RELATO: una historia de (no) amor.

(Texto totalmente prescindible. No es noticia, ni ensayo – lo más recurrente en mis artículos del BLOG – son una líneas literarias autobiográficas. A veces me gusta perderme en mi hipermnesia y escapar, por un rato, de la cruda realidad; y plasmarlo.

En este relato abordo el feo asunto de las relaciones de pareja dañinas y todo el mal que el hombre socializado le hace, precisamente, a la persona que dice querer, y por ende a la sociedad. Tremenda paradoja, tan real como la vida misma. Espero que estas líneas sirvan de algo a tanta persona maltratada por su pareja y a tanto ser humano maltratador.

La génesis de la violencia humana es la cobardía de vivir sin querer , simplemente, ser un hombre más sobre la Tierra)

Imaginad que estáis en una gran urbe, de un país con casi 50 millones de habitantes más varios millones de población flotante… y decidís ir a ver a una persona de la cual ya no sabes nada, ni por supuesto en qué parte del país (o el mundo) habita… y te la encuentras a la media hora.

Eso me ocurrió a mí, hace unos 14 años, en Madrid capital, con una exnovia: Lana Carbona (pseudónimo artístico). Preservo su identidad al no ser – que yo sepa – una sátrapa y/o expoliadora, y no ser esta, por lo tanto, una de mis historias de denuncia, sino una historia de (no) amor, fomentada por ver a diario varias de las fotos que me hizo – siendo novios – en la cabecera de mi BLOG; fotos que no se moverán de ahí, pues esa fue la génesis del mismo.

La tarde/noche del encuentro estaba yo en la sala cultural “La Dinamo” (realmente un bareto más, disfrazado de cultureta) con un grupo de gilipollas, otrora buenos amigos y colegas profesionales “artísticos” y decidí largarme de allí, tras hacer las gestiones que me llevaron a él, e irme, literalmente, a ver a Lana. Ellos se asombraron pues no sabían que yo había vuelto con ella, tras bastantes meses de la ruptura, y les dije que ni había vuelto ni sabía donde coño vivía ni qué hacía, pero que iba a verla en un rato. Esta chaladura no le extraña a nadie que me conozca bien, porque yo soy así y la vida me congratula haciendo realidad tamañas paranoias.

Caminé siguiendo “mi instinto eivissenco”, deambulando en la cegadora oscuridad alumbrada de Madrid, entre miles de personas, birra en mano, como me gusta a mí que no soy de bares pero sí de priva… y al llegar a la zona de La Latina, al lado de la Plaza de la Cebada, me detuve y giré mi testa a la izquierda hacia una tienda de productos “delicatesen” donde estaba ella, de espaldas, comprando. La esperé y su sorpresa me saludó, nada más verme. Yo no estaba sorprendido, porque estoy loco, pero sí que era para sorprenderse – y mucho – esa manera de toparse con alguien. “(…) Yo sigo haciendo anuncios de refrescos” – me dijo entre avergonzada y orgullosa, ahora explico el por qué. Y me ofreció acompañarla a su nueva casa de alquiler ( “900 euros me cuesta” – espetó sin yo preguntarle tamaña vulgaridad pecuniaria –“, precisamente el motivo de nuestra ruptura: su amor al dinero ), donde vivía sola y esperaba visita esa noche: “Es lo que tiene vivir sola, que tengo que hacer de anfitriona y hoy tengo cena con amigos”.

Yo no quería saber dónde ni de qué vivía, sino verla una vez más, ese era todo mi compromiso con el destino, esa noche. Y ella me dijo hasta el piso en el que habitaba. Parecía una velada invitación de: “Ya sabes donde vivo, ven a verme cuando quieras”. Invitación que yo jamás habría aceptado, porque si la mandé a tomar por el culo, estando totalmente colado por ella y habiendo planeado, los 2, casarnos y tener vástagos (*), fue por razones perentorias a tope. Y pese a estar yo “de flor en flor”, sin novia, ni atisbé la posibilidad de retomar el contacto con ella. Sólo quería verla una vez más, insisto. Y lo logré. Siempre consigo lo que quiero, pero como lo que anhelo es radicalmente opuesto a lo que busca la mayoría,  (casi) todos creen que no tengo ni consigo nada.

