RAFAEL LÓPEZ: A mi lector más fiel.




  • Querido lector: 

    A menudo he sido especulativo, e incluso ingrato, con quienes me han querido bien, y demasiado condescendiente, y generoso, con quienes no merecían tanta devoción de mi parte. Comprenderá que no me sienta orgulloso de semejante vileza de mi carácter y por ello, desde hace bastante tiempo, vengo realizando propósitos de enmienda, más voluntariosos que eficaces, para evitar cometer semejantes felonias, y tratar de corresponder, como Dios manda, a quien me brinda su dedicación y cordialidad. 

    La realización de una nueva actividad supone, siempre, un reto, aunque se peinen canas como yo. En ese incierto y asociado proceso de aprendizaje apreciamos, enormemente, la ayuda, y colaboración, de quienes, sacrificando su sabiduría, tiempo y experiencia, nos regalan sus conocimientos y una parte de su vida. Aunque dispongo de un bagaje profesional digamos cumplido, soy, sin embargo, un juntaletras novel que dio sus, titubeantes, primeros pasos, como quien dice, hace un par de telediarios. Desde esas emocionantes, e iniciales, jornadas sentir, y recibir, la atención de lectores, como usted, supuso un animoso aliento con el que proseguir con mi actividad juntaletril. 

    Bañarse en las inquietantes aguas (tenga en cuenta que yo nado la mitad que los peces -solo en sentido descendente-) de dejar constancia pública, de mis opiniones, no me ha resultado nada fácil. Creo que don César estuvo muy acertado al crear el epígrafe con el que figuro en su blog «RAFAEL LÓPEZ opina», y como, también, siempre he sido fiel a la máxima «Lo que se escribe, se lee» he tratado de ser sincero, a la vez que respetuoso, en mis escritos. Pero sería un pretencioso si creyera que no vaya a estar equivocado en mis opiniones. Es justo, en ese momento, donde las aportaciones de los lectores nos pueden sacar de nuestros errores, o presentarnos realidades, y valoraciones, que desconocíamos. 

    Existe, indudablemente, un factor de mejora intrínseco al realizar una actividad con asiduidad, el riquísimo refranero español ya lo certifica en su «La experiencia es la madre de la ciencia». Sin embargo escribir públicamente requiere, desde mi punto de vista, que esa mejora de origen autónomo se complemente con el influjo que suponen las críticas, opiniones y sugerencias, de los lectores. Usted y yo no nos conocemos personalmente, y tal vez no tengamos la ocasión de hacerlo nunca, pero el seguimiento que ha venido realizando hacia mis materiales, ya desde la época del Correo de España, así como sus comentarios y análisis me han sido de gran ayuda, además de hacerme sentir el calor de que había alguien al lado, o al otro lado (según se mire). 

    Raramente, en estos tiempos aciagos de minimalistas comunicaciones y de superficialidad mediática, se encuentran personas capaces de superar esa estéril indiferencia de la callada por leida. Porque al menos yo, en este periplo juntaletril, sólo he escrito para mi mismo en una sola ocasión, en el resto lo he hecho para ser leído, discutido y rebatido. Esa información de retorno me es útil para seguir escribiendo. 

    También conozco la  sensación de desasosiego que generan los retos, en soledad, de una actividad que se realiza por primera vez. Por todo lo que he expuesto, soy capaz de valorar, en su justa medida, a quien cómo Usted me ha regalado su tiempo, leyendo mis escritos y, principalmente, al ofrecerme sus críticas (las buenas y las malas). Contemplo esa, hasta cierto punto, anónima filiación hacia mí, y mis artículos, de la misma manera que las desinteresadas colaboraciones con las que he sido privilegiado, en mi vida profesional, por Compañeros de primerísimo nivel. 

    Obligado me siento, en este punto, de recordar a esos estupendos Compañeros que me legaron su bagaje, con generosidad inmerecida y, por ello, quiero integrarlos en esta carta de agradecimiento. Reconocer, muy especialmente, que mi experiencia laboral me haya proporcionado el tesoro de un puñado de Amigos, con la significancia que dicha palabra tiene para mí. Tanto usted, como unos y otros, convirtieron en plácidos los aprendizajes y en alegría el trabajo. 

    A Usted, y a todos Ellos, GRACIAS. 

    P.D.: Aprovecho, tan entrañable ocasión, para felicitar la Navidad a los valientes lectores de este faro en la tempestad, y a los osados tripulantes de esta balsa de malditos. 

    También quiero rezar una oración por todos esos convecinos, y/o familiares, que nos dieron, y enseñaron, mucho más de lo que mereciamos, y que nos han dejado. A todos ellos, y, especialmente, para una persona con una bondad, y sensibilidad, natural excepcionales que se llama Enrique, el sacerdote que me caso, mi emocionado recuerdo y mi fe de que ya están descansando con Dios nuestro Señor. 




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