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Lecciones de los jugadores del FCB a los separatistas. “Barçalunya” se desmorona.

Posted in Ensayos with tags , , , , on octubre 1, 2017 by César Bakken Tristán

El partido a puerta cerrada provocado por la politización radical de un club de fútbol universal y apolítico como ha de ser el FCB, ha servido para dar una brutal lección por parte de los jugadores del FCB que se negaron a perder 6 puntos por suspender el partido y a no hacer SU TRABAJO POR EL QUE LES PAGAN CIENTOS DE MILLONES EN CONJUNTO, pese a los deseos de la mayoría de socios culés que acuden al estadio y de la directiva que sólo se guía por intereses económicos que, en este caso, van asociados a seguir al separatismo catalán.

Lección 1ª: Los únicos aficionados que accedieron al estadio fueron los familiares de los jugadores, es decir, los multimillonarios que se benefician del seguidor y socio culé. Los que pagan (socios y aficionados) en la calle, los que van invitados por los jugadores, en la grada.

Lección 2ª: Sergio (no Sergi) Busquet celebra su gol como en cualquier otro partido y se dirige a la grada donde está su pareja con gesto de besarse el anillo hacia ella y de chuparse el dedo hacia su hijo. Nada de no celebrar el gol ni de reivindicaciones ajenas al fútbol.

Lección 3ª: Primer gol de Messi. Piqué solo en boca de gol pidiendo el balón y Messi opta por acabar él la jugada y marcar ante la desesperación de Piqué. Sin duda quería marcar para reivindicar su apoyo al separatismo… y Messi a lo suyo y celebrando su gol como si nada, como hizo posteriormente en el tercer tanto. Piqué siguió obsesionado con marcar pero… aquí manda LEO MESSI.

Lección 4ª.: Los jugadores celebrando los goles y jugando ajenos a todo lo que rodeó al partido, salvo Piqué… que pese a todo puede ser la mejor lección porque por la mañana se hizo fotos votando y mandó su clásico tuiter populista separatista… ¡y a las pocas horas traicionaba a todos sus fans para jugar el partido! ¡un partido que ninguno de sus fans quería que se jugase!

 

Partido disputado pese a las amenazas de la “Grada Jove” para que no se jugara el encuentro, amenazando con parar el partido saltando al césped en el minuto 1 e instando a todos los presentes a hacer lo mismo en defensa de Cataluña y algo que ellos llaman represión hacia los separatistas y hacia su extraño y equivocado concepto de democracia.

Pues bien… hoy, el día clave de su “justa lucha” contra el estado opresor y franquista español que patatín y patatán… van los jugadores de su mayor motivo de vida, el FCB… ¡y les dejan tirados! ¡LOS CIUDADANOS DE BARÇALUNYA DESAMPARADOS POR SUS “AMOS”!

Por fin, tras cientos de partidos (sobre todo desde 2012) hemos vivido un Camp Nou apolítico, sin gritos independentistas, sin banderas antidemocráticas y antiespañolas… ¡por fin en el Camp Nou la política ha quedado donde SIEMPRE DEBE DE ESTAR: EN LA CALLE.

HOY, POR FIN, EL FCB HA SIDO LO QUE NUNCA DEBIÓ DEJAR DE SER: un club deportivo universal desvinculado de todo movimiento político. Y no lo han hecho los directivos, ni las fuerzas del orden, ni los políticos, ni los socios que van al campo… lo han hecho los jefes de este negocio: LOS JUGADORES DEL Fútbol Club Barcelona.

¡POR FIN HEMOS SIDO “res més que un club” (nada más que un club) y no el otro slogan politizado…

¡Chapó por ellos!

Hoy puede ser el primer día del resto de nuestras vidas como culés no politizados. Si hay que jugar todos los partidos a puerta cerrada, FANTÁSTICO. Mejor ir desnudo por la calle que con ropas llenas de ladillas.

