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RELATO – artículo: una navaja, un sombrero y 2 aeropuertos.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on abril 12, 2021 by César Bakken Tristán
Los 3 protagonistas de esta historia: el sombrero de Toni, la navaja de mi abuelo y el menda lerenda, que necesita un afeitado urgente, todo sea dicho, y pensaba afeitarme esta misma mañana, pero sin rasurarme –no lo hago desde hace 2 décadas – pero me he hecho la foto antes, porque me apetecía escribir este relato, para olvidarme un poco de que vivo secuestrado por Papá Estado, en Hediondo Puente de Bellacos y en plena y creciente PLANDEMIA tras 14 meses ya desde la implementación de este espanto.

Queridos niños, si os pregunto qué es peor llevar en un control de acceso de aeropuerto, si una navaja o un sombrero, ¿qué respondéis? Es decir, ¿llevando cual de esos objetos tendrás más problemas al acceder al recinto?  Una vez más, debido a vuestra corta edad, erráis y tenéis una rara confianza en el sentido común de los adultos. La respuesta es: el sombrero.

Añado, para que sigáis desconfiando aún más de los adultos, que los aeropuertos son el de Dakar (Senegal) y el de Eivissa (Espena). ¿Puede pensarse que en África sea más “peligroso” un aeropuerto que en la turística Eivissa? Pues todotitísimo lo contrario.  Ahí va mi anécdota en Senegal que me llevó a “hacer surf” sobre una cinta transportadora de maletas, navaja en mano; y otra que casi me lleva a partirle la cara a varios siervos del sistema, por culpa de una zorra empoderada, sombrero no en mano.

Hace 2 años uno de los controles de acceso del aeropuerto de Eivissa inauguró un estúpido sistema de acceso de equipajes consistente en cubetas fijas a la cinta a modo de delirante trenecito infantil y la obligación de meter cada bulto por separado. Metí mi maleta en uno y una bolsa con un sombrero en la de atrás. Al pasar el ridículo arco detector de metales, recogí la maleta y ,debido al ajetreo y a que siempre meto todo en la misma cubeta, no esperé a la obra con el sombrero. Pero me percaté tras caminar 5 metros, dejé la maleta con mi parienta y volví a por mi bolsa. Me lo acababa de regalar un amigo, como recuerdo de mi amigo Toni –su hermano – reciente y tristemente fallecido (aquí podéis conocer a mi amigo Toni).

Mientras tanto, hace 13 años, en el control de acceso del aeropuerto de Dakar (camino del Casamance) me percato de que no he facturado mi pequeña navaja (7cm. de hoja), regalo de mi abuelo paterno, que siempre llevaba en el bolsillo. Bueno… rodeado de negros armados hasta los dientes y que sólo hablaban francés (y, supongo, wolof y mandinga u otros dialectos del país) no era buena idea sacar la navaja y explicarles lo del olvido, en español e inglés bananero. El caso es que, con cuidado y con toda la comunicación no verbal que puede hacer, les intenté explicar que era un “souvenir” “regalo de mi abuelo” y que se me había olvidado meterla en la maleta facturada. Ya os garantizo que en Espena esto, mínimo, te supone perder la navaja y, a lo mejor, recibir hostias por un tubo.  Yo no quería perderla, porque es verdad que es un regalo y, además, quería llevarla conmigo, qué coño.

A todo esto, en Eivissa, vuelvo tras mis pasos para coger la bolsa con el sombrero, pero hete mi sorpresa que en unos segundos la cubeta se ha ido a la zona de los esbirros. Le digo a una empleada que “aquella” bolsa es mía, que me la dé, por favor, que hay un sombrero dentro. Ella va, lógicamente, hacia el lugar, coge la bolsa e, ilógicamente, en vez de dármela, mira dentro de ella y me suelta: “¿Cómo es el sombrero?”. Me pilla tan de sorpresa la pregunta, que no sé qué coño decir, pues hacía unos segundos esa misma imbécil me había visto entrar con 2 cubetas, sacar la maleta y olvidar la bolsa, y no había más cubetas delante, por supuesto, o sea, que a qué coño venía no darme inmediatamente el sombrero de mi amigo.

El negrazo del control de acceso de Dakar entendió mi planteamiento de que no me iba a desprender de la navaja y de que quería, de alguna manera, meterla en mi maleta que estaría dios donde coño sabe esperando ser metida en la bodega del aeroplano (era de hélices). Llama a varios negros más, los cuales me hacen gestos de que les siga. “Bueno – pienso – al final se va a liar”. Me llevan por unos pasillos y me dejan al albor de una negraza descomunal, pero juro que era mujer, vestida paramilitarmente, con gafas de sol, gorra, armada como Suarsenaguer en “Comando” y con un detector fálico de metales. “¿A qué me lo mete por el culo?”. pensé. Pues no, pero pasó rozando el larguero… me lo restregó por todo el cuerpo, abrió un portón y contemplé que estaba en la zona de las cintas transportadoras de equipajes. Me hizo el gesto de entrar… y entré. Ahí no había suelo, sólo cintas moviéndose, así que me subí a una y, haciendo surf, divisé mi maleta en lontananza.

Mientras tanto, a la idiota de Eivissa le decía qué era un sombrero y punto, y que me lo diera inmediatamente. Y va y me suelta: “¿De qué color es?”. Y yo, como había dejado mi paciencia en la maleta que custodiaba mi parienta, pues ya exploté: “¡Qué me des mi puto sombrero, hostias!”. Aquí ya aparece otro siervo del aeropuerto (empleado, no madero ni segurrata) y me pide calma y respeto. “¿Qué dices tú? ¡Dejadme en paz y dadme mi sombrero!” La cretina, seguramente envalentonada por la presencia de su compañero de estupidez y por la cercanía de los esbirros armados, se acerca, bolsa en mano, me la ofrece y cuando voy a cogerla la echa hacia atrás, e insiste en que le diga el color. “¡Qué me des el puto sombrero! ¡deja de tocarme los cojones! Además, soy daltónico, yo qué pollas sé de qué color es, es mío y punto, dámelo ya”.  Ambos cretinos se tomaron lo de mi daltonismo (que es cierto, por suerte para mí, pues me niego a ver el mundo como el resto de hijos de puta que lo habitan) como una burla y empezaron a reprochármelo. Y el sombrero, en las zarpas de la enajenada.

Surfeando llegué a mi maleta e introduje la navaja. Volví a los dominios de la negraza paramilitar, le di las gracias en francés y volví al control de acceso. Allí me esperaban, ya “al otro lado del espejo” mi novia de entonces y mi socio con los que estaba grabando mi documental sobre los cayucos, cuyo trailer podéis ver aquí, y estaban algo intranquilos imaginando que a esas horas ya estaría yo como plato principal y delicatessen de una merienda de negros. Pero no, todo bien, gente muy amable, eficiente y sensata los de ese aeropuerto, por lo menos ese día.

Y en Eivissa, yo insultando a diestro y siniestro y reclamando mi sombrero y haciendo el gesto de saltarme la puta mesa tras la cinta transportadora y cogerlo por mi cuenta. Menos mal que mi parienta decidió intervenir, porque me conoce y sabe que salto, le pego un guantazo a la tipa esta y media hostia al otro (no tenía más) y cojo el sombrero de mi amigo cuya memoria estaban mancillando con tamaño esperpento al no querer devolvérmelo. Pues eso, pan con queso, que mi parienta les describió la forma y les dijo el color del sombrero y, a regañadientes, me lo dieron, tras lo cual me intentan charlear, dirigiéndose a mi parienta: “el protocolo es así y nos ha faltado al respeto”. “¿qué protocolo, gilipollas, si me acabáis de ver con la maleta y el sombrero y nadie lo ha reclamado. ¡Si han pasado 4 segundos desde que lo dejé ahí y fui a por él” Y como ya tenía mi sombrero, me seguí despachando a gusto con estos extraviados mentales severos.

Ya veis, queridos niños, es más arriesgado entrar con un sombrero en un aeropuerto Europeo que con una navaja en uno africano. ¡Ni os imagináis la de aventuras molonas que viviríais si hubierais nacido en 1975, como yo! Ahora estáis sentenciados a vivir encerrados, embozalados y mirando una pantalla. Así que, por lo menos, os aporto estas experiencias de cuando había vida humana sobre la Tierra. Jamás sabréis la vida que os estáis perdiendo. Al igual que jamás imaginé yo que podría echar tanto de menos mi vida de hace 14 meses y sumando.

RELATO – artículo: El segurata de metro más gilipollas de Madrid.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on abril 10, 2021 by César Bakken Tristán

Queridos niños, a lo largo y ancho de toda la vida que os queda por delante (bueno, si acabamos con la plandemia, que si no ésto es todo lo que habréis vivido, sanseacabó) conoceréis a mucho imbécil, demasiados para cualquier alma noble. Os voy a contar uno de los 1.001 altercados que he tenido con los seguratas del transporte público: uno de hace 15 años en el Metro Full de Madrid (Metro Sur lo denominan los que no saben llamar a las cosas por su nombre). Entré en la estación Julián Besteiro (*) de Zarzaquemada, Leganés, donde sólo había una chica – el otro lado de los tornos – y el segurata en mi lado; y cuando iba a picar mi billete –me he colado un millón de veces en el transporte público, porque ese servicio ya lo pagamos con los impuestos – la chica me grita, desesperada y sollozante:

¡Por favor, por favor! no entres todavía – exclamó alargando su brazo hacia mí – ¿puedes hacerme un favor?

Depende de lo que sea, dime – dije algo extrañado de su actitud y de la impasibilidad del segurata.

Sácame un billete sencillo, por favor – dijo, sollozante, tendiéndome la mano abierta con monedas.

¿Por qué? puedes sacarlo en esa máquina –dije señalando una máquina expendedora de billetes, situada tras ella.

No funciona y éste no me deja salir – dijo señalando al segurata – llevo aquí mucho tiempo y no puedo salir.

(Aclaro que, por lo menos en esa época, si venías de la línea normal de metro de Madrid, podías entrar al Metro Full saliendo del otro con el billete de Madrid, pero como esta línea es diferente, tenías que sacar otro billete para poder salir por los tornos, luego. De ahí que hubiera máquinas de billetes en la parte interior de los tornos.  Era muy normal que gente con el Abono B1 no pudiera salir luego y tuviera que sacar un billete en la estación de fin de su trayecto por el asqueroso, maloliente, ruidoso y carísimo Metro de Madrid).

Pues sal y sacas tú el billete aquí fuera –dije lógicamente.

Y aquí rebuznó el psicópata:

No se puede salir sin el título válido de transporte.

¡Qué la máquina está rota y no puedo sacarlo! –gritó la chica desesperada – llevo aquí una hora y no me deja salir. Sácamelo tú, por favor. Ya no aguanto más.

Claro, dame –dije cogiendo las monedas y atando cabos de la jugada que estaba presenciando. Añado que ese día iba con un enorme trípode profesional de aluminio para cámaras de vídeo, a devolvérselo a quienes me lo habían prestado. Lo llevaba sin funda y sobre el hombro a modo de enorme palo de troglodita. Este dato es clave para el desenlace de este disparate. Le saqué el billete mientras interpelaba al segurata.

