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ARTÍCULO-relato: “Mis queridos niños, este os lo dedico”.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on mayo 18, 2021 by César Bakken Tristán

Recuerdo mi vida hace unas décadas, y todo mi presente se emborrona.  Veo mi entorno hoy 18 de mayo de 2021, y no entiendo qué hago yo viviendo aquí y ahora.  Hace mucho que le vi las orejas al lobo y que puse mis barbas a remojar y etc. de precauciones ante el aluvión de estupidez y liberticidio que vendría (y esto no ha hecho más que comenzar, mis queridos niños y a mí no me quedan ya cascabeles y no paran de multiplicarse los gatos).

Fue hace más de 2 décadas cuando una nena me manchó con un boli la camiseta que yo llevaba puesta. Era una horterada de camiseta, os juro que ponía: “Recuerdo de Benidorm” y las letras eran flores… pero fue un regalo de una amiga y me la ponía. Realmente mi aspecto siempre me la ha sudado, me preocupo por lo de dentro de mí, no por el cascarón.  Era blanca cual nevada esa camiseta, salvo el letrerito de marras. Era una fiesta /cena de restaaños en la casa de los papis de la nena “camisecida”. Yo invitado por un amigo del restaañador, el cual era conocido mío de vista en bares de borrachera.  La cena patética (tortillas de papas del súper, empanadas y pizzas ídem…) pero no era mi casa, respeto total, en mi casa yo no trato así a mis comensales pero en las suyas que me traten como les salga de los huevos, y si no me gusta me voy; y aquí paz y después gloria (si puede ser no Padilla y sí Fuertes)

Ante tanto adulto “exmacarrilla cuarentón-treintañero” yo me aburría sobre manera… qué coñazo es el ser humano que juega a ser adulto y padre de familia, con la consola siempre a la vista y el consolador oculto… Y apareció ELLA. La nena de ELLOS (era el restaaños del papi). Y ELLA mi vio, con esa inteligencia que sólo tienen los nenes y que los que hemos sido nenes recordamos haber tenido. Y se me lapó, literalmente. ¿Qué tendría la nena, 6 años…? Para mí era la más adulta del grupo. Desde que dejé de ser nene se me lapan los nenes, cual flautista de Hamelín, pero sin las intenciones de aquel. Qué bien saben elegir sus compañías los nenes.

Esta en cuestión se puso a sacarme “equis” juguetes y tal, y yo enseñándole a usarlos bien, aprendiendo de ella y viceversa; mientras los otros comensales estaban a sus conversaciones de analfabetos ilustrados televisivos, y –de vez en cuando – los papis le decían: “no molestes al Chámber” (eses es uno de mis 4 motes/nombres). Y cuando les dije que no me molestaba, pues vieron el cielo abierto y la nena “pa mí”… papis liberados unas horas, y yo encantado. No obstante, al estar todos en el mismo comedor de chabola vertical bancaria hipotecada, interactuábamos (yo sobre todo para trasegar – y resobre todo del vino y las birras que llevé, el que vaya a casa ajena sin nada no merece ser llamado humano – y de comer algún fruto seco, pues un gourmet y cocinero excelso como yo no iba a tragarse el resto de vituallas ya cocinadas al comprarlas en el súper. Mi gaznate no es la entrada al basurero).

Cuadro de Frans Hals. El de la foto de cabecera, Sorolla, obvio.

Y aquí viene el clímax con la nena (no, no es mena, por entonces los menores estaban como han de estar: acompañados y en sus países): sacó unos bolis y unos folios y me enseñó lo artista que era. Y en un descuido, pues los nenes son adorablemente descuidados en el frenesí que es la vida para ellos –la mejor vida que había y que ya jamás tendrán los nenes torturados del NOM – me manchó con boli mi camiseta regalo recuerdo de Benidorm. Y la nena se dio cuenta, y a mí –obviamente – me dio igual, pero su mami se percató y reprendió a la hija por haberme manchado la camiseta regalo recuerdo de Benidorm.  La alegría de esa criatura se tornó tristeza por la intervención de su atenta madre que pretendía que yo comiera la basura que me sacó… hay amores que matan, qué duda cabe. Entonces cogí el boli, mientras ya hasta el papi reprendía a la hija por la atrocidad de haber mancillado mi camiseta regalo recuerdo de Benidorm… y completé el boceto de la nena, rayando con el boli mi camiseta, a lo bestia.  Me hice el harakiri camisil…

Y los adultos, que eran todos menos la nena, mirando asombrados. Y la nena, la única mente sana junto a la mía, riendo sin parar y –otra vez – viniendo a mi vera zafándose de sus padres, que me miraban –y se miraban – anonadados; y siguieron a sus conversaciones de mamelucos y comiendo bazofia… todos sabían que “El Chámber” era un tío raro. Pero todos querían estar siempre conmigo. Curiosa paradoja la del ser humano adulto. Pobre nena. Espero que en su vida haya habido otros como yo. Pero me temo que no. Hay tan poca gente sin socializar en este mundo… y seguro que ahora ella tiene nenes y la rueda del absurdo humano no para de girar.

PD: casi coetáneo a esto,  estando en un enorme aula de Derecho en la UCM, un compañero me pidió un boli. Y al devolvérmelo me lo tiró sin avisarme a tiempo y el boli me manchó mi camisa blanca (ese día evolucioné de camiseta regalo recuerdo de Benidorm a camisa aceptable de manga larga, y sin letrero alguno). Mi compañero –Sergio Nebril, que se hizo luego cachas y abogado, no sé el orden exacto – se asustó (os juro que es el término adecuado) y me pidió perdón por manchar de boli mi camisa: “¡Hostia!, perdona Polaco… es que… yo es que… “ Y me volví a hacer el harakiri camisetil, ante lo cual se despolló. Él también sabía que yo, en ese caso “El Polaco” era un tío raro, pero tanto él como el resto siempre querían estar a mi lado.

Este mismo hombre me dijo un día: “¡Joder, Polaco, te he visto un buen rato en la tele, en una bronca con los Boixos Nois en el campo del Rayo! ¡salías en primer plano todo el rato!” Este chaval era del Real Madrid, así que no sé qué coño hacía viendo un Rayo Chabacano- F.C. Barçalunya. Sí, yo estaba en esa grada –por entonces de pie, como deben de ser las gradas – y pese a mi pinta al llevar una bomber Alpha, pines del FCB y España y bandera de los Boixos al cuello… yo no estaba en bronca alguna, sino que una decena de Casuals, liderados ese día por Lluis Sureda (el líder de los ultras del Barça esos años) justo entraron a la grada, y venían devastados de la paliza que les habían dado en la calle los vallekanos. El peor parado tenía la cabeza con más heridas que pipas tiene una sandía. Y toda llena de yodo, por la primera cura del Samur. Y se desmayó a mis pies. Por eso salí yo en la puta tele (Canal Más). Y el Sureda le levantaba halentándole en plan: “¡vamos no te vengas abajo! ¡somos los mejores!” y chorradas así (y sí, digo “halentar” porque les olía el aliento). A las pocas semanas o así volví a ver a este cabeza rayada (a parte de rapada) en Barcelona, ya le estaban cicatrizando las heridas, pero por lo que ví ese día, creo que le harían más, otra vez. Qué mundo más absurdo el de la ultraviolencia. Jamás he sido parte de él, sino damnificado.

Echo de menos no despreciar a los que me rodean.

RELATO- artículo: el timador, timado por mí.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos with tags , , , on mayo 9, 2021 by César Bakken Tristán

El micrófono que veis en la foto es un AKG de medio cañón, un muy buen micro de 600 pavos (en 2007).  Es mío y todavía lo tengo, pero no es el que pagué. Resulta que el primero es escogorció durante la grabación de mi película independiente a tope… tanto que yo lo hice todo salvo interpretar. Podéis ver aquí el trailer. El caso es que, para llevar el micro en la pértiga y grabar a la vez, pues era complicadillo, pese a que lo hacía. Y una amiga que hizo un papel muy secundario –no era actriz – se ofreció a hacer de sonidista –no era sonidista y ni la pértiga era oficial… era un enorme palo telescópico de pintor, que funcionaba exactamente igual y por 20 pavos. Debido a la falta de pericia de la nena, el micro se le cayó varias veces desde una altura de varios metros, al duro pavimento. Pero bueno… era resistente el aparatejo, hasta que un día, manipulándolo yo… sonó como una maraca… y los micros no suenan, recogen sonidos. Así que, nada… se había descompuesto por completo.

El caso es que tenía garantía de varios años y como no tenía absolutamente ninguna marca de los golpes (tal vez no fue esa la causa de su defunción, luego lo explico) lo llevé a donde lo compré (ya me había gastado en esa tienda más de 6 mil pavos y otros tantos gastó un colega al que llevé, o sea; era “cliente” habitual y respetado). Expliqué lo sucedido y ahí lo dejé. Me urgía el micro, para seguir con la peli. Los de la tienda hablaron con los alemanes y, por tlf. me dijeron que les habían respondido que sus micrófonos no fallaban, así que no se hacían responsables de nada (SIC).  Bien… supongo que algo me conocéis, queridos niños. Le dije a la de la tienda que si los alemanes sabían español o algo de inglés, me los pasara y a ver cómo me explicaban lo de la garantía con la que me vendieron el micro. Alabo su confianza en la calidad del producto… ¡pero por qué tiene garantía! Me dijo que ella volvería a hablar con los de AKG y me llamaba al día siguiente, a más tardar. No me llamó y la llamé yo al otro.

