ARTÍCULO: ¡Notición!

Acabo de no leer, en los mass mierda al uso, que ya no hay plandemia, que ya no me expolian, que ya no muere nadie de manera injusta y violenta, que ya no hay políticos sátrapas ni maderos esbirros. ¡Joder todo lo que ocurre cuando no se leen mass mierdas!

¿Os imagináis una vida en la que nadie te dicte cómo has de sufrirla? Una vida en la que vivir esté por encima de resistir y existir?

No se trata de hacer lo que el avestruz, sino de ser seres vivos (olé mi adorada cacofonía siempre presente). Lo que no existe no puede afectarnos. Yo no pegué a Rociito, por ejemplo… ¿por qué tengo que saber que un picoleto la maltrató?. Qué coño me importa a mí eso si el único coño al que tengo acceso – y deseo – es el de mi parienta. Qué pollas me importa la vida de los miles de millones de humanos si la única polla que me importa es la mía.

La vida es lo que sucede cuando das de lado a todo lo que no es parte de ella. A todo lo que te han adoctrinado para que sea tu vida y tú una mera parte partida de ella. Y no, precisamente, el que parte y reparte que se queda con la mejor parte; sino un trozo vil y mezquino que ni en un espejo quiere hallarse.

El notición es pasar desapercibido por este baño de lágrimas (ya no hay valles, todo es asfalto y cemento). Qué nadie recuerde tu nombre ni te llame por él. Como dijo Fersolio: «(…) y como era sordomuda, no tenía nombre» Vivir de perfil constante ante tanta afrenta frontal, ante tanto frontispicio ignominioso.

Hoy se me ha venido al melón una canción que cantaban los ultras del F.C. Barçalunya, cuando estaban a mi alrededor y yo era uno de ellos: «Força Baaaaaaaaaaarçá, Foooooorça Baaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaça… Boixos nois te animaraaaaaaaaaaaaaaaaaan, teeeee quereeeeeeemoooooooos, te aaaaaaaadoraaaaaaaaaaamooooooossss, por tí Barçaaaaaaaaaaa haaaaaaastaaaaaa el fiiiiiiiiiinaaaaaaaaaal. ¡Barça! (plas, plas, plas) ¡Barça! (plas, plas, plas).

Lo dicho. Hay que empecinarse en no leer. Es lo única manera se ser y estar. «To be or not to be».

6 respuestas hasta “ARTÍCULO: ¡Notición!”

  1. Unoquefue Says:

    «Aunque esto sea locura, hay no obstante método en ella», que dijo Chéspir.

    La lectura, mal orientada, puede ser fuente de quebrantos. La internez ha venido a substituir a la puta tele, pero aquella es mucho más peligrosa que ésta: no solamente es más ubicua, sino que además, por medio de los móviles, se ha convertido en compañera inseparable de gónadas. La gente antaño por muy alelada que andara no salía a la calle con su tele pegada a los huevos. Ese ruido que inundaba los hogares merced a la inquebrantable lealtad de las marujas se ha convertido en ruido digital, un inquisidor de nuevo cuño, inagotable e inexpugnable, que barre toda afrenta a su verdad con un tsunami de pseudonoticias.

    Los nombres, todos, son apodos. Los calés saben un rato de esto: a falta de uno tienen el que menos tres: el que figura en su carné, que es diferente al nombre por el que se conocen entre su familia amplia y a su verdadero nombre que es sólo conocido por los padres. Otros nombres inventados tienen todos los que se quieran y según la ocasión.

    Me ha encantado la declaración a la parienta.

  2. Anoche, más o menos a estas horas porque era de noche y yo no llevo reloj ni miro el móvil para ver al hora, pasé junto a cientos de gitanos «en retirada», es decir, acabando de hacer –supongo – una gloriosa cuchipanda al aire libre en la vía pública con las mejores vistas de Madrid (el parte de Las Tetas «cerro del tío Pío)». Iba yo, sempiterna birra en mano, por ahí para eludir la bronca de casa (odio discutir con mi parienta cuando hasta ella me da la razón… «pero hay que aguantarse», así que me piré a deambular por las tetas. Ese parque está formado por las escombreras causadas por los enormes edificios (de protección oficial… imagina el paisanaje) aledaños. Y yo ahí, hablando por el móvil con una amiga separrata (ella en Barcelona) perpetrando un plan par ir yo a Eivissa dentro del maletero de su coche…). Y a mi alrededor, cientos de gitanos, mesas camperas adyacentes y tó el percal. Y yo no podía parar de reírme según saltaba a los nenes gitanitos que pululaban por ahí a 4 y menos patas, en total libertad. Eso sí que es algo que envidio de esta raza, el buen uso de la libertad que hacen. Es libertinaje cuando viven en sociedad, pero bueno… libertad al fin y al cabo.

    • Unoquefue Says:

      Ellos forman una sociedad colectivista dentro de la nuestra y no te quepa duda de que la suya perdurará. Son nómadas y maestros del hurto, dos cualidades fundamentales para sobrevivir en tiempos de ruina. Ellos sí respetan y cuidan a sus mayores y, sobre todo, NO LEEN, ya que les basta con sus tradiciones orales. Ostis, César, nos cuentas cada historia personal que, en fin. Entroncando con tu artículo, ciertas cosas es mejor que no las lean ciertas personas sobre todo si las tienes cerca. Seguro que lo de Eivissa no es tan complicado. Ánimo.

  3. Pese a que no me conoces en persona, Aulicus. Ya intuirás, de sobra, que me suda la polla lo que «ciertas personas» sepan / lean de mí. Yo soy el mayor cabrón que conozco y, como tal, me regocijo en ello y no le tengo mi el más mínimo miedo a nadie ni a nada.

    • Unoquefue Says:

      Es una respuesta coherente, César, pero no hace falta ser tan destroyer. Como tu mismo admites, también eres mortal. No tener miedo a la muerte no implica lanzarse en sus brazos. Bueno, voy a echar un vistazo a tu siguiente artículo.

  4. No es ser «destroyer» sino coherente con la vida. Un dato curioso a este respecto te digo: cuando hice un reportaje fotográfico en Granada, quería hacerlo de madrugada y en el Sacromonte (ande los gitanos) con mi buen equipo de foto analógico. iba sólo, como siempre, porque no aguanto a casi nadie desde hace décadas. Y 1 alma caritativa me dijo que, entre semana (por el tema turisteo ausente) no era buena idea ir con eso (mi equipo fotográfico) por el Sacromonte yo sólo. «Que me iban a atracar» «Haz las fotos pero no enseñes la cámara». ¿Y sabes qué hice? Supongo que lo intuyes. Saqué mi trípode de 600 pavos. Puse la zapata en mi cámara de más de mil pavos (y valor emocional incalculable) y me paseé por el Sacromonte así, para que todos vieran lo que tenían que robar. Y no me robo nadie. Los «malos» saben quien es peor o, por lo menos, igual que ellos. Y, por lo tanto, te dejan tranquilo, pues tienen tantas víctimas inocentes…

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