lo sirvió. Desayunar birra y tortilla es lo mejor del día.  Mi amigo el conductor (precaución, amigo conductor) vio mi pincho, todavía sobre el cristal ese raro de la barra, se encaprichó y dijo: “¡Jefe! Yo quiero otro pincho de tortilla. ¿Hay más?”. El “jefe” nos miró con cara de querer el descabello cuanto antes, cogió un cuchillo, cortó mi pincho en 2 y puso una mitad en otro plato. Y nos puso los 2 platos en la barra. ¡Olé ahí la faena! ni el Soro lo hubiera hecho mejor. Antes de que los platos rechinaran ya estaba yo mirando a mi colega. Y me suelta, de soslayo: “Chámber, no la líes” (Chámber es uno de mis motes). “¿Pero tú has visto?” le espeté más risueño que ofendido.  “Yo pago todo, pero no la líes”. Yo miré al camarero /dueño del antro, le sonreí y le pedí otra caña, con la otra llena, para que supiera que yo no resto, sino sumo.

(*) esto es una metonimia. Uso muchos recursos literarios en mis balbuceos. Y me invento otros… qué se yo, me gusta jugar con las palabras bajo un contexto adecuado y una estricta lógica narrativa. Si no lo pilláis, pues no me leáis más. Y a los que sí que lo pilláis pues os pido perdón por esta aclaración.

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