ARTÍCULO-relato: Qué suerte tuvimos.

Tumbado en el camastro de la casa de mis caseros que alquilo a precio de oro, veo un “cachocielo” (orientación oeste desde ahí). Todos habréis observado el cielo tumbados. Yo puedo hacerlo desde todas las partes de esta casa enana, ridícula excusa para una vivienda… pero como he vivido muchas veces a la intemperie o en tienda de campaña… para mí esta puta mierda es un palacio (asediado, eso sí, pero tengo pez hirviendo para escaldar por doquier).

Quería deciros, queridos niños, que tras tumbarme en el camastro podría haber salido a la enorme terraza de la casa (enorme a proporción, claro) y tumbarme en una de las tumbonas que traje a hombros del Almango de la zona. Qué bella se ve la vida en esa posición aquí, porque no parece que esté donde estoy. He estado tantas veces bocarriba bajo el cielo que no entiendo cómo me sigue admirando eso. Podría escribir líneas llenas de vida sólo en los lugares y en la compañía (humana y/o entorno natural) donde lo he hecho.

Por eso me ha tocado la fibra ver hoy ese mismo cielo y tener la absoluta certeza de que jamás podré mirarlo así desde otro lugar que no sea esta puta casa en esta asquerosa ciudad que es Madrid. Y como tengo el defecto de pensar muy rápido y activar mi hipermnesia, he visionado las mejores visiones (amante de la cacofonía, de la redundancia…¡sí qué pasa!) a este respecto y me he estremecido al ser consciente de que no tengo 546 años, año arriba año abajo. Resulta que TODO lo que he vivido ha sido CON COETÁNEOS, pues resto 46 años a mi vida.

Sal, arena y mar, en la piel y pelo de ella; en Sa pedrera “Atlantis”, Eivissa

Mientras veo la luna decreciente, enorme todavía por su perigeo, escribiendo esto… no puedo creer lo que le ha pasado a “mi gente”. Es decir, todas esas personas con las que me he criado, todos los que dejaron que yo fuera yo y, al serlo, colaboré en que ellos fueran ellos. Todos los que ahora me maltratan, me odian, me quieren muerto (lo sé, pero ninguno me lo dice) por no llevar bozal, por no ser como ellos cuando yo no les pido que ellos sean como yo. ¡Cómo pueden ser tan egoístas! y que decepción la mía al haber crecido entre ellos y seguir vivo… porque jamás pensé que alguien querido por mí pudiera ser un psicópata, y resulta que el 95% (y me quedo corto) de mis amigos/familiares lo son. ¿Por qué odian tanto la vida y no me he dado cuenta hasta la plandemia?

Qué suerte tuve de vivir hasta hace 15 meses y sobrevivir a la satrapía de mis conocidos. Joder… ya entiendo por qué hay tantos crímenes familiares y entre amistades. Ahora lo tengo más que claro. La gente se odia.

Recuerdo una noche follando en una cala de Eivissa (Cala Xuclar). Obviamente no había gente, casi ni estábamos ni yo ni mi novia pues éramos paupérrimos no, lo siguiente, y por lo tanto insignificantes (ella no tanto, pues su familia tenía algo de pasta y era arquitecta la moza… pero era yo el que ganaba la pasta esos días, así que imaginad… Me encanta ser indigente en zonas paradisíacas, pero no oculto que no tenia “ande caerme muerto” por eso me caía siempre vivo). Queridos niños, antes a los pobres se nos dejaba en paz. Si acaso se nos repudiaba “de aquella manera” al pasar al lado de los socialmente aceptados, pero podíamos vivir y, curiosamente, en los mejores lugares para hacerlo.

El sol se unió a esa fiesta corporal y natural que era ella

Esa noche del polvo que digo yo estaba bocarriba viendo la bóveda celeste, y encima con una preciosa mujer –por fuera y por dentro – a horcajadas. La arena era, yo era arena, ella colchón (la arena) yo huésped. El mar, cuidado con el mar al lado. Ese sonido mezclado con el jolgorio de ramas. Menuda sinfonía. Eso es la nada defendiendo su todo. El sabor a sal de los besos, el olor a sal de los besos, el jadeo inaudible entre tanta naturaleza. Su pelo arañando mi cara. Saber que daba igual el saber. Estar convencido de que ese es el mejor momento de tu vida y que ese momento se podía repetir siempre que quisieras. Y nada ni nadie iba a impedir que así fuera, pues ser indigente era decisión personal. Follar así y, luego, bañarse en el mar, era decisión vital ineludible para nosotros e inabarcable para vosotros. ¿Qué más os da nuestra vida? ¡dejadnos en paz! ¡yo no soy un okupa de vuestra puta vida, dejad de okupar la mía porque donde estoy yo nunca querréis estar vosotros, no hay servicio de habitaciones, malditos cabrones!