 

 

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“El misticismo laboral. Análisis de la conversión del parado en ateo laboral”

Posted in Ensayos on diciembre 18, 2010 by César Bakken Tristán

El trabajo es el único medio para sobrevivir que tienen la mayoría de los seres humanos. Actualmente esta supervivencia está menoscabada por la escasez y precariedad del empleo, y conseguir un trabajo se ha convertido para muchas personas en algo inalcanzable.  Esto degenera en un estado de necesidad que hace que el parado se encomiende a quien sea con tal de salir de esa situación. Y es esta misma situación de necesidad la que convierte a las personas que generan empleo, los empresarios, en auténticos demiurgos[1]. Con el paso del tiempo, y la  prolongación de este estado de desempleo, el trabajo se torna en algo inalcanzable o, cuanto menos, de dudosa existencia, de ahí que el parado deje de encomendarse a nadie y saque sus propias conclusiones.

Aquí está el origen de un nuevo grupo de seres humanos, víctimas de la sociedad moderna: los ateos laborales. Personas que niegan la existencia del trabajo y para los cuales este se ha convertido en un auténtico dogma de fe. Esta herejía socio-laboral les ha llevado a sufrir autos de fe[2] por los cuales la sociedad (ejerciendo de tribunal eclesiástico)  les absuelve y les otorga un misérrimo empleo como penitencia, o bien les castiga a seguir sin trabajo.

Esta es, pues, la génesis del misticismo[3] laboral.

Pero no hay que confundir el problema del desempleo occidental con el de la pobreza mundial. La pobreza, entendida como escasez o carencia de lo necesario para el sustento personal, ha existido (y existe) en prácticamente todos los grupos humanos donde hay diferencias sociales; también hay que considerar que cada sociedad y cada época aporta matices a la definición y la vive de manera distinta. El parado occidental (concretamente el español)  es al que se refiere este ensayo.  Este tipo de pobreza, la laboral, ataca en general a la dignidad humana sin poner en peligro la vida del parado pues, aunque resulte humillante y frustrante, casi siempre podrá subsistir gracias a la atención de instituciones caritativas y a la acogida familiar o de amigos solidarios. Aunque, eso sí, no podrán llevar una vida de ciudadano normal; no podrán gozar de confort, criar una familia, tener un patrimonio, cuidar de su salud, disfrutar del ocio, etc. Simplemente sobrevivirán en la ciudad mientras la vida pasa cerca de ellos sin a penas tocarlos.

En cualquier caso, a estos ateos laborales hay que diferenciarlos de los ateos religiosos y, sobre todo, de los teístas o beatos, por mucho que haya conexiones conceptuales relativas al desempleo entre ambos grupos. Por ejemplo, la Madre Teresa vivió la virtud de la pobreza desde el punto de vista teológico, afirmando: “La pobreza no ha sido creada por Dios, somos nosotros quienes hemos creado la pobreza (en sentido socioeconómico). Ante Dios, todos somos pobres (en sentido espiritual). La pobreza es bella, siempre existirá y queremos que los pobres vean la pobreza correctamente, aceptarla y tener fe en que el señor proveerá”.

Este tipo de reflexiones, de una mujer que fue beatificada y Premio Nóbel de la Paz, chocan frontalmente con el ideal de los  ateos laborales sin que estos menosprecien la enorme labor social y humanitaria que la Madre Teresa hizo en vida. Estas manifestaciones son del pleno agrado de los empresarios, los cuales podrían aprovecharlas, por ejemplo, para decir que el trabajador que se salga del redil y no acepte la injusticia estará “vendiendo su alma al diablo”.

Mucho antes de esto, a finales del siglo XII, de la angustia de la pobreza nació un nuevo cristianismo, el de Francisco de Asís. Los frailes franciscanos decidieron seguir el ejemplo de Cristo y ser pobres entre los pobres. Así mendigaban el pan o trabajaban para obtenerlo. En un principio, carecían de vivienda. Cuando se les obligó a vivir en conventos, los construyeron en los suburbios, cerca de los miserables. A mediados del siglo XVI nacen los jesuitas, que al igual que los franciscanos enarbolan la bandera del cristianismo primigenio, el del pesebre. No hace falta incidir en el crecimiento de ambas Órdenes (y de todas las demás), siempre bajo el auspicio del voto de pobreza, pero sobre todo bajo un suntuoso patrimonio conseguido gracias a la complicidad del Estado y al servilismo de los beatos y clérigos de bajo nivel jerárquico. Tanto fue el poder de estas Órdenes y de la Iglesia Católica, y el enriquecimiento del alto clero (lo cual generó mucha desigualdad social y aumento de la pobreza) que durante la segunda mitad del siglo XIX la mayoría de su patrimonio tuvo que ser desamortizado por el Estado español, el mismo que ahora genera el desempleo. En definitiva, la pescadilla que se muerde la cola.

