LUYS COLETO: La innegociable y alegre y spinozista pasión de la Libertad.

Los gerifaltes de la sinagoga ofrecieron a Spinoza una pensión de nueve mil florines si abandonaba Van den Ende y retornaba al judaísmo jasídico; pero Spinoza no transigió. El 27 de julio de 1656, la congregación de Talmud Torá de Ámsterdam formuló una orden de cherem (en hebreo: חרם, una suerte de ostracismo, prohibición, anatema, rechazo o expulsión) contra el genio.

Ética, un libro totalmente actual

Expatriado judío por los mismos hebros holandeses del XVII, Spinoza va desmontando -deconstrucción refinada y fiera – en toda la obra, Ethica ordine geométrico demonstrata, los conceptos religiosos, siempre tan afectados y aparentes: espíritu, milagro, pecado, infierno…Dios se trueca causa inmanente del mundo y se identifica con él. Actúa con absoluta necesidad, más allá del bien y del mal. No existe el alma, causa de la voluntad libre. Alma y cuerpo son la misma cosa desde dos puntos de vista diferentes: el pensamiento y la extensión. La misión del hombre es buscar el goce a través del conocimiento, alcanzar la beatitud a través de la razón, libertad mediante. Es la iluminación del amor dei.

A diferencia de Descartes, que consiente la razón moderna pero no la piensa aplicable a temas religiosos y políticos, Spinoza no (se) reconoce límite alguno. Los inconvenientes variados – la fe, la creencia, el cristianismo, la piedad, los milagros, la oración, el Estado, la democracia, la monarquía, el soberano, el príncipe – se hallan bajo el examen de una razón eficaz utilizada tan solo como instrumento de soberanía personal intransferible y de indomeñable libertad. No hay límites ni tabúes. Solo la alegría y el placer. Como expresa en una de sus frases más conocidas: “Ni reír ni llorar, sino comprender”.

La Ética de Spinoza es un libro complejo en su estructura, pero que transparenta una profunda sencillez. Spinoza trata de la salvación personal. El estilo y sistema del libro es, como Spinoza dice,” demostrada según el orden geométrico”, con prefacios, definiciones, axiomas y lemas. Estas son seguidas por proposiciones que pueden contener notas, demostraciones, corolarios y escolios. Se van utilizando también apéndices que contienen explicaciones complementarias. Este tipo de presentación emula los Elementos de Geometría de Euclides. Cinco son las partes que dividen el libro (De Dios; De la naturaleza y el origen del alma; Del origen de la naturaleza de las afecciones; De la servidumbre del hombre o de la fuerza de las afecciones; De la potencia del entendimiento o de la libertad del hombre).

Ejercer virtuosamente la libertad nos hace mejores…y eternos

Ninguna de estas partes es baladí. Todo el libro gira en torno al concepto de sustancia. Tres son las sustancias (Dios, pensamiento, extensión) para Spinoza. Mejor expresado, una Sustancia con tres ramificaciones distintas. A partir de ahí sigue la lógica del eudemonismo clásico. En la primera parte habla de la relación del Universo y Dios. La segunda, deudora de Descartes, reflexiona sobre los conceptos que definen el dualismo antropológico.

El fascinante concepto de conato define la tercera parte y cómo ciertas afecciones humana (alegres o tristes) persisten en su ser. La cuarta parte nos detalla como esas pasiones nos hacen mejores o peores. Y, por último, la quinta parte tratando el gran asunto de la libertad. Una libertad que aliada a la razón podemos ver las cosas, según Spinoza, como realmente son, sub species aeternitatis, “bajo el aspecto de la eternidad”.

La alegría venciendo a la tristeza

Las dos postreras partes de su tratado son un combate contra las pasiones tristes.  El deseo, la alegría y la tristeza vertebran todo el sentido. Mientras la alegría dota al ser de mayor perfección, la tristeza lo empequeñece. Spinoza enumera una serie de pasiones tristes de las que debemos huir si no queremos un ser mermado.

Alguna de estas pasiones tristes son las siguientes: el desprecio, el dolor, la melancolía, el horror, la envidia, la censura, la cólera, el arrepentimiento. En el extremo opuesto nos hallamos con las pasiones alegres, aquellas que aumentan el ser: la libertad, la gloria, la admiración, el amor, la devoción, la gratitud, el contento, el orgullo, la satisfacción interior.

Con estas pasiones alegres se aspira al amor hacia sí mismo, a la relación feliz y dichosa con el mundo que nos rodea, a tender a la expansión de la propia fuerza en un ejercicio desbordante de admiración a la vida. Avant la lettre, Spinoza rechaza las freudianas pulsiones de muerte. Contra uno mismo, contra el otro y contra el mundo. Se trata de ser (co)partícipe de la Naturaleza, de su Fuerza rebosante, de lo Divino. Participar de la Divinidad genera un sentimiento de beatitud y dicha plena.

Un ser que no ha de renunciar a nada. El hombre sabio que come y bebe con gusto, disfruta de la música, de los perfumes, de las pequeñeces cotidianas. La ética de Spinoza es, en definitiva, consecuencialista y nominalista, no prescriptiva, sino descriptiva. La virtud y el vicio (ausentes ambos conceptos en la obra del filósofo holandés) se vinculan con la utilidad. Bueno es lo que potencia mi ser. Malo es todo aquello que lo disminuye.

Spinoza lee mientras el mundo conspira

La virtud, nuestra única salvación

¿Cómo el hombre sometido a la necesidad puede recobrar la libertad? ¿No resulta cuanto menos algo antípoda? ¿Cómo el hombre sometido al Destino (a Dios, a la Naturaleza) se alza concluyentemente libre?

Este hombre dependiente de todo (y del Todo) se erige como un ser que sabe cuál es su lugar en el mundo. Con esta plena consciencia, asumiendo los exiguos escaques que le permite Dios (el Destino) jugar en el ajedrez de la Naturaleza, su ceñido filo de maniobra se amplía espectacularmente. Con su Razón, el hombre aprovecha las angosturas del camino. Se vuelve esencialmente virtuoso.

Obedecer las leyes de la naturaleza, vislumbrar y “conocer” a Dios, ejercer la connatural libertad, practicar la verdadera y buena religión significa ser moral, decoroso, ecuánime y venturoso. La beatitud no es ninguna recompensa, es la propia virtud. Es, sin duda, la manera de alcanzar la salvación. Nuestra propia e innegociable salvación. Libertad mediante. Qué decir en liberticidas tiempos de plandemia. En fin.

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