“Nada, que no ceden, dicen que ni arreglan el micrófono ni lo descambian. Qué lo habrás roto tú”.

“Vale, pues vamos a hacer una cosa. Vosotros os las apañáis con los alemanes y el por qué no quieren hacer caso a la garantía que ofrecen, cuando mi micro no se ha dado golpe alguno, ahí lo tenéis y lo habéis comprobado: está impoluto, como nuevo (era verdad). Voy a ir a vuestra tienda y me vais a dar otro igual, y si no tenéis, otro mejor. Si no me lo queréis dar, lo cojo yo, que sé donde están ¿vale? Y con los alemanes bregáis vosotros. Ahora voy” y colgué.

Fui y me dieron el de la foto. Y aquí fue donde uno de sus técnicos me dijo que, en raras ocasiones, solía pasar que por el calor o cambios de temperatura, los micros se descoyuntaran por dentro, como le había pasado al mío.  Bueno… nunca sabré si fueron los golpes de la torpe de mi ayudante, que por cierto no era nada torpe en la cama…(para los curiosos aparece en el 0:21´del trailer) pero aquí sigo con el micro y funciona a las mil maravillas, tras tanto tiempo y tanto uso. Os lo recomiendo, y si lo jodéis, espero haberos señalado el camino. Realmente me jodió la prepotencia alemana de que “nuestros micros no fallan” y que ofrecieran una garantía engañosa. Está claro que estos teutones “cabezas cuadradas” no conocen la picaresca española…

Añado otra experiencia. Antes de esto curré para otros timadores, la distribuidora de DVD “Cameo Media” (“Camelo de mierda”) catalufos, grabando y editando entrevistas a actores y directores con mi primera cámara y otro micro, para los extras de sus DVD de algunas pelis estrenadas en Madrid. Pagaban poco, pero a mí me iba bien, porque cuando me contrataron no tenía ni cámara ni ordenador para editar el trabajo… me los compré y cogí el curro para aprender a manejar el sofware de edición y la cámara, cobrando. Eso de las prácticas nunca ha ido conmigo. Además, hacer estos trabajos tan absurdos es cosa de poco y hasta un mono sin amaestrar valdría. El caso es que eran morosos y eso que estaban forrados…  normal… si no pagas y sólo cobras, pues te forras. Decían que pagaban a mes vencido y tal. Cuando acumulé varios meses sin cobrar, me mosqueé, porque siempre me decían que a la semana siguiente me pagarían, y esa semana de pago nunca llegaba (momento Larra “Vuelva usted mañana”). Les mandé a la mierda, porque era poca pasta y las pelis eran tan malas que me daba dolor de cabeza ese curro. Conocí a muchos actores españoles, por cierto, a cada cual más gilipollas (me quedo con Fernando Tejero, que ni es actor pero lleva décadas en ello. Sí, es tan imbécil como le veis en las series o en las pelis, porque no interpreta, hace de sí mismo. Tuve que decirle las respuestas a mis simples preguntas sobre su inefable bodrio: “El penalti más largo del mundo”. Era incapaz hasta de contestar una entrevista, así que le hice “el guión”).

Bueno, por correo-e me decían que ya me habían enviado el cheque. ¿No te ha llegado? No llegaba nunca y eso que yo tenía cuenta bancaria ese año y les decía que me hicieran una transferencia, que era más cómodo y rápido.  Decían que no, que ellos pagaban con cheque. Claro… como yo. Si no pagas puedes “pagar” con lo que quieras. Les llamé por tlf. y hablé con la zorra timadora. Me dijo que justo ese día había salido mi cheque y, literalmente, que “el cheque está volando hacia Madrid”. “Me alegro por él, pero tú me vas a hacer una trasferencia a mi cuenta ahora mismo. y como no reciba lo que me debéis el que va a volar a Barcelona soy yo y os voy a reventar a hostias, a ti la primera”. Me colgó. Pero me pagó a la media hora.

Luego me puso un correo- e ofendida y quejándose de “mis formas”.  No te jode la idiota, idioto, idiote. Por cierto, mi cheque sigue volando… igual colisiona con la basura espacial china y se abre un bujero espacio temporal de flipar…

Santa Quiteria, 1 paraíso ciudadrealeño

Y, ya puestos, os cuento otra anterior a ésta. Cuando alquilé mi casa de Cabañeros, fue por 1 año, un contrato con opción a compra. Dejamos 30 mil calas de fianza (2 meses de alquiler). Lo hicimos con una abogada de Madrid que era la nuera de la dueña. A los 2 meses del vencimiento la llamé para decirle que no renovaba el contrato y que se cobrara los 2 meses con la fianza. Y –agárrate que vienen curvas – la tía me dice que si no ejercemos la opción a compra, perdemos la fianza. “¿Ah, sí? pues eso no me lo dijiste cuando firmé”. “No lo recuerdo, se me pasaría mencionarlo, pero así es la ley”. “¿Ah sí? ¿así es la ley? Tengo aquí el contrato – lo hojeé rápido – y no… no veo esa cláusula”. “Da igual si no está escrita, es algo estándar que no hace falta escribirlo –algo así me dijo – tienes que pagar los 2 meses que faltan y nos quedamos con la fianza si no compras el inmueble”. Aquí empecé a insultarla sin miramiento alguno y a gritos.  En resumen, lo que le dije fue que era una jodida timadora y que no iba a pagarle los 2 meses. Y que si necesitaba aclaraciones, me pasaba por su bufete, donde habíamos firmado el contrato y que me aclarara las cosas, a la cara.

Obviamente se cobraron con la fianza, que era por lo que yo les había llamado. La de insultos que me habría ahorrado si me hubiera hecho caso desde un principio en vez de intentar timarme. Me hizo gracia el día de la entrega de llaves. Vino la dueña, su nuera y el marido de esta… se ve que temían verme a solas. La dueña estaba mosqueada porque no le compraba su puta casa cochambrosa y me dijo que sacara todas mis cosas. Le enseñé unas literas que había metido y que podría dejar ahí si ella las quería. Dijo que no, que no quería nada, ni las puertas siquiera, que eran suyas. El caso –cosas de los paletos avariciosos pues esta me quiso vender hasta un rebaño de ovejas cuando me enseñó la casa – es que volvieron a los 5 minutos para decirme que sí, que dejara las literas. jajajaja. Esa noche quemé todo lo quemable, puertas incluídas en la chimenea, en la fiesta de despedida que di. Se me fue de las manos y la llama salía varios metros por la chimenea (eran 2 plantas) como un soplete. Lo vi al salir por la noche a airearme.  Saqué una foto que no sé donde coño está ahora, y bajé el fuego a cotas normales, que no soy gilipollas. A la mañana siguiente regalé todo, tal vez demasiado… porque una amiga vieja de allí cogió mi taza de plástico de estas de camping, donde me estaba bebiendo un Martini con limón… vació el líquido en la tierra y se la metió a la bolsa. Me quedé perplejo no, lo siguiente. Menos mal que tenía otros vasos que escaparon a su saqueo…

RELATO- artículo: Cosas “coñonudas” de la exvida.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on abril 24, 2021 by César Bakken Tristán

Qué cosas tan coñonudas pasaban antes (fijaos, queridos niños, que he inventado un híbrido que contentará a todes. Es un neologismo mío ancestral, que debo usar ahora, parece…). Bueno –dijo uno que estaba malo – sigo con mis recuerdos para ver la luz dentro de este pozo que es Espena. Hay que mirar para arriba, que es para afuera, para ver la luz dentro de un pozo; yo miro para adentro, en este pozo sin fondo que es mi vida, por suerte mi vida creativa y de recuerdos molones vividos y, al contarlos: vívidos.

Con 19 palos me piré de vacaciones a Galicia con 2 colegas coetáneos, en el coche de 1 de ellos. Como somos de Madrid, pues era un viaje considerable a esa edad. Total, para ir de borrachera no hacía falta ir tan lejos, pero al del coche le molaba de la hostia la música celta… ¿alguien habla ahora de eso o sigue existiendo ese estilo musical? El caso es que como esa puta música tribal tenía su paroxismo en Galicia… ¡pues a Galicia, coñones!

Para los que no queráis leer toda la chapa, hago una sinopsis y ya si os mola seguís viendo esto (*): Me robaron la cámara de “afotos” en Coruña. Pisé el centro del campo del puto Celta. Colé un billete falso de 10 talegos en un pub de Vigo. Mientras las almas tristes de mis amigos sobaban, me fui a ligar a unos pubs de Vigo, y como no ligué pillé un taxi que me llevó de putas. En un bar de la Coruña me hicieron el mayor timo de la historia de la humanidad viva.

Sigo para los que leáis algo más y desarrollo, brevemente, la sinopsis. Empiezo de menor a mayor , según mi criterio de cosas impresionantes y coñonudas.

1/ El robo de la cámara. Mis 2 colegas se empeñaron en ir a unos “recres” y como a mí me aburrían esos antros de maquinitas, mi aburrimiento dejó mi cámara de afotos cutre a más no poder (sino no la hubiera descuidado) encima de una máquina de monigotes digitales. Y tamaño era mi aburrimiento que al salir me la dejé. Me percaté a los pocos minutos y fui a por ella, y ya no estaba allí. Discutí con el dueño del chiringo, pues no es normal que en su ciberantro entre gentuza que ve una cámara de mierda y no es capaz ni de sacar el carrete y llevarse la puta cámara. Había fotos muy molonas en ese carrete, era casi el final de ese viaje. Desde ese día decidí no hacer más fotos. Por suerte, una década después enmendé el error y me hice fotógrafo profesional.

