ARTÍCULO- relato: Una mano amiga me libró de muchos años de cárcel.

El satánico Maradona marcó el gol más ilegal de la historia, conocido como “la mano de Dios”, en el Mundial de México 86 contra la pérfida albión. La mano de la que yo os hablo estaba en el cuerpo de mi amigo “Chicky” y en el pub de macarras “SIMBA” de Leganés y a principios de los 90 (podéis ver su fachada en este falseo de mi corto. en el 1´ 12´´. Ya no existe el Pub). ¿Os acordáis de los antiguos tercios de Mahou roja, los de culo gordo? No eran los de Flandes pero se daban, con ellos, hostias como panes. La mano amiga me paró justo bajando yo a dar el golpe de gracia a ese tipo que, previamente, me había agredido (*).

A ver… usó sus 2 manos el Chicky, pero he dicho lo de la mano por la analogía con lo del drogata jurgolerdo. Y lo hizo por detrás ya que había olido la jugada de gol-peo (queridos niños, ni os imagináis la violencia real que había antes, cuando no había videojuegos y, por cierto, las salas de juegos recreativos donde estaban los ancestros de los putos videojuegos de ahora, eran lugares de cita para liarse a hostias y trapichear con drogas o ligar y comer pipas, que no todo era malo). El que no recibió mi botellazo era “El Pepe”, nada de Pepe, “El Pepe” y era bizco (como un personaje de la inmortal trilogía  madrileña :“La lucha por la vida” de don Pío Baroja), no tenía estrabismo como le dije yo un día a otro macarra, amigo suyo y mío,  que me dijo: “¿Qué El Pepe tiene qué…? El Pepe es bizco de toda la vida y punto”. Amén.

Seguramente  lo hubiera matado pues estaba tan drogado y borracho el notas que con el botellazo me lo cargo, fijo . Le da “una bajada de tal “ o “una subida de cual” y muere, porque estando tan drogado y borracho un cuerpo que recibe este impacto dice: ¡basta! Y yo iba a darle en la zona de la sien, para hacer daño, lo reconozco. Igual le hubiera quitado el estrabismo, quien sabe…

Como odio la violencia y lo único que hago en mi vida es usar la autodefensa, fue curioso el caso este de marras, porque hay veces que te vas a pegar y te para alguien, pero tú sabes que no te quieres pegar sino que buscas que te paren… ya me entendéis. Pero esta vez yo le iba a reventar la cocorota el tipo, tal cual y como si no hubiera mañana, y aparecieron las manos salvadoras. Por suerte para mí pues la vida del otro tampoco es que me importara demasiado, porque él se lo buscó (aunque luego fuimos coleguillas, no era mal tipo, pero sí muy analfabeto y eso nunca es buena señal, os lo aseguro pese a las excepciones que haya, como en toda regla).

La bronca es apta para todos los públicos: En las nocheviejas yo me mamaba en un sitio concreto y luego hacía alguna visita a locales donde había amigos. En este caso el local de amigos era el pub que digo, donde yo pasé tantísimos momentos y ya contaré historias de él ya… Llegué con mi pedo y un sombrero de hongo (de plástico, de cotillón, pero qué bien me quedaba… qué elegancia…) y al que casi le rompo la crisma, resulta que no le gustó mi sombrero – debido a un mal viaje de ácido, porque ya os reitero que me quedaba fenomenal el atrezo de cotillón barriobajero – y empezó a meterse conmigo y a intentar quitármelo. Obviamente, si tanto le molestaba mi jodido sombrero de bufón, pues se lo dejé. Pero qué va, la cosa no iba de ridículos sombreros, sino del mal viaje suyo que digo y de la violencia que le provocó (amén de que era un macarra de tomo y lomo 10 años mayor que yo, pero nos conocíamos de vista y había buen rollo). Literalmente el tipo tenía los ojos en sangre ese día, tal cual. Y no quiso ponerse mi sombrero que tanto le molestaba, y me lo volví a poner yo. ¡Qué bien me quedaba, os lo aseguro!

 Atrocho la discusión estúpida que provocó su colocón y digo que me agarró del cuello y empezó a estrangularme con una fuerza bastante jodida para mi salud. Tuve el cuello con un moratón unos días, con eso os lo digo todo. El caso es que cuando noté que me estaba matando, pues me rebelé y como debido a su colocón estaba tenso a tope el notas, pues era imposible zafarme de él. Le di un par de hostias en la cara y nada (además, estaba tan cerca y enganchado a mí que dar hostias así es inútil) y ya estaban los colegas aledaños intentando separarnos (bueno, separarle a él de mí, porque ya os digo que tenía mi cuello como apéndice unívoco a su mano, y encima se me cayó el sombrero de hongo con el ajetreo). Y cuando lograron separarnos y tras comprobar yo que mi traquea seguía siendo mía, pues más hostias y más separación de colegas. Un toma y daca pero en muy poco espacio.