el portal de marras

Lo curioso es que ese fue nuestro penúltimo encuentro. Hubo otro casual de verdad, pues el anterior fue decisión mía, metafísica sí, pero un encuentro provocado por un curioso capricho. Fue al año, más o menos, en otra sala cultural (bareto cultureta, como sabéis) de Lavapiés, dando yo uno de mis espectáculos escénicos con la excusa de la poesía. Curiosamente un bar en la calle donde estaba un piso en el que pasamos bastantes noches juntos. Desde el escenario se veía la puerta de entrada, a unos 20 metros. En la calle se oiría mi chapa, pues los altavoces eran molones y la puerta estaba abierta. Yo dándole a mi retórica declamadora, cuando ella se postró bajo el dintel, en forma de oscuro contorno (era de noche) y empezó a saludarme, efusivamente, con la mano. Yo la invité a entrar, micro en mano, sin saber que era ella… hasta una milésima de segundo después, cuando identifiqué su inolvidable silueta y algo de luz tocó su cuerpo. En la sala estaba mi novia (actual parienta), pero como con Lana no pretendía lascivia alguna – ni con ninguna, al estar emparejado – la invité a pasar, de nuevo, y ella me contestó con un “no puedo” gestual, enseñándome bolsas de la compra. Y se fue para siempre. “God bless her and keep walking ” (“Tanta paz lleve como descanso deja” traducción libre, demasiado…) pensé, ya que aunque solo quiero – y sé – hablar español, a veces pienso – y digo – chorradas en inglés y Eivissec. En este caso, pensar eso fue premonitorio y ella sabrá identificarlo si lee estas líneas, walkabout…

Lo de los anuncios de refrescos es porque era publicista y hacía este tipo de cosas. El mayor logro de la empresa donde era Directora Creativa (un alto cargo muy bien remunerado) era tener en exclusiva las campañas de una conocidísima empresa de los mal llamados “refrescos”. Yo odio a los publicistas y a la publicidad. Explicarlo sería alargar mucho esta chapa. Por lo tanto, querer casarse con una publicista (y de alto rango) es un delirio que ni yo mismo, estando tan loco, puedo cometer. ¿Cómo, entonces, acabé ennoviado con alguien así? Muy sencillo: me mintió. Fue la primera de sus mentiras, de una lista tan larga que tiembla la paciencia.

Para alguien como yo, que jamás miente (ni a mí mismo, la mentira más común entre los homínidos) estar con una mentirosa compulsiva es algo que, tarde o temprano, provoca un estado de demolición anímica y emocional insuperables si se alarga en el tiempo y se adquieren obligaciones irrevocables. Imaginad si esta mujer se hubiera quedado embarazada de mí… mi vida, seguramente, hubiera acabado hace más de una década. Menos mal que ella era estéril, me alegro por mí, no por ella que quería ser madre a toda costa. Fue un “marabú” (brujo negrata de Senegal) quien hizo de ginecólogo y se lo dijo, con el infalible diagnóstico fundado en el método de tirar al suelo unas ramitas de árboles y leer en ellas nuestro pasado, presente y futuro. A mí me averiguó muchas cosas, desde mi futuro documental en el Sahara, hasta el cercano fallecimiento de mi madre… pero eso es otra historia.

Conocí a Lana en el infame – y carísimo – garito de Lavapiés “La recoba”, una de mis madrugadas donde esperaba la llegada de las 6,30h. de la mañana, para volver a Leganés en tren. Cuando no vivía en pisos compartidos, pues en Madrid capital sólo he vivido en pisos así, solía yo pernoctar en casas de amables doncellas amantes – muchas veces conocidas esa misma noche –  o de amigotes varios. Pero había ocasiones en las que o bien no me apetecía o bien no surgía, y tenía que volver a la chabola vertical familiar. En cuanto la vi entrar, junto a una chica y un soplapollas que era jefe o compañero de curro, me dio el flechazo. En ese nauseabundo antro abarrotado se hizo el silencio en mi mente, dejó de agredirme la puta música, los putos gritos, los indelebles roces, patadas y codazos involuntarios: ante mí se mostró un motivo para, de alguna manera, darle gracias a algún Dios por haberme traído a esta Dimensión.

Y como siempre hago, supe que esa tía sería mi novia (lo de pareja lo dejo para los progres y para los picoletos, yo siempre he tenido novias, amigas y/o amantes).Tras percatarme de que el soplapollas no estaba con ella, la entré y me la ligué con acuse de recibo. Nos intercambiamos teléfonos.

Pasaron varios meses cuando me sonó el móvil, tras terminar el rodaje de ese día de mi largometraje frustrado, pero terminado: “¿Quién eres? (el poder de la mentira)” aquí podéis ver el tráiler . Era ella. Yo jamás llamo a una titi por tlf. para ligar, pero sí les he pasado el mío a muchas, para que ellas lo hagan, como hizo esta. Mi locura siempre deja libre albedrío al destino, y eso no pasa por la tecnología.

Me alegré de su llamada. No me había olvidado de ella, pero no la eché en falta esos meses tras nuestro breve encuentro: no era nada en mi vida y, tal vez, nunca debió serlo, pero me alegro de haber estado con ella, al 100%.