2/ El campo de jurgol. Mi colega conductor quería ver el campo del puto Celta de Vigo por fuera. Yo era de los Boixos Centre (mai ningú no ens podrà torcer) en esa época, así que ver el estadio de los etarras Celtarras no era necesario para mí. Pero acompañé a estos 2. Y , hete ahí, que había una puerta abierta. Era verano, no había jurgol, así que les dije que aprovecháramos y entráramos por esa puerta, que no cobraban entrada y por lo tanto no estábamos colándonos. Como eran 2 maricones, ni se arrimaron a la puerta. Yo pasé, y acabé en el césped de Balaídos. Ojo, mi odio a los Celtarras no quitó el gusto de llegar al centro del campo, mirando alrededor con los brazos en alto cual jurgolista. ¡Era un estadio precioso! Es la única vez que he estado en el centro del campo de un estadio grande. Es una sensación curiosa. A mí me gustó. Olía a césped. Por supuesto nadie me dijo nada ni vi a nadie… si el vulgo supiera la cantidad de cosas “prohibidas” que se pueden hacer y sin hacer daño a nadie…

3/ El billete falso. Mi colega conductor sacó 60 talegos (60 mil pesetas) de un cajero, delante de mí. 60 mil pelas daban para muchas copichuelas antes. El caso es que en una gasolinera fue a pagar el pienso del coche que estorba, y el gasofa le dijo que el billete de 10 talfis era falso. Lo pasó por no sé qué cojones de barrita de infrarrojos o infrafachas y nada, que ese papel de mierda no valía una mierda. Mi colega sacó otra sábana y esa sí era “legal”. O sea… CagaMadrid había expedido un billete falso de 10 talegazos (60 pavos de ahora imaginad lo que eran hace 709 siglos que tiene esta historieta: eran una pasta). Mi colega estaba acojonado con el billete falso en las manos… como si fuera una bomba. “Serás gilipollas” – le espeté como quien no quiere la cosa – “dame eso, que he visto que lo has sacado de un cajero, y yo te lo devuelvo en dinero válido”. 

Eran tiempos de barrita de neón rara en las cajas registradoras, precisamente para evitar billetes falsos… ¿pero de dónde venían esos billetes si hasta en un cajero te los daban? En todos los pubs estaba la puta barrita y, por lo tanto, era misión complicada colarles el billete más tocho de la época. Pero no contaban con mi astucia (momento súper héroe mexicano raro, que decía eso pero con ese: astusia). En un pub con la caja toda enneonada fui a pagar 3 copas con el billete bomba. Me percaté que los camaretas pasaban todos los billetes por la jodida barrita de neón. “Precaución” – les dije a mis colegas para ponerles nerviosos – “No va a ser fácil”.  La técnica para colar las 10mil calas era muy simple para mí: 3 copas pedidas, entre ellas mi gin tonic… ahí estaba la clave. Como solía pasar en esos años, no lo ponían con rodaja de limón, ni mucho menos con limón exprimido ni toda la perversidad que han inventado para un vaso de ginebra con agua tónica.  Jugué con esa baza para evitar la jodida barra delatora y amiga de los bancos que son los que distribuyen el dinero falso.

Le mostré el billete al notas y, antes de que lo cogiera y lo pasara por la puta barrita delatora, le señalé una botella de ginebra tras él y le dije que si me lo había puesto de esa. Ahí creé la “confusión del melón” (dícese –porque lo digo yo – del camarero/a  que se deja embaucar. Yo fui posteriormente el mejor camarero del mundo, ya os contaré qué pasaba cuando me querían engañar… a mí, el padre del embuste baretil)  y el gilipollas entró al trapo, porque ni recordaba qué botella había usado ni donde la había dejado. Le dije que me había echado poca ginebra, que echara un chorrito más y se cobrara – el billete falso a su vista, siempre ofrecido a que lo coja ­–. Agarró la botella que le dije, y mientras lo hacía yo le daba a mis 2 colegas tolis sus vasos de tubo y sus correspondientes refrescos. Me echó un suspiro más de la botella, como sé que suele hacerse en esos casos; pero me percaté que había más peña demandándole copas –cosa obvia – así que para colarle el billete, sin que lo pasara por el rayo fatídico, espere a que le pidieran otros clientes, y le pedí yo una rodaja de limón… ahí le dejé el billete sobre la barra. Me echó el limón mientras atendía verbalmente a los otros clientes, me cobro, me dio el cambio y siguió atendiendo.

4/ Vivan las putas, coñones. Los almas tristes sobando y yo deseando estar vivo. Me piro a unos pubs cercanos a la pensión de marras y nada, que me sirven todas las copas del mundo pero ninguna tía me servía. No es que no me sirvieran, que alguna moza lozana había, pero no sola y –supongo – sin compromiso.  Al segundo vodka con naranja lo vi claro: “aquí no vas a mojar el churro”. Y ni corto ni perezoso, salgo y entro en un pesetas.  Era pa´verlo ese Fary, un pieza como yo, pero doblando mi edad. Le digo: “Jefe, aquí no hay quien folle. Lléveme a un lugar donde se pueda”.

El puticlub era enorme, algo así como la luna vista de cerca. Y estaba hasta la bola. “Y mis amigos sobando” pensé al entrar, dando inevitables codazos. La suerte de los beodos como yo es que nos dan una copa y ya estamos contentos. Así que pedí una y tan feliz viendo el percal del local.  En serio, eso era enorme. Me agredió una negra puta (para el que nunca haya ido a un lupanar, que sepa que ahí las putas de agreden, tal cual) y nada más tocarme el cimbel me convenció. Fijaos cómo estaría de lleno el antro que no había habitaciones libres para el fornicio, así que tuvimos que darle a la lascivia en una sala cerrada al público, una especie de reservado. Y ahí, encima de un sofá corrido hicimos la faena. 2 orejas y el rabo me dieron. Pero como soy un romántico empedernido, le dije a la zorra que quería una vuelta al ruedo. Y la muy puta salió de nuestro nido de amor (¿abandono conyugal?) y volvió al momento y me dijo, tal cual: “no me dan otro condón ni saben que sigo contigo. Cada condón es un servicio”. Obviamente saqué un condón mío y le ofrecí la mitad de dinero para reconquistarla… y como era dinero más negro que ella, pues accedió. Y a follar, que el mundo se iba a acabar.

5/ El desayuno más molón del mundo. En la Plaza de España de La Coruña, un bar y 3 clientes gilipollas: yo y mis colegas. Los muy tópicos y típicos piden café con leche y porras o bollos o una mariconada de esas. Y yo, una birra y un pincho de tortilla. Sólo quedaba un pincho, así que tuve suerte y el camareta me lo sirvió. Desayunar birra y tortilla es lo mejor del día.  Mi amigo el conductor (precaución, amigo conductor) vio mi pincho, todavía sobre el cristal ese raro de la barra, se encaprichó y dijo: “¡Jefe! Yo quiero otro pincho de tortilla. ¿Hay más?”. El “jefe” nos miró con cara de querer el descabello cuanto antes, cogió un cuchillo, cortó mi pincho en 2 y puso una mitad en otro plato. Y nos puso los 2 platos en la barra. ¡Olé ahí la faena! ni el Soro lo hubiera hecho mejor. Antes de que los platos rechinaran ya estaba yo mirando a mi colega. Y me suelta, de soslayo: “Chámber, no la líes” (Chámber es uno de mis motes). “¿Pero tú has visto?” le espeté más risueño que ofendido.  “Yo pago todo, pero no la líes”. Yo miré al camarero /dueño del antro, le sonreí y le pedí otra caña, con la otra llena, para que supiera que yo no resto, sino sumo.

(*) esto es una metonimia. Uso muchos recursos literarios en mis balbuceos. Y me invento otros… qué se yo, me gusta jugar con las palabras bajo un contexto adecuado y una estricta lógica narrativa. Si no lo pilláis, pues no me leáis más. Y a los que sí que lo pilláis pues os pido perdón por esta aclaración.

RELATO- artículo: dormir, bajo techo, está sobrevalorado.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on abril 23, 2021 by César Bakken Tristán

La diferencia entre un indigente y un “naturista” es simplemente el lugar donde habitan a la intemperie. He sido “naturista” muchas veces, pero voy a contaros una de indigencia temporal, sólo una noche, que es más bien deambular urbano. Lo he ejercido en múltiples ciudades: Venecia, Barcelona, Salamanca, Ciudad Real, Faro, Toledo, Madrid… pero esta que os narro fue en un pueblo grande riojano: Arnedo. Escribo sobre esto porque ya sabéis que desde hace 14 meses es mejor vivir de los recuerdos, sinceramente el único motivo por el cual no me he suicidado o matado a alguien por esta tenaz, atroz y criminal PLANDEMIA (pero tranquis, sátrapas covidiotas y gente que me quiere: tengo tantos recuerdos para narrar que no me dará tiempo a hacerlo ni aunque viva lo que mi abuela paterna, que pronto cumplirá 107 palos).