El paro es actualmente uno de los principales problemas de nuestra sociedad. Históricamente el número de personas desempleadas ha ido oscilando según el ciclo económico en el que el país estuviera inmerso. Actualmente, a las puertas del año 2011, la tasa de desempleo en España duplica la media de la del resto de países europeos (datos publicados por Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, el 31-08-2010). Esto presupone que  son muchos millones las personas paradas en este país, cifra que se vería muy aumentada si se incluyera a toda la población no registrada en las oficinas del INEM y a la que se encuentra en situación irregular.  Se puede afirmar, por lo tanto, que la falta de empleo o su irregularidad es la mayor fuente de exclusión social en España ya que en esta sociedad la mayoría de la población vive de trabajar para los demás. Esto significa que la falta de empleo es un problema enorme y de difícil solución. Pero es un problema que no camina solo, pues de su mano va el empleo precario, una de las características  más singulares del mercado de trabajo español que lo diferencian, en negativo, respecto del conjunto de países europeos. La contratación temporal es un rasgo estructural de nuestro empleo. Casi la mitad de la población asalariada tiene un contrato temporal, con la carga de negatividad e inseguridad que  eso conlleva.

Del mismo modo, dentro del sector laboral de empleados fijos la mayoría de ellos tienen unos contratos precarios, desde el punto de vista retributivo y de derechos laborales, y están bajo el yugo de unas condiciones de despido que favorecen desmesuradamente al empresario el cual se ve auspiciado por los Tribunales de Justicia, que aplican la ley laboral siempre a favor de ellos. La precariedad tiene que ver tanto con las formas contractuales en que se da un trabajo como con las características de su contenido. En nuestra sociedad, donde el trabajo y el empleo constituyen un mecanismo básico de distribución de la renta, de autonomía económica y de posición social, el empleo precario supone: dependencia, dificultad o imposibilidad de acceso a los recursos básicos de la sociedad y exclusión social.

Esta precariedad está provocada por las actuales relaciones de poder, reguladas por el Gobierno y el Congreso de los Diputados mediante su legislación y provocada, fomentada o mantenida por los empresarios. Un simple cambio negativo en las expectativas de los empresarios puede provocar una disminución de su demanda de bienes de inversión lo que originará una serie de reacciones en cadena en la que se irá perdiendo empleo sucesivamente en diferentes sectores industriales. La consiguiente disminución en la capacidad adquisitiva de los trabajadores puede agravar el círculo vicioso prolongando indefinidamente la situación de desempleo. Este comportamiento del empresario, el cual sólo mira por sus beneficios y utiliza al trabajador por la plusvalía [4] y sólo mantiene contratos que le sean muy rentables (porque el trabajo de una persona siempre le resulta rentable, pero si el trabajo de varias personas puede reducirlo a una, despedirá sin miramientos a estos empleados que disminuyan sus ganancias) debería suponer un enfrentamiento hostil con todos los trabajadores. Pero esto, paradójicamente, no es así. Hay ciertos comportamientos que, aunque no sean fácilmente explicables racionalmente, todo el que haya trabajado en una empresa sabe que son muy comunes. Hay un nutrido grupo de trabajadores que se esfuerzan más de lo que les exige la empresa. Es comprensible por tanto que la empresa les pague más de lo estrictamente necesario para que permanezcan en sus puestos. En este mismo grupo están los trabajadores que echan horas extras gratuitas. Se produce una especie de lealtad mutua entre estos empleados (“pelotas”) y los empleadores (“explotadores”). Y yendo todavía más allá, el miedo al desempleo provoca que la relación de poder empresario-trabajador haya aumentado hasta cotas inimaginables, subyugando a los históricos logros en materia de derechos laborales, y se haya producido una involución en los derechos de los trabajadores, los cuales se vuelven personas serviles que obedecen cualquier orden por injusta y arbitraria que esta sea.