Quedamos en reencontrarnos a los pocos días, precisamente en un evento artístico mío (proyección de unos cortos “made in Bakken”) en la infame sala de Lavapiés “Amargord” (un lugar de blanqueo de dinero farlopero a través de la edición de libros de poesía). Tras la proyección y mi rotundo éxito… como (casi) siempre no remunerado, nos fuimos en selecto grupo de borrachos, a tomarla por ese otrora bonito barrio y actual estercolero humano. Al cierre de los garitos la acompañé a su coche, que tenía aparcado precisamente frente a una antigua casa compartida donde viví 2 meses, años antes (he de escribir una novela sobre mis experiencias en este tipo de viviendas… de verdad que es imprescindible que conozcáis estos asuntos). Allí tuvimos relaciones sexuales por primera vez, pero sin follar.

el coche aparcado en el centro de la foto, frente al descampado

Con el tiempo, y los polvos, supe que el coche no era suyo, sino de su novio… pobre cornudo, pese a ser un tío de muchísima pasta (según me dijo ella) motivo por el cual ya nadie puede caerme bien… pero está feo vivir engañado/a por tu pareja. Pese a estar totalmente colado por ella, gestioné muy bien mis emociones y me limité a tener una relación sexual colosal con ella, pues a mi no me cuelan eso de que “todavía vivo con mi exnovio, porque no ha vencido el alquiler que pagamos juntos… es una casa enorme, casi ni coincidimos”. Nuestra primera cita oficial fue en Cuatro Caminos, de donde partimos en el coche del ciervo a Alcalá de Henares, lugar elegido por ella “porque allí no nos pueden ver conocidos”. Y aquí vino la mentira de su trabajo, cosa que yo jamás pregunto, pero ella se empeñó en decirme que era diseñadora gráfica y no directora creativa de una potente agencia de publicidad. De sobra sabía mi opinión sobre esta aterradora profesión. Curiosamente, esa noche caminamos junto a una pintada de pared donde estaban nuestros 2 nombres con un corazón en medio. Jaja, qué coñas nos ofrece la vida.

Estar conmigo, en esos años sin PLANdemias ni brutal control del NOM, era un deporte de alto riesgo, algo tan intenso que si no lo gestionas bien puede acabar con todos tus proyectos vitales, fruto de una educación adoctrinadora y satánicamente tendenciosa. Esta mujer “triunfadora” era reticente a nuestra relación, la cual iba creciendo inexorablemente porque, entre otras muchas cosas: “jamás he sentido por nadie lo que siento por ti”, me decía. Ella estaba enganchada, y no sólo a mi muy viril polla, mi jovial lascivia, mi preclaridad y mi sentido del humor;  sino a mi manera de ver, estar y elucubrar en el Mundo. Hasta se aferraba a mí por hechos tan pueriles como comprarse un abrigo de colores… “Desde que te conozco he vuelto a ver los colores de la vida”. Es por ello que dejó el lecho conyugal y, pese a seguir pagando su parte de alquiler, se fue a vivir a casas de amigos, en espera de encontrar una casa propia en alquiler; labor de la que me encargué yo, debido a mi bendito asueto continuo y mi denodado buen trato a mis amigos.

Esta mujer nunca estuvo saliendo conmigo, sino que me utilizó para romper con su relación económicamente cojonuda, de 4 años. Y lo peor es que no lo hizo a posta, he aquí lo grave de los abismos interiores de la psique. Me dijo que la relación más larga que había tenido fue en los 2 años que vivió en Irlanda, y que cortó ella “porque 2 años no es tanto y me dio igual dejar a mi novio, pero 4 sí que me cuesta”. Bonita manera de ver las relaciones de pareja, medirlas por el tiempo… Normal que cuando me reconoció que había vuelto con el novio y yo la insté a que le contara el (casi) año que había pasado conmigo “con el amor de su vida” y a ver qué opinaba él, me dijera: “No tengo por qué decirle nada”.

Y así va el mundo. Y no sólo es un problema de malos sentimientos, mentiras y autoengaños, sino cosas tan pragmáticas como “echar un buen polvo”. Me confesó que hacía meses que su novio no la tocaba y “me hizo prometer” que yo le haría el amor todos los días (cosa que para mí sólo requiere el matiz de: ¿cuántas veces al día?) Los asuntos de alcoba pesan más de lo que nos imaginamos. Somos seres sensitivos y si no se estimulan nuestros sentidos y dejamos que las hormonas fluyan, el cuerpo y la mente se atrofian.

El caso es que cuando abandonó el lecho conyugal me tomé en serio nuestra relación. Ahora ya podía llamarla mi novia. Follábamos como dioses sin paraíso, en pensiones madrileñas, en las casas que le prestaban, en las que me prestaban a mí, en hoteles fuera de Madrid (sólo nos dio tiempo a hacer 3 viajes: Aranjuez, Cabo Palos – con pernocta en Archena y en Hellín la noche de la tamborrada… otra historia muy merecedora de un relato mío – y Senegal) y en el coche del venado… porque realmente nunca cortó con él.