Fui a Arnedo acompañando al presentador –otrora un gran amigo (aquí podéis ver la asquerosa relación que tenemos ahora, y el juicio que deberíamos tener pronto espero poder contarlo, porque promete) del Festival de cine de Arnedo, en otoño de 2007. Me invitó a ir, por la patilla, y alojarnos juntos en su habitación de hotel. Pero su novia de entonces se apuntó al viaje, a última hora y ejerció su derecho de pernada, ante lo cual mi amigo me dijo que no podía quedarme con ellos “a no ser que no consigas alojamiento” –dijo con viperina boca pequeña. Curiosamente a esta mujer la conocí antes que él, en Tánger, una nochevieja rara que pasé en Musulmania que da para otra historieta de estas).  Como me quedé sin alojamiento, la organización del Festival me instó a buscar rápido alguna habitación dentro de la escasísima oferta de hospedaje del pueblo (15 mil habitantes), pero pasé del tema y decidí aplicar la fórmula que tantas veces me ha funcionado, y que es mucho más molona que ir a una jodida pensión cutre: ligarme a una tía, follar, beber, reír, follar otra vez, conversar, follar otra vez y dormir en su casa.

El evento era, como todos los de esta índole, un coñazo devorador de intelecto; así que me escapé de él, junto a la novia de mi amigo, para irnos de birras. Antes del evento recorrí el pueblo después de comer (momento donde conocí al actor Juan Díaz y fragüé relativa amistad posterior con él), subí a su castillo, trepando por el muro y todo –nunca olvidéis que yo estoy loco, no me imitéis nunca, queridos niños – y mientras la peña sesteaba yo buscaba a un antiguo buen amigo de la UAM que, también, vivió y trabajó conmigo unos meses en Eivissa. Recordé que era de Arnedo y como ya no tenía su tlf. le busqué, y lo encontré, el tlf. no a él porque vivía en Oviedo en la misma casa donde estuve una vez (pero eso es otra historia molona, como lo de Tánger). Tras el cierre del puto Festival nos fuimos a gorronear al catering /fiesta fin de truño montado por los paganinis del mismo. Ahí era donde tenía que intentar emborracharme, comer algo y buscar alojamiento en cama de moza solícita, o en su sofá después del fornicio, pues dormir y joder con alguien no va ligado, para nada.

Yo era por entonces un tipo muy risueño, porque lo que todos y todas me querían cerca. Qué se le va a hacer. Pero yo siempre cambiaba el polo de mi imán, a demanda propia, y solía repeler –con educación y mano izquierda, tipo “despedida a la francesa” a la mayoría de los que me interpelaban –.  Cuando me percaté de que la fiesta iba a acabar pronto y cada mochuelo se iba a ir a su olivo y yo Dios sabe donde… me puse a ligar. Eché el ojo a una morena buenorra que me “hacía ojitos”. Hablamos y, de soslayo, de dejé caer mi carencia de estancia para pernoctar. En seguida me dijo, entusiasmada, que me fuera a su casa. “Joder, qué fácil ha sido” me dije. Demasiado fácil… porque a la hora o así me di cuenta que era la mujer o novia de uno de los organizadores, el cual me dijo, igual de entusiasmado (qué gente más rara), que fuera a dormir a su casa (la de los 2, se entiende, jajaja, aclaración necesaria porque, a veces, me ha pasado que el cornudo me deja, tan alegremente, con la zorra de su pareja. Tremendo pero cierto, como la cornamenta del susodicho). Me desapunté.

Centré mi atención en una rubia buenorra, aunque tal vez menos que la otra… pero el tiempo apremiaba y hacía un frío del carajo en la calle.  Y me la ligué en un plis plas, por supuesto, la duda ofende si es que la habéis tenido. Nos enrollamos como si tuviéramos 15 años, pero ella estuvo hábil y me caló rápido. Hay gente muy rara por ahí, esta tía, en tan poco rato “se enamoró de mí”. Resulta que era la farmacéutica del pueblo de al lado, Arnedillo, joder qué buen ojo tengo, una tía con pasta y que me podía regalar tiritas. Vivía sola y sin compromiso y yo le gustaba… ¡era perfecta coño! Pero nada… muy cateta para asuntos amatorios, eso de follar por follar como que no le iba y quería compromiso y no sé que chorradas más con un tipo que acababa de conocer tomando copas. me dijo, textualmente: “No me fío de vosotros los artistas. Si vienes a mi casa esta noche no me querrás ver más cuando te vayas a Madrid” “¡Pero si yo no soy artista!” – le dije, pero no coló porque los del Festival confundían ser creador cultural con ser un puto artista y ella se quedó en la copla, mariposa, pues era amiga de la morena de antes –. Obviamente no iba a mentirla para convencerla de que no tenía razón, mentir es un don con el que no me ha bendecido Dios. Aún así la quise convencer, entre beso y beso y metidas de mano que era una estupidez no pasar juntos esa noche. Pero ella, erre que erre, me cagonSanSatán, que se iba a enamorar de mí y patatín patatán de chorradas varias. Joder, qué fácil vende su amor mucha gente. No me extrañan las hostias sentimentales que se llevan.

El caso es que al poco me vi solo en Arnedo y con todo cerrado.  Quedé a las 8:30h. con los de la furgona que me había traído, para volver a Madrid. Era la 1 y poco. Así que me fui a dar una vuelta para cerciorarme de que no había ningún antro para refugiarme con al excusa de tomar la penúltima y, quien sabe, lograr acomodo en cama de moza placentera o de mozo amistoso. Pero nada: pueblo fantasma y un frío de cojones. Menos mal que llevaba buen abrigo. Volví al castillo, pero allí el viento era más ofensivo que un cañonazo a 5 metros. Así que deambulé y deambulé. Si lo sé hubiera mangado una botella de licor para calentar mi noche y ponerme beodo, que así todo pasa antes y mejor… pero no me cosqué de la jugada a tiempo. Aterido y somnoliento me acomodé en las escaleras de emergencia de no sé qué jodido edificio, para intentar echar una cabezada, pero qué va, menudo frío y que incomodo lugar. El culo, un témpano. Seguí andando, hasta que descubrí un banco de madera y, por lo tanto, no helado, lejos de edificios, en una especie de parque a la intemperie con el campo en lontananza. Acomodé mi cartera junto a mis huevos para asegurarme que no me la robaran, me puse la capucha y a sobar. Me despertó la luz del amanecer. Es muy bonito ver amanecer, sea donde sea, os lo aseguro. El paulatino cambio de temperatura del color es apabullantemente bonito y los pájaros siempre cantan, estés donde estés. Seguí horizontal y acurrucado mientras noté que pasaba gente a mi lado, los más madrugadores que dan un paseo muy matutino, cabrones.  Murmuraban cosas al pasar a mi lado, por supuesto.

Volví al punto donde habíamos quedado para volver a Madrid. Y fue como en las películas de humor absurdo. Llegué 15 minutos antes –tras haber podido tomar una infusión y un bollo en una pastelería – justo en el momento en el que se iba la puta furgoneta (era de esas de 9 plazas). Y me quedé con cara de gilipollas. Luego uno de la organización me llevó –junto al presentador y su novia – a Logroño y nos pagó los billetes de autocar. Yo no tenía sueño, por cierto, ¿quién puede tener sueño, con 32 años, habiendo dormitado un par de horas a bajo cero de temperatura? Cuánto maricón hay ahora, y no me refiero a nada sexual. Por cierto, desde que la farmacéutica de Arnedillo se largó, como todos los demás, no volví a pensar ni en ella ni en todos los demás. ¡Qué bien, pero qué rematadamente bien se está solo y sabiendo que no necesitas a nadie ni a nada, para ser feliz, sin hacer daño a nadie!

RELATO – artículo: una navaja, un sombrero y 2 aeropuertos.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on abril 12, 2021 by César Bakken Tristán
Los 3 protagonistas de esta historia: el sombrero de Toni, la navaja de mi abuelo y el menda lerenda, que necesita un afeitado urgente, todo sea dicho, y pensaba afeitarme esta misma mañana, pero sin rasurarme –no lo hago desde hace 2 décadas – pero me he hecho la foto antes, porque me apetecía escribir este relato, para olvidarme un poco de que vivo secuestrado por Papá Estado, en Hediondo Puente de Bellacos y en plena y creciente PLANDEMIA tras 14 meses ya desde la implementación de este espanto.

Queridos niños, si os pregunto qué es peor llevar en un control de acceso de aeropuerto, si una navaja o un sombrero, ¿qué respondéis? Es decir, ¿llevando cual de esos objetos tendrás más problemas al acceder al recinto?  Una vez más, debido a vuestra corta edad, erráis y tenéis una rara confianza en el sentido común de los adultos. La respuesta es: el sombrero.

Añado, para que sigáis desconfiando aún más de los adultos, que los aeropuertos son el de Dakar (Senegal) y el de Eivissa (Espena). ¿Puede pensarse que en África sea más “peligroso” un aeropuerto que en la turística Eivissa? Pues todotitísimo lo contrario.  Ahí va mi anécdota en Senegal que me llevó a “hacer surf” sobre una cinta transportadora de maletas, navaja en mano; y otra que casi me lleva a partirle la cara a varios siervos del sistema, por culpa de una zorra empoderada, sombrero no en mano.

