ARTÍCULO: Papá (Dios) Estado necesita nenes (feligreses).

Queridos niños, hasta que no tengáis la suerte de que el flautista de Hamelin se cruce en vuestra vida, viviréis sometidos a Papá Estado. Da igual los años que pasen: siempre será así, porque siempre – y digo siempre – seréis nenes para el Estado y vosotros mismos viviréis y pensaréis como tales. ¿Hay mayor nene que 1 covidiota?

When i was a child (cuando yo era niño) veía a los adultos como regidores del mundo y de la buena vida. Para un nene de un suburbio de Madrid (Leganés) los adultos eran algo a respetar y a tener en alta estima. Ellos eran los garantes de mi vida, de mi supuesta felicidad y de mi halagüeño futuro. Pero muy de chico empecé a sospechar que estaba en un total error, flagrante incluso, y que mi vida era algo que se desarrollaba no gracias a los adultos, sino PESE A LOS ADULTOS.

En el colegio me percaté de que había que estar todo lo lejos posible de los adultos, al igual que de adolescente entendí que había que vivir todo lo ajeno posible al Estado. Y mis primeras experiencias infantiles con los galenos, los matasanos, esos funcionarios sádicos de bata blanca, me enseñaron la cara más despiadada de los adultos. Será que nací con algún tipo de don o maldición, que me ha hecho no necesitar – ni desear – a nadie para facilitar ni desarrollar mi vida. Vivir es para mí el mayor acto de soledad al que puede aspirar un ser humano, sólo rota para compartir ciertos momentos y necesidades con otros semejantes, pero sin alterar la absoluta individualidad que somos, como entes únicos e irrepetibles sobre la Tierra.

Hasta la adolescencia yo era el típico nene que vagaba sólo por el mundo y que socializaba sólo para combatir necedades ajenas o para fomentar virtudes propias. Es decir: siempre que no he estado solo ha sido por causas ajenas a mi voluntad y anejas a mi obligación de, digamos, “justicia social” o “satisfacción de efímeros deseos mundanos que no podía satisfacer por mí mismo” (a colación de esto último: ¿realmente qué pueden hacer por sí mismos los seres humanos de ahora? Si hasta con un apagón eléctrico morirían en 2 días…)

Es por ello que jamás reconocí autoridad alguna, ni parental ni estatal. Un ejemplo estúpido son los cabreos de órdago que se pillaba mi viejo, conmigo, porque yo jamás quise practicar deporte en equipo. ¿Yo sometido a un adulto (vulgo entrenador) que me obligara a perseguir pelotitas? No, my friend. De eso nada, monada. Además, en esto del puto deporte yo tengo el agravante de que era bueno en muchos de ellos. ¡La de veces que me han dicho: métete en (tal equipo de básquet, jurgol, balonmano, natación, ciclismo, tenis…) cuando me han visto jugar, cosa que jamás hacía con ropa deportiva, por cierto! Es tan fácil practicar deporte, de verdad… a nada que tengas algo de psicomotricidad, y no seas una bola de sebo o un lisiado, ya está. Y ser deportista de élite, pues todavía más fácil, sólo has de practicar un deporte todos los días de tu vida, y punto.

El caso es que por muy libérrimo que seas, en algún momento toparás con Papá Estado, y tu vida se volverá un infierno. Antes de cumplir los 18, más o menos y con mucho talento innato y – casi – ignoto, puedes sortear la tiranía y estupidez de los adultos, pero al ser mayor de edad y empezar a interactuar con todas las soplapolleces burrocráticas que exige la vida adulta, ya no te escaparás, jamás de los jamases. Vivirás cogido por los cojones, de por vida.  Puedes elegir ser un paria, como elegí yo, no establecer vínculo alguno con la sociedad, más allá de lo imprescindible. Elegir no tener descendencia, ni propiedades, ni trabajo remunerado estable, ni ambiciones materiales, ni cuenta bancaria, ni y tantos “nis”. Pero cuando crees que, por fin, tu vida ya es absolutamente insignificante para el Estado, que eres ese “fracasado cuarentón” sin presente ni futuro, ese bulto sospechoso del que todos huyen como de la peste… aparece Papá Estado, dando un feroz golpe en la mesa y gritando: “¡TÚ TAMBIÉN ERES MI SOMETIDO Y MI OMNIPRESENCIA NO ADMITE DISIDENCIA ALGUNA!”.

Y aparece el globalismo, que torna a Papá Estado en nene y a él en Papá Estado Mundial, y no deja que nadie ni nada haga algo ajeno a su control.

Y como realmente el Planeta es demasiado grande para que nos controlen nos aglutinaron a todos en enormes ciudades, para que no estuviéramos dispersos por ahí, descontrolados. Hasta han hecho creer a los africanos que han de vivir en bastas ciudades occidentales. Y como eso no bastó, se inventaron el terrorismo internacional, para que nadie pueda viajar libremente. Y como eso no bastó, se inventaron la revolución tecnológica en telecomunicaciones. Y como esto no bastó se inventaron los motivos sanitarios de control de las masas. Y como esto no bastó se inventaron se inventaron el ocio y en entretenimiento. Y como esto no bastó se inventaron los mass mierda para implementar, las 24 horas del día, todo lo anterior, amén de 1 montonazo más de menoscabos de nuestra sempiterna libertad “por nuestro bien”.