Recuerdo un polvo de coche especialmente molón. Aparcados en doble fila, en una rotonda de Leganés donde no se puede aparcar ni en primera fila. Ahí follando de madrugada en el asiento de atrás. Cada vez que yo subía (la postura del misionero son las únicas flexiones que me gustan) veía a un coche de maderos circundar la rotonda y mirar a ese coche en doble fila que se movía tanto… Dieron como 5 vueltas los esbirros del sistema, hasta que se percataron que sólo era alguien haciendo flexiones o follando en el asiento trasero de un Golf. Fue un curioso polvo ese, pero no el más significativo con esta chica, qué va. Eso fue en Senegal y os lo relato luego.

En una de mis estancias en el lupanar de 4 ruedas, me guardé la funda de un condón, a posta, para esperar la reacción de ella, pues se suponía que ya no tenía relación con el exnovio (novio real, pero “dándose un tiempo”). Eso sí, ella era muy amable al llevarme de madrugada a la chabola vertical de mis padres. Buscó desesperadamente la funda… hasta que se la di diciéndole algo así: “Qué higiénica eres con el coche, cualquiera diría que lo sigue conduciendo tu ex”.

La segunda mentira de Lana fue especialmente dolorosa. En los albores de nuestro idilio me preguntó que cuántos años le echaba. A mí eso me la sudaba, pues la única edad importante de la vida es estar vivo (Mafalda, te quiero). Pero ante su insistencia entré en la subasta, que concluyó en 28 años. Empecé en 20 pocos, porque aparentaba eso. Y estaba buenísima, joder qué buena estaba (aquí va su nombre de verdad, que es lo que digo cuando me acuerdo de ella, en esa época), tanto que mucha gente me lo decía. Una de las actrices que hicieron de “figurante” en mi peli – pese a que luego sí trabajamos como actriz principal en 1 corto – me dijo que se “enamoró” de mí al verme con esa novia tan preciosa (SIC). Claro, me la trajiné cuando corté con la otra (esta también tenía novio, por cierto… cuánto cornudo/a hay, ni os lo imagináis. El novio de esta la dejó sóla conmigo para irse a sobar a la casa donde vivía con ella… es que no se puede ser más gilipollas, si la tía ya en el garito donde estaba él, se metía en el baño de caballeros cada vez que iba yo a mear… El amigo en común que teníamos, me dijo, descojonado: “Bakken, procura no follarte a las novias de mis amigos”). Y antes de empezar con Lana, me lie con otra actriz secundaria de la peli en una noche memorable por motivos merecedores de otro relato. Qué noches más lujuriosas, libérrimas y sanas, cojones. Cuando el femirrojismo no tenía poder y la alegría desbordaba por cada poro de nuestra joven piel. Las arrugas son las marcas de las cadenas que llevamos en la vida, no del paso de los años.

Cuando dije: “28”, ella se plantó.  “Bueno” pensé “tengo 32, le saco 4, no está mal eso”. Yo pensaba así porque a mi edad no quería estar con tías mayores, ya que su instinto maternal se rebelaría y me pondrían en su aprieto muy serio, al no querer yo descendencia.  Por eso mi desolación cuando, al poco tiempo, me confesó que me había mentido en eso de la edad, lo cual yo no pregunté, insisto. Tenía 36 palos. O sea, en un segundo cumplió 8 años… menos mal que ya no celebraba yo los restaaños, sino me hubiera arruinado en regalos atrasados.

Malos cimientos para las relaciones humanas son las mentiras, vaya que sí. Aún así, seguí con ella. Era una etapa rara de mi vida, tras 2 años en Córdoba, intercalados con Eivissa (ya desde el 2000) ,una ruptura sentimental escalofriantemente traumática hasta para mí podéis verla aquí y un futuro laboral inexistente debido a mi forma de vida y al maltrato que la vida nos da a los moralmente íntegros, a los ácratas como yo. Por eso seguí en esta relación que cojeaba más que Cervantes… espera, que ese era manco, no cojo… bueno, no era ni manco , sino que se le quedó un brazo inmovilizado en Lepanto. Pero ya me entendéis.

La tercera mentira significativa fue un fin de semana en el que mis padres estarían fuera, y yo aprovecharía para estar con ella allí, como tantas veces he hecho desde los 16 años con amigos, amantes y novias. No pudo venir porque “tuvo que irse de viaje inesperado”. Se fue con el novio.

La cuarta mentira es exótica, porque fue en Senegal. Me la llevé de “foto fija” para mi documental allí cuyo tráiler podéis ver aquí y otro vídeo sobre él, aquí. Compartíamos gastos los 3 que fuimos, ojo que te la cojo, un desheredado como yo no puede pagarse ni 1 café, menos mal que no tomo café. Demasiado hice gastando, previamente, más de 2 mil pavos en mi peli.

