KAREN GARCÍA: Una guerra espiritual.

Asistimos, impotentes y alucinados, a la última (sí, parece ser que es la última, de esta generación humana) guerra de nuestra era. La más sofisticada, la más depurada: la guerra contra el espíritu humano.

¿Que de qué le estoy hablando?

Hace ya más de un año que somos sujetos pasivos –y, algunos, también, activos- de una de las guerras más sofisticadas de la historia de la humanidad. Jamás, nunca jamás, se había llevado a efecto este juego (bélico) de ingeniera social, tan depurado…

Y es que han querido hacer mella (y lo están haciendo) a aquello que nos hace intrínsecamente humanos, sintientes: nuestra capacidad e inherente necesidad de estar con los otros (humanos y no humanos); nuestra necesidad de respirar aire libremente; movernos por el mundo con tranquilidad, sin cortapisas; rezar (o meditar, o hablar en verso) en compañía de otros seres, tan humanos, como nosotros… Abrazarnos con nuestros seres queridos (y por querer); besarnos; juntarnos; sentirnos

Tiene gracia que la “distancia social” requerida por las auto-arrogadas Autoridades en materia de nuestra salud (que es nuestra, no suya) sea de 2 metros… No saben ellos (sí, lo saben) de lo que hablan, ni na’… el corazón (ese gran desconocido) no es la simple bomba propulsora, motor, que nos han hecho creer… El corazón es una auténtica maquinaria electromagnética que emite y recibe información en un rango máximo aproximado de unos 2 metros (hay excepciones): si usted tiene a una persona a menos de esa distancia va a ser capaz de sentir (=saber), casi con toda seguridad y si tiene mínimamente afinado este poderosísimo instrumento, lo que la persona que tiene enfrente está sintiendo, sea esto lo que fuere (dulzura, desconfianza, miedo, alegría, curiosidad hacia ti, apertura…). Emitimos y recibimos esas ondas electromagnéticas y, por tanto, nos comunicamos… constantemente, siempre que tenemos a otro ser vivo dentro de ese rango de distancia… Algunos lo llaman telepatía, intuición, percepción (también se podría llamar así) pero lo cierto es que uno (mínimamente adiestrado) puede saber perfectamente lo que siente/piensa el otro, sin el menor esfuerzo, cuando se deja llevar por las neuronas que disponemos en esta zona del cuerpo (sí, espero que usted sepa esto ya, y si no lo sabe, se lo recuerdo: disponemos de neuronas en el corazón. Lo mismo que en el estómago). Parece que esta información, la que aquí le cuento, no quiere revelarse a la gente. de ninguna manera… Pero lo cierto es que el corazón vendría a tener una significativa mayor importancia de la que nos contaron en primera instancia. Y es que este órgano hace de filtro primero de todo lo que aparece a través de nuestros sentidos… percibimos la información, primero, a través del corazón… para luego pasar o transmitir esta misma información, ya filtrada al (ya sí, famoso) cerebro… Contra todo lo que nos han contado hasta la fecha (y no me baso en meras especulaciones o elucubraciones… lea, lea…) el corazón es el primer punto de entrada y salida de información a nuestro holístico sistema… Primero, siempre e indefectiblemente, recibimos información a través del corazón; luego, ese conocimiento pasa a convertirse en “información intelectual”, pensamiento. Y con esas pautas, actuamos e interactuamos constantemente.

Una persona que tiene anulada (prohibida) su capacidad de estar cerca de otros seres humanos es una persona condenada a obstruir su primera y más importante fuente de información/conocimiento… para pasar a asimilar ya (sin el primer y esencial filtro) cualquier hecho desde un punto de vista totalmente intelectual (que no “inteligente”). Así, si repiten 1000 veces al día una información que no has pasado por el tamiz del corazón (aquí ya no hablamos de la distancia antedicha de los 2 metros, sino de tu adiestramiento en el uso del mencionado aparato), corres el riesgo de convertirte en la marioneta o zombie o robot humano que otros consideren oportuno… Modelable. A su gusto… Harás todo lo que te han dicho estos, o esos, o aquellos (más “expertos”, más “intelectuales”) porque te has olvidado de tu potentísimo poder, el del corazón, el pálpito, la emoción… El conocimiento (no intelectual, no “cerebral”) que todo lo sabe…

La emoción nunca (y digo bien, nunca) falla… Si su intelecto le dice que vaya por el camino A, rotundamente, pero su corazón le dice que vaya por el camino B y no tiene ni idea de porqué, haga caso a este último, indubitablemente. Nunca (¡nunca!) falla (por mucho que nos hayan contado que no hay que hacerle caso, tenerlo en cuenta… En el sistema educativo, y desde nuestra más tierna infancia, se nos ha educado a seguir, únicamente, “lo racional”, lo intelectual, la orden, la idea inamovible, la “ciencia” … (esa que tiene esclavizada ya, cual nueva Religión Incuestionable, a la humanidad).

