ARTÍCULO: la titulitis como forma de muerte, en Espena.

La titulitis, queridos niños, no es ninguna enfermedad como aparenta ser por su nombre, sino la obsesión del sistema por hacer de todo un negocio y de todos unos sometidos a sus negocios. Uno de los mayores errores que puede cometer un ser humano es la pretensión, de la cual deriva este axioma vital: “hay más lágrimas vertidas por los deseos concedidos que por los no concedidos”. El negocio radica en una ingente intraestructura “docente” y “académica”, pública (adoctrinadora) o privada (elitista / masónica) por la cual hemos de pasar todos, aunque sea en títulos menores de enseñanza obligatoria o un glosario interminable de cursos y másters no del Universo, sino del Inframundo.

La vida jamás ha de estar sometida al futuro, pues el futuro es una suma de presentes. Sólo con los pies en el suelo, sintiendo ese suelo y oteando a nuestro alrededor, podemos ver la vida. El resto son alucinaciones y anhelos artificiales provocados por los que sí que viven el presente al 100%, pero de manera espuria, es decir: los que se lucran con nuestro futuro, destrozando nuestro presente.

Yo he estudiado 3 carreras universitarias (4 años de Derecho, 1 mes de periodismo y la licenciatura completa de Ciencias Políticas) tengo el CAP en geografía e historia y unos cuantos estúpidos cursos del INEM y la ECAM. Jamás empecé ningún estudio con aspiraciones de nada, salvo de vivir el presente y, por supuesto, compaginarlos con el resto de mi vida – lo importante –, pues estudiar es parte de la vida, no la vida, como muchos confunden; al igual que el vulgo confunde trabajo con actividad remunerada y estudios con formación ex profeso para llegar a ese error / horror que es trabajar a cambio de dinero. De hecho, una explicación de que la hostelería sea terriblemente precaria en Espena, es que muchos de los que curran en ella sólo lo hacen por dinero y son, además, titulados… o sea, se junta el hambre con las ganas de comer. Trabajar en hostelería requiere cualificación y aptitudes – sobre todo – y actitudes. Lo que no necesita son enfermos de titulitis que sólo buscan ganar pasta y se amargan la vida, y la de los clientes, viendo que jamás podrán ejercer las profesiones que les prometieron los mercachifles del sistema educativo. Siempre hay excepciones a la regla, como soy yo mismo.

Centrándome en la noticia del mass mierda CozPópuli, sobre todos los camareros con titulación, os digo que yo fui cocinero en un enorme hotel de 4 estrellas de Eivissa, mientras estudiaba Políticas. Y tras licenciarme, fui tabernero, camarero, encargado de pub, preparador de caterings, gestor cultural en pubs y otras labores dentro de la hostelería (ampliadas con el mundo “cultural” pero dependientes del hostelero). Fueron, sin duda alguna, las etapas más felices y nutritivas de mi vida y los empleos remunerados que mas he disfrutado. Pero resulta que para el orbe es una deshonra trabajar en hostelería, un fracaso, una mediocridad inexcusable, sobre todo para los titulados. “Para camarero vale cualquiera”, dicen los cretinos que jamás lo han sido.

A ver… en las 3 carreras que estuve no conocí a (casi) nadie inteligente y válido a nivel cultural. Obviamente los docentes estaban forrados y con la vida resuelta a nivel de pasta, pero el entramado que se monta al rededor de una universidad y de sus salidas laborales es nauseabundo, es el fin de la vida porque es el ocaso de la libertad personal. Una vida mediatizada por completo a realizar una actividad profesional, con alguna aledaña, hasta la jubilación, y usando las artes pseudohumanas más mezquinas: nepotismo, trepas, traidores, despotismo, endogamia, meritocracia sexual y/o servil… De esta manera se pierde toda la perspectiva vital, nos anegamos y enfangamos nuestro intelecto en la mediocridad de la vulgaridad social más necia: vivir para ganar dinero y viceversa.

Qué va, la vida es otra cosa, las cadenas para los esclavos y la libertad para los que tenemos cojones de trabajar no solo a cambio de dinero; o de realizar trabajos ínfimos sólo a cambio de dinero.

PD: los más imbéciles de todos, los políticos, tienen todos títulos (comprados la mayoría). Si este botón no os sirve de muestra para lo que he expuesto, es que yo no soy calvorota.

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