Foto tomada por Lana, en Senegal

Pero como antes se pilla a un mentiroso que a un cojo, el novio de Lana le pilló… ¿cómo justificar un par de semanas en Senegal sin ser por curro? ¿vacaciones? ¿con quién? ¿por qué no con él ? Pensaría el cornudo… además que ya habían estado juntos de turismo en ese mismo país, jajajaja. La madre que me parió.  Durante la grabación del docu, el ánimo de ella decaía “cada vez que miraba el móvil”. Se sentía mal por el engaño a su forrado novio, al cual no quería pero cuyo dinero y mi carestía sí le animaban a no desvincularse de él. Una noche, en los confines del sur de Senegal, perdidos de la mano de Dios y Alá (allí hay mucho musulmán, un raro súper héroe) mi paciencia eclosionó al verla a ella más deprimida y cariacontecida que un pingüino en una sauna. Estábamos en una zona paradisíaca, junto al mar y animales salvajes y domésticos libérrimos, sin rastro de civilización humana, en un bungaló molón. Me confesó que era por lo de su exnovio, al que le sobraban las 2 primeras letras. Esa madrugada le demostré lo que era, y se lo dije al final de la demostración: “¿Ves lo qué eres? Eres sólo una puta”.

Esto vino a colación porque me la tiré 3 veces seguidas esa madrugada “que estaba tan depre” por haber hablado con el novio. Con tan sólo ponerme en modo sensual, activé su libido escandalosamente y le dejé claro que ella estaba sólo conmigo por motivos emocionales y sensitivos, no racionales, que eran los únicos motivos por los que estuvo y estaba con su novio (e intuyo que estará ahora con otro y habrá estado con otros por eso mismo. A una tía tan buenorra y con pasta no le faltan pretendientes. Una suerte para mí y una pena para ella. No es fácil que yo me quede perenne con una mujer, para nada es fácil. Y cómo me dijo la anterior ex, aferrándose a mí sollozante, el día que corté con ella: “¡no quiero perderme tu vida!”).

En este periodo, esta mujer hizo muchos y buenos trabajos gráficos para mí; concretamente los dosieres, diseño y maquetación de mi película (pues buscaba producción para hacerla de nuevo, con medios) y de nuestro documental en Senegal, para venderlo y prosperar en este sector corrupto, nepotista, necio y mafioso. Eso siempre se lo agradeceré… pese a que cuando me entregó la primera parte de todo este trabajo (a ella se lo imprimían gratis y en calidad máxima), yo se lo tiré al suelo, tras salir del coche de su novio.  Fue en 3 Cantos, donde estaba su empresa de entonces, y comimos juntos como otras veces allí. Me acercó al tren, pues ella tenía que seguir currando en los anuncios de refrescos. Y ya empezaron sus tribulaciones sobre el tema de marras… Así que tiré su trabajo al suelo y me subí al tren. Pero ella me alcanzó y metió todo el tocho al vagón, pidiéndome por favor que lo cogiera. Y lo hice. No en vano, me interesaba y odio que se pierda el trabajo bien hecho, pese a que quien lo hiciera fuera un ente perverso.  

Curiosamente, cuando me entregó la segunda parte del trabajo, lo de Senegal, ya estaba yo enrollado – nada que ver con una relación – con otra titi, en Parla, una rubia cachondona que conocí en un bar de pijos al lado de la casa de Lana (el Bonano) donde poco después me intentaron matar 5 inmigrantes, 2 traficantes de farlopa incluidos podéis verlo aquí. Y, cómo no, otra vez me mintió… ¡qué manía! Tuve que dejar la dulce compañía de la rubia parleña para quedar con ella y que me hiciera entrega de lo prometido… ¡y anuló la cita 5 minutos antes de llegar yo al centro de Madrid, para tal efecto! En fin… nada que me asombrara aunque, por supuesto, me cabreara.

Es una pena que la mayoría de la gente esté tan socializada como para maltratar a todo quisque. Y esto se sublima en la gente con pasta, como esta tía que quiso ser la madre de mis hijos. En el momento de dejarla ella tenía – que yo sepa – una casa propia en Cartagena, una casa rural familiar, varios pisos de su hermano y sus padres, una casa de alquiler en Madrid y un sueldazo. ¿De qué sirve todo esto, si no tenemos amor? Amor por alguien, por uno mismo, por la vida. El amor es algo que sucede ajeno al materialismo. Por eso sé, al 101% que esta mujer lleva 14 años frustrada a nivel sentimental, con un aumento patrimonial inversamente proporcional a su felicidad afectiva.

 “Tenemos que alimentar a los Bakkencitos” me decía en referencia a la familia que quería formar conmigo, siempre que yo le mostraba mi total desapego a las maneras de ganar dinero que tiene la gente, sobre todo “en mi sector creativo”. Y ella, más moscas oía tras sus bellas orejas, ante mi manera paupérrima de ver la vida.

