Cine. RAFAEL LÓPEZ: “El hombre que mato a Liberty Valance”

Tengo que anticiparles que un cuasiholgazán como yo, va a abusar, en esta ocasión, de dicho privilegio no realizando ninguna búsqueda en el ciberespacio digital, para contrastar nombres y datos técnicos. 

Les presento esta semana, en mi cita cinematográfica de los viernes una estupenda, y melancólica, película de John Ford “El hombre que mató a Liberty Valance”. Es una película del sesenta y tantos, en glorioso blanco y negro, protagonizada, en sus principales papeles, por John Wayne, Lee Marvin,  Vera Miles, Woody Stroode, Andy Devine y James Stewart. La historia gira en torno a un joven, e idealista, abogado que se dirige al oeste, y durante el trayecto, la diligencia en la que viaja, tiene un mal encuentro con unos bandoleros, a raíz del cual es terriblemente zaherido por el jefe de la banda, un tal Liberty Valance. A pesar de sus fuertes convicciones sobre que la ley debe estar por encima de la primitiva violencia del más fuerte, se verá, al final, en una encrucijada en la que no tendrá posibilidad alguna de defender dichos principios políticos, y éticos, en un tribunal de justicia, o en un parlamento, sino que deberá luchar, a lo bruto.

Por supuesto se narran muchísimas más cosas, pero para quien la haya visto veo innecesario aburrirles (prefiero que disfruten de su visionado, si tienen ocasión), y para los que no, ¡que mejor!, que descubrir, todos los matices, e intrahistorias, de esta obra de primerísimo nivel. Es más, si hay algún lector joven (de 20 a 30 años), que está leyendo este artículo, le emplazo a que vea está película (la haya visto con anterioridad, o no) y que deje escritas sus impresiones sobre la película y sobre él mismo, y que lo vuelva a hacer, después de seis lustros. Yo ya no tendré ocasión de conocer el resultado de esta prueba, pero confío que le pueda ser de alguna utilidad, porque cuando tenemos esa edad nos creemos que sabemos todo lo que necesitamos saber, que podemos con todo y que quienes nos quieren van a estar siempre a nuestro lado, y ninguna de las tres cosas son verdad. 

Cada vez que veo esta película me gusta más, y, cada vez, me produce un nivel de tristeza, y melancolía, mayor (debe ser cosa de los años). Y el motivo de esa nostalgia creo que es doble, uno personal y el otro ligado a la historia narrada por Ford que nos muestra a ese idealista abogado que, al final, se lo lleva todo, la chica, una carrera profesional de prestigio, una posición política de campanillas, en fin muchísimo más de lo que hubiera llegado a soñar. Pero hubo un punto de inflexión, una terrible encrucijada, para que todas esas cosas pudieran llegar a suceder, y fue, en ese momento, cuando el perdedor, Tom Donifan (o como se escriba), el personaje interpretado por Wayne, toma una devastadora elección al ser consciente de que, haga lo que haga, todo su proyecto vital se ha ido a hacer puñetas, porque la clave del mismo nunca lo podrá querer como él quisiera. Tengo la sensación de que Vera Miles, deslumbrada por ese joven, e idealista, abogado, que le enseño a leer abriéndola a un mundo de conocimiento y experiencias inimaginables, y que le dio un amor y una vida confortable, cuando vuelve, para dar sepultura a su amor de juventud, siente que con Wayne, a pesar de su rudeza y de una vida más sencilla, habría sido más feliz, porque, de los dos, es el que la quería de verdad. 

Esa flor de cactus sobre el ataúd, el revolver que Wayne ya no llevaba en su mortaja porque, desde aquel maldito día, le era innecesario, nos recuerdan que hay personas en la vida que nos han querido mucho, y han hecho, también, grandes sacrificios por nosotros, y que llega un día en que se nos van, dejándonos esa sensación de no haber pagado, tanto como merecían, su cariño, sabiduría y desvelos. Y piensas en ellos, y realizas una emocionada ofrenda, a su memoria, en forma de una “flor de cactus” evocadora, para decirles que les quieres muchísimo, para preguntarles, y aprender, mil cosas que despreciaste cuando podías, y recordarles que deseas volver a hacer juntos esas cosas cotidianas que tanto añoras, pero esa plegaria sólo te devuelve el despiadado eco de tus propios recuerdos. 