¿Pero por qué no dejas salir a la chica, si la máquina está rota, y saca el billete y lo pica luego como si fuera a entrar?

No se puede entrar ni salir sin título válido de transporte –repitió el loro.

A ver –dije ya con el billete – ¿no puedes amoldarte a lo que pasa y dejar el puto reglamento ese e improvisar un poco por el bien del usuario?

Nadie puede salir sin…

Vale, vale, qué te calles –dije ya empezando a cabrearme – y dándole el billete a la chica.

Muchas gracias –dijo la chica secándose las lágrimas y saliendo, por fin, de su reclusión.

Esos pocos segundos entre sacar el billete y dárselo a la mujer hicieron que se encendiera mi bombilla de autodefensa y me encaré abiertamente, y sin vuelta atrás, con el segurata.

¿Me estás diciendo que por culpa de una máquina rota has tenido encerrada ahí a esta chica? ¿Me lo estás diciendo en serio?

Sí, no me dejaba salir – contestó ella sin ser preguntada. Le hice un gesto, amable, de que se callara. Y subí el tono de mi bonita voz.

¿De verdad eres tan gilipollas cómo para hacerle eso a un ser humano que quiere pagar el puto billete?

Sin título de transporte… –repitió su sempiterna frase el tarado, momento en el que, para interrumpirle, decidí blandir el enorme trípode metálico, a modo de espada de Conan el Bárbaro.

Me cago en Dios, ¿cómo puedes ser tan imbécil? Es que te voy a reventar – dije yendo hacia él con el trípode–espada, momento en el que él salió corriendo hacia un ascensor. La chica intentó pararme, diciendo alguna sensatez de la que yo, por supuesto, hice caso omiso y me fui a por el segurata,  blandiendo el trípode con ambas manos, gritándole que le iba a reventar la cabeza (la acústica del hall hacía que mis gritos quedaran muy molones). Pero, por suerte para todos, se metió en el ascensor y cerró la puerta. “¡Pero serás gilipollas como para hacerle eso a un ser humano!” le grité mientras desaparecía de mi vista y yo “enfundaba” mi espada, que no era otra cosa que dejarla en el suelo.

(*) el único sociata que no fue 100% criminal, sino sólo 50%, que no es poco para seguir siendo un criminal miembro histórico del PSOE, el partido más criminal de Occidente.

RELATO – artículo: Rodeado de gitanos agresivos yo me regodeo

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos with tags on abril 8, 2021 by César Bakken Tristán

Si hay algo que, más o menos, admiro actualmente de la etnia gitana, es que imponen su ley en tiempos de plandemia y, por lo tanto, merecen todos mis respetos y ojalá los payos fuéramos como ellos.  Gloriosos vídeos de los gitanos “ahostiando” a maderos que les quieren obligar a embozalarse.  En Hediondo Puente de Bellacos hay un güevo de gitanos, me uniría a ellos para esta causa, sin duda alguna.

El caso es que una vez, en Córdoba, me vi rodeado de gitanos agresivos… porque yo había golpeado a uno de ellos… jajajajaja con el resto al lado… ¿quién dijo miedo? Yo jamás he ido por la vida –ni iré – agrediendo a nadie, soy antiviolencia total, pero autodefensa absuluta. El que vive en sociedad y se acojona, está condenado a una vida de servidumbre y a recibir más palos que una estera, tanto de “medios oficiales” con de “ciudadanos”. A mí esta decena de gitanos me respetaron y acabaron siendo mis colegas (uno de ellos hasta amigo), eran buena gente, salvo al que golpeé. Queridos niños, os aconsejo encarecidamente que os alejéis de la sociedad, pero si no podéis hacerlo que os enfrentéis vehementemente a ella y marquéis vuestro territorio que no es, ni más ni menos, vuestro derecho a ser libres y a no ser expoliados, ni vilipendiados o maltratados por nada ni nadie. Y nunca olvidéis que la libertad se ejerce y se defiende, no se pide y se abandona.

La parte de la barra, de la taberna La Magdalena

Yo curraba de tabernero en Córdoba, en la Taberna más bonita del mundo, “La Magdalena” y no me hace falta verlas todas para afirmar esto.  El día de la pequeña reyerta estaba encargado de toda la terraza, aledaña con la de un puesto de caracoles que se ponen en Córdoba en primavera. Todos los del puesto eran gitanos, de 3 generaciones además. El abuelo, lógicamente, era el patriarca. Venían a comer a nuestra taberna, y alguno a tomar copichuelas, pues en el puesto de caracoles no daban de eso.  Al estar literalmente pegados, el pacto era que sus clientes que ocuparan nuestras mesas consumieran, mínimo, nuestra bebida. Pero, claro, como donde hay confianza da asco y como en la Taberna éramos sólo 3 y ellos 10… pues nos querían torear todo el rato. La cosa es que entre esos 3 estaba yo, y a mí no me torea ni mi padre. Conmigo, por las buenas, lo que quieras, por las malas, más todavía.

Parte de uno de los varios comedores

Esa noche de la bronca yo estaba hasta la polla de echar clientes de ellos de nuestras mesas. Y uno de sus camareros de terraza, un gitano analfabeto y petimetre veinteañero, no dejaba de tocarme los cojones sirviendo sus birras en nuestras mesas. Le di varios avisos… y que si quieres arroz Catalina… por eso tuve que poner disciplina y cuando pasó cerca de mí, yendo a su jodido chiringo, le hice una zancadilla (realmente fue una patada lateral a un tobillo. Roja directa en jurgol y 7 partidos de sanción). Se incorporó rápidamente y me espetó: “¡me has dado una patada!”. “Claro, gilipollas, para ver si te rompías la cabeza”. Bueno… para qué queremos más… cuanto “ofendidito” hay por ahí. A los pocos segundos llega todo el clan a donde estaba el menda lerenda, el patriarca a la cabeza: “¿Has pegado a mi nieto y le has dicho que le ibas a romper la cabeza?”. “Sí” le contesto. Me rodean por doquier y los clientes empiezan a ponerse nerviosos (la gente se altera hasta por el pedo de una mosca… normal que con la plandemia estén todos acojonados porque lo dice la puta tele y los maderos controlan que seamos siervos del globalismo). El patriarca empieza con lo típico de que “ a mi sangre no la tocas” o algo así igual de molón. “Tu nieto no respeta a nuestra Taberna. ¿Qué quieres que haga? que os lleve yo los vasos de caracoles al chiringo y todo?” Bueno, tras unas cuantas gilipolleces más, yo sin achantarme, por supuesto, no te jode… ¿qué sabrían esos gitanos de toda la vida que tenía yo por detrás a mis 30 años de entonces? Si lo hubieran sabido ni se acercan…porque además la razón era mía.

El puesto de caracoles, pegado a la Taberna

Salió mi jefe, amigo y dueño de la Taberna –que era el cocinero – porque le avisan de la bronca. No sé quien fue el maricón que le avisó, a mí no me hacía falta… rodeado de 10 gitanos… ¡no se me podían escapar!  Igual se quemaron las croquetas por esta gilipollez. Mi jefe era amigo de hacía muchos años de la mayoría de ellos y se hinchaba a caracoles a diario, y como al que le di la patada era odiado hasta por los propios del clan… pues la cosa no fue a mayores. Eso sí,  cuando se calmaron les repetí que en nuestras mesas sólo caracoles. “¿Os queda claro o os lo tengo que decir como antes?”(no pongo “u os lo” porque hablando se dice con o). Esa misma noche, cuando cerraron, uno de ellos (el amigo que os digo, Rafa) se tomó unos cubatas y me dijo que yo había hecho muy bien y que ese niñato era un gilipollas. El resto de semanas, y hasta meses, todos muy amables conmigo, hasta el de la patada. 

Lo que os digo, queridos niños, qué nadie jamás y bajo ninguna circunstancia os pise, sea quien sea y cuantos sean. Eso sí, tampoco os paséis de frenada, si matáis al gitanillo por lo que os he dicho que hacía, el resto del clan tiene todo el derecho moral de hacer lo mismo con vosotros. Mesura y cordura, ojo con eso, siempre.

Termino con otra anécdota por el mismo motivo, pero con unos payos gilipollas. 2 parejas de heteros treintañeros sentados en una de nuestras mesas. Les tomo nota, pero me dicen que se lo han de pensar. Como una se va hacia los caracoles, les advierto que esta mesa es de la Taberna y que no pueden estar sin consumir. Dicen que vale. Al rato les veo con la mesa llena de caracoles y cervezas del chiringuito.  “¿Qué vais a tomar?”. “Nada” me dice uno. Haciendo un acto de contrición, por deferencia a mi jefe, les repito lo de las normas y les insto a que me pidan consumiciones. El del “nada”, me lo repite, y en plan chulesco: “ya tenemos de todo”. Bueno… imaginad, queridos niños. Les grito… “¡Pues fuera de aquí ahora mismo y os lleváis todo esto al puesto de caracoles o a la puta plaza, pero fuera de mi mesa ya!”. Se levanta el chulito y se me pone medio en guardia… jajaja ¡se me puso en guardia de pelea! y los 3 acompañantes le paran y, otra vez, mi jefe, dejando que se quemen las croquetas porque también conocía a este patán y le avisaron. El notas me quería currar, jajajajaja y yo con la bandeja de latón en la mano queriéndole hacer sonar un “gong” en su melón. “¡Fuera de aquí!” les grito pasando absolutamente de mi jefe. Nos ha jodido, a ver si voy a tener que agachar las orejas. Gracias a los 3 comensales medio sensatos, cogen todo y dejan la mesa. Y va mi Jefe y me dice: “César, que este es campeón de taicuondo ( taekwondo) ten cuidado” Y yo, descojonado. ¿Pero qué ha de temer un macarra de Leganés de un cordobés? sea lo que quiera ser dicho cordobés… además, que un federado en artes marciales está catalogado como “arma” jajajaja, es en serio, y no puede liarse en reyertas porque le cae una sentencia penal cojonuda, va a la cárcel y pierde su licencia de deportista hostiador ultraviolento. Pero eso se lo dije a mi jefe después, pues si hubiera sabido que este notas era eso… le hubiera hecho sonar el gong, sabiendo que ni se podría defender, si es que se levantaba del suelo, claro.

Cuando imbécil hay y, por desgracia, cuántas hostias de autodefensa nos quedan por dar.

RELATO: No es buena idea cagarse “en mi puta madre”.

Posted in LITERATURA, Relatos on abril 6, 2021 by César Bakken Tristán

Durante el año que alquilé una casa de campo en una preciosa pedanía manchega, Santa Quiteria (Parque nacional de Caballeros) provoqué tanto a la vida que algún día escribiré una novela sobre ese año, no por hablar de mí, sino de todo lo que me rodeó esos 365 gloriosos días de vida libérrima al 100%, de hecho ya escribí una novela de 380 páginas sobre 3 meses de ese año que pasé en Eivissa y curré de ayudante de cocina de un gran hotel. Fue, exactamente, hace 20 años.