Hace 2 años uno de los controles de acceso del aeropuerto de Eivissa inauguró un estúpido sistema de acceso de equipajes consistente en cubetas fijas a la cinta a modo de delirante trenecito infantil y la obligación de meter cada bulto por separado. Metí mi maleta en uno y una bolsa con un sombrero en la de atrás. Al pasar el ridículo arco detector de metales, recogí la maleta y ,debido al ajetreo y a que siempre meto todo en la misma cubeta, no esperé a la obra con el sombrero. Pero me percaté tras caminar 5 metros, dejé la maleta con mi parienta y volví a por mi bolsa. Me lo acababa de regalar un amigo, como recuerdo de mi amigo Toni –su hermano – reciente y tristemente fallecido (aquí podéis conocer a mi amigo Toni).

Mientras tanto, hace 13 años, en el control de acceso del aeropuerto de Dakar (camino del Casamance) me percato de que no he facturado mi pequeña navaja (7cm. de hoja), regalo de mi abuelo paterno, que siempre llevaba en el bolsillo. Bueno… rodeado de negros armados hasta los dientes y que sólo hablaban francés (y, supongo, wolof y mandinga u otros dialectos del país) no era buena idea sacar la navaja y explicarles lo del olvido, en español e inglés bananero. El caso es que, con cuidado y con toda la comunicación no verbal que puede hacer, les intenté explicar que era un “souvenir” “regalo de mi abuelo” y que se me había olvidado meterla en la maleta facturada. Ya os garantizo que en Espena esto, mínimo, te supone perder la navaja y, a lo mejor, recibir hostias por un tubo.  Yo no quería perderla, porque es verdad que es un regalo y, además, quería llevarla conmigo, qué coño.

A todo esto, en Eivissa, vuelvo tras mis pasos para coger la bolsa con el sombrero, pero hete mi sorpresa que en unos segundos la cubeta se ha ido a la zona de los esbirros. Le digo a una empleada que “aquella” bolsa es mía, que me la dé, por favor, que hay un sombrero dentro. Ella va, lógicamente, hacia el lugar, coge la bolsa e, ilógicamente, en vez de dármela, mira dentro de ella y me suelta: “¿Cómo es el sombrero?”. Me pilla tan de sorpresa la pregunta, que no sé qué coño decir, pues hacía unos segundos esa misma imbécil me había visto entrar con 2 cubetas, sacar la maleta y olvidar la bolsa, y no había más cubetas delante, por supuesto, o sea, que a qué coño venía no darme inmediatamente el sombrero de mi amigo.

El negrazo del control de acceso de Dakar entendió mi planteamiento de que no me iba a desprender de la navaja y de que quería, de alguna manera, meterla en mi maleta que estaría dios donde coño sabe esperando ser metida en la bodega del aeroplano (era de hélices). Llama a varios negros más, los cuales me hacen gestos de que les siga. “Bueno – pienso – al final se va a liar”. Me llevan por unos pasillos y me dejan al albor de una negraza descomunal, pero juro que era mujer, vestida paramilitarmente, con gafas de sol, gorra, armada como Suarsenaguer en “Comando” y con un detector fálico de metales. “¿A qué me lo mete por el culo?”. pensé. Pues no, pero pasó rozando el larguero… me lo restregó por todo el cuerpo, abrió un portón y contemplé que estaba en la zona de las cintas transportadoras de equipajes. Me hizo el gesto de entrar… y entré. Ahí no había suelo, sólo cintas moviéndose, así que me subí a una y, haciendo surf, divisé mi maleta en lontananza.

Mientras tanto, a la idiota de Eivissa le decía qué era un sombrero y punto, y que me lo diera inmediatamente. Y va y me suelta: “¿De qué color es?”. Y yo, como había dejado mi paciencia en la maleta que custodiaba mi parienta, pues ya exploté: “¡Qué me des mi puto sombrero, hostias!”. Aquí ya aparece otro siervo del aeropuerto (empleado, no madero ni segurrata) y me pide calma y respeto. “¿Qué dices tú? ¡Dejadme en paz y dadme mi sombrero!” La cretina, seguramente envalentonada por la presencia de su compañero de estupidez y por la cercanía de los esbirros armados, se acerca, bolsa en mano, me la ofrece y cuando voy a cogerla la echa hacia atrás, e insiste en que le diga el color. “¡Qué me des el puto sombrero! ¡deja de tocarme los cojones! Además, soy daltónico, yo qué pollas sé de qué color es, es mío y punto, dámelo ya”.  Ambos cretinos se tomaron lo de mi daltonismo (que es cierto, por suerte para mí, pues me niego a ver el mundo como el resto de hijos de puta que lo habitan) como una burla y empezaron a reprochármelo. Y el sombrero, en las zarpas de la enajenada.

Surfeando llegué a mi maleta e introduje la navaja. Volví a los dominios de la negraza paramilitar, le di las gracias en francés y volví al control de acceso. Allí me esperaban, ya “al otro lado del espejo” mi novia de entonces y mi socio con los que estaba grabando mi documental sobre los cayucos, cuyo trailer podéis ver aquí, y estaban algo intranquilos imaginando que a esas horas ya estaría yo como plato principal y delicatessen de una merienda de negros. Pero no, todo bien, gente muy amable, eficiente y sensata los de ese aeropuerto, por lo menos ese día.

Y en Eivissa, yo insultando a diestro y siniestro y reclamando mi sombrero y haciendo el gesto de saltarme la puta mesa tras la cinta transportadora y cogerlo por mi cuenta. Menos mal que mi parienta decidió intervenir, porque me conoce y sabe que salto, le pego un guantazo a la tipa esta y media hostia al otro (no tenía más) y cojo el sombrero de mi amigo cuya memoria estaban mancillando con tamaño esperpento al no querer devolvérmelo. Pues eso, pan con queso, que mi parienta les describió la forma y les dijo el color del sombrero y, a regañadientes, me lo dieron, tras lo cual me intentan charlear, dirigiéndose a mi parienta: “el protocolo es así y nos ha faltado al respeto”. “¿qué protocolo, gilipollas, si me acabáis de ver con la maleta y el sombrero y nadie lo ha reclamado. ¡Si han pasado 4 segundos desde que lo dejé ahí y fui a por él” Y como ya tenía mi sombrero, me seguí despachando a gusto con estos extraviados mentales severos.

Ya veis, queridos niños, es más arriesgado entrar con un sombrero en un aeropuerto Europeo que con una navaja en uno africano. ¡Ni os imagináis la de aventuras molonas que viviríais si hubierais nacido en 1975, como yo! Ahora estáis sentenciados a vivir encerrados, embozalados y mirando una pantalla. Así que, por lo menos, os aporto estas experiencias de cuando había vida humana sobre la Tierra. Jamás sabréis la vida que os estáis perdiendo. Al igual que jamás imaginé yo que podría echar tanto de menos mi vida de hace 14 meses y sumando.

RELATO – artículo: El segurata de metro más gilipollas de Madrid.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on abril 10, 2021 by César Bakken Tristán

Queridos niños, a lo largo y ancho de toda la vida que os queda por delante (bueno, si acabamos con la plandemia, que si no ésto es todo lo que habréis vivido, sanseacabó) conoceréis a mucho imbécil, demasiados para cualquier alma noble. Os voy a contar uno de los 1.001 altercados que he tenido con los seguratas del transporte público: uno de hace 15 años en el Metro Full de Madrid (Metro Sur lo denominan los que no saben llamar a las cosas por su nombre). Entré en la estación Julián Besteiro (*) de Zarzaquemada, Leganés, donde sólo había una chica – el otro lado de los tornos – y el segurata en mi lado; y cuando iba a picar mi billete –me he colado un millón de veces en el transporte público, porque ese servicio ya lo pagamos con los impuestos – la chica me grita, desesperada y sollozante:

¡Por favor, por favor! no entres todavía – exclamó alargando su brazo hacia mí – ¿puedes hacerme un favor?

Depende de lo que sea, dime – dije algo extrañado de su actitud y de la impasibilidad del segurata.

Sácame un billete sencillo, por favor – dijo, sollozante, tendiéndome la mano abierta con monedas.

¿Por qué? puedes sacarlo en esa máquina –dije señalando una máquina expendedora de billetes, situada tras ella.

No funciona y éste no me deja salir – dijo señalando al segurata – llevo aquí mucho tiempo y no puedo salir.

(Aclaro que, por lo menos en esa época, si venías de la línea normal de metro de Madrid, podías entrar al Metro Full saliendo del otro con el billete de Madrid, pero como esta línea es diferente, tenías que sacar otro billete para poder salir por los tornos, luego. De ahí que hubiera máquinas de billetes en la parte interior de los tornos.  Era muy normal que gente con el Abono B1 no pudiera salir luego y tuviera que sacar un billete en la estación de fin de su trayecto por el asqueroso, maloliente, ruidoso y carísimo Metro de Madrid).

Pues sal y sacas tú el billete aquí fuera –dije lógicamente.

Y aquí rebuznó el psicópata:

No se puede salir sin el título válido de transporte.

¡Qué la máquina está rota y no puedo sacarlo! –gritó la chica desesperada – llevo aquí una hora y no me deja salir. Sácamelo tú, por favor. Ya no aguanto más.

Claro, dame –dije cogiendo las monedas y atando cabos de la jugada que estaba presenciando. Añado que ese día iba con un enorme trípode profesional de aluminio para cámaras de vídeo, a devolvérselo a quienes me lo habían prestado. Lo llevaba sin funda y sobre el hombro a modo de enorme palo de troglodita. Este dato es clave para el desenlace de este disparate. Le saqué el billete mientras interpelaba al segurata.