Flor de cactus de César Bakken Tristán. Fruto de su rescate de un cactus (tamaño DNI) atravesado por un pincho para sujetar un ridículo traje de Papa Noel. Quitó el pincho, plantó el cactus y así se ha puesto en 2 años.

Este maño otoñal, y regruñón, lamentablemente no ha sido capaz de encontrar un enlace, ni en versión original, ni doblada al español, donde ofrecerles la posibilidad de ver completa esta cinta, aunque podrán encontrar en Internet unos cuantos “cortes” para que “husmeen”, si les parece bien. Reniego de la habitual calificación de esta película como un ‘western’, porque, aunque esté ambientada en esa época, ambiente y lugar, dista, profundamente, en cuanto a su temática. Lo único que tiene de ese género cinematográfico son los fenomenales filetes de vaca, o buey (vete tú a saber), que sirven en el restaurante. 

Y, de despedida, les relatare dos escenas que me gustan, no muy especialmente porque hay tantas, y tan buenas, que es difícil decantarse, pero ahí van: la primera es bastante simpática, resulta que, después de la brutal paliza, llevan a James Stewart (hace el papel del abogado) a un restaurante, del pueblo más cercano del lugar donde había sido asaltado, para reanimarlo. El caso es que le van a dar café pero la dueña detiene a su hija y le echa un tanganazo de whisky fenomenal, entonces como el abogado es abstemio (igualíco que mi querido don Luys), toma un buen trago y todavía algo aturdido, por la tunda que llevaba, le dice a la dueña:

– ¿Es ésto café? 

Piadosamente, le responde la dueña, “sí, sí, beba” (“o tómeselo”, no recuerdo el literal) 

La otra es cuando, para el entierro de Wayne, vuelve el abogado con su esposa, al lugar donde se desarrolla la acción de la película, y pide al enterrador que le muestre el cadáver, y cuando lo ve, le dice con aire, y tono, áspero :

– ¿Y sus botas?

Como dice los “malditos”: En fin,

P.D.: como premio, por soportar mi vagancia, les compensare con no aburrirles con mis habituales comentarios político-sociales en mi cita “venusiana” con el cine. Además, desde mi última recomendación, ya he cargado demasiado la mano al respecto. 

18 comentarios para “Cine. RAFAEL LÓPEZ: “El hombre que mato a Liberty Valance””

  1. La vi anoche. Realmente no la había visto ni de pequeño cuando ponían este tipo de pelis en la puta tele.
    No me ha gustado, pero tampoco me ha disgustado. Podría hablar decenas de horas sobre esta peli, pero resumo a tope:
    1/ La producción, como siempre, colosal. Muchísimos más medios (pasta, vaya) de la que pueda sospechar el espectador que nunca ha estado detrás de las cámaras. Con esa producción la película debería haber tenido mucha mejor factura. Me jode mucho el empeño del director de fotogracía en los claroscuros y en el “efecto luminoso” es decir, forzar que los actores enciendan cerillas, candiles y etc. para mostrar lo bien que sabe iluminar el muy gilipollas, no te jode… forzando el guión para lucirse él (nunca mejor dicho lo de lucirse). Los directores de foto no saben ABSOLUTAMENTE NADA DE CINE.

    2/ El guión es todo en una peli. Es como una partitura para un músico. Leyendo el guión técnico y el literario, ya ves la peli. El guión de esta peli es malísimo pues abarca conceptos en demasía y no crea una trama buena, que son las que se centran en algo concreto. En 2 horas no puedes contar la Biblia.

    3/ Los actores protas, con casi ancianos, joder, e interpertan a personajes treintañeros. Esto ocurre casi siempre y es ridículo a más no poder.

    4/ El argumento central, que abre y cierra la peli, es la relación de amor entre la mujer del abogado (congresista) y John Wayne, no la chorrada del Liberty y el rollo político que se marcan para ensalzar la puta memocracia republicana yanqui. Por cierto PATÉTICA CENSURA FRANQUISTA, sonrojante a más no poder eliminando la secuencia de “la escuela” por el discurso republicano que dan. Por suerte yo veo las pelis en su versión íntegra.
    5/ James Steward es malísimo. Su único buen papel es en la colosal “El bazar de las sorpresas”, porque hace de lo que es él: un bobalicón zanquilargo. Por cierto, ahondando en lo que dije antes, al rodar esta peli tenía 55 tacos, (aunque aparenta más) y su personaje era un recién licenciado en Derecho… vamos, que tardó más en licenciarse que lo que debería haber tardado el hijo de puta de Pablo Cagado, si no llega a ser por su amiga Espe.

