Música. RAFAEL LÓPEZ: A nuestras Madres y Abuelas

Tengo el inmenso privilegio de compartir mi recomendación musical de hoy con don César Bakken Tristán. El catalizador de esta colaboración ha sido realizar un encendido, y emocionado, homenaje a nuestras Madres y Abuelas, grandísimas Mujeres cuyo legado vital, emocional y de sabiduría perdurará siempre en César y en mí. 

Nunca me ha asustado el negro sobre blanco, pero igual que es sencillo comentar una anécdota, un detalle,…, tantas cosas, me resulta imposible articular un texto digno de su memoria, y presencia, en nuestras vidas. 

Hace muchos años, aún estaba soltero, escuche a un jotero muy jovencico cantarle, una jota, a su Madre, y lo hizo con tal emoción, que se me saltaron las lágrimas. Hoy, al recordar esta vieja anécdota y las evocaciones que me trae esta recomendación, también. 

Esta remembranza personal me ha permitido encontrar la mejor manera de conciliar los tres temas musicales, de mis píldoras actuales, de tal manera que don César y yo elijamos un tema cada uno, y como clave que equilibre esta propuesta musical les dejo la letra de una jota, de gran sentimiento, que por desgracia no he encontrado cantada. 

Mi Madre cuando moría me dijo que no llorara que le cantara una jota y que nunca la olvidara. 

La canción que he elegido es “Algo se me fue contigo Madre”, compuesta por Manuel Alejandro y su esposa Ana Magdalena, e intensamente interpretada por la gran Rocío Jurado. 

APOSTILLA de César Bakken Tristán:

A petición de Don Rafael, añado una canción a este artículo (realmente 3, para seguir mi pauta y – por qué no – tocar los colondrillos a mi querido “antagonista” maño).

La primera, por el título. La inconmensurable María Callas interpretando el aria “la mamma morta” (de la ópera “Andrea Chénier”, de Giordano), como bienvenida a un tremendo tema que si bien se aleja del título, vuelve a él de manera alegórica. Por cierto, qué paradoja el apellido de la mejor soprano de la historia y cómo me emula aquella celebérrima frase del Rey Elefante (lo único bueno que ha hecho en su vida, salvo cuando las piche, que serán ya 2 cosas buenas): “¡Por qué no te callas!” Eso le diría yo al 95% de berreadores musicales actuales. Menos mal que tenemos soporte tecnológico para almacenaje y reproducción musical… que si todo tuviera que ser como no hace mucho: música en vivo; apañadicos estábamos y todos deberíamos ser no medio sordos, sino sordos por entero.

La segunda, Alberto Cortez en una de las mejores canciones de amor a los ascendientes, concretamente a su abuelo, y a la patria española. Cambiar de género no es para hacerle la cama al Señor López, ni a las zorras del Ministerio de Igualdad, sino porque yo concibo a mis ancestros como unidades parentales. Cuanto desalmado, que ni conoce a su padre y que odia el suelo que pisa (en este caso, España) debería ser obligado a escuchar este descomunal tema, hasta que lo repitiera de memoria. Tal vez así se activara en ellos algún tipo de sentimiento de amor hacia algo y hacia alguien. O, cuanto menos, de agradecimiento.

La tercera, de un autor sobre el cual prefiero no pronunciarme porque cuando no tienes nada bueno que decir de una persona, mejor quedarte con algo de su obra, en este caso este buen tema:

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