LUYS COLETO: NO “vacunado”: bienvenido al odioso club de los chivos expiatorios.

No vacunado, lo dicho, bienvenido al desierto de lo real. Y, tal vez ahora, cuando la demencia del frenopático covid prosigue su imparable demencia intuyas que algo semejante al karma pudiese existir y te pones en la piel de gente que tal vez no te suscite excesiva simpatía. Se llama empatía, sin más. Hoy te toca a ti reconocerte en la execrable figura del ‘chivo expiatorio’, aquel que carga con las culpas. Estando presente, cual especie mutante, dependiendo de las circunstancias y el poder de turno, en varias culturas y en diferentes épocas: desde los griegos a la actualidad. Turbador avatar, apaciguamiento por catarsis de la enloquecida masa, el extraordinario documental ‘El Chivo’ te puede dar alguna pista.

El chivo con las flechas culpas de la chusma

¿Es el perro el mejor amigo del hombre? No, es el chivo expiatorio

El Chivo transita la historia de la Humanidad a través de algunos de sus más subrayados ‘chivos expiatorios’ o ‘cabezas de turco’ o, anglosajonamente, ´patsies`, mientras se interroga acerca de las claves psicológicas y neurológicas de esta antiquísima práctica que ha llevado a miles de inocentes a la muerte o el ostracismo. Porque eso era lo que se hacía con el ‘chivo expiatorio’, sacrificarlo para expiar los pecados del grupo o enviarlo a lo más remoto del desierto para que allí padeciera una agonía más lenta. Construyendo delirante y atroz mito, memento el ritual bíblico (Levítico 16): echándose a suertes sobre dos machos cabríos. Uno era sacrificado por el Sumo Sacerdote, para la expiación de los pecados de los israelitas; el otro era cargado con todas las culpas del pueblo judío “para enviarlo a Azazel al desierto”. ​Este último fue conocido como chivo expiatorio.…

Una narración relatada en el documental en la que se mezcla la pulsión por encontrar recurrentes y falsos culpables a los males que nos acechan, con la culpa y el vicio de acusar al prójimo. Y se descubre, mientras, el correlato evolutivo y cerebral de ‘costumbres’ como la lapidación, las ejecuciones públicas o los linchamientos. Con su consiguiente rebaño de ovejas: el sacrificio, pues. ¿Por qué es tan fácil de manipular este viejo instinto? ¿Cómo se sirven de él el poder o las plurales psicopatías? ¿Dónde se arraiga en definitiva el timo legendario? ¿Por qué apenas nadie se pone del lado de la injusta víctima?

Judíos, gitanos, homosexuales, inmigrantes, brujas, no vacunados…

El disparato esparcimiento de un rumor en internet y fuera de allí, la investigación histórica o el seguimiento de un ‘juicio mediático’ son algunos de los nucleares elementos narrativos del sobresaliente documental El Chivo.

De las más ancestrales sociedades primitivas a las medievales cazas de brujas (incluyendo brujos y chamanes); la persecución de los judíos, gitanos, homosexuales y/o inmigrantes; o inquietantes fenómenos como o el bullyng (recuerden a Jokin, el chaval del Instituto Talaia que se suicidó en Fuenterrabía: “prefiero la paz eterna al infierno cotidiano”) o el mobbing. De El Proceso de  Kafka al Yo acuso de Zola. Del caso de Dolores Vázquez a las brujas de Salem…

Dolores Vázquez nadie le pidió perdón

Lo dicho, no vacunado, perro de paja, bienvenido a este aciago club: sabrás lo que es el odio de la chusma que te rodea. Y, por supuesto, sin razón y sin motivo y sin venir a cuento. En fin.

Documental El chivo de Pepa G. Ramos

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