Cine. LUYS COLETO y CÉSAR BAKKEN TRISTÁN: “Clifford, el gran perro rojo”.

Comparto, ex aequo, con Luys Coleto la crítica de la peli Clifford, el gran perro rojo”. Se empeño él… no leí su crítica al hacer la mía. Primero pondré la suya, que intuyo es positiva (la leeré tras la publicación de este artículo… para que no me influya en mi crítica absolutamente negativa).

Clifford, El gran perro rojo es el nombre de una serie de libros creada por Scholastic y de un programa televisivo basado en esta serie. La serie se trata de un perro gigante rojo llamado Clifford, y de las aventuras que vive junto a su dueña Emily Elizabeth. La serie fue transmitida en Discovery Kids en Latinoamérica y PBS Kidsy Amazon Prime Video en Estados Unidos del 2003- 2006.

Clifford, el gran perro rojo, nos recuerda el orgullo de ser raro y diferente. Por Luys Coleto.

Poderosa adaptación de la serie de libros infantiles creada por Norman Bridwell para la editorial Scholastic. Clifford, el gran perro rojo, película dirigida por Walt Becker (Alvin y las ardillas: Fiesta sobre ruedas) y con el guion de Jay Scherick (Baywatch: Los vigilantes de la playa), nos narra la historia de Emily Elizabeth (Darby Camp) una estudiante de secundaria que conoce a un cuidador de animales mágicos (John Cleese) que le obsequia con un enanito cachorro rojo.

Lo más importante en la vida: buena gente a tu alrededor

Pero tal cachorro, súbitamente, se agiganta. Tres metros, aproximadamente. Tal Godzilla, pues. Y  mientras su ajetreada madre (Sienna Guillory) se halla fuera por asuntos de negocios, Emily y su extravagante y alocado y vehemente tío Casey (Jack Whitehall) se embarcan en una aventura que recorre, “mordiendo”, la Gran Manzana neoyorquina. Central Park, clave.

Clifford, el encarnado y simpático chucho, enseñará al mundo cómo amar a lo grande, nunca mejor dicho. A sentirse orgulloso de las diferencias, también a lo grande, entretenida comedia mediante. Clifford mide tres metros, lo dicho, pero nos acaba mostrando que ser diferente no importa, al contrario más bien, y que lo importante es tener buena gente que pulule a tu alrededor, empeño tan arduo, diríase casi imposible. Clifford, fausta argamasa de gente muy distinta: buen mensaje (prenavideño) de amistad y de aceptación hacia la peña realmente distinta.

Como Larita Vida cuando duerme dibujo rápido

Ingeniería genética, NO: ET y Frankenweenie

Clifford, el gran perro rojo, en definitiva, dos almas perdidas y errantes (Emily y Clifford) buscando razonable lugar en el mundo y sólida familia. Elogio de las beneméritas rarezas, «grandes y fuertes», la cinta nos regala momentos memorables. A saber. Clifford y su «bautismo». O Clifford encorajinado con una paloma. O los inolvidables Owen, un chavea chino, y un despistado chucho carlino, fieles acompañantes de nuestro entrañable trío de la bencina.

Amable historia, Clifford, entre Okja y las dos geniales entregas de Paddington. Y todo el metraje recordándonos dueto de colosales clásicos de «raros»: E.T., de Spielberg y Frankenweenie, de Tim Burton. Dos inmarcesibles  pelis, en nuestro caso, para dar poderosa cera a la siniestra industria de la ingeniería genéticaLyfepro, diana. En fin.

Crítica de César Bakken Tristán:

¿Por qué, John Cleese? En el ocaso de tu vida, en esta Dimensión, destrozar toda tu carrera por culpa de un perrazo? Este genial actor, archiconocido sobre todo por ser miembro de los incomparables Monty Python, es el narrador y personaje secundario hilo conductor de esta peli.

Cualquiera que vea el tráiler, salvo Don Luys, no sería capaz de ver esta peli. Yo sí lo he sido, porque tengo muchas tragaderas y porque nobleza obligaba a la petición de mi gran amigo (Don Rafael… nunca olvide usted “Pieles” y sea indulgente conmigo, que yo no quería ver esta, de verdad. La otra no la vi, se lo juro). Les endoso mi crítica para que hagan el favor de no ver la peli:

Un cachorro abandonado se convierte en un Mamut perruno porque le cae una lágrima de su futura dueña (nena ñoña insoportable de 12 años) que, harta de estar puteada y ninguneada en el cole, le dice esto al perro: “ojalá fuéramos grandes y fuertes. El mundo no podría dañarnos” (en el trailer está mal traducido y dicen: olajá fueras grande y fuerte y nadie pudiera hacerte daño). Esto sucede en el minuto 26. Antes, la peli era un coñazo pero con expectativas de no ser insoportable.