Pero estaba enamorada de mí, y sobre todo de mi talento creativo, mi talante personal, y mi polla experta en orgasmos femeninos. Eso sí, su instinto maternal se desbordó conmigo, llevándola a una especie de malsana locura al decirme que quería tener mínimo 5 hijos conmigo… a su edad ese deseo era demencial. Lo de mi talento creativo y mis reflexiones filosóficas era algo que casi le obsesionaba. No se cansaba de escuchar mis chapas, me pedía más y más cuando yo le decía que por qué no me mandaba callar de una puta vez. Eso sí, su cuadriculada mente servil razonó que mi talento era fruto de que: “tú no estás contaminado. No ves la tele, no oyes la radio, no sigues nada de esta sociedad, por eso eres tan creativo”. Pero no era por eso… eso, querida Lana, era una consecuencia de mi talento, no su causa.

Cuanto más dinero tiene una persona, más infeliz es. Muchas ni se dan cuenta, pues se rodean de entes primarios que sólo persiguen el dinero, y les adornan los oídos y les nutren de gilipolleces vitales que se acaban enquistando y frustrando todo anhelo de felicidad. La peña se torna mediocre, predecible, tremendamente socializada. Y se retroalimentan… hasta que aparece un sueño, una bella entelequia como yo que desata la caja de Pandora a la inversa, es decir: saca a flote todo lo bueno y encierra, bajo llave, la desesperanza.

La vida no es eso que os empeñáis en vivir, panda de gilipollas mortalmente vivos.

Ganar dinero es el acto más burdo y contraproducente de la existencia humana. Ganar dinero es lo más fácil que hay, siempre que no se tengan anhelos de libertad, de moral, de alegría, de solidaridad, de camaradería… es todo lo contrario a lo que debería ser un hombre sobre la Tierra.

Precisamente para esta infeliz de Lana, que pudo ser feliz  mucho antes de conocerme si no se hubiera empeñado en seguir los designios del sistema y su rígida educación familiar (conocí a sus padres y a su hermano, otro pijo de la hostia), hice “un trabajo publicitario”. Comillas porque yo no curro para estos hijos de puta, ni para el resto, que son casi todos los que te pagan a cambio de tu trabajo. Pero ella, sabiendo y admirando mi talento creativo, me pasó un briefing (instrucciones) de una campaña de publicidad grande, para SEUR. Para que se lo hiciera, cuando tuviera tiempo. Se lo hice en 20 minutos: slogan, varias frases de campaña, textos amplios, ideas de logos y guion para spot. Un trabajo que a su empresa le costaba semanas y casi 10 empleados a tiempo completo… para hacerlo mal,  yo se lo hice en 20 minutos y PERFECTO. A su jefe (todos tienen un jefe, menos yo) le encantó y pese que se filtró que SEUR dio la campaña a otra agencia, pues lo hacen a dedo… al que mejor pague bajo mesa… usaron mis ideas para tratar con muchos clientes, a modo de enseñar su trabajo creativo tan bueno… mi trabajo. Por supuesto ella me quería pagar si hubieran ganado el concurso de campaña y yo no quería cobrar. Jamás he separado mi dinero del de mi novia, ni viceversa.  Otra cosa no, pero con el dinero esta chica no escatimaba. Era muy generosa y pagaba a sus trabajadores, como merecían, sin explotar a nadie.

Pero era una pobre alma, un ente sometido a sí mismo, a la dictadura de una sociedad malsana. Figuraos que desde 2005 llevo la uña del meñique izquierdo pintada de negro, como recuerdo, a modo de infinito luto, por mi mejor amigo y así, cuando alguien me pregunte por esa uña, poder hablarles de mi amigo y así que deje de estar tan muerto por un rato. Mi padre, al verla, me dijo: “¿eres maricón?” Está claro de quien NO he sacado mi sensibilidad.

La única vez que no la llevé pintada, fueron las horas en las que estuve con los padres de Lana, en la casa de veraneo que su hermano tiene en Cabo Palos. Tal era el miedo que le tenía a sus ascendientes, que no podía permitir que su padre (militar) me viera con una uña pintada.  Quizá fue mejor así, porque a mi padre no me quedan más cojones que aguantarle un poco, pero si el militar este de alto rango, me suelta lo de maricón, le despeño por la terraza. Luego me la pintó ella según se fueron. ¿Cómo se puede vivir con ese miedo a la propia familia? Fijaos que me presentó “como un amigo” y que luego “vendría una pareja de amigos a la casa”. Tenía 2 habitaciones el apartamento, a parte de unas gloriosas vistas al mar, a pie de acantilado. Antes de irnos tuvimos que deshacer las 2 camas del dormitorio que no desvirgamos “porque mi madre se dará cuenta de que aquí no ha dormido nadie, si no volvemos a hacer las camas a nuestra manera”. Con 36 o 37 años… comportarse así con sus padres es un síndrome que me niego a mentar, bastantes problemas me crea ya la sociedad como para preocuparme por estas cosas.