Una noche fui a las fiestas de Alcoba de los Montes, el pueblo al que pertenecía administrativamente la pedanía. Al pasar por un oscuro lugar me topé con varios coches donde estaban haciendo botellón, mozos/as de la pedanía y otros, supongo, de Alcoba de los Montes. A los que reconocí les pregunté si me invitaban a algo. Me respondieron que no, de bastantes malas maneras. Me dio igual y no me sorprendió, porque en los pocos meses que llevaba en el lugar ya me había granjeado la enemistad de casi toda la pedanía, ya que pensaban que me iba a follar a todas sus hijas, nietas, novias, amigas, madres… cuando a mí las lugareñas me la sudaban, ya me traía yo las tías de Madrid y hasta una de México que conocí en Venecia ese mismo glorioso año. Pero como las hijas, nietas, novias, amigas, madres… de estod paletos me hacían “ojitos”, pues ellos celosos y tal.

En ese botellón estaba el mastuerzo más grande de la zona, un enorme tarugo de Fuenlabrada, cuyos viejos tenían casa en Santa Quiteria. Su carácter era lamentable, tenía lo peor del campo y lo peor de la ciudad el gilipollas ; y le gustaba una del pueblo, que venía de vez en cuando a mi casa a tomar algo… Ese era el que más asco me tenía, lo supe esa noche. Fue el que se me puso más agresivo por el mero hecho de pedir yo si me daban una copa. Se vino arriba el tío cuando vio que sus mofas e insultos me la sudaban. Confundió mi abrumadora superioridad intelectual, vital y moral con acojone. Cuando acepté su rechazo y les dije: “Vale, me piro” y me di la vuelta, este idiota va y me grita: “Sí, lárgate, me cago en tu puta madre”.

¡”tiri ri riiiii, tralarererooooo, jijijijjji, larerolailo laaaaaaaa”! algo así canto mi chaveta al oír ese insulto. Reconozco que me gustaba mucho que me dieran una excusa, pese a odiar totalmente la violencia, pero la autodefensa… ahí, cuantos momentos de alegría le quedan a esa por darme. Me giré y fui directamente a por él, sin decir nada. El huelebragas estaba sentado en el maletero abierto de un coche, rodeado de idiotas por doquier. Todos se callaron, y como eran tan capullos de no poner ni música, se hizo el silencio. Ni se levantó. Yo pegado a él, literalmente, mirándole de arriba abajo por la posición.:

-¿Qué has dicho”? –  dije gritando –(silencio sepulcral sólo roto por el bullicio de las fiestas a un Km. de allí). Mi madre hace poco que superó una grave operación de un cáncer de mama. ¿Vas a cagarte tú en ella, delante de mí, delante de su hijo? ¿Vas a llamar puta a una mujer como ella? (silencio y caras de acojone en los que miraba, furibundo total, que apartaban la mirada. El imbécil mastodonte con la cabeza agachada). Mírame a la cara y di ahora mismo : “Siento mucho lo que he dicho de tu madre. Lo siento y lo retiro”. Porque si no lo dices te voy a reventar la cabeza ahora mismo – el notas como un flan, mirando a sus amigos, que estaban ya de mirada ausente total – ¡Qué lo digas o te reviento la cabeza ahora mismo!

– Siento mucho lo que he dicho de tu madre.

– ¿¡Y qué más!?

– Lo siento y lo retiro.

Y me largué a las fiestas del pueblo, a bailar y beber birra y tal vez a tirarme a alguna de sus mozas, para joderles más que para joderla. Ya en pleno bullicio de paletos me topé con el alcalde pedanio que estaba con el alcalde de Alcoba, sus mujeres y algunos soplapollas más, sentados en una gran mesa. Cuando pasé de largo me gritó el alcalde pedanio: “¡Eh! César, ¿qué llevas en la cabeza? (esto lo dijo porque yo iba con una manga de camiseta a modo de pañuelo, como el de la foto –esto es Eivissa, 4 años después –) ¿Es qué estás calvo?” Y todos rieron como tarados bípedos que son, que no tenían ingenio ni para reírse de alguien.

“¿Qué si estoy calvo?” dije al girarme ante los jocosos comensales. “¡Esto es un calvo!” grité dándome la espalda, agachándome, bajándome los pantalones y enseñándoles mi bonito y peludo culo desnudo que más de algún maricón de esa mesa hubiera querido sodomizar y más de alguna zorra, de esa misma mesa, agarrar fuertemente apretándome a ellas. Y me fui, tranquilamente, a bailar y beber a la carpa. Luego volví andando a la pedanía, con un pedo de cojones que hizo que se me cayera el mini de birra que me llevé para el camino; y hasta me paró la guardia civil a los que mandé a freír espárragos, porque caminar por el arcén izquierdo de la carretera no está prohibido.

Esa noche, sin yo pretenderlo, me gané –todavía más – el respeto de esa manga de cretinos. Eso sí, aclaro que tenía un par, o 3, de amigos allí, que había muy buena gente también.

(Dedicado a un buen amigo a cuya madre, precisamente hoy, han operado de cáncer de mama)

PD: os enlazo el vídeo de la foto, donde explico el origen del famoso “Café del mar”

RELATO-Artículo: Pedir un vaso de leche en un pub de macarras, acaba a hostias, obvio.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on abril 4, 2021 by César Bakken Tristán

Todo el que haya ido a un viaje de fin de curso de instituto (con 16-17 años) sabe que es una excusa para emborracharse como si no hubiera mañana y para intentar perder la virginidad, bien con alguna compañera molona o alguna lugareña solícita.

Os hablo del que hicimos, en los 90, de Madrid a Blanes (Gerona).  La noche del pub y las hostias ya me percaté de que esa zona de pubs de Blanes no era precisamente un parque infantil, porque cuando hicimos un corro con los profesores para acordar un punto de encuentro posterior y volver todos al autocar, varios machacas de pubs cercanos nos dijeron que disolviéramos el corrillo inmediatamente “porque aquí la gente si ve un corrillo cree que es una pelea y se meten en ella”. Muchos años después, un conocido que era ultra del FCB  y conocía perfectamente Blanes, me dijo que esa zona de pubs era demencial y llena de droga y ultraviolencia y eso se lo parecía hasta a él… que era un hooligan, pero con 2 dedos de frente.

Unos 10 nos metimos en un pub, aleatoriamente elegido, una verdadera boca de lobo, pues era un sótano al que se accedía tras unas largas escaleras. Era de música rockera y punk, y estaba lleno de melenudos, que eran más guarros que heavys, por lo que ocurrió después. Sórdido lugar, pero a esa edad y con ganas de beber y ligar, todo agujero es trinchera, como sucede en caso de guerra. El camarero que nos atendió era un mastodonte rapado con pinta de acabar de matar a los dueños del pub y esperar a que nos fuéramos para poder enterrarlos en algún lugar oscuro del local, o tal vez trocearlos y sacarlos, a modo de tapita, a sus clientes; que tenían más pinta de zombis que de humanos (eran los 90, ojo, sin Plandemia, cuando había diferencia entre zombis y humanos).

Pedimos bebidas alcohólicas hasta que uno mis compañero, abstemio y mojigato, pidió, tal cual: “Un vaso de leche del tiempo”. Yo que estaba a su lado, no daba crédito. Pedir eso a ese y ahí. En esa época había mejunjes alcohólicos como “Leche de pantera” “ agua de Valencia” y etc. que podían hacer la petición del tonto de mi amigo como un cóctel desconocido. Y así se lo hizo saber el camarero, que le dijo qué ingredientes llevaba. Y mi compi, erre que erre: “Un vaso de leche del tiempo”. Y yo le decía que pidiera una birra, o que no pidiera nada y dejara de tocar los cojones al camarero. Se los tocaba sin conocimiento de causa, pero se los tocaba. El camarero creía que le estábamos vacilando. Así que, para calmarle, tuve que explicarle que mi amigo era gilipollas y que no tomaba alcohol, que no le hiciera caso. Y me llevé de la barra a mi compi diciéndole que se callara de una puta vez o dejara de decir gilipolleces.

Bueno, fin del posible conflicto. Nos fuimos a un jurgolín, que por suerte estaba a un lado del local. Delante de mí controlaba las escaleras de entrada y a los clientes. Nunca me cansaré de deciros, queridos niños, que jamás hay que dar la espalda a nadie ni en ningún lugar. Eran una buena colección de macarras, vaya que sí. Pero con no “molestarles” un grupo de niñatos y niñatas como éramos nosotros no corría peligro alguno. Pero hete aquí que me percato de la entrada de 4 o 5 skin heads, perfectamente vestidos, sin que les faltara ningún complemento: botas militares de punta de acero, vaqueros ajustados y bombers Alpha. Fue cuestión de 5 segundos verles, y que empezara la lluvia de hostias entre los recién llegados y los clientes. El camarero saltó la barra con un bate de béisbol. 5 segundos dan para mucho, si no probad a contarlos o ved una jugada de Baloncesto…

Aunque siempre he odiado la violencia y la odiaré, por entonces me divertían estas cosas entre 2 bandos violentos enfrentados, no entre unos cobardes masacrando a inocentes. Así que esta pelea, los taburetes y tercios volando, las hostias resonando, el bate atizando y etc. me divirtió. No obstante agarré a todos los compis que pude, que algunos querían irse del pub, atravesando la batalla campal (vaya ideas, joder qué tonta puede ser la gente, luego que si les pegan…) y les puse tras el jurgolín, apoyados a la pared. Ahí no había peligro y se podía ver el show sin dejar te beber. Por supuesto, al irse por pies los agresores (ese día les tocó a ellos, el anterior sería al revés en un pub diferente, os aseguro que entre los ultraviolentos no hay inocentes: todos culpables, porque ninguno usa la autodefensa, sino que agreden. Salvo honrosas excepciones) nos piramos de ese antro. Que tampoco es plan de jugarse el tipo de esa manera tan dantesca y, ni mucho menos, nosotros 10 hubiéramos sido parte de los 300 espartanos, así que lo mejor es evitar el riesgo de altercado cuando sabes que no podrás defenderte de él. Menudos compañeros de batalla tenía yo ese día… “un vaso de leche del tiempo”, ¡Ay! Señor, Señor…

ARTÍCULO / RELATO: A mi no me tima ni Dios aliado con el Demoño… y menos un tabernero.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on marzo 29, 2021 by César Bakken Tristán

Queridos niños, cuando vayáis a negocios de hostelería, comprobaréis que os van a timar (casi) siempre o, por lo menos, a intentarlo. Y, a veces, os van a envenenar u ocasionaros serios percances intestinales y/o estomacales. Y, sobre todo, os van a cobrar un precio desmesurado por lo que consumáis. De esto último va mi historia.

Tengo 1.001 anécdotas en estos antros, divertidísimas casi todas, aciagas otras, violentas las menos, sexuales algunas y etc. Os voy a contar una, al azar. Ya os contaré más.

Ciudad Real capital (el año exacto no lo sé, pero lo podría preguntar pues fue el la despedida de soltero sui géneris de mi querido y admirado primo político JA –acrónimo del menda lerenda basado en su nombre compuesto –. Fue en el 2 mil y poco).

