LUYS COLETO: Embriones híbridos animales-humanos: visitando la isla de Moreau.

Tenebrosa ínsula del doctor Moreau, donde se juega a ser dioses. Nosotros mismos creamos nuestras quimeras. Verbigracia, reciente asunto. Humancé (también humanzee, manpanzee o chuman), término utilizado para referirse a los híbridos entre humano y chimpancé y, particularmente, a un peculiar simio de nombre Oliver que fue popularizado en los años setenta como un posible híbrido auténtico. Y mezclas de todo tipo y condición, desde hace decadas, no solo simios. En laboratorios militares, preferentemente. En su día, alto secreto. Hoy, ya no se cortan un pelo.  Seres humanos hibridados con cerdos, cocodrilos, ratones, ovejas. Hasta el infinito y más allá.

Fines terapéuticos: burda cortina de humo

Y el blablabla de siempre: los presuntos fines terapéuticos. Traduzcan de otra manera: una humanidad irreversiblemente finiquitada. Los científicos, patrañera versión oficial, estiman que cuanto más se parezca un animal a un humano, más fácil será simular en sus carnes la progresión de enfermedades humanas, experimentar nuevos fármacos y recoger tejidos de órganos que puedan ser implantados en personas.

Esta macabra idea implicaría asimismo la creación mediante manipulaciones genéticas de órganos animales que luego puedan ser trasplantados sin apenas dificultad y rechazo, en su integridad, a personas  necesitadas de un nuevo órgano.

¿Biomejorando? ¿O autodestrucción humana?

La tiranía  científica, con la plandemia, tan visible y sólidamente apuntalada. Conjura contra el Eterno, han alcanzado el poder reescribir la historia de la evolución. Dispersar partes del Homo sapiens en el resto del reino animal y fusionar partes de otras especies con nuestro propio genoma e, incluso, crear nuevas subespecies y super-especies.

Humancé, en la India.

Emerge perentorio interrogante. ¿Estaríamos en la cúspide de cierto, digamos, “renacimiento” biológico, como algunos sostienen, o estamos  sembrando las semillas de nuestra definitiva aniquilación como especie?

…Izpisua y compañía publicaron su “justificación científica” en Nature. Una ratera, raterísima, manera de lavarse la conciencia, so capa “científica, ante semejante horror. En fin.

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