Corté con ella, definitivamente, frente a la estatua de la Diosa de la madre Tierra (vulgo Cibeles), volviendo de cenar de un bar de gilipollas perroflautas vegetarianas lesbianas (la llevé yo… eran unas conocidas mías, todos cometemos herrores, como esta hache), y me confesó que iba a volver con su novio… pero que no… pero que sí… ¡a la bin a la ban a la bin bon ban, el Bakken, el imbécil y nadie más!

Así que la mandé, definitivamente, a tomar por el culo. Me estaba, literalmente, volviendo loco. Me fui a tomar copas a la zona de Sol, a unos garitos de mierda que conocía de toda la vida, con más crápulas que flores en primavera. Y desde la desolación que me había creado esta degenerada, tuve que elegir entre pagarla con los crápulas violentos de esos lugares (era facilísimo pegarse en esos sitios, lo difícil era no hacerlo) o centrarme en ella, la culpable de todo esto. Y eso hice. Le puse por lo menos 2 decenas de SMS, exprofeso para hundirla, en legítima defensa. Y lo hice tan bien, que me dijo que tuvo que ir a un psicólogo. Y me recomendó que yo también debería ir.  Y me lo dijo “con la boca pequeña” porque en el fondo me respetaba y me temía… no por violento, sino por preclaro. Psicólogos a mí, que le di terapia al único al que he ido (amigo de un amigo) y tuve una novia psicóloga (mexicana para más señas) y tanto a ella como a sus compañeras de un máster post-licenciatura, les hice de psicólogo… y a los que me han mandado, obligatoriamente, este puto Estado comunista español y espenol, al ser yo un lisiado físico oficial, ídem de ídem (maldito protocolo sanitario de los matasanos). Todos acaban pidiéndome autógrafos.

Eso sí, al inicio de nuestro idilio le puse esa misma cantidad de SMS, pero de cortejo y esas polladas, poesía improvisada incluida. Eso sí que le gustó, y mucho… pero los últimos SMS fueron los que le ayudaron a ser persona. De nada, Lana.

PD: al día siguiente de cortar con ella, le mandé un enorme ramo de flores a su trabajo. Ante todo soy un caballero, no como el ponche ni como nos catalogan los maderos, segurratas de 2 patas y de más inteligentes asintomático; sino un caballero de verdad: atemporal , inteligente, cariñoso y gallardo. No como Gallardón (Alberto Ruíz) al que Lana calilficó de «todo un caballero» cuando se la quiso follar en una cena íntima de la Comunidad de Madrid, de 4 magnates en un restaurante privado de un edificio de la Gran Vía (hay toda una intravida dentro de la vida…). Gallardón acompañó a Lana al servicio y, situado tras ella, le susurróal oído: «¿Te estás aburriendo? Podemos irnos juntos a otro sitio». El pepero cabrón, ya siendo padre de familia numerosa… católico a tope… queriendo follarse a un pibón de 30 y pocos años, por estar vinculada a la Comunidad de Madrid que él presidía. Buen gusto con las mujeres si que tuvo esa noche, el cabrón. Y lo intentó en la siguiente ocasión que se vieron.

(*) Jamás he querido tener descendencia, por motivos tanto vitalistas como filosóficos, pero con 2 novias maternales a tope (una fue esta y la otra la mexicana), tuve durante unos minutos – no me duró más – el feroz deseo de tener hijos con ellas. Menos mal que los anticonceptivos, y la suerte, se pusieron de mi lado. Una tercera novia previa a las otras 2, me pidió que, en el futuro, muchos años después de ya no fuéramos pareja, quería volver a verme para que le hiciera un hijo, “porque quiero ser madre, pero sé que no puedo tener marido” (era una zorra y un pibón, pero por lo menos era sincera) “y quiero que el padre seas tú, porque me gusta tu físico y tu cabeza. Quiero que mi hijo tenga tus genes”. Curioso ofrecimiento /piropo que, por supuesto rechacé de inmediato. Traer vida a la Tierra es algo muy serio, cojones. Aquí podéis leer esta historia y algo más de esta relación.

4 respuestas hasta “RELATO: una historia de (no) amor.”

  1. Rafael López Says:

    Querido César, la devoción maldita y las inminentes carencias técnologicas para visitar el blog han coadyuvado para empaquetarme este relato, al que le sobra metraje por los cuatro costados ¡Redios!

    Si es que no voy a hacer carrera contigo.

    • Hay que ponerle 2 rombos, don Rafael, está más que claro…

      • Rafael López Says:

        Sinceramente, César, has tenido una muy feliz idea ¡qué tiempos!