Éramos un pequeño puñado de familiares (y mi amigo Sergio, de Leganés como yo) menores de 30 palos, sueltos por Ciudad Real capital para emborracharnos con la excusa de la despedida esa y de que todas las borracheras son buenas.  Bueno, pues en uno de los pubs nocturnos, pido las consumiciones al uso. Unas 8, no recuerdo exactamente los que éramos, pero no éramos menos y yo era quien llevaba la pasta, como he hecho siempre que hay “bote compartido” porque yo le hecho mucho morro a la vida y me encanta el vino, y me colaba o conseguía vituallas más molotas que otros, al mismo precio y sin que se notara.  Pero en este pafeto no hacía falta colarse, habría unas 8 personas, la mitad de las cuales fumaban petas. Bueno, pues pido los pelotazos y un tercio para mi primo Jaime, que era “conocido” del camarero del pub, que creo era, además, el dueño. Mientras mis acompañantes andaban en las vicisitudes chorras al uso en las conversaciones absurdas de estos “eventos” etílicos, yo observaba al camarero, un jodido barbudo con pinta de motero venido a menos, poniendo los vasos de tubo para los pelotazos. “Mal empezamos” –me dije – porque los pelotazos se ponen en vasos anchos, salvo en pueblos donde los paletos ni usan vasos, sino que se trincan la botella de 2-3 tragos.

No contento con lo de los vasos de tubo, el muy cabrón, delante de mi jepeto va e introduce bloques macizos de hielo en los tubos, agua congelada que a duras penas podía entrar en el vidrio, parecía necesitar lubricante (Doña Inés Dixit: “Don Juan, don Juan, la puntita nada más”. “Cállate, puta plebeya, o te la meteré toda ella”. Qué Zorrilla era… no el escritor de la obra, que también, sino Doña Inés).  Y llenaba de hielo hasta el borde. Yo observaba la jugada muy de cerca atónito por el espectáculo como el que está esperando ver tirar un penalti de jurgol. Cuando le recuerdo los licores que tenía que servirnos, porque este tipo de gente tiene que recargar su cerebro cada 2 minutos y pico (no les da para más la batería cerebral….) vi como echaba en cada vaso un suspiro de licor. Era inclinar la botella y rebosar el vaso, pues no había espacio libre entre vidrio y el H2O congelado.

Yo me reía un montón por dentro, lo confieso. No era fácil no rebosar el vaso en medio segundo de inclinación de botella… y lo que era imposible era no rebasar el límite de mi paciencia, con ello. La rebasó cuando puso los refrescos junto a los cubatas y ni se podían casi verter. Mis familiares acompañantes cogieron sus bebidas, con exceso de peso. Vertieron un chorrito de refresco y bebieron. ¡Coño! de un trago nos las acabamos, no por borrachos ansiosos –que también, pero no era el caso – sino porque ahí dentro sólo había hielo.  Bueno… menudo esperpento.  Cualquiera que me conozca ya, a estas alturas del cuento, ya sabe que la cosa no podía ir muy normal ahí. Le pregunté al notas cuánto de debía. No sé la barbaridad que me dijo, me la sudaba porque antes de decirla le saqué una moneda de 2 euros, la puse encima de la barra y le dije: cóbrate.

Claro, como el notas había justo recargado los 2 minutos de batería de su melón, pues vio que 2 pavos era poco para 8 consumiciones.  Primero rió y al ver que yo no reía, pues cambió el gesto de su jepeto.  “Quédate con las vueltas” algo así le dije. Y el notas, como todavía le duraba la batería de la almendra me dijo que faltaba dinero, eran yo qué sé… 6×8= 48 algo así era. Y yo que no, que 2 pavos y gracias, que el hielo no vale tanto.  Empezó una leve y breve discusión porque la corté yo. No era momento para romper la cáscara de huevo del camarero, que estábamos de “celebración”. Así que le dejé claro que no iba a pagar más de 2 pavos y él me amenazó con llamar a los maderos. Claro… ahí sí que no pude evitar reírme. Queridos niños, siempre que alguien os amenace con alguna denuncia legal, fijaos si ese alguien está cometiendo algún delito. Es una fórmula mágica, no es ningún hito. En ese pafeto, como os dije al principio, estaban fumando petas, cosa que era ilegal. Así que, yo encantado de que vinieran los maderos y vieran / olieran el panorama en general. Cuando se lo dije al indigente mental este con cara de cromañón más o menos arreglado para estar detrás de una puta barra de pub… pues se le encendió la única luz que tenía en su puta y adoquinada cabeza y se percató de que no era buena idea llamar a la policía.  Así que, muy altanero él, despreció mis 2 euros y me dijo que nos fuéramos del local.

Pues nada chicos, este señor nos ha invitado a un poco de agua muy fría con sabor a licor y refresco. Algo así les dije a mis secuaces y nos largamos.  Ya en la calle, mi primo el de la cerveza si dio cuenta de que algo raro había pasado y alguien le sopló que yo no había pagado. Y el capullo va y entra, de nuevo, a la cueva del hielo. Y pagó su cerveza, porque “le conocían”. Bueno… le dejé hacerlo porque, realmente, una cerveza no tiene cubitos de hielo por dentro y, por lo tanto, está bien puesta y como tal , se ha de abonar.

Eso sí, lo que no saben mis primos y Sergio (creo, igual se lo dije a alguno ya estando pedo) es que a este idiota que nos quiso timar como si fuéramos paletos, le susurré unas cosas al oído que, sin duda, le hicieron dejarnos irnos sin pagar y no echarnos… Que no es lo mismo 2 pelotas negras, que 2 negras en pelotas. Vivan los retruécanos). Por cierto, esto no se lo dije en rima, como está escrito todo el anterior texto…

CONTINUARÁ…

RELATO CORTO: “¡Qué asco!”

Posted in Relatos on enero 7, 2021 by César Bakken Tristán

©César Bakken Tristán. 2011.

Todo está oscuro y hace mucho frío. No veo absolutamente nada y me golpeo constantemente con multitud de objetos aparentemente inertes. Estoy sangrando, creo, a lo mejor es sudor, o las dos cosas. Calmo mi ansiedad y  me detengo un momento para pensar en qué hacer, porque el cuerpo me duele muchísimo a causa de tanto golpe, aunque debido al frío el dolor se minimiza, algo bueno tiene el frío, aunque si no consigo salir de aquí en breve moriré de hipotermia.

He perdido la noción del tiempo pero calculo que llevaré aquí varias horas. Estoy paralizado por el frío. Tal vez si no hiciese este frío lo estaría por el miedo, la oscuridad absoluta me asusta. Estoy resignado a mi suerte, no puedo hacer otra cosa. Lo único que me queda ahora es el instinto de supervivencia innato en todos los seres vivos (a excepción de los suicidas, claro). No pienso aceptar mi destino mortal, tengo que buscar alguna solución, seguir con vida más tiempo ya que a veces las situaciones mejoran solas. Si esta mejora tengo que estar vivo para beneficiarme de ello.

Pero tanta oscuridad y frío me están desquiciando y es imposible controlar la ansiedad que me produce. Lo mejor será quedarme quieto en donde estoy ahora, al tacto aparentemente un rincón, y abrazarme a mi mismo para intentar minimizar el tremendo frío que hace. Imposible, no aguanto en esta posición, las paredes están heladas, me congelo más todavía. Tengo que moverme, si me quedo quieto moriré congelado. Pero si me muevo puedo morir a causa de algún golpe. Lo mejor será establecer una especie de pequeña “zona de seguridad” en la que moverme constantemente sin riesgos de golpes o caídas. Sí, lo mejor será eso, voy a ir de un lado para otro: uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis pasos. Con eso bastará, en esta corta distancia no hay ningún obstáculo. Pero no debo equivocarme, si doy un paso más igual me golpeo con algo o caigo al vacío. Sólo estos pasos y vuelta atrás. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis… uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis… Sólo así, moviéndome de un lado para otro lo más rápido pueda me mantendré con vida más tiempo. Pero tengo que pensar en algo que me saque de aquí.  Voy a intentar recordar cómo he llegado hasta aquí, pero no puedo, mi cerebro parece estar igual de contraído que el resto del cuerpo.  Piensa, vamos, piensa; si no lo haces no hay ninguna esperanza. ¿Cómo he llegado aquí? Recuerdo una puerta frente a mí, una puerta que se abrió de repente. Yo estaba dentro de una casa, creo. Sí, era una casa, ¿qué hacía yo en ese lugar? Bueno, eso no importa, tengo que concentrarme en la puerta. Una  puerta se abrió de repente y  una gran luz salió de su interior.  ¡Claro, eso es! la luz me cegó, ahora lo recuerdo, y algo me empujó hacia la puerta. Nada más entrar ya sentí el frío. De pronto oí un fuerte ruido tras de mí, como un portazo. ¡Claro!, fue la puerta que se cerró. Y de repente desapareció la luz y todo se quedó absolutamente oscuro y frío, y a cada segundo mucho más frío.

¿Qué había tras esa puerta, qué hay aquí dentro? No pude ver nada antes de caer tras ella. Tal vez deba caminar muy lentamente y palpar lo que me rodea. Tengo que arriesgarme. Si me quedo quieto moriré enseguida y si sólo me muevo en mi “zona de seguridad” lo único que haré será retrasar mi muerte. Vamos a ver, ¿hacia dónde voy? Aquí detrás hay una pared. Voy a avanzar hacia delante, despacio, muy despacio. Todo parece despejado. Claro, sigo dentro de mi “zona de seguridad”. Ya debo de haber salido de ella, pero no toco nada. ¡Ahora sí! He tocado algo frío, ¿será otra pared?.  ¡Uff!, no sé lo que será pero tengo que volver a tocarlo. Es algo que no se mueve, pero no es una pared, tiene volumen. Puedo rodearlo. ¿Qué será? A ver, si no me separo de ella podré saber qué forma tiene. Es circular y parece igual por todos lados.  Voy a seguir, a ver qué me encuentro. Despacio, muy despacio, no quiero golpearme más.

Un momento, creo que huelo a comida. No sé, tal vez estoy delirando, pero juraría que estoy oliendo a comida. ¿De dónde viene el olor? Si como algo conseguiré calorías para mi helado cuerpo y podré aguantar un rato más aquí dentro. ¿Por qué huele a comida? A lo mejor es una trampa. ¡Claro! es una trampa. Quien me haya metido aquí me está tendiendo una trampa, pero no voy a picar, no pienso picar. Me están poniendo un cebo para que pique. Voy a volver hacia atrás. No puedo, estoy desorientado, ¡maldita oscuridad!. Seguiré hacia adelante, muy despacio, muy despacio. ¿Qué es esto? He chocado con otro objeto. No es el mismo de antes, este es más pequeño y está pegajoso… ¿qué demonios es esto?  Esto huele, huele… ¡huele a chorizo!  Debería comer un poco, necesito calorías. ¡No!, es la trampa, el cebo, no puedo picar, a mí no van a engañarme así. Voy a ir hacia atrás, deprisa, para que no salte la trampa.

¡Ahhhh! me he caído, se ha terminado el suelo y he caído al vacío. Me he dado un buen golpe, casi no puedo moverme.  Pero tengo que levantarme, si me quedo quieto moriré en breve.

¿Chorizo?, ¿antes toqué un pedazo de chorizo? Creo que estoy cada vez peor, estoy delirando. No puedo más, no puedo moverme. Un último esfuerzo, sólo uno más. He logrado incorporarme. Así, ¡ánimo! avanza un poco más, ya no puede ir peor. Despacio, muy despacio… ¡Ahhhh! me caigo.

