ARTÍCULO: memorable bronca tuve ayer por ir sin bozal.

Mi penúltima enorme bronca, por no llevar bozal, fue ayer. Como lo oís, queridos niños: tras 20 meses de PLANdemia todavía ocurren estas cosas. Sigo siendo la única persona que jamás ha tocado un bozal y hace vida “normal” , en Madrid, con toda la subnormalidad que podéis intuir que me sucede.  Hace mucho que tomé la precaución de ir sólo a comprar a 2 “súpermercaros”: un enorme Carrefuck y un Gastamenos (ellos lo llaman Ahorramás). Así minimizo las broncas, esas que me ocurren en todas las tiendas, y todas es demasiado para alguien como yo que al no (poder) ser agricultor, cazador, pescador… necesita comprar.

Covidiotas, sois agotadores, pero ni os imagináis cuanto. Eso sí, sois los mayores memócratas de la historia, pues si no fuera por vuestra puta y liberticida memocracia (gobierno de y para menos) tendríais que esconderos debajo de las piedras por culpa de vuestra psicopatía y de los que nos defendemos de ella, de vosotros, vaya.

En los súpermercaros de Hediondo soy más famoso que Messi, por la estupidez de ser el único que va por la vida a cara descubierta. Me duele la cara de ser tan guapo, por cierto.

Podría contar 1.001 anécdotas de estos 20 meses, de hecho ya he contado varias en este mismo BLOG cultural. La de ayer fue especialmente bonita, por lo inesperada, ya que en ese Gastamenos tanto clientes como empleados me conocen más que a ellos mismos. Pero, claro, siempre hay un gilipollas que quiere su minuto de satrapía a costa del débil. El problema es que el concepto de debilidad no lo tienen muy claro, deben de volver a examinarse de eso, pues les aprobaron por error.

Yo, que a veces no soy tan imbécil como parezco, sé que si 20 humanos caminando por la sierra, se topan con un lobo, no es buena idea empezar a tirarle piedras. La mayoría, queridos niños, no garantiza la impunidad ni muchísimo menos el éxito en una pelea. Vaya que no. Pero hay gente muy dura de melón, pese a que lo tengan hueco. Exoesqueleto a tope.

Ayer fue un pescadero (ese fracaso humano, ese error de la naturaleza, inversamente proporcional al virtuoso pescador) el que abrió la caja de Pandora gritándome – sí, esta gentuza tan inútil y chabacana, grita – :”¡Caballero, caballero!”, ya sabéis por qué. Como muchas otras veces, hice caso omiso, pero él erre que erre en su agresión verbal. Tuve que mirarle mientras me daban una jodida barra de trigo horneado. Le empecé a llamar “besugo” y otros nombres de animales muertos que despachaba y le avisé que como me percibo mujer, eso de gritarme “caballero” era una agresión de género y que si no me decía “dama, dama” su delito sería flagrante. No pilló mi sutileza y siguió a lo suyo: ser garante de que todo Dios vaya embozalado.

En el Gastamenos hay una costumbre muy molona de los oligofrénicos que curran allí, que son todos (yo fui reponedor y sé de lo que hablo): cuando hay un altercado salen todos a una para hostiar al “altercador”. Siempre me ha fascinado verlo, porque salen ahí unos 10 cachas con los brazos tatuados y unas 10 marujas venidas a más… y el pobre “altercador” se ve abrumado. Pero claro… cuando el notas soy yo, ahí la cosa cambia, máxime cuando ya he discutido con todos ellos, por separado y en grupo, por el mismo puto tema del jodido bozal covidiota.

Mientras yo ridiculizaba al inútil del pescadero agresivo, apareció un cachas de esos uniformado (van de amarillo y negro) que decía conocerme y que, por lo tanto, sabía que estoy exento de usar bozal.  Pero yo a él no le conocía (y no era sólo por su bozal, sino porque no me relaciono con empleados de supermercado, mi vida es mucho más interesante que eso. Y sí, estoy menospreciando a los obreros, por si no ha quedado claro).

Le dijo al pescadero que me dejara en paz porque, digamos para resumir: yo era legal. Pero claro, como el problema es un atroz virus que el Ministerio de Sanidad, y cualquier mente no ausente, dice que no existe, hay que tener cuidado… y a este cachitas le exigí que me dijera por qué yo podía pulular por el local sin bozal y ellos no. “¿Es que el virus a mí no me mata o qué?” “A ti no te he enseñado mi eximente, ni pienso hacerlo, porque si lo hago irías a la cárcel, por la ley de protección de datos, no te quiero joder así. ¿Por qué sabes que estoy exento y, por eso, no me sacas a hostias de aquí?”. Ahí ya el enano mental se quedó descuadrado. Con ese nunca había discutido, porque nunca olvido los ojos de alguien. Por mucho que os embozaleis os sigo reconociendo, covidiotas (aviso para navegantes). Resulta, obviamente, que “alguien” le había dicho que yo estoy exento de ser idiota. “¿Y por qué te fías tú de lo que te dicen los demás? Si vas con bozal deberías tomarte más en serio esto del virus y no dejar que cualquiera vaya por ahí sin bozal”.