No obstante, la precariedad salarial no se extiende a todos los trabajadores. Hay un grupo de ellos que están altamente retribuidos atendiendo siempre a las necesidades del empresario. Esto explica el fenómeno de la gran cantidad de empleos con salarios altos en un mercado laboral tan precario. Podríamos dividirlos en dos grupos:

1               Los trabajadores “enchufados” y/o cuyo puesto de trabajo nazca o sea mantenido debido a una relación de poder preestablecida entre empresarios, o por puro nepotismo [5].

2                Los trabajadores indispensables para el correcto funcionamiento de una empresa. Esto denota el temor de los empleadores a que, en el caso de que bajasen los salarios cada vez que la empresa atravesara una coyuntura difícil, los primeros trabajadores en abandonarles serían los mejores, los que se sintieran confiados en encontrar fuera otro puesto mejor pagado. Se produciría así un fenómeno de selección darwinista de los menos eficaces que redundaría en perjuicio de la empresa.

Llegados a este punto es necesario incidir en el fenómeno de la inmigración masiva, la cual es el reflejo máximo de un mundo que fagocita y mueve a millones de personas con la única pretensión de vivir. Pero estos inmigrantes no están, en general, dentro del grupo de ateos laborales en España, pues su estado de necesidad es tal que aceptan cualquier trabajo y lo ven como algo relativamente bueno en comparación con la situación que vivían en su país de origen. Esta situación de necesidad es aprovechada por el empresario que se torna en vampiro ante estas personas y multiplica sus beneficios al multiplicar la plusvalía del trabajador. Las consecuencias directas de esta situación la sufren los ateos laborales españoles, que ven como el “paraíso prometido después de la muerte” es su única solución de llevar una vida digna… aunque ya no sea en vida.

Curiosamente toda esta inmigración masiva es teísta y colabora a relanzar a la cada vez más depauperada Iglesia Católica en España. Y más curiosamente todavía, toda esta inmigración masiva sí era parte potencial de la masa social de ateos laborales en su país de origen. Y si han salido de esa situación es gracias a su teísmo y a haber llegado a su particular versión de La Tierra Prometida, lo que constituye una especie de diáspora[6] moderna. Y extremadamente más curioso todavía,  su teísmo fue impuesto por los españoles a partir del siglo XV, luego estamos recogiendo ahora las tempestades sembradas.

Con esto puede verse que el teísmo no está reñido con el ateismo laboral. Hay que señalar que el monoteísmo llega hasta los hombres en virtud de una revelación expresa de Dios, que ocurrió en un lugar y un momento determinado de la historia y tuvo como destinatario un hombre concreto: el patriarca Abraham (siglo XIX a.C) Este Dios no es un ser abstracto, no es un concepto. Es una persona viviente que mantiene relaciones personales vitales con los seres humanos que pueblan la tierra a través de los tiempos. El monoteísmo no es, pues, producto de la razón. Es don de la fe a través de una comunicación personal con Dios. El primer pueblo en profesar una religión monoteísta fue Israel. En un primer momento, con Abraham, tal vez sólo tuvo la forma de monolatría. En la época de Moisés (hacia el siglo XIII a.C.), era ya un claro monoteísmo, cada vez más acentuado  y purificado de contaminaciones politeístas gracias a las enseñanzas de los profetas (a partir del siglo IX a.C.). El mensaje cristiano de Jesús se declara heredero directo de esta fe monoteísta. En cuanto al Islam, el Corán manifiesta en repetidas ocasiones que su doctrina sobre la divinidad es simple continuación de las doctrinas monoteístas de los judíos y cristianos.