¿Pero por qué no dejas salir a la chica, si la máquina está rota, y saca el billete y lo pica luego como si fuera a entrar?

No se puede entrar ni salir sin título válido de transporte –repitió el loro.

A ver –dije ya con el billete – ¿no puedes amoldarte a lo que pasa y dejar el puto reglamento ese e improvisar un poco por el bien del usuario?

Nadie puede salir sin…

Vale, vale, qué te calles –dije ya empezando a cabrearme – y dándole el billete a la chica.

Muchas gracias –dijo la chica secándose las lágrimas y saliendo, por fin, de su reclusión.

Esos pocos segundos entre sacar el billete y dárselo a la mujer hicieron que se encendiera mi bombilla de autodefensa y me encaré abiertamente, y sin vuelta atrás, con el segurata.

¿Me estás diciendo que por culpa de una máquina rota has tenido encerrada ahí a esta chica? ¿Me lo estás diciendo en serio?

Sí, no me dejaba salir – contestó ella sin ser preguntada. Le hice un gesto, amable, de que se callara. Y subí el tono de mi bonita voz.

¿De verdad eres tan gilipollas cómo para hacerle eso a un ser humano que quiere pagar el puto billete?

Sin título de transporte… –repitió su sempiterna frase el tarado, momento en el que, para interrumpirle, decidí blandir el enorme trípode metálico, a modo de espada de Conan el Bárbaro.

Me cago en Dios, ¿cómo puedes ser tan imbécil? Es que te voy a reventar – dije yendo hacia él con el trípode–espada, momento en el que él salió corriendo hacia un ascensor. La chica intentó pararme, diciendo alguna sensatez de la que yo, por supuesto, hice caso omiso y me fui a por el segurata,  blandiendo el trípode con ambas manos, gritándole que le iba a reventar la cabeza (la acústica del hall hacía que mis gritos quedaran muy molones). Pero, por suerte para todos, se metió en el ascensor y cerró la puerta. “¡Pero serás gilipollas como para hacerle eso a un ser humano!” le grité mientras desaparecía de mi vista y yo “enfundaba” mi espada, que no era otra cosa que dejarla en el suelo.

(*) el único sociata que no fue 100% criminal, sino sólo 50%, que no es poco para seguir siendo un criminal miembro histórico del PSOE, el partido más criminal de Occidente.

RELATO – artículo: Rodeado de gitanos agresivos yo me regodeo

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos with tags on abril 8, 2021 by César Bakken Tristán

Si hay algo que, más o menos, admiro actualmente de la etnia gitana, es que imponen su ley en tiempos de plandemia y, por lo tanto, merecen todos mis respetos y ojalá los payos fuéramos como ellos.  Gloriosos vídeos de los gitanos “ahostiando” a maderos que les quieren obligar a embozalarse.  En Hediondo Puente de Bellacos hay un güevo de gitanos, me uniría a ellos para esta causa, sin duda alguna.

El caso es que una vez, en Córdoba, me vi rodeado de gitanos agresivos… porque yo había golpeado a uno de ellos… jajajajaja con el resto al lado… ¿quién dijo miedo? Yo jamás he ido por la vida –ni iré – agrediendo a nadie, soy antiviolencia total, pero autodefensa absuluta. El que vive en sociedad y se acojona, está condenado a una vida de servidumbre y a recibir más palos que una estera, tanto de “medios oficiales” con de “ciudadanos”. A mí esta decena de gitanos me respetaron y acabaron siendo mis colegas (uno de ellos hasta amigo), eran buena gente, salvo al que golpeé. Queridos niños, os aconsejo encarecidamente que os alejéis de la sociedad, pero si no podéis hacerlo que os enfrentéis vehementemente a ella y marquéis vuestro territorio que no es, ni más ni menos, vuestro derecho a ser libres y a no ser expoliados, ni vilipendiados o maltratados por nada ni nadie. Y nunca olvidéis que la libertad se ejerce y se defiende, no se pide y se abandona.

La parte de la barra, de la taberna La Magdalena

Yo curraba de tabernero en Córdoba, en la Taberna más bonita del mundo, “La Magdalena” y no me hace falta verlas todas para afirmar esto.  El día de la pequeña reyerta estaba encargado de toda la terraza, aledaña con la de un puesto de caracoles que se ponen en Córdoba en primavera. Todos los del puesto eran gitanos, de 3 generaciones además. El abuelo, lógicamente, era el patriarca. Venían a comer a nuestra taberna, y alguno a tomar copichuelas, pues en el puesto de caracoles no daban de eso.  Al estar literalmente pegados, el pacto era que sus clientes que ocuparan nuestras mesas consumieran, mínimo, nuestra bebida. Pero, claro, como donde hay confianza da asco y como en la Taberna éramos sólo 3 y ellos 10… pues nos querían torear todo el rato. La cosa es que entre esos 3 estaba yo, y a mí no me torea ni mi padre. Conmigo, por las buenas, lo que quieras, por las malas, más todavía.

Parte de uno de los varios comedores

Esa noche de la bronca yo estaba hasta la polla de echar clientes de ellos de nuestras mesas. Y uno de sus camareros de terraza, un gitano analfabeto y petimetre veinteañero, no dejaba de tocarme los cojones sirviendo sus birras en nuestras mesas. Le di varios avisos… y que si quieres arroz Catalina… por eso tuve que poner disciplina y cuando pasó cerca de mí, yendo a su jodido chiringo, le hice una zancadilla (realmente fue una patada lateral a un tobillo. Roja directa en jurgol y 7 partidos de sanción). Se incorporó rápidamente y me espetó: “¡me has dado una patada!”. “Claro, gilipollas, para ver si te rompías la cabeza”. Bueno… para qué queremos más… cuanto “ofendidito” hay por ahí. A los pocos segundos llega todo el clan a donde estaba el menda lerenda, el patriarca a la cabeza: “¿Has pegado a mi nieto y le has dicho que le ibas a romper la cabeza?”. “Sí” le contesto. Me rodean por doquier y los clientes empiezan a ponerse nerviosos (la gente se altera hasta por el pedo de una mosca… normal que con la plandemia estén todos acojonados porque lo dice la puta tele y los maderos controlan que seamos siervos del globalismo). El patriarca empieza con lo típico de que “ a mi sangre no la tocas” o algo así igual de molón. “Tu nieto no respeta a nuestra Taberna. ¿Qué quieres que haga? que os lleve yo los vasos de caracoles al chiringo y todo?” Bueno, tras unas cuantas gilipolleces más, yo sin achantarme, por supuesto, no te jode… ¿qué sabrían esos gitanos de toda la vida que tenía yo por detrás a mis 30 años de entonces? Si lo hubieran sabido ni se acercan…porque además la razón era mía.

El puesto de caracoles, pegado a la Taberna

Salió mi jefe, amigo y dueño de la Taberna –que era el cocinero – porque le avisan de la bronca. No sé quien fue el maricón que le avisó, a mí no me hacía falta… rodeado de 10 gitanos… ¡no se me podían escapar!  Igual se quemaron las croquetas por esta gilipollez. Mi jefe era amigo de hacía muchos años de la mayoría de ellos y se hinchaba a caracoles a diario, y como al que le di la patada era odiado hasta por los propios del clan… pues la cosa no fue a mayores. Eso sí,  cuando se calmaron les repetí que en nuestras mesas sólo caracoles. “¿Os queda claro o os lo tengo que decir como antes?”(no pongo “u os lo” porque hablando se dice con o). Esa misma noche, cuando cerraron, uno de ellos (el amigo que os digo, Rafa) se tomó unos cubatas y me dijo que yo había hecho muy bien y que ese niñato era un gilipollas. El resto de semanas, y hasta meses, todos muy amables conmigo, hasta el de la patada. 

Lo que os digo, queridos niños, qué nadie jamás y bajo ninguna circunstancia os pise, sea quien sea y cuantos sean. Eso sí, tampoco os paséis de frenada, si matáis al gitanillo por lo que os he dicho que hacía, el resto del clan tiene todo el derecho moral de hacer lo mismo con vosotros. Mesura y cordura, ojo con eso, siempre.

Termino con otra anécdota por el mismo motivo, pero con unos payos gilipollas. 2 parejas de heteros treintañeros sentados en una de nuestras mesas. Les tomo nota, pero me dicen que se lo han de pensar. Como una se va hacia los caracoles, les advierto que esta mesa es de la Taberna y que no pueden estar sin consumir. Dicen que vale. Al rato les veo con la mesa llena de caracoles y cervezas del chiringuito.  “¿Qué vais a tomar?”. “Nada” me dice uno. Haciendo un acto de contrición, por deferencia a mi jefe, les repito lo de las normas y les insto a que me pidan consumiciones. El del “nada”, me lo repite, y en plan chulesco: “ya tenemos de todo”. Bueno… imaginad, queridos niños. Les grito… “¡Pues fuera de aquí ahora mismo y os lleváis todo esto al puesto de caracoles o a la puta plaza, pero fuera de mi mesa ya!”. Se levanta el chulito y se me pone medio en guardia… jajaja ¡se me puso en guardia de pelea! y los 3 acompañantes le paran y, otra vez, mi jefe, dejando que se quemen las croquetas porque también conocía a este patán y le avisaron. El notas me quería currar, jajajajaja y yo con la bandeja de latón en la mano queriéndole hacer sonar un “gong” en su melón. “¡Fuera de aquí!” les grito pasando absolutamente de mi jefe. Nos ha jodido, a ver si voy a tener que agachar las orejas. Gracias a los 3 comensales medio sensatos, cogen todo y dejan la mesa. Y va mi Jefe y me dice: “César, que este es campeón de taicuondo ( taekwondo) ten cuidado” Y yo, descojonado. ¿Pero qué ha de temer un macarra de Leganés de un cordobés? sea lo que quiera ser dicho cordobés… además, que un federado en artes marciales está catalogado como “arma” jajajaja, es en serio, y no puede liarse en reyertas porque le cae una sentencia penal cojonuda, va a la cárcel y pierde su licencia de deportista hostiador ultraviolento. Pero eso se lo dije a mi jefe después, pues si hubiera sabido que este notas era eso… le hubiera hecho sonar el gong, sabiendo que ni se podría defender, si es que se levantaba del suelo, claro.

