ARTÍCULO – relato: Los picoletos, cuando no matan o torturan, humillan… o se bajan los pantacas.

Al hilo del artículo precedente, de Luys Coleto y el caso Almería, os comento unas experiencias personales con los picoletos, pero sin violencia y con finales felices, por suerte para mí, pues fui, soy y seré su víctima. Tuve suerte de que no me “confundieran” con un puto etarra o similar… una putada que la vida de los inocentes dependa de “la suerte” (y esto sirve igual para el otro bando de psicópatas, todavía peores que los cuerpos de seguridad del Estado, porque matan a víctimas que saben inocentes –niños incluidos – ¡y están en el Gobierno de Espena y varios Reinos de Taifas… este país… este país es nauseabundo).

Tengo muchas experiencias desagradables pero me ciño a 4 casos. Los 2 primeros, en Eivissa y en el mismo lugar: Restaurante “La Ponderosa”, junto al aeropuerto.

1/ Estaba cenando, solo, haciendo tiempo para coger mi vuelo a Madrid, en dicho restaurante, pequeño oasis culinario para evitar la atroz hostelería de los aeropuertos. Yo sentado en una mesa de la atestada y gran terraza, y desde fuera –tras una valla – 3 maromos sin uniforme se paran ante mí y uno de ellos me señala con el dedo. “Ya me van a tocar los cojones” – pensé – así que agarré mi tercio de birra para responder a la posible agresión. Llegan 2 de los 3, a toda prisa, en plan “madero de película” y dejo el tercio pues intuyo que son secretas. Se identifican y me gritan que me levante. “¡Manos sobre la mesa y piernas separadas!” Obviamente yo, cabreado y diciendo cosas del tipo: “¡Qué coño es esto! ¡de qué pollas vais!” Y uno de ellos me cachea como si estuviera apaleando a un pelele y, tras comprobar “que estoy limpio” el otro me pide el DNI y saca su asqueroso walkitalki y da mis datos “para comprobar que no soy el hijo de puta que esperaban que fuera y así poder masacrarme a su gusto”

Como podéis imaginar, todo dios callado y mirando con asombro la jugada. Y como sólo estoy fichado en Senegal y la vez que estuve detenido en una comisaria de maderos, en Madrid, no pusieron cargos porque la detención fue irrisoria, ya la contaré, ya… pues no pudieron hacerme nada y ni me explicaron qué coño pasaba para violar así mi intimidad personal y mis derechos. El poli malo (es cierto, se comportan siempre así) me mandaba callar. “Y una polla me voy a callar. ¡Por qué me habéis agredido si no he hecho nada!” Y como el poli bueno, tampoco decía nada explicativo, ni siquiera un “Perdón caballero, ha sido un error, disculpe” pues decidí no enfrentarme a ellos (habría coches patrulla cerca, fijo) pues perdería el avión a nada que se liara. Y mientras miraba al poli malo con asco, pero con un asco y desprecio que se percibió desde Formentera… (porque ya me han dicho como miro) le dije al otro que yo tenía un amigo picoleto que iba a pedir el traslado y Eivissa era uno de los destinos que tenía en mente (es verdad, era mi amigo, pero antes de hacerse militar y luego picolo, yo jamás tendré amistad con gente armada, ni del bando del Estado ni del otro). Y hablamos unos segundos hasta que se largaron a toda prisa, pues tendrían a otros “sospechosos de vete a saber qué” a los que agredir y humillar en público.

Si el hecho me pilla en otro lugar, sin prisa de aviones ni nada, la cosa no hubiera acabado así, por supuesto. Nos hubiéramos liado a hostias (perdería yo, obvio, pero hay cosas que no se pueden aguantar y los mariconazos que lo aguanten, me alegro por ellos). El caso es que al quedarme ya tranquilo… me entró un cabreo enorme, mezclado con vergüenza de que todo Dios me miraba de reojo. Cogí lo que me quedaba de bocata y el tercio y salí del bar a terminármelo debajo de un enorme ficus que conozco de sobra. Y a ver si alguien del bar me hubiera dicho que no podía irme con el tercio…

2/ En ese mismo sitio, tiempo después y estando también esperando para el vuelo, vi en los servicios esta enorme pintada:

«Vasco y liberado» será que estos anormales han cambiado el significado de las siglas de los asesinos que son: Patria vasca y libertad»

Y se lo comuniqué a los picoletos del aeropuerto, pues no se puede hacer apología de ETA y deberían haber ido a quitar la puta pintada y multar al bar… ¿y qué hicieron? Pues decirme que les daba igual, que si al del bar no le molestaba o lo denunciaba, ellos no podían hacer nada. Les dije un popurrí de insultos moderados, es decir, sin adjetivos malsonantes pero si cultismos peyorativos que, obviamente, ni entendieron. Y me fui a coger el avión. Estos son los picoletos… se la suda todo salvo proteger a los delincuentes y ser ellos mismos delincuentes (el penúltimo caso de que son narcotraficantes aquí )