El mamut perruno hace cosas de cachorro, pero con ese tamaño pues… yo qué sé… ¿resulta gracioso? No sé… mea en un árbol y empapa a los protas, llena de babas a todo quisque, destroza todo (mucho más que meter a un elefante en una cacharrería) y hasta hace que la prota se pegue a su ojete, subiendo a un perro de tamaño normal para que lo huela.

Sin colmillos y trompa, ese es el perrazo.

Bueno, para darle emoción hay un gran laboratorio de experimentos genéticos con ovejas que quiere trincar al perro para no sé qué pollas de experimento malvadísimo, qué ríete tú del KOBIZ. Los maderos se pasan una hora de peli sin aparecer en pantalla, al más puro estilo maderos espenoles con los inmigrantes ilegales y resto de delincuentes de Espena… total, ¿qué problema hay brother? Take it easy… Pero cuando el malvado del laboratorio les soborna, van a la caza del perrazo. Lo cazan. Los buenos lo liberan. El perro se queda como mascota. Sí, aceptamos Mamut como animal de compañía.

Les pido perdón por hablarles de esta peli, pero todo tiene un lado bueno. En mi caso veo en este perrazo y sus absurdas e intrascendentes andanzas una metáfora con los perros urbanos que destrozan la vida de toda la peña mientras sus amos se ríen.

No sé qué más decir, de verdad, no la vean. Se lo repito. No hagan caso a lo que les haya dicho Don Luys. Ahora leeré su crítica, la que ya han leído ustedes. Sí, por primera vez llamo a mis lectores de usted, la ocasión la merece…

Qué listo fue el Señor Coleto al no mandarme el enlace de esta peli antes de nuestro último encuentro físico… pero me vengaré. Seré cruel, tal vez en demasía. Don Luys, si está leyendo esto recuerde a Richard Harris en “Un hombre llamado caballo” Sí… precisamente esa secuencia que está usted pensando, parecida a lo que don Rafael le suele decir de los pulgares… pero más a mi estilo… jajajjaajajajajajaja

2 respuestas hasta “Cine. LUYS COLETO y CÉSAR BAKKEN TRISTÁN: “Clifford, el gran perro rojo”.”

  1. Rafael López Says:

    Cómo mis queridos Compañeros me conocen bastante bien, ahorraré innecesarias explicaciones.

    Estaba recuperando atrasados (sólo a efectos temporales, jamás en cuanto a su vigencia) materiales de ese par de serendipias, muy humanas, con quien comparto espacio virtual, cuando me encuentro con esta gominola de artículo, escrito ex aequo, y me he lanzado hacia él, como un toro a un trapo rojo (es de sobra conocido que el color del percal no tiene ninguna relevancia, ya que los toros embisten a lo que se mueve), porque me brinda una oportunidad, cuasi, única para desquitarme, un poco, de Ellos.

    Antes de formar parte de este triunvirato, sólo maldito por mi presencia, don Luys y yo realizábamos una controversia dominical con un gran despliegue de medios tecnológicos, (votación telemática y presentación de campanillas) que trataban de compensar la pertinaz verborrea académica de mi rival. Éste Luys siempre diciendo palabros raros y citando a tíos estrafalarios, o que llevan criando malvas desde antes de que San Pedro fuese en sandalias por esos mundos de Dios.

    He sido bastante tímido la práctica totalidad de mi vida, pero desde que me enrole en esta estarranclada balsa de náufragos tengo menos vergüenza que un gato en un día de matanza (sublime cita de ese manchego capitán de navío). La cuestión es que les voy a contar un secreto (más importante que los de Estado, por supuesto), pero antes realizaré una pequeña remembranza (la ocasión lo merece, y las fechas aún más) sobre la significancia de un día de matanza (matapuerco en mi tierra) en esa rural, y genuina, España profunda (lo único vaciado en España son las seseras de tanto malnacido que réplica, bobaliconamente, semejante majadería). Ése día era uno de los más importantes del año, se trabajaba muy duro (aunque a éso ya estaban familiarizados) para matar, y arreglar, a ese noble animal, en lo que suponía la preparación del principal aporte cárnico, de las familias, para todo el año. Pero también se bebía, y comía, con una generosidad sobresaliente respecto de las austeridades alimenticias diarias. Las mujeres, especialmente, se daban una paliza tremenda para limpiar las tripas del cerdo y preparar el mondongo (morcillas, longanizas, chorizos, güeña, etc); se salaban el espinazo, las manos, la careta, el rabo, los orejiles, se colgaban las insundias, se les ponía la sal a los jamones y se limpiaba, y fregaba, a lo bestia entre una infinidad de labores más. Pero todo ese esfuerzo se simultaneaba con estimulantes tentempiés, por las mañanas, unas copicas de mistela, anís o coñac acompañadas de las míticas galletas de matapuerco, y el resto de la larga jornada con las poderosas, y nutritivas, recetas con partes, y preparaciones, del animal sacrificado.