¿Qué ha pasado? qué es esto, ¡he caído a una piscina! Lo que me faltaba, mojarme con este frío. Pero un momento, esto no es agua. ¿qué es esto? Es un líquido denso y huele… huele a comida. Otra vez la comida, estoy delirando. Menos mal que floto fácilmente, pero me siento peor que antes. No puedo más, no me hundo pero no puedo más… me rindo, no voy a poder salir de aquí. Si me desmayo me hundiré y todo habrá terminado para mí. ¿por qué así? sólo me gustaría saber por qué tengo que morir así.

¡Ahhhh! ¡La luz, otra vez la luz! ¡Se ha abierto la puerta, pero no veo nada!, la luz de fuera me deslumbra, ¿qué está pasando? No puedo más, estoy muy débil, no puedo más… no puedo… no pued… no pue… no…

-Mamá, hay una mosca en la sopa.

-¡Qué asco!

-¿La quito?

-No, no, hijo, por Dios. Tira la sopa, comeremos otra cosa. Qué asco de bichos, siempre molestando. A ver qué comemos ahora.

-¡Mira! se está moviendo, no está muerta.

-Trae, por Dios, dame la sopa. Ya está, al fregadero. ¡Qué asco! Y estaba dentro del frigorífico, a saber que más cosas habrá tocado. ¡Qué asco!

RELATO CORTO: “La extraña pareja heterosexual”

Posted in LITERATURA, Relatos with tags , on diciembre 15, 2020 by César Bakken Tristán

Relato que escribí hace más de 20 años y recupero ahora… ya sabréis por qué.

Sandra y Álvaro llevan saliendo más de dos años. Son una pareja aparentemente típica y normal: él trabaja de encargado de almacén en un supermercado y ella es administrativa de una agencia de seguros. Se quieren, se llevan bien y son muy felices juntos. Pero hay una circunstancia vital personal de cada uno de ellos que el otro no conoce: hasta hace cuatro años Álvaro se llamaba Marta y Sandra se llamaba Roberto. Los dos eran unas personas atrapadas en un cuerpo sexualmente diferente al que ellos deseaban tener y ahora tienen, por fin.

Se conocieron por casualidad, en un autocar en el que les toco sentarse juntos. Desde el momento en que se vieron surgió la atracción. Las cinco horas de viaje se encargaron de afianzar esa atracción. Y el hecho de que los dos viajaran solos, y por primera vez, a Córdoba terminó de apuntalar su relación. Al volver a Madrid no tardaron ni dos semanas en irse a vivir juntos: cosas del amor, que siempre tiene prisa.

Ambos pasaron una infancia y una adolescencia muy dura debido a su conflicto sexual interno. No fue fácil soportar la presión social por salirse del cauce normal de la sexualidad humana y querer ser diferentes al resto, no por rebeldía ni provocación, simplemente por seguir los instintos internos que les decían constantemente que no querían vivir con el cuerpo que la naturaleza les había asignado. Es una lucha loable e incomprensiblemente mal vista por la sociedad (incomprensible porque es una cuestión personal que no afecta a nadie, salvo al que quiere cambiar su identidad sexual. Por eso nadie tiene derecho a criticar o impedir este asunto). Tras muchos años de sacrificio lograron ahorrar el dinero suficiente para hacerse una operación de cambio de sexo. Las intervenciones fueron todo un éxito y a simple vista nadie diría que les han operado. Ambos tratan el asunto como “tabú” y no quieren ni mencionarlo, pues su vida actual es lo que soñaron desde siempre y no quieren recordar tiempos pasados.

Desde niño a Sandra siempre le gustaron los hombres, pero no como gay, sino siendo él una mujer. A Álvaro le pasaba lo mismo, sólo que al revés. Siempre mantuvieron relaciones con personas de su mismo sexo, pero dentro del rol homosexual. Desde el afortunado cambio de sexo por fin pudieron empezar a mantenerlas plenamente, con los cuerpos que ellos deseaban y sin que nadie sospechase nunca que no habían nacido así.

Su historia es muy curiosa, pues ninguno de los dos conoce el cambio de sexo del otro. Sandra siempre quiso estar con una mujer y ahora está realmente enamorada de un hombre de nacimiento. Álvaro siempre quiso estar con un hombre y ahora está realmente enamorado de una mujer de nacimiento.

Los dos han terminado enamorándose de una persona de su mismo sexo de nacimiento. Aunque lo supieran seguramente les daría igual, pero es paradójico que no lo sepan y comprobar que realmente da igual lo que el ser humano haga con su cuerpo, siempre que sea voluntariamente y buscando la felicidad propia y la ajena. Este caso deja bien claro que el azar no distingue entre sexos y está disponible para la felicidad de todos.

Relato corto y cambio: “Sólo sé que yo qué sé”

Posted in Ensayos, Relatos on marzo 7, 2019 by César Bakken Tristán

ESBOZO IMPROVISADO DEL RELATO CORTO (O NOVELA, SEGÚN LE DÉ A LA TECLA):

“SÓLO SÉ QUE YO QUÉ SÉ”

 

A mis amigos los cuento con los dedos de mis dos manos, y me sobran dedos, no amigos.

Uno de ellos es Joan Partit, un payés de Corona (Eivissa) que me saca 17 años de vida y de sabiduría vital. Sin él saberlo, me ha enseñado que antes de pensar y buscar la solución de un problema, hay que ir al problema en sí; y desde ese punto de partida es innecesario que te plantees esas comeduras de cabeza sobre un asunto que no debería existir y que se te ha ido de las manos, tanto de hecho como de facto, por no haberlo afrontado bien.

Pongo los 2 ejemplos ilustrativos, hay muchos más:

Hace 18 años, que se dice pronto, me dio una lección sobre esto que ni él mismo sospecha, pues él vive de esta manera y a los estúpidos urbanitas nos sorprende. En esa época yo trabajaba de ayudante de cocina en un hotel de 5 estrellas (ahora creo que de 4, se nota mi ausencia, jajaja) de Eivissa: “Stella Maris”. Me eché una “novia” catalana y compañera de curro, Ángela, según todos los que la vieron el mayor pibón que había en la isla… que acabó poniéndome los cuernos delante de mí en una discoteca, con un “amigo” de esos meses. Lógicamente me dio por cabrearme y hacer ciertas cosas divertidas que algunos ya sabéis. Y esa misma madrugada le eché la charla a ese putón y ella me pidió “perdón” y quiso volver conmigo con el tiempo a base de pedirme todavía más “perdones”.

A las horas siguientes (mediodía) mi divertido deambular eivissenco despechado se topó de casualidad con Joan, en una zona fuera de su hábitat: el puerto de Sant Antoni. Le conté lo ocurrido y me dijo, mientras me pedía unas cervezas: “Haberle dado mil duros” (era año sin euro todavía). Mi atolondrada cabeza de veinteañero le preguntó qué coño me estaba diciendo. Él me contestó: págale en agradecimiento por haber sacado de tu vida a esa hija de puta.

¡Exacto!. Primera lección.

Ayer me dio otra de este tipo. 18 años después y sigo sin saber casi nada de la buena vida mental. Resumiendo muchísimo (algunos sabéis la historia) una pareja íntima amiga mía de Eivissa me acusaron de hacer algo que jamás hice: verme dentro de la casa de unas personas que viven en su parcela como inquilinos –y hablando con ellos–, con las cuales están enfrentados desde hace mil años… podría haberle contado a Joan 3.789 líneas más sobre esto, defendiendo mi inocencia y sus falsas acusaciones, divagando sobre cual será su problema mental, si esquizofrenia paranoide (la que provoca visiones como de la que me acusan) y etc. Y Joan, el sabio (que también es gran amigo de esta pareja) me cortó y me dijo: “Tú puedes estar donde te salga de los cojones”.

¡Exacto!. Segunda lección.

Obvié que el problema real no era la falsa acusación, sino que mis supuestos amigos íntimos me estaban obligando a estar donde ellos quisieran que estuviera. Yo era su siervo, como lo fui de la catalana por no haber asumido realmente desde el primer día que esa tía no era trigo limpio, o por lo menos el trigo que a mí me gusta (hay mucha gente que vive en este vaivén de relaciones falsas, y les va muy bien, pero yo no quiero eso. Quien lo quiera que lo haga.)

No queremos o sabemos ver las cosas con claridad. Afrontamos problemas, creando todavía más problemas, porque obviamos la raíz de todo lo que nos rodea.

Somos siervos sin dueño, pues debido a este problema inherente a casi todos los seres humanos, sin querer estamos esclavizando a alguien que no supo ver que nosotros no éramos el amigo o compañero laboral que ellos creían o deseaban. Por eso les fallamos y nos fallan.¡Es imposible no fallar a alguien que no sabe quienes somos o que nos falle ese alguien que no sabemos quien es!

Las falsas expectativas son lo que nos jode la vida. Cuando el río suena, no es sólo porque un músico se está ahogando, sino porque agua lleva. Si nos metemos en ese ruido, que es un río, nos mojamos. Si no queremos mojarnos no podemos echarle la culpa al ruido, sino a nosotros por no ver el río.

Y mira que la vida nos da señales y las obviamos, porque no queremos perder eso que tanto queremos en ese momento. Pero si no pierdes, no ganas. El que no se libera de lo que no quiere, jamás tendrá lo que quiere.

Empezamos y acabamos la vida desnudos, eso lo sabéis todos… pero lo que no sabéis es que debemos vivir así, desnudos. Sólo desde esa perspectiva sabemos que cuando queremos nos vestimos, cuando queremos nos desvestimos… pero que si no nos gusta la ropa que llevamos, no pasa nada por ir desnudo.

Recuerdo, entre cientos de ejemplos más, como esa catalana que os digo, se quiso ir semanas antes con un tío que conocimos en la cola de una parada de taxis, tras una fiesta del agua discotequera. Teníamos que volver al hotel, que nos daba alojamiento, y ambos me dijeron que mejor se iban a la casa de él y yo al hotel, para que se secara, y ya se podía quedar ahí y luego ir al hotel a la hora de trabajar. Efectivamente, todos sabéis lo que significa eso, y yo también lo sabía, nunca fui gilipollas: se quería follar a este tío y el a ella. Normal, estaba buenísima y era rubia y todo, y él era guapetón (menos que yo, ojo, porque yo soy el top de belleza masculina…) ¿Por qué en ese momento, sabiendo esta obviedad, no saqué mil duros de mi cartera y se los di a este tipo como agradecimiento? No lo hice, porque no había hablado con Joan sobre estos asuntos. Y porque obviaba que a mí no me gustan las putas discotecas, y estaba allí por esta tía –y colándola gracias a mis contactos. Y el día de los cuernos colé también al otro, jajaja– y de algo que no te gusta no puedes sacar nada bueno. Hay que alejarse de lo que no queremos, previa cata, por supuesto.

Me regocijé en un imposible, en algo que estaba viciado de origen. Como el que se mete a trabajar en algo que no le gusta, o que con el tiempo deja de gustarle, y sigue ahí… empecinado en la estupidez humana. Eso acaba en las noticias, fijo. O en depresión severa.