“Yo también quiero follar viendo el cielo” me espetó ella al decirle yo lo precioso que era estar así y ahí, con ella. Cambiamos de postura. En una cala remota de Eivissa, sin bípedos a varios km. a la redonda, el aire te abraza, te da un masaje de pino, sabina y brisa. El mundo carece de sentido o cobra todo el sentido del mundo. La vida estaba ahí, la vida mía, no la tuya. Dejad que cada uno haga su vida sin vilipendiar la de los demás. Hay tanto paraíso vaciado y tanta ponzoña habitada… qué estúpido es el ser humano y qué imbécil yo por no haber seguido mis instintos, como hice siempre. No vi venir la PLANdemia, os lo juro, queridos niños. Y el Mundo es TAN grande que lloro de rabia sabiéndolo tan deshabitado y que tanto desalmado nos impida habitarlo.

Anoche estaba hablando con mi mejor amigo, que es y vive en Eivissa. De momento el tlf. nos dejan seguir usándolo (previo pago, obvio). Vi en el cielo una línea luminosa y rampante. Iba de oeste a este. Se lo comenté a mi amigo, que es astrónomo algo más que aficionado (los 2 somos vernianos y hemos leído todos los libros de Jules y los apócrifos y los de Michel). Resulta que esa anomalía astral eran satélites lanzados por un satánico del que habló la gran Karen García en un artículo. ¡Qué diferencia lo que se veía antes en el cielo y lo que se ve ahora! ¡Qué patetismo lo que ve el cielo ahora y lo que veía antes! Debería esfumarse de nuestra vida, el cielo. No merecemos su presencia.

Y sin menospreciar a mi adorado Vicent, qué diferencia ver el cielo agarrando un teléfono o a una mujer preciosa.

¿Por qué me estáis obligando a dejar de ser humano?

Jamás os lo perdonaré. Quedan muchas dimensiones por delante de esta terrenal. Ya nos veremos, covidiotas, ya…

PD: la nena de las fotos, la del pelo que acariciaba y tal y cual y que si la sal y el mar y eso… pues resulta que era etarra. Vaya tela, ¿eh? Y yo sin saberla. Benet Salellas (un etarra de la CUP que podéis googlear) era el amor de su vida… pero como no me lo dijo la nena… tuve que descubrirlo por mí mismo ante tanto embuste. ¿Por qué es la gente tan hija de la gran puta? Pero a este, al Benet Salellas, ya le reventaré a hostias porque el día que él quiso hacerlo conmigo no se dio la ocasión… No me escondo. Sorpresas te da la vida… Quien quiera ampliar información, aquí

2 comentarios para “ARTÍCULO-relato: Qué suerte tuvimos.”

  1. Aulicus Says:

    Preciosa oda al cielo y a la vida. Al robarnos el cielo, nos privan de la perspectiva de lo alto, y hundidos en un pozo ciego, sin luz de arriba, ya ni siquiera vislumbramos su profundidad ni nuestra bajeza.

    “Ándeme yo caliente…” Siempre he intentado evitar ser succionado por el vórtice de la estulticia ajena, esa que nunca se puede subestimar, pues hacerlo, aunque una sola vez sea, supone fracasar. Por eso, por muy dolido que me deje la desgracia de mis conocidos, si ésta se debe a su estupidez supina y aun siendo advertidos no saben recapacitar, siempre me queda el consuelo de poner al menos a uno a salvo. No sé si esto le sirva, Don César, pero ante el fracaso generalizado de los demás el no-éxito personal es ya una moderada victoria.

    Profetas no han faltado. La tensión se venía mascando a nivel mundial desde hace mucho tiempo. El tipo de vida al que la muchedumbre aspira de frenesí sin freno, que en esto somos iguales amos y paupérrimos, no podía conducir a buen final. Da lo mismo que lo mismo da un golpe de estado pistola en mano que un bien planeado democidio con un cañón más fino.

    Si lo anterior todavía no le vale, advertencia: yo fui corrido de mi anterior vivienda por un casero malnacido.

  2. Exacto, Aulicus. Somos pocos los que pillamos de qué va la vida. Yo tuve la suerte de pillarlo a los 4 años (ya lo he contado por algún lado, fue en 1º de párvulos). He vivido mucho y muy bien. No quiero ni imaginar a los de mi generación que están hipotecados, embozalados y etc. Ni vivieron, ni viven ni vivirán. ¡Que nos quiten lo bailao! Eso jamás podrán ya quitárnoslo los satánicos y los covidiotas.

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