    No me voy a disculpar por recordar esas realidades, que ya parecen de otra época, porque lo vergonzoso es la áspera cotidianidad que nos pringa con sus mediocridades y degeneración. El secreto que mencionaba antes resulta ser que exultante por mis victorias, en dichas controversias contra don Luys, propuse a mis benditos antagonistas crear, en este blog, una controversia entre nosotros tres, en la que el tercero en discordia, rotativamente, dilucidara la opción campeona (por supuesto sin chorradas de votos telepáticos, ni mariconadas de esas, ¡aquí se hacen las cosas a lo puro macho!). La propuesta no fructifico, pero esta crítica cinematográfica compartida, de don César y don Luys, me brinda la estupenda ocasión de ejercer de Juez de campo, tal vez, por primera y última vez.

    Mienta don César, con gran acierto, cierto bodrio cinematográfico recomendado por don Luys, creo que, por estos lares (todavía sigo traumatizado). Porque, el señor Coleto, habrá tenido sus faltas, como todos, pero ese pecado capital obrara en su Debe ad eternum. De haberle podido echar el guante, en su momento, sus pulgares se hubiesen visto seriamente perjudicados (intuyo el paralelismo con la escena de «Un hombre llamado caballo» que cita el señor Bakken Tristan). Por abreviar, sólo por lo mencionado, mi juicio está irremediablemente decantado a favor de don César. Aunque no tenga ni puñetera idea de quien hostias es el yon clis ese que nombra César, ni los monti paiton, no voy a alterar mi sentencia por tan intrascendentes minucias.

    Pero, aún hay más, porque si el señor Coleto cree que sólo iba a tener que encajar esta mera adhesión personal, en favor de la crítica de César, es que, todavía, está aturdido por mis pretéritas victorias electorales. Después de llevar soportando, triscaidecafobos meses, la compañía perruna de Lara Vida (creo que hay algo de perversidad por parte del tirano en ello), cualquier felpudo cuadrúpedo (aunque sea en la ficción) me provoca urticaria.

    Como don César no va a sustituir tan ingrato acompañante (aunque me desagrade, mucho más de lo imaginable, podría César haber desplazado mi foto hacia la izquierda y la de Luys a la derecha con el objeto de aumentar la distancia de seguridad -por las pulgas, ya saben-), diré más: la única homerica decisión familiar que he tomado en mi vida fue mantenerme firme respecto de la petición, de mi Esposa e Hijos, para que un chucho entrará a formar parte de nuestras vidas (aunque tuve que sucumbir con los de peluche para no ir a dormir a la pajera -a don César le explicaré el significado-). Así que, ahora, pueden hacerse una idea de lo que está sensiblera película (aunque sólo he visto el trailer de marras) filoperruna me produce. En la vida, todo lo que no sea echarle cojones -virtud principal de don César -, sirve de más bien poco.

    Para colmo de despropósitos, el señor Coleto, ha utilizado parejos argumentos (a Luys le va la marcha de la aceptación de todo lo distinto, sea un perro elefantiasico o unos especímenes antropomorfos, muy raros, nada recomendables) a los de aquella antigua recomendación, los cuales tengo fijados en mi mente con vitriolica marca.

    ¡Y encima el perro es ROJO! (verde me he puesto yo)

    En fin (¡Redios!, como diría un servidor)

    P.D.: pues nada queridos, de momento, César un punto, Luys cero puntos.

  2. No esperaba menos de usted, Don Rafael, en esta guerra fraticida que mantenemos con Don Luys, por el cine… No hacemos carrera de este muchacho… jajajaja.
    Buena anécdota del matapuerto, algo que – como todo lo bueno, naturista y sano – jamás volverá a verse en Espena. Salvo con los corderos, obvio. ?¿Cuánto falta para que las calles de las ciudades se llenen de corderos degollados y desangrados en público…?
    Qué manera de destrozar un país en poco más de 5 lustros, que no hace tanto tiempo de cuando éramos otra cosa muy diferente a la aberración de ahora.

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