Probablemente el ateísmo haya existido desde el origen de las creencias teístas, ya que es difícil que la totalidad de los miembros de una sociedad compartan su pensamiento religioso. A lo largo de la historia, las opiniones teístas ligadas a la religión han tenido generalmente una posición predominante en las sociedades. Los oponentes de estas posturas no han tenido siempre la oportunidad de expresar sus puntos de vista en público. Por eso, en distintos momentos históricos, es raro encontrar puntos de vista ateístas en manuscritos u otros referentes históricos. En términos mundiales sí existen ateos y agnósticos en todos los países del mundo, su número es más reducido en países pobres y menos desarrollados que en los países ricos e industrializados. Los ateos laborales son una minoría dentro de la sociedad española y, al contrario que otras tendencias ideológicas o religiosas, es el único grupo que desea su propia extinción, pues ha sido creado por la necesidad y aspira a vencer este estado de necesidad y que el grupo como tal sólo sea un recuerdo.

Históricamente con el surgimiento de los estados socialistas, nacidos de la Revolución de Octubre (1917), el ateísmo pasó de ser una postura minoritaria a ser una política de Estado. Principalmente en la Unión Soviética y en los países firmantes del Pacto de Varsovia, el afán del estado por imponer el ateísmo materialista derivado del marxismo fue causa de persecución para las diversas religiones practicadas en esos países. Contrapuestos a ellos, la mayoría del resto de países del mundo institucionalizaron la separación de la Iglesia del Estado, declarando el estado laico, siendo los países árabes la principal excepción. A lo largo del siglo XX ciertos países del bloque socialista adoptaron la laicidad en favor del ateísmo de estado. Pero en estos países no se dio ningún rasgo de ateismo laboral pues, como hemos indicado al principio, este término ha surgido en la actualidad. Antiguamente, con mayor opresión, en estos países el trabajo estaba garantizado aunque las condiciones laborales fuesen paupérrimas. Aquí podría haber surgido un agnosticismo laboral, pero nunca un ateismo. Con la caída del bloque socialista, en los años 90 del siglo XX, las religiones en los antiguos países socialistas retomaron parte de su antigua importancia si bien el ateísmo continúa siendo muy común en estos países. Ahora sí podría surgir allí un ateismo laboral.

El teísmo condena por lo general al ateísmo como inmoral por no aceptar el fundamento de la moral teísta: los mandatos morales de la divinidad. La diferencia fundamental entre la moralidad teísta y la ateísta, es que la primera emana de la autoridad divina, mientras que la segunda es el producto de reflexiones personales ancladas en el mundo tangible. El ateismo laboral es un rechazo a las normas sociales que han llevado a millones de personas a vivir en la precariedad  y a otros menos a vivir en la opulencia, mientras la mayoría permanece en silencio temerosa de caer en la precariedad y deseosos de alcanzar la opulencia.

Debido a las diferentes definiciones de ateísmo, histórica y culturalmente, algunas personas discriminadas podrían no ser consideradas realmente como ateas por los modernos criterios occidentales. En las democracias constitucionales la discriminación legal contra ellos es poco común pero algunos ateos y grupos de ateos han protestado por las leyes, regulaciones e instituciones que ven como discriminatorias. En algunos países islámicos los ateos son objeto de exclusión, incluida la falta de estatus legal o incluso la sentencia de muerte en el caso de la apostasía[7]. El ateo laboral es un forzado apóstata social que sufre no una pena de muerte, sino una pena de vida que puede llevarles, ocasionalmente, a la muerte; y con toda seguridad a la discriminación de la mayoría de la sociedad acomodada y de sus instituciones y recursos, a los cuales no tienen acceso. Los ateos laborales, a pesar de ser millones, son una minoría dentro de una sociedad sumisa: son una rara avis[8].

