ARTÍCULO-relato: “Mis queridos niños, este os lo dedico”.

Recuerdo mi vida hace unas décadas, y todo mi presente se emborrona.  Veo mi entorno hoy 18 de mayo de 2021, y no entiendo qué hago yo viviendo aquí y ahora.  Hace mucho que le vi las orejas al lobo y que puse mis barbas a remojar y etc. de precauciones ante el aluvión de estupidez y liberticidio que vendría (y esto no ha hecho más que comenzar, mis queridos niños y a mí no me quedan ya cascabeles y no paran de multiplicarse los gatos).

Fue hace más de 2 décadas cuando una nena me manchó con un boli la camiseta que yo llevaba puesta. Era una horterada de camiseta, os juro que ponía: “Recuerdo de Benidorm” y las letras eran flores… pero fue un regalo de una amiga y me la ponía. Realmente mi aspecto siempre me la ha sudado, me preocupo por lo de dentro de mí, no por el cascarón.  Era blanca cual nevada esa camiseta, salvo el letrerito de marras. Era una fiesta /cena de restaaños en la casa de los papis de la nena “camisecida”. Yo invitado por un amigo del restaañador, el cual era conocido mío de vista en bares de borrachera.  La cena patética (tortillas de papas del súper, empanadas y pizzas ídem…) pero no era mi casa, respeto total, en mi casa yo no trato así a mis comensales pero en las suyas que me traten como les salga de los huevos, y si no me gusta me voy; y aquí paz y después gloria (si puede ser no Padilla y sí Fuertes)

Ante tanto adulto “exmacarrilla cuarentón-treintañero” yo me aburría sobre manera… qué coñazo es el ser humano que juega a ser adulto y padre de familia, con la consola siempre a la vista y el consolador oculto… Y apareció ELLA. La nena de ELLOS (era el restaaños del papi). Y ELLA mi vio, con esa inteligencia que sólo tienen los nenes y que los que hemos sido nenes recordamos haber tenido. Y se me lapó, literalmente. ¿Qué tendría la nena, 6 años…? Para mí era la más adulta del grupo. Desde que dejé de ser nene se me lapan los nenes, cual flautista de Hamelín, pero sin las intenciones de aquel. Qué bien saben elegir sus compañías los nenes.

Esta en cuestión se puso a sacarme “equis” juguetes y tal, y yo enseñándole a usarlos bien, aprendiendo de ella y viceversa; mientras los otros comensales estaban a sus conversaciones de analfabetos ilustrados televisivos, y –de vez en cuando – los papis le decían: “no molestes al Chámber” (eses es uno de mis 4 motes/nombres). Y cuando les dije que no me molestaba, pues vieron el cielo abierto y la nena “pa mí”… papis liberados unas horas, y yo encantado. No obstante, al estar todos en el mismo comedor de chabola vertical bancaria hipotecada, interactuábamos (yo sobre todo para trasegar – y resobre todo del vino y las birras que llevé, el que vaya a casa ajena sin nada no merece ser llamado humano – y de comer algún fruto seco, pues un gourmet y cocinero excelso como yo no iba a tragarse el resto de vituallas ya cocinadas al comprarlas en el súper. Mi gaznate no es la entrada al basurero).

Cuadro de Frans Hals. El de la foto de cabecera, Sorolla, obvio.

Y aquí viene el clímax con la nena (no, no es mena, por entonces los menores estaban como han de estar: acompañados y en sus países): sacó unos bolis y unos folios y me enseñó lo artista que era. Y en un descuido, pues los nenes son adorablemente descuidados en el frenesí que es la vida para ellos –la mejor vida que había y que ya jamás tendrán los nenes torturados del NOM – me manchó con boli mi camiseta regalo recuerdo de Benidorm. Y la nena se dio cuenta, y a mí –obviamente – me dio igual, pero su mami se percató y reprendió a la hija por haberme manchado la camiseta regalo recuerdo de Benidorm.  La alegría de esa criatura se tornó tristeza por la intervención de su atenta madre que pretendía que yo comiera la basura que me sacó… hay amores que matan, qué duda cabe. Entonces cogí el boli, mientras ya hasta el papi reprendía a la hija por la atrocidad de haber mancillado mi camiseta regalo recuerdo de Benidorm… y completé el boceto de la nena, rayando con el boli mi camiseta, a lo bestia.  Me hice el harakiri camisil…

Y los adultos, que eran todos menos la nena, mirando asombrados. Y la nena, la única mente sana junto a la mía, riendo sin parar y –otra vez – viniendo a mi vera zafándose de sus padres, que me miraban –y se miraban – anonadados; y siguieron a sus conversaciones de mamelucos y comiendo bazofia… todos sabían que “El Chámber” era un tío raro. Pero todos querían estar siempre conmigo. Curiosa paradoja la del ser humano adulto. Pobre nena. Espero que en su vida haya habido otros como yo. Pero me temo que no. Hay tan poca gente sin socializar en este mundo… y seguro que ahora ella tiene nenes y la rueda del absurdo humano no para de girar.

PD: casi coetáneo a esto,  estando en un enorme aula de Derecho en la UCM, un compañero me pidió un boli. Y al devolvérmelo me lo tiró sin avisarme a tiempo y el boli me manchó mi camisa blanca (ese día evolucioné de camiseta regalo recuerdo de Benidorm a camisa aceptable de manga larga, y sin letrero alguno). Mi compañero –Sergio Nebril, que se hizo luego cachas y abogado, no sé el orden exacto – se asustó (os juro que es el término adecuado) y me pidió perdón por manchar de boli mi camisa: “¡Hostia!, perdona Polaco… es que… yo es que… “ Y me volví a hacer el harakiri camisetil, ante lo cual se despolló. Él también sabía que yo, en ese caso “El Polaco” era un tío raro, pero tanto él como el resto siempre querían estar a mi lado.

Este mismo hombre me dijo un día: “¡Joder, Polaco, te he visto un buen rato en la tele, en una bronca con los Boixos Nois en el campo del Rayo! ¡salías en primer plano todo el rato!” Este chaval era del Real Madrid, así que no sé qué coño hacía viendo un Rayo Chabacano- F.C. Barçalunya. Sí, yo estaba en esa grada –por entonces de pie, como deben de ser las gradas – y pese a mi pinta al llevar una bomber Alpha, pines del FCB y España y bandera de los Boixos al cuello… yo no estaba en bronca alguna, sino que una decena de Casuals, liderados ese día por Lluis Sureda (el líder de los ultras del Barça esos años) justo entraron a la grada, y venían devastados de la paliza que les habían dado en la calle los vallekanos. El peor parado tenía la cabeza con más heridas que pipas tiene una sandía. Y toda llena de yodo, por la primera cura del Samur. Y se desmayó a mis pies. Por eso salí yo en la puta tele (Canal Más). Y el Sureda le levantaba halentándole en plan: “¡vamos no te vengas abajo! ¡somos los mejores!” y chorradas así (y sí, digo “halentar” porque les olía el aliento). A las pocas semanas o así volví a ver a este cabeza rayada (a parte de rapada) en Barcelona, ya le estaban cicatrizando las heridas, pero por lo que ví ese día, creo que le harían más, otra vez. Qué mundo más absurdo el de la ultraviolencia. Jamás he sido parte de él, sino damnificado.

Echo de menos no despreciar a los que me rodean.

2 comentarios para “ARTÍCULO-relato: “Mis queridos niños, este os lo dedico”.”

  1. Rafael López Says:

    Un artículo de primer nivel, César. ¡Felicidades!

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