Cuando imbécil hay y, por desgracia, cuántas hostias de autodefensa nos quedan por dar.

RELATO: No es buena idea cagarse “en mi puta madre”.

Posted in LITERATURA, Relatos on abril 6, 2021 by César Bakken Tristán

Durante el año que alquilé una casa de campo en una preciosa pedanía manchega, Santa Quiteria (Parque nacional de Caballeros) provoqué tanto a la vida que algún día escribiré una novela sobre ese año, no por hablar de mí, sino de todo lo que me rodeó esos 365 gloriosos días de vida libérrima al 100%, de hecho ya escribí una novela de 380 páginas sobre 3 meses de ese año que pasé en Eivissa y curré de ayudante de cocina de un gran hotel. Fue, exactamente, hace 20 años.

Una noche fui a las fiestas de Alcoba de los Montes, el pueblo al que pertenecía administrativamente la pedanía. Al pasar por un oscuro lugar me topé con varios coches donde estaban haciendo botellón, mozos/as de la pedanía y otros, supongo, de Alcoba de los Montes. A los que reconocí les pregunté si me invitaban a algo. Me respondieron que no, de bastantes malas maneras. Me dio igual y no me sorprendió, porque en los pocos meses que llevaba en el lugar ya me había granjeado la enemistad de casi toda la pedanía, ya que pensaban que me iba a follar a todas sus hijas, nietas, novias, amigas, madres… cuando a mí las lugareñas me la sudaban, ya me traía yo las tías de Madrid y hasta una de México que conocí en Venecia ese mismo glorioso año. Pero como las hijas, nietas, novias, amigas, madres… de estod paletos me hacían “ojitos”, pues ellos celosos y tal.

En ese botellón estaba el mastuerzo más grande de la zona, un enorme tarugo de Fuenlabrada, cuyos viejos tenían casa en Santa Quiteria. Su carácter era lamentable, tenía lo peor del campo y lo peor de la ciudad el gilipollas ; y le gustaba una del pueblo, que venía de vez en cuando a mi casa a tomar algo… Ese era el que más asco me tenía, lo supe esa noche. Fue el que se me puso más agresivo por el mero hecho de pedir yo si me daban una copa. Se vino arriba el tío cuando vio que sus mofas e insultos me la sudaban. Confundió mi abrumadora superioridad intelectual, vital y moral con acojone. Cuando acepté su rechazo y les dije: “Vale, me piro” y me di la vuelta, este idiota va y me grita: “Sí, lárgate, me cago en tu puta madre”.

¡”tiri ri riiiii, tralarererooooo, jijijijjji, larerolailo laaaaaaaa”! algo así canto mi chaveta al oír ese insulto. Reconozco que me gustaba mucho que me dieran una excusa, pese a odiar totalmente la violencia, pero la autodefensa… ahí, cuantos momentos de alegría le quedan a esa por darme. Me giré y fui directamente a por él, sin decir nada. El huelebragas estaba sentado en el maletero abierto de un coche, rodeado de idiotas por doquier. Todos se callaron, y como eran tan capullos de no poner ni música, se hizo el silencio. Ni se levantó. Yo pegado a él, literalmente, mirándole de arriba abajo por la posición.:

-¿Qué has dicho”? –  dije gritando –(silencio sepulcral sólo roto por el bullicio de las fiestas a un Km. de allí). Mi madre hace poco que superó una grave operación de un cáncer de mama. ¿Vas a cagarte tú en ella, delante de mí, delante de su hijo? ¿Vas a llamar puta a una mujer como ella? (silencio y caras de acojone en los que miraba, furibundo total, que apartaban la mirada. El imbécil mastodonte con la cabeza agachada). Mírame a la cara y di ahora mismo : “Siento mucho lo que he dicho de tu madre. Lo siento y lo retiro”. Porque si no lo dices te voy a reventar la cabeza ahora mismo – el notas como un flan, mirando a sus amigos, que estaban ya de mirada ausente total – ¡Qué lo digas o te reviento la cabeza ahora mismo!

– Siento mucho lo que he dicho de tu madre.

– ¿¡Y qué más!?

– Lo siento y lo retiro.

Y me largué a las fiestas del pueblo, a bailar y beber birra y tal vez a tirarme a alguna de sus mozas, para joderles más que para joderla. Ya en pleno bullicio de paletos me topé con el alcalde pedanio que estaba con el alcalde de Alcoba, sus mujeres y algunos soplapollas más, sentados en una gran mesa. Cuando pasé de largo me gritó el alcalde pedanio: “¡Eh! César, ¿qué llevas en la cabeza? (esto lo dijo porque yo iba con una manga de camiseta a modo de pañuelo, como el de la foto –esto es Eivissa, 4 años después –) ¿Es qué estás calvo?” Y todos rieron como tarados bípedos que son, que no tenían ingenio ni para reírse de alguien.

“¿Qué si estoy calvo?” dije al girarme ante los jocosos comensales. “¡Esto es un calvo!” grité dándome la espalda, agachándome, bajándome los pantalones y enseñándoles mi bonito y peludo culo desnudo que más de algún maricón de esa mesa hubiera querido sodomizar y más de alguna zorra, de esa misma mesa, agarrar fuertemente apretándome a ellas. Y me fui, tranquilamente, a bailar y beber a la carpa. Luego volví andando a la pedanía, con un pedo de cojones que hizo que se me cayera el mini de birra que me llevé para el camino; y hasta me paró la guardia civil a los que mandé a freír espárragos, porque caminar por el arcén izquierdo de la carretera no está prohibido.

Esa noche, sin yo pretenderlo, me gané –todavía más – el respeto de esa manga de cretinos. Eso sí, aclaro que tenía un par, o 3, de amigos allí, que había muy buena gente también.

(Dedicado a un buen amigo a cuya madre, precisamente hoy, han operado de cáncer de mama)

PD: os enlazo el vídeo de la foto, donde explico el origen del famoso “Café del mar”

RELATO-Artículo: Pedir un vaso de leche en un pub de macarras, acaba a hostias, obvio.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on abril 4, 2021 by César Bakken Tristán

Todo el que haya ido a un viaje de fin de curso de instituto (con 16-17 años) sabe que es una excusa para emborracharse como si no hubiera mañana y para intentar perder la virginidad, bien con alguna compañera molona o alguna lugareña solícita.

Os hablo del que hicimos, en los 90, de Madrid a Blanes (Gerona).  La noche del pub y las hostias ya me percaté de que esa zona de pubs de Blanes no era precisamente un parque infantil, porque cuando hicimos un corro con los profesores para acordar un punto de encuentro posterior y volver todos al autocar, varios machacas de pubs cercanos nos dijeron que disolviéramos el corrillo inmediatamente “porque aquí la gente si ve un corrillo cree que es una pelea y se meten en ella”. Muchos años después, un conocido que era ultra del FCB  y conocía perfectamente Blanes, me dijo que esa zona de pubs era demencial y llena de droga y ultraviolencia y eso se lo parecía hasta a él… que era un hooligan, pero con 2 dedos de frente.

Unos 10 nos metimos en un pub, aleatoriamente elegido, una verdadera boca de lobo, pues era un sótano al que se accedía tras unas largas escaleras. Era de música rockera y punk, y estaba lleno de melenudos, que eran más guarros que heavys, por lo que ocurrió después. Sórdido lugar, pero a esa edad y con ganas de beber y ligar, todo agujero es trinchera, como sucede en caso de guerra. El camarero que nos atendió era un mastodonte rapado con pinta de acabar de matar a los dueños del pub y esperar a que nos fuéramos para poder enterrarlos en algún lugar oscuro del local, o tal vez trocearlos y sacarlos, a modo de tapita, a sus clientes; que tenían más pinta de zombis que de humanos (eran los 90, ojo, sin Plandemia, cuando había diferencia entre zombis y humanos).