Digamos que le estaba haciendo la picha un lío al pobre mentecato, sin olvidarme del pescadero, al que le seguía diciendo: “¡Gamba, mejillón, salmón!” y resto de animales muertos que he dicho. Y apareció un segurrata de 2 patas. Ahí ya empecé a ver el cielo, por fin se ponía la cosa en plan profesional, como me gusta a mí. A todos los seguratas de estos lugares les tengo disciplinados, pero este era nuevo y, claro, no me conocía. Y me sacaba una cabeza (de altura, no de inteligencia) y tenía como acento de Europa del este del oeste. Diversión garantizada.

Sin sacar la puta porra, empieza a mediar entre los 3 y se suma a los 2. Le recuerdo alguna ley que se están saltando por interpelarme y él se inventa otras tantas que me hacen tal gracia que no puedo dejar de reír mientras le digo que me indique en qué código legal están esas leyes. Claro, empiezo a ridiculizarle delante ya de más empleados que empiezan a venir como las moscas a la mierda, pero al revés (para el que no lo pille, quiero decir que ellos son la mierda) y el segurrata se ve tan bien rodeado que me suelta, tan tranquilo: “Gilipollas”.

Bueno, queridos niños. No hace falta que os lo diga, pero para los nuevos en este BLOG, os digo que es una funesta idea insultarme a la cara. Y, ojo, que soy un gran gilipollas y estoy loco… no me ofenden los insultos, pero son la excusa perfecta para disciplinar a la gentuza, a los ultraviolentos que tanto me gusta enfrentar. Se montó un buen pollo, vaya. No pude golpear a este segurrata de 2 patas, como merecía, es decir: físicamente. Porque si lo hago vienen unos esbirros con pistolas, que trabajan para mí y no se dan cuenta, y me llevan a un sitio con rejas y sin vistas al mar. Nunca he estado, sólo me han detenido en comisaría, y una vez en una de Senegal que es más exótico de contar, pero creo que no me molaría ese lugar.

Y no hay otra, queridos niños, no puedes defenderte de nadie, físicamente. Cuanto antes lo sepáis mejor, y así os ahorráis disgustos y frustraciones. Yo, que soy perro viejo en peleas, traté por todos los medios que tanto el segurrata de 2 patas como los empleados me golpearan, para así tener la legitimación (difusa pero algo es algo) de la legítima defensa y empezar a repartir mamporros como si no hubiera mañana. ¡Pero nada! Que ninguno me soltó una hostia. Y les llamé de todo. En un último intento, desesperado ya porque estaba ya en la caja para empezar a pagar, les grité:”¡Pero que es esto, coño, un nido de avispas!” (como van de amarillo y negro y me rodeaban más de 20…) Joder, pues nada, hasta una de las encargadas se rio, porque lo dije con gracia y lo pilló… y yo también me descojoné. La verdad es que no puedo evitar se un bufón y me encanta y hasta cuando me intentan apalear yo los veo como mi público y les hago unas gracias con más o menos ingenio. Y gratis, ojo, soy un altruista de la hostia.

Entre chiste y chiste, yo seguía insultando al segurrata y a un par de cachas tatuados, en plan: “Me cago en mi puta madre que tú me vas a llamar gilipollas, siendo yo un cliente, un paganini, que no está robando ni haciendo nada malo. Te voy a cortar el cuello…” Cosas así les decía, sobre todo al de la porra. Y nada, que no la sacaba. Y se pegaba a mí, y yo amagaba hostias, pero como no podía dárselas, pues mientras tanto seguía hablando con las nenas embozaladas que no cesaban de pedirme perdón. Hasta el de la porra me lo pidió, y claro, tuve que gritarle que yo no perdono y que se fuera de mi vista o le reventaba, tal cual. Y se fue, normal.

Y a una de las que me imploraban perdón continuo le dije: “¿Este vive aquí o qué? Ya le pillaré”, refiriéndome al timorato de la porra. “No lo sé, no sé donde vive…” me dice la rubia (no están mal las 2 “encargadas”, pese al bozal parece que están buenorras. Si estuviera soltero me las follaría, sin duda). “A ver, coño” le dije “ me refiero a que si vive debajo de esas latas de tomate (era lo que había más cerca)”. Ahí pilló la sutileza obvia de que yo quería decir: “Ya te pillaré porque en algún momento tendrás que salir del súper y no estarás con 20 avispas”.

Estuve tentado de soltar hostias, os lo juro por Arturo. Pero es que lo de las rejas que os he dicho… todavía si me llevaran a Alcatraz sí que lo haría, porque a parte de que tiene vistas al mar, es un buen lugar para fugarse.

4 respuestas hasta “ARTÍCULO: memorable bronca tuve ayer por ir sin bozal.”

  1. joseignacioh Says:

    Lo dicho, los «desgobiernos», las «autoridades sanitarias», las televisiones y demás «prensa» han convertido España en un pais de (entre otras cosas) histéricos y chivatos… !Pais! 😦

    • Por desgracia, esos que mentas sólo han fomentado lo que dices, no lo han creado. El espenol ya es así por naturaleza.

      • joseignacioh Says:

        Los «cerebros lavados» no quieren pensar. Si tu llevas «bozal» porque crees que te proteje del «bicho», que cojones te importa si tu vecino lleva o no lleva «bozal»?
        El «lavado de cerebro» a la plebe, ha sido y es DESCOMUNAL!

  2. ¿Crees que esa sensata reflexión que haces, la hacen los covidiotas? Ya sabes la respuesta.

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