Ni caso…

Y, claro, qué decir del contacto físico, de ese abrazo con tus familiares, amigos, o gente –no tan conocida- a la que en un determinado momento sientes (y sienten) darle un abrazo que sabe a gloria… Todo eso nos lo han quitado. Mejor dicho, se lo han quitado a todos los que creen que no abrazando a otros, no acercándose a otros seres humanos… (¡teniendo miedo a tus propios hermanos humanos!) están salvándose de algo o consiguiendo (sobre)vivir… a un peligro incierto (¡Error. Craso error…!) Y es que están haciendo la cuenta atrás de su propia muerte… se convierten, os convertís, en zombis ya, en vida, meras marionetas con la cara y el corazón tapado… una tumba andante… El alma, vendida al diablo…

¿Y qué pasa con todas esas gentes “religiosas” (teóricamente creyentes en un más allá que daría sentido a un más acá) aterrorizadas, amedrentadas, desorbitadas… desde el minuto 1, ante un supuesto virus que podría, sí, podría (los datos estadísticos, mejor no hablar de ellos, que usted ya los sabrá –o debería saberlos–) matarlos, cruentamente, impíamente, en cualquier momento?

Los curas tienen miedo, las monjas tienen miedo, los religiosos de misa de los domingos ya no “dan la mano a sus hermanos” (ni dentro ni fuera de la iglesia). Pero, ¿qué coño es esto? ¿No creíais vosotros en el más allá, en la resurrección tras la muerte, en el Amor como corolario, principio y final y sentido eterno, de vuestra existencia?

¿Era acaso, todo lo que sentíais o decíais sentir, una mentira, un ardid, una patraña… una pantomima teatrera semanal para poder ver a Paquito o Fulanita o Menganita después de la iglesia, con posterior vermut? (¿o para aparentar ser una buena persona, de principios religiosos y piadosos, y que buena es Mari Pili o don Beltrán”?). ¿Pero qué es eso? ¿No será que los ateos –algunos ateos- tenían mucha más espiritualidad y Amor dentro (que de eso se trata, en suma) por sí mismos y por los demás que esos religiosos de pacotilla que… “a Dios rogando y con el mazo dando…”? ¿Cómo se puede ir pregonando que eres una persona “de principios” mientras dejas de lado a tus hermanos, hijos, padres, abuelos y nietos, de lado o tirados –aquí para gustos- porque para ti son (potencialmente) leprosos contagiosos para tu sacrosanta e inmaculada vida? ¿Los principios fundamentales e inalienables no deberían estar al lado del que sufre, del que quieres y del que no –si nos ponemos- para apoyarlo y acompañarlo cuando las balas silban en nuestros oídos?

¿Desde cuándo (¿desde cuándo?) el ser humano aprendió que era “correcto” (lo legal nunca no tiene porqué ser lo correcto… parecía que habíamos tenido sucesos sobrados en la historia para entenderlo… pero no…) abandonar a sus abuelos, o nietos, o hijos o amados amigos, en pos de una seguridad (¿la vida eterna?) que no llegará, al menos, en esta vida física, material? ¿Me estáis contando todos los que decís profesar alguna religión –la que usted quiera- que, de repente, tenéis un miedo incontestable a dejar este plano porque, en el fondo, no creéis en nada – ¡en nada! – más más allá de lo que podemos tocar y ver?

Y es que estamos en la época de “la sala de los espejos”. Maya. Ilusión…Todo queda a la vista… Las que considerábamos verdades incuestionables pasan a convertirse en las mayores falacias de la historia de la humanidad, ante nuestros ojos (mejor dicho, ante los ojos del que quiere ver –y el que tenga oídos, que oiga-); y las mentiras… las mentiras se multiplican, expanden, retroalimentan… (La Bestia, esa gran mentirosa, con sus enormes garras ya, en todos lados…).

Haga un poco de “reflexión” o “examen de consciencia” (esa que nos enseñaban a los cristianos) personal: ¿es correcto que te niegues a tener cerca –miedo, se llama- a ese familiar que tanto necesita tu abrazo o está enfermo –peor aún, sin estarlo–? ¿Es correcto que los niños y adolescentes estén separados de todo y de todos como si de la propia peste se tratase? (si aterrizara ahora por aquí, de nuevo, Jesús de Nazaret a promulgar su dejad que los niños se acerquen a mí os mofaríais de él sin falta, mientras llamabais a los servicios de emergencias de vuestra ciudad porque alguien -¡Alguien!- se ha saltado los Protocolos sanitarios y se ha comportado como un total y absoluto irresponsable?).

¿¿¿Qué os está pasando, humanos??? ¿¡Tanto, tanto se ha metido en vuestra psique la Bestia!? ¿Cómo lo ha conseguido, con vuestra mansísima anuencia, de todos –o casi todos-?

Estamos en La Gran Tribulación. El mundo (espiritual) llora…

Y todo sigue su curso…

Una respuesta para “KAREN GARCÍA: Una guerra espiritual.”

  1. Rafael López Says:

    Muy buen artículo, Karen.

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