La intervención del Estado para fomentar el empleo está llena de dificultades. Las políticas expansivas pueden producir desagradables efectos secundarios, provocando inestabilidad monetaria y otros desequilibrios. Si lo que se busca es una oferta de empleo bien remunerado y sostenida a largo plazo, habrá que actuar de forma muy cuidadosa para no terminar agravando el problema. El aumento de la demanda de trabajadores puede conseguirse con medidas fiscales que reduzcan los costes salariales para las empresas reduciendo las contribuciones obligatorias a la Seguridad Social. Esto conlleva que el Estado tendría que recuperar estas pérdidas fomentando otro tipo de ingresos, sobre todo en el ámbito de los impuestos indirectos, lo cual quiere decir que sería el trabajador quien tendría que pagar más impuestos al Estado para conseguir mayor contratación laboral, mientras el empresario  aumentaría sus beneficios gracias a las nuevas plusvalías de sus nuevos trabajadores. El Estado también  puede aumentar los puestos de trabajo subvencionando la contratación de trabajadores que sean menos eficientes, minusválidos, jóvenes en su primer empleo, etc. La flexibilización de los empleos, autorizando contratos temporales y facilitando los despidos, supone de hecho abaratar los costes laborales de las empresas aunque a costa de la precarización del empleo.  Paradójico, como vemos, el papel del Estado en el tema laboral.

El Estado apoya a los empresarios en un falso afán de apoyar al trabajador. Pero el Estado no es algo intangible, no es el Dios de las confesiones monoteístas. Está dirigido por personas de carne y hueso con nombres y apellidos y que, curiosamente, casi siempre suelen ser empresarios o derivan a eso una vez abandonan su cargo político. Así mismo, los clérigos españoles (de todas las graduaciones) viven principalmente de la financiación, las prerrogativas y las concesiones del Estado. Ahora mucho menos que hace cuatro décadas pero siguen viviendo a su costa, por mucho laicismo que se proclame en la legislación vigente. Y curiosamente los mayores feligreses siguen siendo una casta beneficiada en el actual sistema legal que permite y fomenta la injusticia social, el clasismo y el favoritismo institucional. La nueva remesa de feligreses antes comentada, llegada con la inmigración masiva, le ha venido muy bien a la Iglesia Católica, pues todo movimiento de masas (salvo el obrero) viene perfectamente a colación para el mantenimiento de un estatus indignamente ganado con los siglos e igualmente indignamente mantenido en la actualidad.

Estado, Iglesia y empresarios caminan juntos; son uno y trino. No sonríen ante el ateismo, aunque les da igual, porque no les afecta ni va a variar el statu quo en el que tan a gusto se encuentran. El ateismo laboral sí les afecta porque es la consecuencia directa de sus malas obras, de sus malas gestiones y de su corrupción. Pero esta afectación no significa nada porque las minorías nunca llegan a nada y lo saben. Y si en el caso de los trabajadores ni siquiera las mayorías tienen poder de decisión, gestión o cambio; un subgrupo de estos, como son los ateos laborales, mucho menos. Pero lo que sí tiene este nuevo grupo social es la fuerza de la razón. Y con este argumento tal vez no vayan a mejorar su situación, pero por lo menos harán que sus reivindicaciones sonrojen a los poderosos y que, tal vez, algún día la mayoría se pronuncie y la sociedad española logre dar algún giro encaminado a la instauración de la justicia social y a la consecución de una vida satisfactoria para todos sus habitantes.


[1] En la filosofía de los platónicos y alejandrinos, dios creador. En la filosofía de los gnósticos, alma universal, principio activo del mundo.

[2] Manifestación pública de la Inquisición. Si la sentencia de la Inquisición era condenatoria, implicaba que el condenado debía participar en la ceremonia así llamada, que solemnizaba su retorno al seno de la Iglesia, o su castigo como hereje impenitente.

[3] Experiencia muy difícil de alcanzar en que se llega al grado máximo de unión del alma humana a lo Sagrado durante la existencia terrenal. Se da en las religiones monoteístas, así como en algunas politeístas. En el caso del Cristianismo puede ir acompañado de manifestaciones físicas sobrenaturales denominada milagros

[4] es el valor que el trabajo no remunerado al trabajador asalariado, crea por encima del valor de su fuerza de trabajo y que se apropia gratuitamente el empresario. Forma la base de la a cumulación capitalista.

[5] Desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos

[6] dispersión de grupos étnicos o religiosos que han abandonado su lugar de procedencia originaria y que se encuentran repartidos por el mundo, viviendo entre personas que no son de su condición.

[7] negación, renuncia o abjuración a la fe en una religión

[8] Persona o cosa conceptuada como singular excepción de una regla cualquiera