Lo de “siervo” me ha recordado a que un día en Madrid, Alejandro, la parte hombre de la pareja que me acusó, le decía reiteradamente a un camarero: ¡Siervo!. Yo me disculpaba ante el camarero, pidiéndole perdón porque mi amigo iba algo borracho. Pero no era la borrachera, era que realmente él veía a la gente como su sierva. Si ese día, 17 años antes de su falsa acusación, hubiera hablado con Joan, no estaría escribiendo esto.

El día de mi deambular despechado, tras las cervezas con Joan, estuve navegando y nadando desde un velero. Resulta que Joan estaba en el Puerto porque había quedado con un amigo gabacho (como la novia de Alejandro) que tenía un velero, y me invitó a navegar. Y nos puso unas copas de Chivas reserva y todo. En ese velero acabé navegando y viviendo después. Esa noche, Alejandro me dijo que durante el día a su novia (que fue mi amiga antes que su novia) le dijo: “Deja de estar preocupada porque no sabes donde está (yo) , él no va a estar por ahí cantando fados de despechado, estará haciendo algo divertido” Y, efectivamente, lo estaba haciendo. Porque la vida es preciosa si te liberas de las cadenas y vives sin ser presa ni depredador.

Eso sí, pese a ser sabio, Joan también peca de imbécil alguna vez. Al fin y al cabo es muy difícil alejarnos de nuestros instintos primarios, del imperio de los sentidos, y de nuestro miedo más atroz: estar solos. Un día que la catalana se fue al hotel y yo hice noche en otra casa, con Joan, me dijo: “ ¿Y no te vas con ella? yo no sabría irme a dormir solo, teniendo a una novia tan guapa como esa”.

Y Alejandro, el día que la conoció me dijo al verla: “no tienes mal gusto, cabrón”.

Como nota curiosa os digo que en la cala donde “me ligué” a la catalana, Cala Gracioneta, vi el año después a Lopetegui. Yo iba sólo y de mochilero recorriendo la isla. Él estaba con lo que seguro era su familia (mujer mayor, mujer de su edad, niños menores que ellos). Me miró al verme aparecer por unas rocas por donde no suelen transitar los seres civilizados. Reconocí en él al portero que años atrás tuvo mi equipo (el FCB. Lo aclaro porque ha estado en otros y yo sólo soy de ese equipo). Lo vi en ese lugar donde hacía menos de un año yo estaba por las noches con la catalana, tomando vino que compraba escapándome del curro, y vestido de ayudante de cocina. Lo que se reía la dependienta del súper al ver mis escarceos. El puto súper habría las mismas horas en las que yo curraba….   Siempre estábamos solos los dos. Nos bañábamos en pelotas, hablábamos mucho, bebíamos el vino (yo tenía dos copas de cristal que mangué del curro, nada de puto plástico ni beber a morro). Ni se me pasó por la cabeza decirle nada a Lopetegui, porque yo le conocía, pero extrañamente él no me conocía a mí. Y ya por entonces sabía que mi vida era mucho más importante que la suya, que mi vida podría aportar mucho más a otras personas que la que aportaba la suya, pese a que él esté forrado de pasta y yo la única pasta que tengo es la que se cuece. Qué mi vida podría sorprenderme y darme alegrías y penas de pobre, que son las verdades alegrías y penas de la vida; las que se tienen sin falsedades.

Es genial que Lopetegui no sepa quien soy. Todo lo conocéis a él, pero casi nadie me conoce a mí. En esa misma cala que os digo, una noche llegaron corriendo 4 o 5 tipos, que iban perdidos por la montaña. Nos pidieron fuego para encenderse un porro. Se lo dimos. Y en agradecimiento nos regalaron costo. Y se fueron corriendo por el otro lado de la montaña. Otra noche salió un alemán en pelotas del agua. A la catalana le dio un susto de cojones, pues oía y veía algo que se aproximaba a nosotros desde el mar. A mí no me asustó, porque estoy loco. Nos preguntó en inglés que donde estaba Eivissa. Le dije que se estaba bañando en sus aguas. Insistió en la dirección para ir a Eivissa. Entonces intuí que se refería a Eivissa capital, no a la isla, y le indiqué que tenía que nadar hacia la izquierda unas 15 millas náuticas sin perder de vista la costa o acabaría en Valencia , Italia o África según su derivo. Volvió al líquido elemento y se perdió nadando en la oscuridad. Ahora que ya no estoy tan loco, le hubiera obligado a salir del agua y llamado a la policía con el móvil que por entonces no tenía. Y así le hubiera salvado la vida. Aunque… ¿quién sabe dónde andará “la cosa de Cala Gracioneta” como lo bautizamos? Igual ahora es presidente de algún gobierno.

Estas situaciones tan maravillosas no le pueden pasar a Lopetegui. Todos sabéis bien lo que le pasa a tipos como este. Qué desperdicio de vida. Ser famoso sin ser nada en la vida salvo famoso.

Para terminar os digo que todo tiene su lado bueno. He aprendido muchísimo de estas 2 lecciones del maestro Joan. Y, por suerte, mañana pisaré su mismo suelo. Y seguiré aprendiendo y enseñando, que también aprenden de mi, pese a que uno de mis axiomas vitales es “Sólo sé que yo qué sé” (tiene mi copyright, ojo…)

 

(CONTINUARÁ)

 

RELATO: “Queridísima Estelada”

Posted in LITERATURA, Relatos with tags , , , on octubre 17, 2017 by César Bakken Tristán

Queridísima Estelada:

 

Últimamente me he preguntado si todavía recordarás nítidamente aquel trío (“ménage à trois” me parece muy sofisticado) que te montaste conmigo y el amor de tu vida. Fue la noche del 2 de octubre de 2003. Hace ya tanto de aquel fatídico día y peor noche en tu piso compartido, y aledaños, de Lavapiés, que por eso me dirijo a ti, Estela, a fin de curiosear por tu abúlica memoria. Parece mentira lo que entre los mass media y mi hipermnesia se puede llegar a recordar tan vívidamente. Nunca me gustó mirar para otro lado ante los oprobios, ni siquiera los del recuerdo, bien lo sabes. Habiendo compartido tanta vida, en tiempo y vivencias, con una felona como tú, necesitaría mil páginas para abordar tus afrentas hacia mí, pero me centro en esta, que además está radiantemente de moda en esta España desquiciada, plutocrática, endogámica, cleptocrática, alelada, nepotista y oligárquica.

Mi bendita o maldita memoria, según lo que evoque, fue despertada por este grotesco suceso hace ya un par de años, gracias a la impertinencia de los mass media, que engalanaron mi quijotera con la foto de un abogado/diputado del partido fascista catalán y etarra CUP, con un talento y afición sublimes como abogado defensor de terroristas, acompañada de un nombre: Benet Salellas. Inmediatamente saltaron las alarmas en mi atolondrada cabeza y te puse un güasap con la foto y el nombre para confirmar mi sospecha de que se trataba de él, del tercer miembro de aquel trío madrileño nocturno, del amor de tu vida. Como si del final de una mala película se tratara, me confirmaste que , efectivamente, el asesino era el mayordomo.

Por suerte para mí (no sé si para ti también), fue un trío tántrico, psicosomático… qué se yo, pero no fue un acto sexual al uso, por supuesto, pues sólo estuvo en tu pérfida mente. Menos mal, porque hubiera parecido algo así como el típico chiste malo de: “esto son un francés, un inglés y un español…”, pues yo era tu novio (o pareja, o compañero o cualquier otra manera que tenías de llamarme menos novio) y el amor de tu vida era gay (un burgués no puede ser maricón). Pero vaya… esta peculiaridad de la identidad sexual de este despreciable individuo sólo la sabíamos por entonces él y yo (lo de él lo supongo, lo mío no, pues te lo dije esa misma noche, tras conocerlo, y me lo confirmaste años después, tras haberme cambiado como novio, pareja, compañero… por él). Empatizo mucho con psiques ajenas, quien bien me conoce bien lo sabe.

Desde que la “memocracia” (gobierno de los memos, una enfermedad incurable y pandémica) permite que los etarras y fascistas sin tapujos puedan ostentar cargos políticos en España, los mass media me han agasajado, y martirizado, con pantagruélicos banquetes informativos sobre este mentecato y su grupo de tarados catalanes. En varios e-mails posteriores en los que te puse al día de la realidad de tu ex-pareja/compañero me confesaste tu desinterés y desconocimiento de toda la realidad sociopolítica actual, pero como al igual que el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento, el de la realidad sociopolítica no exime de que yo te diga lo que me de la gana (que es algo así como “lo que me salga de los cojones” pero en fino, como si el contexto fuera una cena familiar y no una reunión de amigos). Obviar las humanidades, la historia, la sociopolítica, la filosofía, etc. es el mal más extendido en España, sobre todo entre personas muy inteligentes como tú, pero enormemente necias a la vez. Tantos años de estudio para ser arquitecta dan como resultado un exquisito dominio de la construcción de edificios, sublimes conocimientos en arte, desborde de creatividad… pero nula formación sociopolítica, que es lo que rige todo lo demás y, por lo tanto, hay que conocerlo como el abecedario.

Mi hipermnesia no alcanza el extremo de recordar la fecha de una cena de hace 14 años, pero a donde no llega aparece Google. Sé que fue el 2 de octubre porque el día siguiente fue el juicio en la Audiencia Nacional contra varios integrantes del Comando Barcelona de ETA, a dos de los cuales (Daniel Morell y Sergio Orge) defendía el amor de tu vida. Antes de que nos presentaras, y tras más de un año que me hablabas de él casi al nivel de los mass media de ahora (recuerda que hasta mi compañero de piso de unos meses antes, Andrés, conocía a este tipo y a su pandilla de secuaces gerundenses y hablabais de ellos) creía que iba a conocer al único abogado altruista, benévolo, filántropo y encantador del mundo, pues así me lo habías vendido y yo, por entonces, no usaba internet para nada. Si la hubiera usado, con solo googlear “Benet Salellas abogado” me hubiera topado con un tipo de aspecto irrisorio y nauseabundo a partes iguales, o desiguales según te pille el humor al mirar la foto, y hubiera leído su biografía. Este tipo era el capo del bufete familiar donde trabajaba de penalista tu amor, su padre, que ya no es un peligro para la humanidad pero sí para San Pedro y sus querubines. De casta le viene al galgo… en este caso, sobre todo, la rabia. Un bufete encargado de defender a terroristas de ETA y la Yihad, okupas, fascistas catalanes que queman banderas de España en actos públicos, comunistas, etc. El caso es que no lo hice y le saludé al llegar como quien recibe a un amigo. No obstante, habiendo yo dejado Derecho en cuarto y tras varios encontronazos con la ley, sabía que abogado y bondad es un antagonismo en el 100% de los casos, aunque sigo esperando esa excepción que confirma toda regla, que creí de veras iba a ser tu adorado amigo gerundense.