Y hete aquí que con tantísimo control y tanto garante de nuestro bienestar… (casi) todos los adultos se tornaron niños, los niños sometidos que siempre fueron, y adoradores de Papá Estado y de Papá Estado Mundial. Empezaron a surgir funcionarios como setas, y subvencionados y etc. de parásitos que sin el Estado no podrían vivir. Los adultos se volvieron timoratos, pusilánimes incapaces de dar un solo paso sin firmar un documento, sin enseñar una identificación, sin recibir un sueldo, sin rellenar un formulario y etc. de esclavitudes humanas contemporáneas. Aceptaron perder su sempiterna libertad a cambio de la falsa seguridad de Papá Estado. Recuperaron sus ridículos trajes de comunión, en forma de trajes (uniformes, realmente) para ir al trabajo). Bajo esta premisa de infantilismo… ¿qué trato pueden tener los adultos con los niños de verdad, por edad? Pues el que veis y el que sufrís vosotros, mis queridos niños.

Y como aún con todas estas magistrales medidas seguíamos existiendo una minoría ajena a sus cárceles etéreas, se inventaron la PLANdemia y así, ya, por fin, todos emasculados como Dios (Estado) manda.  Y conocéis ese falaz axioma de que “los niños son muy crueles”… que en una sociedad infantilizada se ha hecho totalmente real, pues no ha existido población humana más cruel que los covidiotas. Y lo peor es que la mayoría ni se dan cuenta de su crueldad. Y lo requetepeor es que los gerifaltes que organizan Papa Estado Mundial, y sus nenes Papas Estados Nacionales, no son covidiotas, sino satánicos y/o psicópatas.

A modo de corolario, decir que la mayoría de adultos del orbe son nenes maltratados que no han conocido la vida en libertad y, por lo tanto, no saben que están siendo maltratados. Viven imbuídos en un miedo atroz e infantil, por el cual han cedido todos sus derechos, si es que alguna vez los gozaron. Y que los pocos adultos no infantilizados que quedamos, somos tratados como niños de orfelinato, expoliados de por vida hasta que venga una “familia” a adoptarnos y, por fin, poder vivir socializados en este mundo de hijos de puta, y volver a ponernos nuestro traje de comunión, varias tallas mayor al de aquel día que, todavía hoy, no entendemos por qué hicimos lo que hicimos y vestidos como gilipollas. Seguíamos órdenes de los adultos, todo cuadra, entonces.

“Señor, espero que en este día estés con nosotros y nos ayudes a hacer el bien. Roguemos al Señor”. Estas fueron mis palabras a un micrófono, en la Parroquia “Virgen Madre” de Leganés. La catequista nos obligó a idear una frase y decirla antes de recibir la hostia de la eucaristía (preámbulo a todas las hostias que nos iban a dar después en la vida). A mí me la redactó mi viejo, pues yo no tenía ningunas gracias que dar a ningún Dios, mi dios no me exige pleitesía ni estúpidos rituales mundanos y ya a los 9 años no reconocía a ningún Dios reconocido. Yo hice la comunión por los regalos.

Décadas después, en la sacristía de esa misma Parroquia, me echaron de malas maneras y me contuve de darle un par de hostias al párroco que un par de días antes había mancillado el nombre de mi madre fallecida, en una estúpida misa y perorata sonrojante y fascista católica; y fui a ajustarle cuentas. Y ante el mismo Cristo satánico (el crucificado), donde otrora dijera la estúpida frase, grité con mi potente voz: “¡Me cago en Dios, y en todos vosotros, beatos de mierda, hijos de puta que mantenéis este circo y a esta puta mierda que es la religión!” Los beatos (panchitos en su inmensa mayoría, como los que estaban ayudando a desvestirse al párroco en la sacristía) susurraban: “Por Dios… qué palabras” y mierdas así.

No, NOM, a mí tampoco tú me vas a someter. Porque tengo la mente limpia y preclara. El espíritu incólume. La moral intachable. Y los cojones enormes. Podrás someter a mi carcasa, pero jamás a mi esencia, a mi alma. En ella jamás entrarás, ni tú ni nadie que yo no quiera que entre. Yo vivo sin miedo y por eso soy incontrolable.

2 comentarios para “ARTÍCULO: Papá (Dios) Estado necesita nenes (feligreses).”

  1. Francisco Javier Says:

    Buenas tardes César:
    Coincidiendo en ocasiones, discrepando en otras; tus artículos
    siempre me hacen pensar y contemplar otras perspectivas.
    Gracias y buena tarde, César.
    Francisco Javier

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