3/ Muchos años antes, en Ciudad Real, ocurrió el hecho en el que 2 picolos se bajaron los pantalones ante mí y un amigo, ya lo narré en parte de un artículo y os lo copio, que os vais a reír de los del “Todo por la Patria”:

invierno de 2002. Carretera de Ciudad Real a Daimiel. Yo de copiloto en un SEAT Ibiza, matrícula de Logroño, destartalado. Con faros rotos y sin retrovisores laterales. Dentro íbamos sin cinturón de seguridad (de los de pantalón no recuerdo…), recién salidos de comer en un restaurante de carretera tras la ingesta de una botella de vino tinto y dos licores de yerbas. Nos paran 2 motoristas de la Guardia Civil. Mi amigo se echa a un lado. Nos piden la documentación del vehículo. El GC nos dice lo de faros y retrovisores y pregunta por qué no llevamos el cinturón. Mi amigo contesta que porque no nos gusta usarlo. “Bien, lo estamos arreglando”, pensé. Nos pide la documentación y, mientras el conductor le da su permiso de conducir, la busco en la guantera, donde no hay nada, salvo un fajín de uniforme de gala del Ejército, que mi amigo le entrega al GC diciéndole: “Sólo hay esto, ¿le sirve para algo?”. “Bien, cada vez lo arreglamos más” pienso. El GC, muy ufano, empieza con su “receta”, mientras su compañero pide información del coche por radio. Mientras el de la receta no para de apuntar, oigo como la radio de la moto dice que el coche está a nombre de Ricardo Ramos Alcaraz. El picoleto se lo dijo, inmediatamente, al de la libreta, el cual se cuadró (taconazo incluido) saludando militarmente ante la ventanilla del conductor. “Sí, el coche es de mi padre. Vamos a Las Tablas”. Responde mi amigo a 2 preguntas. “¿Quieren que les escoltemos?” , nos dice muy serio el de la anterior receta. “No hace falta, sabemos ir”. A regañadientes, aceptan los GC que vayamos sin su escolta, y se despiden no sin antes aconsejarnos que cuando podamos, arreglemos el coche y metamos en él los papeles del vehículo y el seguro.

Resulta que el dueño del coche era un teniente coronel de artillería, jubilado. El responsable de la “operación voladura” en el Aaiún y de la captura de varios etarras en México, entre otras muchas cosas. A los 2 años el destino me hizo amigo también de él, y navegamos juntos por Eivissa. Pero eso es otra historia…

4/ En Hediondo Puente de Bellacos vi una pintada que rebuznaba: “De Alsasua a Vallekas, hermanados” Algo así rebuznó un Putanero del Rayo Chabacano. ¡Y coño! habiendo pasado por ahí mil veces nunca me había fijado que eran dependencias de picoletos, concretamente de un puesto de Intervención de Armas. ¿Y por qué no me había fijado? Pues porque había un mástil sin bandera y una pequeñísima placa en la puerta, con el nombre del garito. “¡Ah! coño, por eso estos etarras han hecho aquí la pintada”. Escribí a la comandancia de Madrid de los picoletos, exigiendo que pusieran nuestra bandera (enseña nacional la llaman ellos) en dicho mástil, pues la ley les obliga a ello – a parte de la moral…¿pero qué tipo de Guardia Civil tenemos ahora que hasta repudian la bandera de España? – He aquí la respuesta que me dio el  Coronel Jefe de la Comandancia de Madrid, personalmente, y por la cual esos VAGOS Y MALEANTES picoletos que curraban ahí CON NUESTRO DINERO tuvieron que poner la bandera y quitarla al cerrar, pues estaba al alcance de cualquier zarpa guarra. ¡Por lo menos les hice currar unos minutos al día! Eso sí, luego este mismo de la carta cerró dicho garito y adiós a la única presencia picoleta en Hediondo Puente de Bellacos.

Una respuesta hasta “ARTÍCULO – relato: Los picoletos, cuando no matan o torturan, humillan… o se bajan los pantacas.”

  1. Rafael López Says:

    César, pensaba que hoy alcanzaríamos la cota de los 140.000 visitantes pero ésto está más parao que un cementerio de noche.

    Este Luys nos tiene fatigaos con sus espléndidos artículos anti-covidiotas, y tus recomendaciones metaleras no parecen tener el suficiente ritmo cómo para levantar los ánimos. Así que nada, nos tocará bregar a ti y a mi, en los comentarios, y confiar en la divina providencia.

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