Y en cuanto me dejaron en paz “los separadores”, como quiera que este tipo estaba como un toro enfurecido que venía a por mí pero no podía al estar sujeto por 4 o 5… pues agarré mi tercio de birra y a cascarle el melón; algo para mí muy normal en esos casos y esos años, no sé para vosotros. Bueno, ya sé que para vosotros, queridos niños, no es normal esto porque os habéis criado con los putos videojuegos que digo antes, con las pelis de superhéroes amariconados pero a la par chunguísimos… y no habéis dado una hostia en vuestra vida ni os la han dado. Vosotros hubierais salido corriendo o llamado a los maderos, fijo. Panda de maricones es lo que sois.

El Chicky y “El Pai” (iban siempre juntos y eran colegas míos de pub, nada más y nada menos, que no era poco y luego compartimos buenos momentos fuera de Madrid) me sacaron del pub, porque yo quería ejercer mi derecho a cascar la almendra de mi agresor. Y como ya amanecía nos fuimos a tomar los protocolarios churros con chocolate.

Al día siguiente volví al pub y un amigo –el dueño del garito y amigo de toda la vida del estrangulador – me dijo, literalmente: “Chamber, ¿qué haces aquí? El Pepe vino antes y me ha dicho que quiere matarte”. “Pues aquí estoy, que no sabe donde vivo”. El caso es que no vino (aunque reconozco que yo fui con un pincho, por si las flys…) pero a los pocos días nos encontramos en otro pub atestado de gente, tanta como la mayor hora punta del metro de Osaka era “El Bulevar” (a la sazón pub corrupto pues era oficialmente la cafetería de un Centro Cívico de rojos… y no pagaba impuesto alguno y fue construido con dinero público…. pero era explotado como negocio privado. ¡Pelotazo molón! Me he acordado del cabronazo que fue uno de mis mejores amigos durante varias décadas, que hace lo mismo , pero con la excusa del tenis y el padel… aquí lo podéis ver).

“El Pepe” me vio y yo a él. Y fuimos a encontrarnos. Y cuando cualquiera puede pensar que seguiríamos con la bronca… todo lo contrario. Me pidió perdón y que no recordaba nada de lo ocurrido, salvo que le habían contado que se había pegado conmigo en “El Simba” y me reiteraba su perdón “porque iba hasta arriba, Chámber” (ese es uno de mis motes). Y nada, que no tuve jamás mayor problema con él, sino todo lo contrario. Eso sí… no sé a qué vino eso que me dijo mi amigo y dueño del pub… pero es que este tío es un flipado de pelotas y no hay que hacerle mucho caso en estos casos (sigo con mis queridas cacofonías, sí) o tal vez “El Pepe” reculó con los días. Nunca se lo pregunté, me la sudó.

(*) sobre tercios pendencieros lo mejor que me han contado fue el dueño de un restaurante de Ciudad Real, que de veinteañero pululaba por Leganés y en el disco/pub “Lobo”, me dijo que estando soplando en la barra , un amigo le dijo: “¿quieres ver una pelea de bar? Pues mira”. Cogió un tercio y lo tiró hacia atrás, sin mirar, cual ramo de flores de novia recién casada… Y empezó la tremenda pelea de bar.

Os enlazo un buen tema, igual no tan bueno para los puristas de Loquillo… pero “borra si es que puedes mi sonrisa de la cara…” “huelo a pelea en el bar…” “contento de existir hoy…”.

2 comentarios para “ARTÍCULO- relato: Una mano amiga me libró de muchos años de cárcel.”

  1. Aulicus Says:

    Llámame lo que quieras, pero lo más cerca que yo he estado de una pelea en un bar fue en el pub Temple Bar de Dublín, hace muchos años. De noche y con el local hasta los topes, varios tiparracos bien rollizos que ya venían hasta las trancas empezaron a lanzarse botellazos de Whiskey. Las botellas las vi volando a mi lado y golpeando a gente que no tenía nada que ver en la reyerta. No sé si has estado alguna vez en Irlanda, pero allí los borrachos van deambulando a cualquier hora del día como si fueran zombis. Al principio pensé que se trataba de drogadictos, pero era por el alcohol. Raro es no verlos bebiendo de sus latas por la calle mientras andan perdidos. Pues eso, llámame lo que quieras pero yo brindo con Guinness.

  2. Aulicus, la violencia física es lo peor que hay en la vida. Yo he sentido esa impotencia que supone saber que te van a quitar la vida sin motivo alguno. El violento físico es un animal que no debería estar ni enjaulado, es decir: no debería existir. Pero a ver quien le pone el cascabel al gato. Yo se lo llevo poniendo 42 años, porque desde los 4 ya tengo recuerdos de toda mi vida que, por desgracia, es un contínuo deambular entre violentos.
    Mi “problema” es que yo nunca tengo miedo, pero sí tengo miedo al miedo que a mis seres queridos o a las víctimas inocentes de los violentos les genera la violencia. Pero que cada palo aguante su vela.
    En lo que a mí respecta, las peores sensaciones de mi vida (que ahora son cada vez más) son con los violentos. Algo tan frágil como un ser humano no debería estar tan expuesto a los psicópatas de su misma especie. Es espeluznante lo que son capaces de hacer la mayoría de humanos. Yo no me considero de esta especie animal. Por desgracia me toca bregar con ella hasta que deje esta nauseabunda dimensión en la que estoy ahora.

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