Lo de la excepción se evaporó como esos dos peces de hielo de la canción de Sabina, pues al nada de entrar nos contó a qué venía a pernoctar a tu casa, pues tú no lo sabías, ¡hasta ahí llega tu pasotismo! A la mañana siguiente iba a defender a los etarras, que habían sido detenidos por hacer de su casa un piso franco para ETA, no para todos los miembros, pues necesitarían el Palacio Real y estarían apretados, ojo, sino para varios. Dijo que era inconcebible que este Estado fascista que, según él, es España hubiera acusado a sus dos clientes por el mero hecho de ser dos hombres jóvenes y no a la anciana que vivía frente a su piso, pues el soplo era que en la planta de tal piso de Barcelona estaba el piso franco, pero sin saber cual de las dos puertas que había era. Eso era prejuzgar en base a prejuicios fascistas, según él, porque una anciana ha de ser inocente de antemano y dos jóvenes no. Que fueran realmente los que alojaron a miembros de ETA a él le daba igual… aunque era verdad y así nos lo contó y se quedó tan ancho el notas. Claro, que para ancho el juez de la Audiencia Nacional que absolvió a estos dos terroristas…tú y yo sabemos más que todo un juez de tan alto tribunal, somos cojonudos, como la sección de reconocimiento del Sargento de Hierro.

Sin duda sufrí algún tipo de estado de shock, lo que acababa de contarme era lo último que imaginaba oír, por delante incluso del famoso: “Yo soy tu padre” que le soltó Darth Vader a Luke; pues no entiendo como según me dijo eso no reaccioné a lo Charles Bronson, ya que estoy citando pelis. Pero como bien dice una ley de Murphy: “ninguna situación es tan mala como parece, puede empeorar”. Lo que no sabe el tal Murphy este es que cuando una mala situación no se ataca y ataja de inicio, se desboca y no para nunca de crecer y de emponzoñarlo todo. Fíjate a lo que ha llegado tu amado desde esa noche, googlea un poco y alucina o hínchate de orgullo. Tras cenar y averiguar que este tío era mala gente, maricón (esa noche no sabía que era un burgués) y alcohólico crónico y agudo (agudo es el que se emborracha, crónico el que bebe todos los días sin emborracharse, y las 2 cosas el que está todos los días pedo) bajamos al Candela, un famoso bar flamenco lleno de gitanos, extranjeros y otras personas de dudoso bienvivir, que estaba al lado de tu piso compartido. Allí fue donde la caja de Pandora se abrió a tope y si no fuera porque por entonces mi cabeza ya era calva y la parte que no me la rapaba al 0,5, hubiera vuelto a tu casa con unos pelos tipo la loca de los gatos de los Simpson.

Me sigue asombrando que nunca me hayas dicho nada coherente relativo al altercado que este extraviado mental, este energúmeno colosal, protagonizó en el Candela. Tras decirle que me había licenciado hacía menos de un año en Ciencias Políticas y estaba preparando un proyecto para una beca de investigación sobre mi teoría de que los grupos terroristas españoles han sido siempre mafias y no movimientos ideológicos ni revolucionarios… empezó el follón. Tu amigo Gandhi nos obsequió con gritos, insultos hacia mí, violentos golpes en la mesa, amenazas también hacia mí, amagos de dejar el bar y reiteradas huidas a la barra cagándose en todo lo que para él era cagable. Aquí te recuerdo algo que me jodió mucho: ni tú ni yo recordamos coger pasta para salir, sólo teníamos para una consumición y este tipo, haciendo gala de su catalanidad, no nos invitó a nada y se tomó 5 o más tercios de cerveza, Mahou roja por supuesto, pues es antiespañol pero no gilipollas. Ya que le diste alojamiento y cena gratis bien podía haber tenido el detalle o habernos hecho un préstamo a bajo interés. No me extraña que los Bancos importantes catalanes hayan salido por pies una vez que este tipo y sus gañanes han alcanzado el poder.

Respondí a su fascismo de la única manera que no hay que hacerlo: sin violencia verbal y/o física. Todavía no me lo explico, porque soy muy vehemente y tengo mucha mala/buena hostia, y un tío que me grita que apoya a ETA, a Terra Lliure, al GRAPO, (al FRAP no lo conocía el indigente intelectual) a la Yihad; que odia a España, que somos todos fascistas criminales genocidas, que oprimimos y masacramos a Cataluña, intuyo que desde mucho antes de que existiera España, Europa y el Planeta Tierra. Eso sí, me gritó (con mirada de psicópata) un insulto que me hizo mucha gracia: “¡Principito!” en referencia al del libro francés. Si por entonces llego a tener el tatuaje que llevo ahora con un dibujo de ese libro, se lo enseño y le da un merecido soponcio. La explicación a mi pasividad está clara, sufrí una obnubilación temporal debido a tu inquisidora presencia y al respeto inicial que para mí merecían los adorados e idolatrados amigos de la que era mi novia por entonces. Eso sí, rebatí con datos reales todos y cada uno de sus delirios, alcé también la voz para que entre sus gritos me oyera. Le humillé culturalmente. Pisoteé su atrofiado discurso sin compasión. Cómo se cabrean los fascistas cuando les demuestras las mentiras de su odio.

En el extremo del esperpento llegué a darle de nuevo la mano en tu casa tras tu insistente petición a ambos de que “hiciésemos las paces”. Joder, nunca he sido tan gilipollas en mi vida. Esa sí que es la excepción que confirma la regla de mi tolerancia cero con los fascistas. Tras irnos cada mochuelo a nuestro olivo, tú y yo compartíamos uno y él estaba en otro aledaño ,pared con pared, se me olvidó el altercado pues me asaltaste sexualmente como nunca lo habías hecho, parecía que te había pagado o algo, o que éramos parte de una escena erótica de película. Con los años comprendí que tu lascivia inaudita de esa noche respondía a alguna perversidad tuya, a la que yo he dado en llamar jocosamente “trío”, tras saber que ya por entonces –y hasta antes de conocerme– el tipejo este era para ti “el amor de mi vida”. Permíteme que te recuerde algo que ese piso de Lavapiés me evoca: la noche en que me dijiste que tú ya no me gustabas y que yo estaba pensando en otra mientras estaba intentando dormir en tu cama. El motivo era que esa noche estaba pegado a ti, sin estar palote. Cuando lo estaba, que era casi siempre, me decías que sólo te quería para follar. En fin.

A la mañana siguiente me recuperé de mi estado de imbecilidad de la noche anterior y lo primero que hice fue consultar con una abogada penalista sobre que el abogado defensor de dos etarras me había dicho que eran culpables e iba a defender su inocencia ante la Audiencia Nacional. Me contestó lo que yo sabía, que no se podía hacer nada por la confidencialidad entre cliente y abogado y el derecho a defensa que tienen todos, aunque sean culpables. Desde ese día mi relación con este etarra fue de odio brutal mutuo, como me confesaste que te dijo. Lógico, alguien como él que odia tanto, debido a su psicopatía genética y alimentada en la adoctrinadora dictadura catalana post-transición, ¿cómo no iba a odiarme? Cómo me gustaría otro cara a cara con él ahora que ya pasó mi enajenación mental transitoria. Siempre tendré la curiosidad de saber lo que le respondías cuando despotricaba de mí. Porque como siempre le defendías cuando hablaba de él, supongo que en el colmo de la paranoia harías lo mismo conmigo, pues tú de ideología sociopolítica andas más escasa que de ropa uno que se está duchando. Mi odio sí que está justificado, cualquier persona de bien lo sabe, menos tú y Cocomocho & secta de tarados.

Cada uno es libre de juntarse con quien quiera y ya los demás que juzguen y se relacionen con quien quiera también. Pero de lo que nadie es libre es de mediatizar la vida de su pareja en base a mentiras, provocar con el engaño falsas expectativas, erróneas realidades y actos que nunca se hubieran producido. Cambiaste mi destino. Llenaste mi presente de mierda y mi futuro de incertidumbre. El futuro es una suma de presentes. Me jodiste el presente, me jodiste el futuro, o me lo cambiaste. Tras dejar lo nuestro mi vida mejoró profesional y sentimentalmente, y así sigue (cuando digo “profesional” hablo de ejercer una profesión, no de ganar dinero con ella, el dinero no me interesa, ni cobro ni pago peajes a la vida).

“La duda es el principio de la sabiduría” (Descartes, el del “cogito ergo sum”) Yo siempre dude de ti, argumentos me dabas más que de sobra, pero mi ceguera se superpuso a la duda.

“La palabra se ha dado al hombre para que pueda encubrir su pensamiento” (Talleyrand) Cuántas mentiras te aguanté, hasta que la verdad afloró, de una manera u otra la verdad siempre aflora, todo se sabe y se hace justicia. La pena es que, muchas veces, esa justicia llega tarde y el daño es ya irreparable. Los egoístas manejáis a la gente como marionetas y sólo alguien tan perspicaz como yo pudo descubrir tu engaño y tras 3 años de errores vitales continuados por mi ignorancia de tu mentira, retomar el timón de la nave de mi vida y volver a poner proa al norte, como el verniano capitán Hatteras.

Al poco de lo del Candela me dejaste, una vez más. Esta vez alegaste que nunca habías visto cabreado y fuera de sí a Benet, un hombre de paz (como su adorado amigo Otegui) , adorable y todas esas mierdas que tu mente barruntó. Que sólo yo era tan malvado como para sacar de sus casillas a alguien así y que eso no ibas a consentirlo para tu vida, no querías a alguien como yo en ella. Y por eso me dejaste. ¡Cojonudo! El ultrajado e insultado por un etarra fascista catalán, que además era tu novio, era el malo y el otro el bueno. Normal, tenías planes de futuro con él y el amor es ciego. Menos mal que hasta tu hermana, que fue la que te presentó a este parásito, nos dijo: “Ya me han dicho que el otro día fatal con Benet. No me extraña, se le ha ido la olla totalmente defendiendo a ETA” al año y medio, cuando defendió a Al Qaeda, dijo lo mismo. Menos mal , alguien de tu entorno que pensaba coherentemente como yo. ¡Menuda sorpresa te llevarías!. Acabo con tu hermana diciéndote que me dijo, sin yo preguntárselo: “mi hermana hace cosas muy raras, inexplicables, como enamorarse locamente de Benet en cuanto se lo presenté”. Obviamente yo sabía de este sentimiento hacia él, pues saltaba a la vista en cada uno de tus comentarios. Querer o desear a alguien ajeno a tu pareja no es malo, al contrario, es necesario. No podemos vivir obcecados. Ese fue mi error, yo sí me obcequé contigo y no sólo no veía a otras… sino que no te veía a ti. Por supuesto al poco volvimos a ser pareja. Qué puto desquicio el nuestro.

Para no aburrirte con lo que sabes de sobra, sólo decirte cómo averigüé que me habías dejado por él. Tras la enésima vez que cortaste conmigo, yéndote a vivir a Londres sin billete de vuelta, sin proyecto laboral o formativo alguno, a un piso compartido y a trabajar en un pub… con 30 años y casi recién licenciada en arquitectura. Fue una sutil manera de dejarme, sabiendo que yo no te seguiría en esa loca aventura pues ya había estado 15 días en Londres y no quería volver, y que en esas fechas me estaba labrando un porvenir como creativo audiovisual y literario en España y, lo más importante, que no creía en las relaciones a distancia y menos bajo esas circunstancias de irse “porque sí , no sé a qué y no sé cuando volveré”; y ni se me pasaba por la cabeza abandonar tanto tiempo a amigos y familiares. Pero sin duda recordarás que no insististe lo más mínimo en que te acompañase. Creo que sobran las conclusiones. A los pocos meses cortamos oficialmente, por lo menos por mi parte, tú ya lo hiciste cuando decidiste irte. El caso es que en ese tiempo yo era bastante Zambombo contigo. Zambombo es un estupendo personaje calzonazos, protagonista del buen libro: “Amor se escribe sin hache” de Jardiel Poncela. El libro, y mi conducta de entonces, la resume Poncela así: “(…) Porque el hombre es el ser más ingenuo de la Creación, y donde la mujer pone cálculo, él no pone más que simpleza”.

