Cine. LUYS COLETO: Brutal desolación: la familia Addams, plandémica y domesticada family eco-gay-friendly.

Los lances de Morticia ( camina como levitando, tal Lisa Marie en el prodigio burtoniano Mars Attacks!), Gómez, tío Fétido, Pugsley y Miércoles carecen de la sutileza y la mordacidad que se podían tasar sobradamente en los trazos ideados por el genial Charles Addams o la sesentera serie de la caja tonta. Incluso en las dos noventeras versiones cinematográficas hábilmente pergeñadas por Barry Sonnenfeld. Los Addams se nos volvieron políticamente correctos, correctísimos. Además de bastante tediosos.

gloriosa serie del 64

La familia Addams 2, la gran escapada: chusco

Un ejemplo a vuela teclado. Miércoles Addams (icónica y admiradísima Christina Ricci) lideraba gloriosa insurrección de frikis y marginados y raritos varios contra la así llamada (sub)normalidad y todos los fariseísmos, sinrazones e injusticias que ésta velaba, culminado todo ello con aquella memorable arenga que expresaba su negativa a “compartir el pan con los peregrinos”. La innegociable identidad freak, como nítido y corrosivo y necesario discurso antisistema, demolidas en las dos últimas versiones animadas (lo de ésta última es de traca: a peor, mucho peor). Demoliendo el feroz y feraz espíritu crítico y gamberrísimo del citado creador Charles Addams y, sobre todo, de la serie original, que a pesar de su aparente candor agitaba con fiereza y acre e inteligente humor las vigas maestras del perfecto (y muy falsario) sueño/pesadilla yanqui.

Animación dirigida de nuevo por Greg Tiernan y Conrad Vernon, La familia Addams 2, la gran escapada, relato dolorosamente domesticado, uñas paulatinamente desafiladas, melladas, romas. Narración que nos cuenta disparatadas vacaciones de chiflada familia americana cataratas del Niágara, Gran Cañón y otras típicas postales turísticas estadounidenses, hibridado todo ello con una difusa trama relacionada con una trama de robo/intercambio de bebés que afecta precisamente a nuestra, en su día, querida Miércoles.

Nos han robado a los Addams

Relato, también, aparentemente iniciático. Adolescentes, aborrescentes híper-ventilados, desaforados, que no encuentran su lugar en el mundo (como nadie mínimamente razonable lo puede encontrar). En ese sentido, la ruta de postalitas turísticas por todo Estados Unidos deviene una suerte de presuntamente ingenioso freno a su irreprimible furor hormonal. En cambio, cosas veredes, vuelta de tuerca, es la yaya, en esta ocasión, se dedica a organizar clandestinamente desmadres festivos en la ahora deshabitada mansión.

Pero veamos, necesario recordatorio. ¿Dónde se hallaba el insobornable genio de Los Addams? En la imposibilidad de conciliar dos estilos de vida —la familia nuclear norteamericana frente a un delirante hedonismo ácrata, de cambiantes pero poseedores de su propia y sólida lógica amorosa— se encontraba su grandeza. Una razonable coexistencia pacífica entre ambos y punto.

La cochambrosa mercancía averiada que ahora se nos vende, inicua traición, vil felonía. Imperativo mercantil o globalista, ambos tan machihembrados, las dos muy fallidas entregas de animación senderean por la “segura” trocha de la family eco-gay- friendly chachi molona. ¿El instante abisal, hadal mejor expresado? Cuando nuestra antaño amada Miércoles declara que no es “una friki, sino una fuerza de la naturaleza”. Sic. Y brota súbita e inextinguible melancolía. Cinematográfica y vital. En fin.

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