Pedimos bebidas alcohólicas hasta que uno mis compañero, abstemio y mojigato, pidió, tal cual: “Un vaso de leche del tiempo”. Yo que estaba a su lado, no daba crédito. Pedir eso a ese y ahí. En esa época había mejunjes alcohólicos como “Leche de pantera” “ agua de Valencia” y etc. que podían hacer la petición del tonto de mi amigo como un cóctel desconocido. Y así se lo hizo saber el camarero, que le dijo qué ingredientes llevaba. Y mi compi, erre que erre: “Un vaso de leche del tiempo”. Y yo le decía que pidiera una birra, o que no pidiera nada y dejara de tocar los cojones al camarero. Se los tocaba sin conocimiento de causa, pero se los tocaba. El camarero creía que le estábamos vacilando. Así que, para calmarle, tuve que explicarle que mi amigo era gilipollas y que no tomaba alcohol, que no le hiciera caso. Y me llevé de la barra a mi compi diciéndole que se callara de una puta vez o dejara de decir gilipolleces.

Bueno, fin del posible conflicto. Nos fuimos a un jurgolín, que por suerte estaba a un lado del local. Delante de mí controlaba las escaleras de entrada y a los clientes. Nunca me cansaré de deciros, queridos niños, que jamás hay que dar la espalda a nadie ni en ningún lugar. Eran una buena colección de macarras, vaya que sí. Pero con no “molestarles” un grupo de niñatos y niñatas como éramos nosotros no corría peligro alguno. Pero hete aquí que me percato de la entrada de 4 o 5 skin heads, perfectamente vestidos, sin que les faltara ningún complemento: botas militares de punta de acero, vaqueros ajustados y bombers Alpha. Fue cuestión de 5 segundos verles, y que empezara la lluvia de hostias entre los recién llegados y los clientes. El camarero saltó la barra con un bate de béisbol. 5 segundos dan para mucho, si no probad a contarlos o ved una jugada de Baloncesto…

Aunque siempre he odiado la violencia y la odiaré, por entonces me divertían estas cosas entre 2 bandos violentos enfrentados, no entre unos cobardes masacrando a inocentes. Así que esta pelea, los taburetes y tercios volando, las hostias resonando, el bate atizando y etc. me divirtió. No obstante agarré a todos los compis que pude, que algunos querían irse del pub, atravesando la batalla campal (vaya ideas, joder qué tonta puede ser la gente, luego que si les pegan…) y les puse tras el jurgolín, apoyados a la pared. Ahí no había peligro y se podía ver el show sin dejar te beber. Por supuesto, al irse por pies los agresores (ese día les tocó a ellos, el anterior sería al revés en un pub diferente, os aseguro que entre los ultraviolentos no hay inocentes: todos culpables, porque ninguno usa la autodefensa, sino que agreden. Salvo honrosas excepciones) nos piramos de ese antro. Que tampoco es plan de jugarse el tipo de esa manera tan dantesca y, ni mucho menos, nosotros 10 hubiéramos sido parte de los 300 espartanos, así que lo mejor es evitar el riesgo de altercado cuando sabes que no podrás defenderte de él. Menudos compañeros de batalla tenía yo ese día… “un vaso de leche del tiempo”, ¡Ay! Señor, Señor…

ARTÍCULO / RELATO: A mi no me tima ni Dios aliado con el Demoño… y menos un tabernero.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on marzo 29, 2021 by César Bakken Tristán

Queridos niños, cuando vayáis a negocios de hostelería, comprobaréis que os van a timar (casi) siempre o, por lo menos, a intentarlo. Y, a veces, os van a envenenar u ocasionaros serios percances intestinales y/o estomacales. Y, sobre todo, os van a cobrar un precio desmesurado por lo que consumáis. De esto último va mi historia.

Tengo 1.001 anécdotas en estos antros, divertidísimas casi todas, aciagas otras, violentas las menos, sexuales algunas y etc. Os voy a contar una, al azar. Ya os contaré más.

Ciudad Real capital (el año exacto no lo sé, pero lo podría preguntar pues fue el la despedida de soltero sui géneris de mi querido y admirado primo político JA –acrónimo del menda lerenda basado en su nombre compuesto –. Fue en el 2 mil y poco).

Éramos un pequeño puñado de familiares (y mi amigo Sergio, de Leganés como yo) menores de 30 palos, sueltos por Ciudad Real capital para emborracharnos con la excusa de la despedida esa y de que todas las borracheras son buenas.  Bueno, pues en uno de los pubs nocturnos, pido las consumiciones al uso. Unas 8, no recuerdo exactamente los que éramos, pero no éramos menos y yo era quien llevaba la pasta, como he hecho siempre que hay “bote compartido” porque yo le hecho mucho morro a la vida y me encanta el vino, y me colaba o conseguía vituallas más molotas que otros, al mismo precio y sin que se notara.  Pero en este pafeto no hacía falta colarse, habría unas 8 personas, la mitad de las cuales fumaban petas. Bueno, pues pido los pelotazos y un tercio para mi primo Jaime, que era “conocido” del camarero del pub, que creo era, además, el dueño. Mientras mis acompañantes andaban en las vicisitudes chorras al uso en las conversaciones absurdas de estos “eventos” etílicos, yo observaba al camarero, un jodido barbudo con pinta de motero venido a menos, poniendo los vasos de tubo para los pelotazos. “Mal empezamos” –me dije – porque los pelotazos se ponen en vasos anchos, salvo en pueblos donde los paletos ni usan vasos, sino que se trincan la botella de 2-3 tragos.

No contento con lo de los vasos de tubo, el muy cabrón, delante de mi jepeto va e introduce bloques macizos de hielo en los tubos, agua congelada que a duras penas podía entrar en el vidrio, parecía necesitar lubricante (Doña Inés Dixit: “Don Juan, don Juan, la puntita nada más”. “Cállate, puta plebeya, o te la meteré toda ella”. Qué Zorrilla era… no el escritor de la obra, que también, sino Doña Inés).  Y llenaba de hielo hasta el borde. Yo observaba la jugada muy de cerca atónito por el espectáculo como el que está esperando ver tirar un penalti de jurgol. Cuando le recuerdo los licores que tenía que servirnos, porque este tipo de gente tiene que recargar su cerebro cada 2 minutos y pico (no les da para más la batería cerebral….) vi como echaba en cada vaso un suspiro de licor. Era inclinar la botella y rebosar el vaso, pues no había espacio libre entre vidrio y el H2O congelado.

Yo me reía un montón por dentro, lo confieso. No era fácil no rebosar el vaso en medio segundo de inclinación de botella… y lo que era imposible era no rebasar el límite de mi paciencia, con ello. La rebasó cuando puso los refrescos junto a los cubatas y ni se podían casi verter. Mis familiares acompañantes cogieron sus bebidas, con exceso de peso. Vertieron un chorrito de refresco y bebieron. ¡Coño! de un trago nos las acabamos, no por borrachos ansiosos –que también, pero no era el caso – sino porque ahí dentro sólo había hielo.  Bueno… menudo esperpento.  Cualquiera que me conozca ya, a estas alturas del cuento, ya sabe que la cosa no podía ir muy normal ahí. Le pregunté al notas cuánto de debía. No sé la barbaridad que me dijo, me la sudaba porque antes de decirla le saqué una moneda de 2 euros, la puse encima de la barra y le dije: cóbrate.

Claro, como el notas había justo recargado los 2 minutos de batería de su melón, pues vio que 2 pavos era poco para 8 consumiciones.  Primero rió y al ver que yo no reía, pues cambió el gesto de su jepeto.  “Quédate con las vueltas” algo así le dije. Y el notas, como todavía le duraba la batería de la almendra me dijo que faltaba dinero, eran yo qué sé… 6×8= 48 algo así era. Y yo que no, que 2 pavos y gracias, que el hielo no vale tanto.  Empezó una leve y breve discusión porque la corté yo. No era momento para romper la cáscara de huevo del camarero, que estábamos de “celebración”. Así que le dejé claro que no iba a pagar más de 2 pavos y él me amenazó con llamar a los maderos. Claro… ahí sí que no pude evitar reírme. Queridos niños, siempre que alguien os amenace con alguna denuncia legal, fijaos si ese alguien está cometiendo algún delito. Es una fórmula mágica, no es ningún hito. En ese pafeto, como os dije al principio, estaban fumando petas, cosa que era ilegal. Así que, yo encantado de que vinieran los maderos y vieran / olieran el panorama en general. Cuando se lo dije al indigente mental este con cara de cromañón más o menos arreglado para estar detrás de una puta barra de pub… pues se le encendió la única luz que tenía en su puta y adoquinada cabeza y se percató de que no era buena idea llamar a la policía.  Así que, muy altanero él, despreció mis 2 euros y me dijo que nos fuéramos del local.

Pues nada chicos, este señor nos ha invitado a un poco de agua muy fría con sabor a licor y refresco. Algo así les dije a mis secuaces y nos largamos.  Ya en la calle, mi primo el de la cerveza si dio cuenta de que algo raro había pasado y alguien le sopló que yo no había pagado. Y el capullo va y entra, de nuevo, a la cueva del hielo. Y pagó su cerveza, porque “le conocían”. Bueno… le dejé hacerlo porque, realmente, una cerveza no tiene cubitos de hielo por dentro y, por lo tanto, está bien puesta y como tal , se ha de abonar.

Eso sí, lo que no saben mis primos y Sergio (creo, igual se lo dije a alguno ya estando pedo) es que a este idiota que nos quiso timar como si fuéramos paletos, le susurré unas cosas al oído que, sin duda, le hicieron dejarnos irnos sin pagar y no echarnos… Que no es lo mismo 2 pelotas negras, que 2 negras en pelotas. Vivan los retruécanos). Por cierto, esto no se lo dije en rima, como está escrito todo el anterior texto…

CONTINUARÁ…