        Hablando más en serio, engañar, confundir, fingir, mentir son aspectos del carácter humano muy populares en estos aciagos tiempos, pero ninguna obra buena puede hacerse con siniestros materiales (al menos eso es en lo que creo yo)

        Un abrazo, y tú relato me ha gustado bastante (a pesar de mi amable comentario).

        P.D.: continuamente se utilizan mal las palabras (no en tu caso porque entiendo el significado y la ironía que hay en ellas). El otro día leía un artículo, en un medio digital, donde narraba, bastante desafortunadamente a nivel gramatical, un crimen socialcomunista en la guerra civil. El caso era que una persona se escondía, por si acaso, en su casa, y cuando fueron a buscarlo salió de su escondite porque oyó la voz de un «amigo» suyo que era el cabo de la Guardia Civil que comandaba la siniestra partida checkista (yo pongo comillas intencionadamente). Y fue su «amigo» el que lo prendió acabando, poco después, con su asesinato tras muchas vejaciones, y penalidades (todo porque era católico, e imagino que, también, por los malquereres de la España profunda).

        Con «amigos» como ése desde luego no hace falta buscarse enemigos, pero la muy deficiente prosa del autor en ningún momento puso comillas para palabra tan noble, ni siquiera puntualizó con un «el que creía que era su amigo». Porque un amigo (con mayúscula ni te cuento) jamás podría cometer tamaña felonía.

        Te cuento esta anécdota porque lo de padre de familia y buen cristiano aplicado al funesto, y malnacido, Gallardón genera un rictus cuasi macabro, porque si fuera lo uno, o lo otro (los dos a la vez ni te cuento) jamás hubiera intentado cometer semejante pecado, y traición a lo que se autoproclamaba. Pero como es universalmente sabido, si los hipócritas, y mentirosos, espenoles volarán no veríamos la luz del sol.

        Mis felicitaciones porque el blog haya alcanzado las 200.000 visitas. Nivelazo de blog, y de quien lo parió.

  2. Ojalá la traición sólo pudiera definirse como se define: 1. f. Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.
    Pero es un sustantivo tan polisémico (pese a que no se haya definido en la puta RAE) que aterra. En el caso de esta mujer «Lana», aprendí muchísimo, pero no más que con otras anteriores (por suerte no posteriores, pues mi parienta no tiene nada que ver con estas zorras). Y en el caso de otros amigos íntimos , igual (de alguno de los cuales – al ser gerifaltes actuales en su «profesión» que no oficio – ya he publicado artículos / vídeos).
    Son meros enfermos, te lo aseguro, pues los he conocido muy bien. No te creas que, pese a mi promiscuidad colosal, me acuesto con cualquiera y menos me ennovio con cualquiera.
    Tiene tamaña chaladura en la cabeza, a partir de que ven que su primera y egoista mentira es aceptada y les reporta un beneficio… que ya no saben parar. Lo peor es que alguien tan perspicaz y preclaro como yo, no se deja engañar… y cuando creen que me están engañando, lo que hago es practicar un estudio práctico y real sobre la locura y la perversidad humanas.
    Por eso le doy las gracias tanto a estas zorras como a los psicópatas de mis amigos íntimos que te digo. Sin su maldad yo no sería tan bueno.
    Aún así, quiero (y sé) que me temen. Y eso es uno de los mayores halagos a lo que aspira un irredento «justiciero» como yo: ser temido por los malvados. Porque estos malvados saben que a las malas, soy capaz de… a todos ellos.
    La pena es que no tengo manera de hacerle llegar este artículo a «Lana» pues no retuve su contacto telemático ni telefónico. Pero, aún así, se lo he enviado a una dirección laboral en la que – espero – me hagan acuse de recibo. Pero dado lo cobarde, atrozmente cobarde, que es esta gentuza, no creo que me diga nada. Lo que tendría que decirme es algo así: «Gracias por enseñarme a ser mejor persona y mejor profesional, el tiempo que me soportaste. Pero no he cambiado, y como la misma cobarde que siempre fui, temo molestarte y que cuentes más cosas mías, que conoces perfectamente y puedes demostrar».
    No creo que te sorprenda que tanto Escarpa de Circo, como José Manuel Pastrana y Estela Castillo (por citarte 3 ejemplos conocidos en mi BLOG y Jewtube) me dijeron, más o menos, eso mismo que he entrecomillado.
    Son pobre gente, Don Rafael. Gentuza a la cual no les pasa un sólo día sin pensar en mí y arrepentirse de haber perdido a alguien como yo; y haberme encontrado, de nuevo, pero como enemigo acérrimo.

    Desde mi lado de la trinchera la vida se ve muy bonita, te lo aseguro. Estoy, espalda con espalda, con nuestro querido general yanqui que estando rodeado por el enemigo, y con sus tropas diezmadas, exclamó – al unísono conmigo – : «¡Ahora no se nos pueden escapar!» Y yo dejo la formación, en seguida, para tirarme al cuello de los que nos rodean.

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