Pasamos aproximadamente un año separados. Yo en Madrid, Eivissa y Córdoba. Fui tan Zambombo que durante ese tiempo no quise estar con nadie. Estaba emocionalmente enajenado. El resto de mi vida era feliz, mi estupidez solo era en esto. De hecho prosperé mucho en mi trabajo y en mis experiencias vitales y humanas. El caso es que mientras yo era Zambombo tu eras Mata Hari… Me escribiste un e-mail desde Londres diciéndome que querías volver conmigo, que nuestra historia no había acabado y que si patatín, patatán, cuando lo que tocaba era un “colorín, colorado, este cuento se ha acabado”. Yo me lo creí y como el gilipollas que era en todo lo relativo a ti, acepté, piqué el anzuelo y te llamé al día siguiente desde el trabajo. Soltaste carrete y me dijiste que era todo un error, que ya habías cambiado de idea y que leyera otro e-mail posterior. ¡Joder, en menos de 24 horas!. Fui a un ciber esa noche y leí que pasabas definitivamente de mi. Imagina mi cabreo (cuando las 2 únicas opciones son hundirse o cabrearse, elijo la segunda). Ahí mandé a tomar por culo a Zambombo, aunque tardé 6 meses en volver a tener relaciones con otra mujer, porque Zambombo nunca se fue. El motivo de tu esquizofrenia sentimental hacia mí, que me ocultaste en estos e-mails, fue que el etarra había ido a visitarte a Londres y te habías liado con él. ¡Vaya! Qué distracción más tonta la tuya. Luego empezasteis una relación sentimental a caballo entre Londres – Gerona. Y Navarra (donde viviste después) – Gerona. Tras volverle gay (tiene cojones la cosa) decidió dejarte y tú a él, tras ver que ni rendía en la cama y estaba siempre borracho y no te hacía ni caso, pues lógicamente se rompió vuestro idilio. Y viviendo yo felizmente en Córdoba, decidiste contraatacar y asediarme hasta que lograste que volviéramos a ser pareja. Me fui a vivir a Eivissa, una vez más, y te invité a que vinieras por segunda vez comigo a mi isla, y ¡zas! Otra vez apareció Zambombo.

Si me hubieras dicho la verdad te hubiera aconsejado métodos infalibles para mantener vuestra relación: cortarte el pelo a lo Anna Gabriel (en esa época a lo abertxale, que esta era desconocida), cambiarte el nombre añadiéndole una “da” que sabes es lo que más le pone al tarado provinciano este, confeccionar un traje de pubilla de encaje (es el traje regional de las catalanas)y recibirle así en la cama, follar con barretinas, qué se yo, había tantos remedios para lo vuestro. Pero Benet es tan catalanista que lo que más le tira es la butifarra…

Y como antes se pilla a un mentiroso que a un cojo, pues yo te pillé, pues te conocía bien y sabía que me la estabas jugando. Eso sí, sólo te hice confesar que habías estado con el etarra en Londres y luego os habíais visto en Navarra y Gerona, pero sólo en plan amigos que se enrollaron sin tener sexo y que nunca fuisteis pareja. Anda que… ¡qué tan Zambombo no era! Menos mal que tu diario me desveló con los meses toda la verdad que yo sospechaba, aquella madrugada en la que estando tú fuera de Madrid lo dejaste al pie de la cama y a la vista, como para que me tropezara y todo, joder. Quería leer algo y cogí algunos libros aledaños a él… y al abrir ese descubrí que era tu diario. Hojeé rápidamente hasta llegar a ver las palabras clave que me interesaban y leí anonadado y asombrado todo el proceso mental que te llevó a dejarme y a liarte con el etarra. “El amor de mi vida” lo llamabas. “(…) no puedo dejar escapar esta oportunidad de estar, por fin, con él (…)” Tras sobrevivir a eso, previa comprobación con los más afamados grafólogos del mundo para asegurarme que lo habías escrito tú y huir despavorido esa mañana a Ciudad Real para capear el temporal con un amigo, te dejé para siempre y, esta vez sí, maté al bonachón de Zambombo definitivamente.

Al par de días volví a la escena del crimen para recoger mi equipo de música. Tus lágrimas de cocodrilo (que tantas veces había visto ya) me empaparon la camiseta al sollozo de: “No me dejes, por favor, no me quiero perder tu vida”. Te dejé las cosas claras, jamás podría volver a tocarte ni sentir algo que no fuera desprecio por ti. En la escalera te pregunté para finalizar.”¿Cómo pudiste mentirme tanto durante tanto tiempo?” “Porque si te hubiera dicho la verdad me hubieras mandado a tomar por el culo”, contestaste. “Efectivamente, ahí te mando”.  Tiempo después dijiste que “te había violado” al leer tu diario. ¿Por qué lo dejaste a mi vista junto a otros libros? Sabes que jamás he husmeado en cajones ajenos, ni ojeado móviles ajenos furtivamente (cosa que tú si hacías con el mío, pero yo no tenía nada que ocultar), creo que el destino te jugó una mala pasada dejando tu diario ahí… hasta él estaba ya cansado de tus mentiras y de que estuvieras dirigiendo mi vida erróneamente en base a ese y otros engaños. Sería curioso verte como acusada en un juicio de lo que sea y que te hubieran pillado por, pongamos como ejemplo, unos e-mails y llamadas tuyas que te delataron: “Señor juez, esas pruebas no sirven, es mi intimidad, no me viole y decláreme inocente”

Con los años se me olvidó toda esta mezquindad, ya ni me acordaba del etarra, me la sudaba. Con el tiempo todo pasa, el tiempo todo lo cura, ya sabes. Volvimos a retomar un ligero contacto como medio amigos (un amigo es algo importante, no hay que confundirlo con nuestra pequeña relación tras lo de la escalera). Pero debido al surgimiento de la CUP y al poder que en ella, lógicamente, ha tomado el ex-amor de tu vida, volvió a asediarme tu traición de hace años.

¿Sabes que tu ex-amor es diputado y portavoz de la CUP (y líder del sector duro… él que no tiene ni cuarto y mitad de media hostia) cobra por ello 60 mil euros anuales de nuestros impuestos y se está forrando con toda esta pantomima separatista en la que él si cree, así está de tarado. Por lo menos los políticos separatistas que están por encima de él (que tampoco son muchos, su cargo es bastante alto ya) pasan de todo y sólo quieren robar y manejar a las masas de extraviados mentales para este fin. Lo que sí sabes es que tiene 11 propiedades inmobiliarias…¡y defiende a los okupas y está en contra del capital y de la propiedad privada! jajajaja. Un antisistema que vive de puta madre en el sistema, como toda la piara de dirigentes de la CUP y partidos aledaños. Pero tú no difieres mucho de él, pues me dijiste que ves fenomenal que tenga todas esas propiedades… sigues sin saber qué es la incongruencia, la hipocresía, el expolio al pueblo… normal, tú tienes 3 propiedades, algo es algo y has cobrado de un Ministerio español, y fuiste voluntaria (pagando, ergo financiando) a un campo de trabajo cubano, ese régimen comunista dictatorial. Y has ido a ganar dinero a Qatar, trabajando como una privilegiada mientras cientos de miles de trabajadores son esclavos legales allí y el pueblo vive bajo el yugo y el crimen sistemático de la Sharia que rige en esa teocracia fascista ultracapitalista para su élite gobernante que, además, financia a la Yihad. Sois tal para cual, tanto monta monta tanto. ¿Qué coño te va a importar a ti que este tipo esté sembrando Cataluña de odio irracional, supremacista, racista y mezquino?¿qué esté arruinando la vida de varias generaciones adoctrinándolos desde párvulos para su criminal causa? Si ya lo supiste aquella noche de la cena y el Candela y te la sudó.

¿Qué es mejor/peor, ser extraviada mental o malvada? Tú te empeñas en mostrarte como lo primero ante mí… pero hay actos que por mucha intención que tengan han de ser juzgados desde la imparcialidad de los hechos acaecidos. “La historia nos juzgará” Certero axioma humanista. Esquizofrenia colectiva no significa razón. Tú estuviste en aquella cena de Lavapiés y en el Candela, estábamos solos los 3. Cuando erais pareja defendió como abogado a miembros de Al Qaeda, estuviste en Gerona y viste con quien se relacionaba y lo mal que te trataba (eso me lo dijiste tú) y mil cosas más. Su padre estaba vivo entonces, ¿no conociste a ese imitador de Karl Marx? ¿ni a su hermano que, cómo no, es también diputado de la CUP ahora? No, a mí no me la cuelas más. Eres peor que él porque dices no ser consciente de ello. ¿Eva Braun fue nazi o sólo fue la pareja sentimental de Hitler? Piénsalo.

Espero que algún día logres que la bondad y el sentido común se apropien de una parte, aunque sea pequeña, de tu cerebro. Sólo así podrás dejar de hacer tanto daño a las personas que te quieren, porque estoy seguro de que tu pareja actual –si es que todavía la conservas– también está siendo engañado por ti y es, como lo fui yo, un Zambombo de tomo y lomo.

Aunque aprendí mucho de esos años contigo, viví en mis carnes una variante emocional o gilipollesca total del Síndrome de Estocolmo, fallo mío pero mereció la pena para conocer la parte más oscura de la psique humana. Freud se habría hinchado a tomar apuntes contigo, aunque igual se le hubiera ido todavía más la mano con la farlopa que tomaba, a fin de celebrar tener una paciente tan jugosa como tú.

De todas maneras esta perversidad tuya en hacer “tríos” la vi y te lo dije desde el inicio de nuestra relación, cuando me llevaste al teatro Gurdulú de Leganés, con la excusa de ver a mi amigo Picota recitar su versolipsis… y sabías que estaría allí tu ex-novio, Jose “el orejas” como yo le apodaba y que decía que yo era “un macarra”, bueno, lo que dijo textualmente fue: “¿cómo puedes estar con ese macarra?”. Me exhibiste ante él y tuvisteis una discusión de la hostia, conmigo delante. Normal, él era otro Zambombo y se cabreó de que le restregaras a tu nuevo ligue por la cara, máxime cuando ese nuevo ligue era tan guapo, culto, inteligente, simpático y atractivo en general como yo… y esto no es que lo diga yo, que todavía tengo una abuela y con 103 añitos, sino que me lo diste a entender diciéndome: “contigo por fin puedo fardar de estar con un tío guapo y atractivo de verdad. Te puedo enseñar bien por ahí”.

Por supuesto que en nuestra relación hubo cosas buenas y muy buenas, pero viciadas por tu egoísmo e interés personal que te llevó a ocultarme algo tan malo que anula todo lo bueno. No es muy grato saber que estuve con una persona que estaba locamente enamorada de otra y que hasta que no se lió con ella no me abandonó. Y que esa otra era quien era. Vaya tela, menos mal que no tengo ni vergüenza ni orgullo, pero tampoco soy de piedra… bueno para ti fui una piedra pómez.