    6/ Es una muy buena comedia, pero le meten partes dramáticas, que es la escusa del mediocre para tener al espectador entre Pinto y Valdemoro y no saber hacer una comedia o un drama. La tragicomedia es algo muy vulgar. Los genios saben hacer reír en el drama y hacer llorar en la comedia, pero sin saltar de género.

    7/ Me siguen gustando las maneras de John Wayne, bruto como el sólo y tirando todo tipo de cosas solo con un movimiento de muñecas, codos pagados al body. Pero como personaje queda demasiado encasillado en “actuar siempre exactamente igual” es decir: ser él, no un personaje. De sus andares ya ni hablo…

    En definitiva, Don Rafael, una película que podría haber estado bien de no ser tan pretenciosa, con tan malísima dirección de casting y de actores, de foto y –por qué no decirlo – y un mal director, pues john Ford es el que debería manejar todos los parámetros, salvo la edición, que en esa época les estaba prohibido a los directores meterse en el montaje de la peli… que es lo esencial. Maldita industria del cine, cuando talento ha matado. Todo por la pasta. De hecho, ya te conté que Ford grababa con un estilo particulas de intentar solucionar cada secuencia con una sola toma por plano, para que el montador de la peli no tuviera más cojones que coger los planos elegidos por el director, pues no había más.

    • Rafael López Says:

      Gracias por tus comentarios César.

      Sin ánimo de polemizar, porque fundamentas, perfectamente, tu argumentación he de confesarte que prefiero ver a Wayne hacer de un tipo cinco lustros menos, que a cualquier otro en dicho papel, aunque su libro de familia esté más acorde. Son las cosas pasionales, ya sabes.

      Es cierto que se abordan tantas cosas que a ratos te descoloca, pero es lo que hay. No he nombrado esa secuencia pero cuando le pone la zancadilla Marvin a Stewart se ríe a mandíbula batiente, pero cuando se levanta Wayne la cosa cambia ¡y de qué manera!

      Tal como relataba en la presentación de todas las historias que se cuentan, es la del perdedor la que más perdura en mi memoria, como los buenos perfumenes (naturales o artificiales).

      Y en fin que ese cactus te debe tener en un altar por haberle salvado el pellejo, y en muestra de gratitud te regala esa bonita flor.

      Un abrazo,

      • Rafael, el cactus lleva echando flores una semana, más de 15. Y soportó la nevada de enero, hasta que la nieve sobrepasó el metro y medio en la terraza y lo metí al calor del hogar.
        Esa secuencia de la zancadilla es “trampa” precisamente por lo que dices de que Liberty deja de reír al ver a Wayne… pero ya lo estaba viendo desde que entró en el bar, o sea, no debería haber hecho lo que hizo si luego se achanta al ver a quien ya había visto. Son sutilezas de un mal guionista que yo hubiera resuelto, con el mismo efecto, pero con verosimilitud.

  2. Aulicus Says:

    Si se me permite meter una pequeñísima cuña, me parece lo propio que César comente en esta sección de cine, ya que de esa forma podemos tener una visión más completa de las obras. Ojalá que se anime a comentar más a menudo.

    Sobre el “pinículo” en cuestion (perdón por lo de “pinículo” pero ya no me puedo tomar en serio ninguna película a estas alturas) debo de haberla visto hace muchos años y suprimido de mi memoria. Lo que sí recuerdo es lo poco convincente que era el tal James Stewart en cualquier película de acción, que es un género que no le va nada. Ahí coincido con César (que mira que busco tocarle los cohones porque si no le voy a dar la razón en todo, pero “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”).

    Las pelis del Oeste me generan sentimientos encontrados: de una parte vergüenza ajena por la falta de rigor en todos los aspectos (vestuario, ambientación histórica, simpleza argumental, topicazos repetidos hasta la saciedad) y, por otra, una cierta ternura nostálgica por una época donde las gentes eran mucho más sencillas y, por tanto, podían darse por satisfechas con este tipo de entretenimiento.
    Luego están las semi-pelis del Oeste, como ésta, donde se intersectan salvajes y civilizados, que son un fracaso por intentar civilizar el cine del Oeste, es decir, por intentar dotar de solemnidad a lo intrascedente.

