ARTÍCULO: La opinión de un prestigioso cirujano cardiovascular, sobre la vacuna covidiota.

La foto de cabecera muestra un guasap personal que me ha mandado hoy el cirujano. Es amigo mío de la infancia (vivimos, pared con pared, 20 años) Tenemos mil anécdotas molonas pero fijaos cómo ha degenerado la cosa. Este hombre me enseñó a jugar a ajedrez, mientras el resto de vecinos me enseñaban a delinquir… jajja. Por cierto, no me gustan los juegos de mesa… y eso es el ajedrez, digan lo que digan. (Don Luys, no se escandalice, usted que es un gran ajedrecista). Parchís y ajedrez son lo mismo para mí.

No doy su nombre, porque no tengo su autorización. Le intenté entrevistar hace mil y pico años, por el tema de la PLANdemia, y no quiso porque dijo que mi BLOG era negacionista. Nos ha jodido mayo con las flores, macho.

Este hombre ha salvado muchas vidas operando, y ha recibido muchas muestras públicas de gratitud, de sus pacientes. Su hermana y yo jugábamos en mi habitación, subidos a este cojín de la foto que me sigue acompañando a todas partes. Lo usábamos a modo de nave espacial (sic). ya que el suelo de mi cuarto era de hule y el cojín patinaba de lujo. Teníamos casi la misma edad Carmencita y yo. Y ella murió hace 16 años, por un cáncer de tiroides. Ese cojín lo tejió mi abuela paterna (107 años tiene la moza y no la han podido matar ni con 3 jeringazos covidiotas… como tenga 1 poco de sus genes os queda mucho Bakken que soportar, hijos de puta covidiotas…) Si os fijáis en él, tiene 3 errores gloriosos y ya os adelanto que no es “CFB” pues Club de Fútbol Barcelona sí se denominó un tiempo el actual Jurgol Club Barçalunya.

El día de la nave espacial sideral total jugaba el FCB la final de Copa contra el Zaragoza. Perdimos por un gol de Señor. A los 4 días perdimos la Copa de Europa en la nefasta final de Zevisha con el Steagua no beberé.

Yo tenía 11 años y Carmencita 10. Mientras en la otra pared mi padre veía el ridículo del FCB, o el éxito del ZGZ, yo pasándolo en grande con mi amiga vecina. Antes los padres repartían a sus hijos por las casas de sus vecinos. Cómo ha cambiado el cuento… yo llevo 14 años alquilando el mismo agujero con uno de mis caseros viviendo en el bloque (todo es suyo) y su hijo adolescente nos tortura cuando quiere. Aquí ya no juega ni Dios. Sólo hay odio, egoismo y maltrato en Hediondo Puente de Bellacos, y me temo que en el resto del mundo.

Por eso la vida actual nos duele tanto a los que estábamos vivos antes de la PLANdemia. Era muy fácil vivir en España y es imposible hacerlo en Espena. Qué malo era Franco, ¿verdad?

Releed el guasap de la foto de cabecera. El que lo ha escrito, tal vez esté ahora salvando una vida operando a corazón abierto. ¿Cómo se puede vivir con tamaña contradicción? Saber operar el mondongo pero no saber ni lo más básico de ciencia. Ser covidiota y cirujano cardiovascular no debería ser compatible. Pero lo es.

De la muerte de Carmencita me enteré estando yo viviendo en Eivissa. Me llamó mi madre y me lo dijo, justo el día del tanatorio. No me lo dijo antes porque como yo estaba más sólo que una puta sin clientes, no quería preocuparme con lo de mi querida amiga y vecina. De hecho, mis padres se coscaron del inminente deceso justo el día antes, pues su familia lo había llevado todo en secreto. Y mi madre me dijo que al ir a ver a Carmencita a la habitación del hospital, ella vio que venía mucha gente conocida por ahí, tras semanas de ingreso. Y dijo: «¡uy! mucha gente estoy viendo por aquí…» en clara referencia a que su muerte era inminente y los amigos y vecinos querían despedirse de ella. Era muy cuerda mi amiga y vecina, vaya que sí. Ya la veré en la otra dimensión y, tal vez, juguemos otra vez subidos al cojín de mi abuela. Hablé con el cirujano y le di el pésame. Con sus desolados padres no lo hice, pues ya tenían demasiado dolor como para hablar conmigo. Tengo 2 recuerdos nítidos con el padre del cirujano, los 2 en el mismo lugar: la ventana de la cocina. Estaban aledañas y casi cada vez que me asomaba aparecía alguno de ellos y charlábamos. Es que antes los vecinos hacían eso, os lo juro.

Una vez estaba nevando y el hombre me dijo: “¡Qué bonito es nevar!”. Y nos quedamos un largo rato viendo nevar, sin decir nada más. No hacía falta. Años antes de eso, mi madre se olvidó las llaves en casa y yo pasé a mi casa por la ventana de la cocina, sujetado por este señor.  En otra ocasión mi otra vecina pared con pared, Milagros, pasó de mi terraza del comedor a su casa, por la ventana, pues se había dejado ella las llaves. Qué güevos le echábamos antes a la vida. Y mira ahora: todos embozalados. De saltar desde 15 metros de altura, de una casa a otra, ya ni hablamos. Como el chiste del que está en una discoteca y le pregunta a una: “¿Bailamos?” y le rechaza y dice: “Pues entonces de follar ni hablamos”.

(El cirujano se llama Alfonso Cañas Cañas. Está feo que oculte el nombre, pues no le acuso de nada, sino que le hago un favor publicando su lucha para ayudarnos a combatir el terrible virus)

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