ARTÍCULO: Yo viví el cambio climático. Existe.

El menda lerenda, en Santa Quiteria, hace 21 años. Espolón de galera terrena.

Fue hace 21 años, que se dice pronto (como la revista que lee mi abuela de 107 años), donde descubrí el cambio climático. Con 25 años cobré 200mil calas del paro, de una tacada porque 1 notas del INEM me hizo la ñapa de poder cobrarlo así y no a meses, y hui de Madrid (Take the money and run, momento Budyalen) para vivir en una pedanía del Parque Nacional de Cabañeros (Santa Quiteria), por 7.500 pelas al mes una puta mansión ruinosa, pero con chimenea y un terreno lleno de árboles frutales. Pleno campo, pulmón pleno, tanto que hasta volví a fumar. Mi lisiado aparato respiratorio ya permitía un par de ducados al día, era campo, era vida.

Eso sí fue cambio climático, hijos de puta, porque la ciudad mata, anula, disturba, enmudece, adoctrina, criminaliza… el CO2 es algo que sale de un tubo de escape a un metro de tu boca, como pasa en la ciudad. Punto. Si no estás a 1 metro de ese tubo de escape, el escape de gases no te merma.

Mi hipermnesia recuerda, como si fuera algo de hace 1 minuto, cuando pasó un coche por la calle de mi casa… ese olor a combustible, esa peste, pestilencia sublime. Hacía muchos días que no me topaba con un coche en marcha… Percibí, perfectamente, toda su contaminación en mi lisiado aparato respiratorio. Oí lo que olí, y lo grité. Y era un grito que decía: ¡NO!

No, a vivir entre tubos de escape.

No, a escapar sin tener.

No, a tener algo.

No, a algo.

No.

Y poco antes o después de mi cambio climático, en esa misma calle de TIERRA, percibí otro cambio, en este caso de geopolítica: un caza volando a unos 10 metros de mi melón. Resulta que en Cabañeros hacían prácticas militares para la puta guerra, en este caso la de “El golfo”. Le tiré una piedra al puto caza, cuando volvió con sus prácticas de vuelo rasante sobre zona poblada. Obviamente no le di, y si le hubiera dado, ¿qué más da? Pero sé que el pájaro de ferro estaba pilotado por un humano. Ese hombre (no creo que fuera mujer, pero podría ser, digamos: ese pilote) sé que bajó del aeroplano canijo. Fue a hacer su vida lejos del aire y tal… Bueno, a lo que voy: si a ese mortal me lo topo, conocerá que no es inmortal. Serían 1,2,3 segundos, no sé cuantos, para esas cosas hablar con Mayra (no mi exnovia mexicana y mestiza, Huerta Carranza, que conocí ese mismo año en Venecia; sino Gómez Kemp, la del infausto programa “1,2,3”, programa al que fui como público y su dictador – vulgo director – Ibáñez Serrador, me echó del plató, a la puta calle de un lugar que llevo viendo 14 años desde el agujero que habito en Hediondo Puente de Bellacos. Aquí está el clímax de mi cambio climático)

Me ha quedado un paréntesis muy largo , el último. No puedo acabar mi artículo con un paréntesis. Por eso sigo escribiendo y, sobre todo, para deciros que si hace 20 años fuera ahora, yo no hubiera vivido nada de lo que os acabo de contar, ni vosotros tampoco. ¿De verdad os sale a cuenta ser covidiotas?

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