    Así que yo recuerde ahora, dos películas medio entretenidas del Oeste para mi gusto son: “El Tren de las 3:10” (que en realidad se llamaba 3:10 a Yuma en inglés) en su versión original de 1957 con Alan Ladd (no el remake con el cara-cartón ese australiano que hicieron muy posteriormente) y Wyatt Earp de Kevin Costner de Jesús.

    En fin, un abrazo a los dos valientes que han escrito antes que yo.

    • Rafael López Says:

      Querido Aulicus no era Alan Ladd, era Glenn Ford el que hizo esa película con Van Hefflin en el papel de granjero.

      • Aulicus Says:

        Fallo descomunal mío. Gracias por corregirme. Hablaba de memoria sin consultar. Los dos eran hombres menudos, eso sí.

    • Rafael López Says:

      Querido Aulicus, no era Alan Ladd el protagonista, era Glenn Ford acompañado en el papel de granjero por Van Hefflin.

      Un abrazo,

    • Aulicus, me has recordado lo peor que tiene esta peli (y casi todas, y no es culpa del director, preductor y etc. sino de los imbéciles que cambian el título original “por motivos comerciales”): el título original es: “el hombre que disparó a Liberty Walance” y los cretinos sumos a más no poder – les odio, al igual que odio la censura – lo tradujeron “Mató”. O sea… ¡que revientan toda la trama en el puto título adulterado!
      Respecto a pelis del Oeste… has de ver las de Sergio Leone, eso son obras de arte que no pecan, en absoluto, de lo que pecan los Western, y que tan bien has descrito.

  3. Llevo bastante tiempo sin verla. La pongo de nuevo en la lista de pendientes.

    Que don César “ataque” a John Ford me subleva, aunque supongo que tendrá buenas razones.

    Lo de que los actores sean ya mayores me da igual. Estos tipos, con la carrera que llevan detrás, tienen derecho a rodar, y destrozar si hace falta, lo que sea.

    Comentaba una vez con un amigo que Ford era un director que no desperdiciaba un solo plano. Recuerdo especialmente la “microhistoria” del principio de Centauros del desierto: cuando la cuñada acaricia la ropa del protagonista. Ahí está toda la película.

    En cuanto a la triste costumbre de destrozar los títulos de las películas al traducirlos, mi padre me hablaba de un caso que podía ostentar el “record mundial” de esta barbarie. Título original: My Man Godfrey. Título traducido: Al servicio de las damas.

    Queden ustedes con Dios.

  4. CARLOS esto que dices me ha llegado al alma: Título original: My Man Godfrey. Título traducido: Al servicio de las damas.
    Desde que mi parienta y yo vimos esa película, por la recomendación de don Rafael en estos lares, el apelativo “Godfrey” lo decimos a diario y soy yo el que hace del él, y encantado.

    • Rafael López Says:

      Bueno es saberlo “Godfrey” Bakken.

      • jajajaja. Así es Sr. López. En la casa de mi casero que pago a precio de oro y que ya sería nuestra de haberla comprado en vez de alquilado (quien imaginaba estar aquí ya 14 años…) me llaman Godfrey, y yo encantado. Pero qué pena haber gastado 150mi euros en una casa de mierda donde los caseros no arreglan ni las humedades. Mi vida es una puta mierda. No me reconozco. Es mala cosa no reconocerse a uno mismo.

      • Aulicus Says:

        César, ánimo que no estás solo. No sé siquiera cómo vine a dar a esta página, pero para mí significa haber descubierto que aún quedan personas en España que merecen la pena. Para mí ha sido bastante significativo, por eso estoy que no me despego de tu creación. En lo de las cuestiones personales, me apena que seas tan duro contigo mismo. A todo el mundo le está yendo mal estos días excepto a unos poquísimos. Incluso la gente adinerada se está cociendo en su propio caldo. ¿Qué te puedo decir, querido amigo? Creo que te sobra talento para vivir y eso es lo que hacemos. No te creas que los que se dedican a echar partiditas de Monopoly con su vida están mucho más felices. No caigas en su juego. Un abrazo.

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